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La ciencia y el pensamiento crítico acostumbran a estar ausentes de los debates sociales y políticos actuales (en los ámbitos de habla hispana). Prescindir de las aportaciones e interrogantes científicos es una merma incuestionable si se pretenden comprender en toda su profundidad los problemas que nos conciernen. Sin la ciencia, opiniones sobre la violencia o la educación, por ejemplo, se sostienen en ideologías, modas y prejuicios. Es necesario que en estos debates haya un punto de apoyo, que es el que ofrece la ciencia.

Asesinato de un hincha del Depor

El último domingo de noviembre, Madrid vivió una batalla campal que acabó de forma trágica. Un hincha del Deportivo de La Coruña murió a primeras horas de la tarde tras ser arrojado al río Manzanares en las inmediaciones del estadio del Bernabeu por seguidores violentos del Atlético de Madrid. Este hecho luctuoso dominó la temática de las tertulias televisivas y radiofónicas posteriores. Los periódicos se lanzaron a comentar exhaustivamente el triste acontecimiento. La pregunta generalizada es, como es usual, la siguiente: ¿Cómo pueden ocurrir este tipo de cosas en una sociedad supuestamente avanzada como la nuestra?

Inteligencia artificial: ¿Por qué preocuparse?

Se ha escrito mucho sobre las preocupaciones respecto a la inteligencia artificial, y respecto a un mundo futuro en el que las máquinas puedan «pensar», donde esto último abarca desde la toma de decisiones autónoma y sencilla a la plena autoconciencia. No comparto la mayoría de estas preocupaciones, y personalmente estoy muy emocionado por la posibilidad de experimentar máquinas pensantes, tanto por las oportunidades que ofrecen para la posible mejora de la condición humana, como por los conocimientos que sin duda proporcionarán sobre la naturaleza de la conciencia.

La granja humana. Modernidad evolutiva y autodomesticación

No hay duda de que la domesticación de otras especies ha desempeñado un papel central en la evolución de los humanos llamados “modernos”, y explica en parte el éxito global del homo sapiens durante los últimos milenios. Pero los humanos no sólo han domesticado a otras especies, consciente o accidentalmente, sino que también se habrían domesticado a sí mismos, en un proceso evolutivo reciente cuyos orígenes de hecho preceden a la última era glacial.

El nacionalismo siempre viaja a nuestro lado. Entrevista con Azar Gat

ENTREVISTA COMPLETA ACTUALIZADA 12/02/2015   8:53 El nacionalismo ha sido un endiablado e intratable rompecabezas para historiadores, científicos sociales, filósofos y otros analistas. Hasta hace poco era habitual verlo como un constructo reciente y artificial, resultado de una confluencia de vectores políticos que cristalizaron en el último par de siglos. Las discusiones sobre el Estado y la nación fueron siempre circulares y por ello poco satisfactorias.

Gregory Clark: “El linaje es destino”

Gregory Clark es un historiador económico escocés de la universidad de California, Davis. Es conocido por su libro A farewell to alms, publicado en 2007, donde defiende una base genética del capitalismo inglés. Según su hipótesis, la población inglesa actual es “genéticamente capitalista” y descendería de las clases medias y altas enriquecidas al menos desde 1250, en un caso muy interesante de evolución gen cultural. Su libro más reciente, The son also rises (Princeton University Press, 2014), trata sobre desigualdad económica y movilidad social y sus conclusiones no son menos sorprendentes.

¿Un pacto fáustico?

Los parsi están en extinción. Esta gente de la parte occidental de India, originales de Irán y famosos por su papel en el comercio, la ciencia, y la industria, podrían desaparecer para mediados de este siglo, habiendo ya caído de 114.890 en 1941 a 69.011 en 2001. Las muertes superan los nacimientos en una proporción de casi tres a uno. ¿La causa es una calamidad? ¿la guerra? ¿un desastre natural?

Los hombres son de Marte

Un comentario al post invitado de Scott Atran cuestiona si él, “un hombre euroamericano”, es capaz de trascender su etnocentrismo. De modo inmediato intervine en la discusión, porque sé muy bien lo destructivos que pueden ser esos argumentos. Pero no quiero decir que crea en que la ciencia es una empresa completamente imparcial y desapasionada, dirigida friamente por altos sacerdotes intelectuales para los que sólo la verdad es sagrada. Está muy lejos de ser así. Los científicos son seres humanos (y no vulcanianos), algunos son hombres, y otros mujeres. Algunos son progresistas (en realidad, la mayoría de mis colegas) y algunos son conservadores (unos pocos en la academia). Finalmente, algunos son estadounidenses, otros británicos o franceses, y otros rusos, chinos y árabes. Como ruso, veo claramente algunos de los prejuicios favoritos de mis colegas europeos occidentales, especialmente los anglosajones.

Inteligencia artificial: pensemos en protopía, no en utopía o distopía

La inteligencia artificial es un tema a medio camino entre la ciencia y la literatura, por ahora más cerca de esta última. Los entusiastas de la IA, sin embargo, acostumbran a imaginar futuros utópicos, en los que la humanidad es salvada por robots, o bien futuros distópicos inspirados en la ciencia, en los que la humanidad es destruída súbitamente por la primera generación de máquinas inteligentes. Para I.J. Good la superinteligencia sería “nuestra invención final”. Michael Shermer se sitúa a medio camino, proponiendo un porvenir sin sobresaltos. Algo que llaman “protopías”.

Progresistas y conservadores son igual de intolerantes con otros grupos

Como explica Avi Tuschman, las orientaciones políticas no son elecciones racionales puras, sino disposiciones naturales que han sido moldeadas por fuerzas evolutivas. Una de las implicaciones de esta perspectiva es que las ideologías personales son orientaciones difíciles de alterar, especialmente a medida que vamos madurando. Los experimentos pioneros de Jack y Jeanne Block, que analizan los cambios en la orientación política desde la infancia, mostrarían que las raíces de la ideología emergen bastante pronto, a los cuatro años de vida. No sólo los genes influyen en el “fenotipo político”, según evidencian distintos estudios, sino que la alineación de los individuos en un espectro político de “izquierda” a “derecha” parece ser casi universal. Según datos de World Values Survey, tan sólo el 18% de las personas (la muestra incluye 97 países) no se identifican en algún punto de este espectro. Por otra parte, la personalidad básica, o emociones tan aparentemente poco políticas como el asco, también son determinantes.

El coste afectivo y moral de la no-España

Publicado en Claves enero 2015 por Teresa Gnez. Barbat El coste de la secesión de Cataluña sería, ante todo, afectivo y moral; significaría la destrucción de un rico sistema ecológico de personas, costumbres, sentimientos y tradiciones. El adoctrinamiento consiste en convencer a otras personas para que efectúen inversiones costosas con la mirada puesta en unos objetivos que ni han formulado ellos mismos ni probablemente les beneficien. Esto es algo extraordinario que investigadores de todos los campos se esfuerzan en analizar. El caso de Cataluña, donde el ciudadano dispone de abundante información que, de actuar en forma pragmática y sensata, habría de disuadirles del empeño en la independencia, es paradigmático.

La evolución del asco sexual

El asco es una emoción atávica, una especie de “teoría de los gérmenes innata” o “microbiología intuitiva” que permitió a nuestros antepasados evitar algunas enfermedades. En un mundo sin antibióticos ni preservativos, dejarse guiar por el asco podía salvar la aptitud biológica de una población de alimentos o conductas altamente tóxicas, y los códigos religiosos tradicionales en parte podrían ser una racionalización o sanción sobrenatural de estos mismos mecanismos naturales.

La guerra favorece el éxito reproductivo en sociedades de pequeña escala

Entendida de la forma más elemental, como un “conflicto agresivo entre dos coaliciones de individuos” (Tooby y Cosmides, 1988) (PDF), la guerra se presume tan arcaica como el ser humano, aunque tiene escasos antecedentes en el reino animal. Las únicas dos especies conocidas no humanas capaces de formar coaliciones agresivas de machos son los delfines y los chimpancés.

Cómo cambia la paternidad el cerebro de los hombres

La selección natural ha calibrado el cerebro de los animales encargados de cuidar bebés indefensos. Y las hormonas hacen en parte este trabajo. En su libro Mothers and others: The evolutionary origins of mutual understanding Sarah Blaffer Hrdy destaca que los hombres con niveles inferiores de testosterona se implican más en el cuidado paterno, aunque tener o no experiencias previas también influye. Los cuidados postparto determinan los niveles de hormonas de ambos sexos aunque “la transformación de las mujeres es mucho más dramática”. Según la nueva ciencia sobre el cuidado parental, sin embargo, estas diferencias no son tan dramáticas.

La filosofía podría mejorar la inteligencia de los niños

Ninguna otra área del saber despierta tantas dudas como la filosofía. Ubicar la filosofía en el conjunto del saber y la enseñanza de la filosofía en el conjunto de la educación es un tema de disputa al menos desde Platón, que en La república argumenta que la alta filosofía o “dialéctica” no debe enseñarse a menores de 30 años. Durante la síntesis escolástica medieval, la filosofía natural conserva un lugar seguro como “preámbulo de la fe” (preambula fidei). Esta síntesis es discutida, sin embargo, por los mismos teólogos que ven un peligro materialista en la libertas philosophandi alentada por los ilustrados radicales. Y desde que la ciencia moderna se separa de la filosofía, y surge el oficio de científico, entrado el siglo XIX, aparecen nuevos problemas. En España destaca la disputa entre Manuel Sacristán y Gustavo Bueno iniciada a fines de los años sesenta. Sacristán defiende que la licenciatura de filosofía debe desaparecer, y por tanto la enseñanza de filosofía para jóvenes. Gustavo Bueno publica una réplica extensa, El papel de la filosofía en el conjunto …

Altruismo patológico. Cuando la ayuda hace daño

Hubo un tiempo en que el comportamiento altruista representaba un desafío para las teorías darwinistas. Pero llegó la “regla de Hamilton” y la luz se hizo. Los genes altruistas pueden prosperar en una población siempre que , es decir cuando el producto del grado de parentesco entre los individuos y el beneficio recibido por el receptor supera el coste reproductivo que la acción altruísta acarrea para el donante. La “selección de parentesco”, título dado posteriormente por John Maynard Smith, explica por qué los familiares toman riesgos inusualmente altos en determinadas circunstancias y es la base de los demás tipos de cooperación altruista humana, desde el “altruismo recíproco” descrito por Robert Trivers hasta formas, evolutivamente mucho más novedosas, de ayuda y cooperación extendida.

El narcisismo de las pequeñas diferencias

Publicado en www.revistaleer.com Los nacionalismos se apoyan en la idea de identidad, en la diferencia. ¿Existe algo así hoy en día en la España unitaria? Es difícil ver entre nosotros algún rasgo distintivo más allá del folclore. Nos vestimos todos en Zara, compramos en supermercados casi idénticos y en las llamadas nacionalidades históricas quien más quien menos tiene un progenitor español. Es un fenómeno que deja perplejo a cualquier observador.

Humanos superinteligentes

Aunque la inteligencia está en los genes no se trata de un rasgo biológico estable y tampoco se distribuye uniformemente en individuos y poblaciones. Es un rasgo sujeto a variaciones naturales y en el límite a modificaciones conscientes. Distintos factores ambientales influyen, desde la dieta a -quizás- la ingeniería genética. Según el famoso “efecto Flynn” el CI habría aumentado en muchas partes del mundo al menos a partir de los años 30 del siglo XX, España incluída, aunque aún no se conocen con precisión las causas y los límites. Incluso, según otros investigadores, el efecto descubierto por James Flynn se trataría en realidad de una mejora pasajera que enmascara una realidad más frágil.

Las personas más empáticas son más religiosas, pero piensan con menos claridad

De acuerdo con la teoría empatizadora-sistematizadora descubierta por el neuropsicólogo Simon Baron-Cohen, la mente de las personas puede ser clasificada sobre la base de estas dos dimensiones: empatía y sistematización. Tests basados en el reconocimiento de emociones faciales o sobre razonamiento mecánico mostrarían que las mujeres superan en general a los hombres en la escala de empatía y que los hombres superan a las mujeres en la escala de sistematización. Como hemos explicado otras veces, no se trata de una dicotomía. Hay hombres más empáticos y mujeres más sistematizadoras, pero existen interesantes diferencias tanto en el promedio como en los extremos de la distribución. Para Baron-Cohen los factores sociales no explican la totalidad de la variación, como evidenciaría desde fases del crecimiento muy temprano el papel de la testosterona fetal (Baron-Cohen et al., 2011).

El razonamiento espacial también ayuda a los hombres a conseguir más parejas

Microtus Pennsylvanicus es un tipo de roedor polígamo norteamericano cuyos machos compiten por obtener parejas nuevas que se encuentran dispersas en el territorio. El tamaño del área de distribución es precisamente uno de los responsables ambientales que influyen en las estrategias reproductivas. En las especies de roedores polígamos, pero no en los monógamos, los machos poseen habilidades espaciales superiores a las hembras que están mediadas por el papel de las hormonas sexuales, y que finalmente se traducen en el tamaño del hipocampo. Es decir, la selección sexual no favorece inexorablemente las diferencias sexuales, sólo lo hace cuando un sexo adquiere más ventajas reproductivas ampliando su área de distribución.

Guerreros Yanomamö. Coaliciones agresivas para trascender los vínculos locales

Históricamente, tenemos dos grandes teorías sobre el origen de la guerra y la violencia humana. Por una parte están los que creen que la guerra y la violencia forman parte esencial de la naturaleza humana, como rasgos compartidos con nuestros ancestros evolutivos, quizás desde hace millones de años. Un punto de vista más o menos representado por Hobbes, y por antropólogos modernos, como Napoleon Chagnon o Lawrence Keely. Por otra parte están los que creen que la guerra y la violencia son accidentes de la evolución humana, “antropólogos de la paz” que rechazan lo que llaman “mito del brutal salvaje” y suelen subrayar el papel de la civilización europea como desencadenante de violencia. A grandes rasgos, los antecedentes ideológicos de esta postura se pueden remontar hasta Rousseau, que atribuía a la cultura y educación el principal origen de las desavenencias violentas.