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La ciencia y el pensamiento crítico acostumbran a estar ausentes de los debates sociales y políticos actuales (en los ámbitos de habla hispana). Prescindir de las aportaciones e interrogantes científicos es una merma incuestionable si se pretenden comprender en toda su profundidad los problemas que nos conciernen. Sin la ciencia, opiniones sobre la violencia o la educación, por ejemplo, se sostienen en ideologías, modas y prejuicios. Es necesario que en estos debates haya un punto de apoyo, que es el que ofrece la ciencia.

Terroristas: sólo os espera la muerte

Hace unos meses se fugó otro terrorista etarra. Esa vez fue Alberto Plazaola, condenado a 46 años de prisión por dos delitos de asesinato frustrado y otro de estragos por la colocación de una bomba en la puerta de un bar en Eskoriaza en 1987. Fue excarcelado por la Audiencia Nacional en diciembre de 2014 tras permanecer 24 años en la cárcel, seis de ellos en Francia. Cuando el Tribunal Supremo decidió que no se restasen de su condena los años pasados en las cárceles francesas, el etarra debía haber vuelto a prisión y cumplir los seis años que la Audiencia Nacional le restó de forma indebida. Parece ser que tuvo una “premonición” y le faltó tiempo para poner tierra de por medio ayudado por una oportuna concentración de apoyo que dificultó el operativo policial que se había dispuesto en Oñate para detenerle. Ahora está en busca y captura. Quizá en algún país bananero.

Lo que pensar sobre máquinas pensantes nos dice sobre los seres humanos

En su novela El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon identifica la confusión sobre el sujeto y el objeto de investigar: «si consiguen que hagas las preguntas incorrectas, no tienen que preocuparse por las respuestas». Pensar sobre las máquinas que piensan plantea más preguntas sobre los seres humanos que sobre las máquinas o la inteligencia artificial (IA). La tecnología permite a las máquinas proveer acceso a recursos, potencia, velocidad y comunicaciones esenciales que hacen posibles la vida y mejores estándares de vida. Las máquinas realizan tareas, especificadas y programadas por humanos. Los tecno-optimistas creen que el progreso está cerca de una singularidad, el hipotético momento en que las máquinas alcanzarán el nivel de una inteligencia mayor que la humana.

Cosas de las que no hablamos sobre razas humanas, pero son ciertas

Desde mediados del siglo pasado hablar de razas y diferencias biológicas entre grupos humanos es un tabú eficaz. La idea hegemónica, según el punto de vista de los antropólogos boasianos, o de los psicólogos conductistas radicales, es que los seres humanos son naturalmente iguales y que la causa de las diferencias es básicamente ambiental, sobreentendiendo que “ambiente” se refiere a “cultura” y “educación”. El periodista John Derbyshire lo llama “Dogma de las Cero Diferencias entre Grupos” (siglas en inglés DZGD): la ya vetusta idea de que no existen características inherentemente humanas, incluyendo diferencias entre poblaciones, y de que la naturaleza humana es una “construcción social” y una “tabla rasa”.

El efecto de la lotería en el status

En un post previo, intenté explicar la visión un tanto inusual del historiador económico Gregory Clark, según la cual el status socioeconómico a lo largo de distintos países es altamente heredable (0.7-0.8). La “verdad sobre la movilidad social” es que el status fenotípico correspondería con un status genotípico que se transmite a través de generaciones. Especialmente en el largo plazo, el linaje es más determinante que el azar o las intervenciones sociales.

Juguetes viajeros

29 000 juguetes de plástico cayeron al mar y nos informaron de las corrientes oceánicas Es muy conocida la historia de un buque mercante que en enero de 1992 salió de Hong Kong con destino a Estados Unidos. Tuvo una avería en mitad del océano Pacífico, cerca de la línea de cambio de fecha. Allí, los vientos le azotaron y balancearon hasta que unos pocos contenedores cayeron al agua.

Jóvenes y sobrados

Un vendaval de juventud azota la vida política española. Estamos frustrados y furiosos y queremos que algo no cambie para que todo cambie. Y lo que queremos que no cambie son las viejas esperanzas. Ellas son la panacea para curarnos de los males que nos ha traído la crisis. ¿Y quién mejor que un treintañero para traer la buena nueva? Los candidatos de la mayoría de los partidos han querido participar de esa corriente vertiginosa. Son todos atractivos y el más añoso no sobrepasa demasiado la cuarentena. Partidos nuevos como Podemos suben la apuesta añadiendo pelo. Quizá como resultado de siglos de cristalización de un modelo inveterado, o quizá como forma que adopta algo más profundo, alguna cosa tienen las melenas masculinas más la edad de Jesucristo para suscitar grandes ilusiones. Sólo hay que repasar el Arte, la Religión o la Historia.

Que no cunda el pánico: La ciencia no es tan sexista

El pasado octubre un artículo de opinión publicado en el New York Times por Wendy Williams y Stephen Ceci afirmaba que “La ciencia académica no es sexista”. El trabajo resumía una reseña de 67 páginas publicada en Psychological Science in the Pubic interest llamada “Las mujeres en la ciencia académica: Un paisaje cambiante» [1]. Trabajando junto con dos economistas, recopilaba datos de varios cientos de análisis sobre la participación de las mujeres en las ciencias, desde las ciencias de la vida, tales como psicología, hasta disciplinas más matemáticas como ingeniería y física.

Eres lo que comes: Inteligencia artificial y grandes datos

Un tema común en los escritos recientes sobre la inteligencia de las máquinas es que las mejores nuevas máquinas que aprendan constituirán más bien formas alien de inteligencia. No estoy tan seguro. El razonamiento detrás de la imagen de las ‘IAs alien’ suele ir más o menos así. La mejor forma de lograr que las máquinas resuelvan problemas difíciles del mundo real es configurarlas como máquinas que aprendan y que tengan capacidad estadísticamente sensible de beneficiarse al máximo de su contacto con los datos masivos. Dichas máquinas aprenderán con frecuencia a resolver problemas complejos detectando patrones, y patrones entre patrones, y patrones dentro de patrones, ocultos en la profundidad de los flujos de datos masivos que se les presentan. Esto se logrará con más probabilidad utilizando algoritmos de «aprendizaje profundo» para explotar cada vez con mayor profundidad en los flujos de datos. Después de que dicho aprendizaje se complete, su resultado podría ser un sistema que funciona pero cuyas estructuras de conocimiento son opacas para los ingenieros y programadores que configuraron el sistema al principio.

¿Son tan grandes las diferencias psicológicas entre sexos?

En ocasiones los investigadores de la diversidad sexual producen un estudio mostrando que los hombres y las mujeres son psicológicamente diferentes de algún modo. No de Marte y Venus, pero diferentes de todos modos. Otros investigadores puede que no estén de acuerdo y citen un estudio que no encuentre diferencias psicológicas de sexo. En un impresionante nuevo estudio, Zell, Krizan y Teeter (2015) pasan revista a cientos de hallazgos pasados que llegan a la conclusión de que los hombres y las mujeres no son muy diferentes psicológicamente. Llegan a esta conclusión empleando una forma de metaanálisis llamado “metasíntesis”.

Las máquinas no pueden pensar

No van a pensar en algún momento próximo. Podrán hacer cada vez más cosas cada vez más interesantes, pero la idea de que tengamos que preocuparnos por ellas, o regularlas, o garantizarles derechos civiles, es sencillamente absurda. Las excesivas promesas de los «sistemas expertos» en los 80 acabaron con la financiación formal del tipo de IA que intenta construir humanos virtuales. Muy pocas personas están trabajando hoy en este campo. Pero, según los medios, debemos estar muy asustados. Todos hemos visto demasiadas películas.

Somos más y menos inteligentes que nuestros antepasados

Desde que empiezan a estudiarse las diferencias individuales en inteligencia –que Francis Galton (1822-1911) llamó “excelencia”– y a establecerse comparaciones entre la inteligencia de los antiguos y de los modernos, básicamente hay dos aproximaciones en competencia. Según la aproximación conservadora, que el propio Galton inaugura al estudiar la demografía británica de la época victoriana, las condiciones modernas de vida y ciertos cambios ecológicos habrían invertido las presiones tradicionales favorables al incremento generacional de la inteligencia. Estos cambios incluyen el fin de la miniglaciación de mediados del siglo XIX, la mejora en las técnicas y la producción agraria, pero también avances en la medicina que reducen la mortandad infantil, o innovaciones sociales como el nacimiento de los “estados de bienestar”, la escolarización y la sanidad universal.

La falta de empatía o las alas del mal

La tragedia del avión estrellado de Germanwings nos sacudió a todos la mañana del martes 24 de marzo de 2015. Pero más impactante aún fue conocer que se trataba de un acto deliberado. Un joven piloto alemán decidió acabar con su vida junto con la de 150 personas más. Inmediatamente se abría un debate sobre la seguridad y el tipo de controles psicológicos que se realizan a los pilotos, ¿son estos suficientes y adecuados?, ¿podemos anticipar actos de este tipo?

Un arco iris de inteligencias

Por Roger Highfield en Edge Traducción express: Verónica Puertollano Durante décadas los tecnofuturistas han estado preocupados sobre el momento apocalíptico en que los cerebros electrónicos y los robots lleguen a ser tan inteligentes como nosotros. Esta división de «ellos y nosotros», donde los humanos y las máquinas son considerados como si estuviesen separados, está muy extendida. Pero mientras debatimos interminablemente sobre a qué nos referimos cuando hablamos de conciencia humana y las posibilidades y peligros de una inteligencia puramente artificial, una mezcla de las dos presenta otra posibilidad que merece más atención.

Los patriarcas violentos de los que descendemos

Típicamente desde Rousseau, existe en occidente una persistente tendencia cultural favorable a la dulcificación del pasado humano. Por ejemplo, se rebautiza la cultura del hacha de guerra, característica del neolítico noreuropeo, como “cultura de la cerámica cordada”. Simultáneamente, para los “antropólogos de la paz”, la guerra no forma parte de la naturaleza humana y la caracterización de los pueblos tradicionales como guerreros brutales se tacha como errónea e interesada, quizás malévola. Pero según el genetista Gregory Cochran, los estudios genéticos de hecho muestran que nuestro pasado se parecería más a las fantasías literarias de Conan el Bárbaro que a la idealizada antropología de la paz: “las visiones de Howard eran más adecuadas que las de los arqueólogos, más certeras que las de gente como Excoffer y Currat, que asumen que no ha existido ningún reemplazo de poblaciones en Europa desde que los modernos desplazaron a los neandertales. Más certera que Chris Stinger y que Brian Ferguson.”

La IA frankesteiniana

Mi aforismo favorito de Edsger Dijkstra es este: «La pregunta de si las máquinas pueden pensar es tan importante como la de si los submarinos pueden nadar». Sin embargo, seguimos jugando al juego de la imitación: preguntar lo cerca que estamos de que la inteligencia de la máquina pueda doblar a la nuestra, como si ese fuese el verdadero asunto. Por supuesto, una vez que te imaginas máquinas con sentimientos como los humanos y con libre albedrío, es posible concebir una mala conducta de la inteligencia de la máquina; la IA como una idea Frankenstein. El concepto está en pleno resurgimiento, y al principio pensé que era exagerado. Últimamente he llegado a la conclusión de que no lo es.

Yuval Noah Harari: “La agenda científica está dictada por la ideología o la religión”

Autor: Roger Corcho Yuval Noah Harari (1976) es el autor de De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad, obra publicada recientemente en español en Debate y que ha sido un éxito mundial. Formado en Oxford como historiador, Harari trabaja en la actualidad en el departamento de humanidades de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Este bagaje humanista es relevante por los conocimientos enciclopédicos que afloran en numerosas páginas del libro, pero sobre todo es importante porque el autor reivindica el estudio de la historia desde el humanismo, en lugar del materialismo inspirado en las ciencias naturales.

Abriendo el debate: Estudios Darwinianos de Género

Si un hombre pudiera dibujar un mapa comprensible e infalible sobre este territorio traicionero, deberíamos levantar una estatua a su memoria intemporal. Existe una cuenta en Twitter dedicada a explorar y enumerar precisamente las distinciones y diferencias entre lo que es aceptablemente erótico y lo que es intolerablemente sexista. Se llama @SexyIsntSexist. Por supuesto, está controlada por una mujer.

Por qué “huimos” de los hechos

En un mundo racional, en apariencia, las pruebas y los mejores argumentos son los que convencen. Pero no vivimos en ese tipo de mundo. Ni siquiera la “comunidad científica” es una excepción, teniendo en cuenta las luchas entre egos, las rivalidades entre escuelas de pensamiento, los tabúes culturales, los sesgos de confirmación de los investigadores o la publicación masiva de falsos positivos en áreas concretas de la ciencia.

Lo que pienso sobre las máquinas que piensan

Publicado por Matt Ridley en EDGE. Traducción: Verónica Puertollano. Lo que pienso sobre las máquinas que piensan es que a todos se nos está escapando lo esencial. Que el verdadero genio transformador de la inteligencia humana no es el pensamiento individual, sino la inteligencia colectiva, colaborativa y distribuida; el hecho de que (como ha señalado Leonard Reed), se necesiten miles de personas diferentes para hacer un lápiz, sin que ni uno de ellos sepa cómo hacer un lápiz.

La ciencia de los dos sexos. Por qué no es «simplista» hablar de machos y hembras

Tradicionalmente, las personas “intersex” resultan desconcertantes. Sólo con el auge de la ciencia médica natural (Vázquez y Cleminson, 2009), a partir del siglo XVIII, se clarifica definitivamente la división en dos sexos, y se alienta un espíritu compasivo y racionalizador hacia las personas con sexo dudoso, desterrándose como fantásticas y maravillosas las viejas historias sobre hermafroditas verdaderos. El régimen liberal y la “ciencia ilustrada” europea politizan el sexo: la autoridad para “asignar” la identidad sexual a los individuos pasa de las familias a los médicos forenses, que detentan ahora el “saber positivo del cuerpo y alma”.