Ver todas las publicaciones archivadas en Tercera Cultura

La ciencia y el pensamiento crítico acostumbran a estar ausentes de los debates sociales y políticos actuales (en los ámbitos de habla hispana). Prescindir de las aportaciones e interrogantes científicos es una merma incuestionable si se pretenden comprender en toda su profundidad los problemas que nos conciernen. Sin la ciencia, opiniones sobre la violencia o la educación, por ejemplo, se sostienen en ideologías, modas y prejuicios. Es necesario que en estos debates haya un punto de apoyo, que es el que ofrece la ciencia.

Por qué nos sentimos enfermos. La teoría altruísta

Todo el mundo se ha sentido alguna vez desagradablemente enfermo. El dolor, la anemia o la fiebre son algunos síntomas clásicos, pero también hay consecuencias psicológicas. Las personas enfermas suelen sentirse más deprimidas e irritables, y también afecta a las relaciones sociales. El “síndrome de enfermedad”, definido como una “respuesta adaptativa y coordinada a las infecciones” es típicamente provocado por una gran variedad de agentes patógenos: virus, bacterias y protozoos capaces de alterar indirectamente las respuestas del sistema inmune y neuroendocrino. La causa próxima del sentimiento de enfermedad radica en la alteración de estos sistemas fisiológicos, pero la causa final es más complicada.

Los chimpancés, pero no los bonobos, juegan como los niños humanos

Es sabido que los chimpancés (Pan troglodytes), y sus primos los bonobos (Pan paniscus), son las especies animales con las que estamos más emparentados los humanos modernos. Separadas por “sólo” un millón de años, estos primates exhiben algunas diferencias de conducta social muy atractivas cuya interpretación nutre las “guerras culturales” para definir el ser humano. Los partidarios de la no violencia y del amor libre prefieren tradicionalmente al bonobo, más pacífico y sexualmente relajado, mientras que la imagen del chimpancé como modelo de revolución social se resiente tras el descubrimiento de las “guerras chimpancés” hace décadas.

Educar en civilización

Invertir enormes sumas de dinero y buenas intenciones no es una garantía de éxito para resolver algunos problemas educativos y patologías sociales que parecen arraigados en un “mundo hobbesiano”. Tras inyectar miles de millones en intervenciones para reducir las brechas raciales durante las últimas décadas, en EE.UU las distancias de hecho se han ampliado: la brecha entre blancos y negros en test que miden habilidades de lectura y matemáticas ha crecido 5 puntos desde 1992 a 2013.

Lo que hay que saber sobre la inteligencia

Reseña de Intelligence. All that matters, de Stuart Ritchie, John Murray Learning. 2015. 147 Páginas. Hay algo peligroso en la ciencia del intelecto humano. Definir y cuantificar las capacidades mentales, tal y como pretende hacer la psicología diferencial, es algo farragoso para los antiguos, que ven el “alma racional” más bien como un préstamo divino, pero para los modernos la idea de que algo así como la inteligencia es medible, variable y heredable también choca con fuertes expectativas morales, dentro de una ya larga tradición de malentendidos, malevolencia y mitos sobre la psicología (Colom, 2000). Este pequeño libro de Stuart Ritchie, posdoctorado en la universidad de Edinburgo, es un buen remedio contra concepciones erróneas, pero muy extendidas, acerca de la inteligencia humana.

John Searle: «Sabemos que el cerebro produce conciencia, pero no sabemos cómo»

Ya me habían avisado de que John Searle era un tipo extraordinariamente simpático, accesible y nada pedante. Pero así y todo cuesta creer que el joven octogenario con la gorra de visera y vaquero negro – tan caído por detrás que preocupa llegar a ver la marca de su ropa interior cual skater- es uno de los filósofos más reconocidos y laureados del mundo.

¿Hay que eliminar el «factor de impacto» de las revistas científicas?

En teoría, la ciencia es universal. En la práctica, es aristocrática. Los científicos están sometidos a un sistema de publicación dominado por unas pocas revistas de impacto y grupos editoriales, por un par de países, y por un solo idioma: el inglés. Esto influye también en la divulgación. Según los cálculos de Carlos Elías (La razón estrangulada. La crisis de la ciencia en la sociedad contemporánea. Debate. 2008), de todas las noticias científicas publicadas en España basadas en revistas de impacto, el 37.6% provienen de Nature, el 12.4% de Science, seguido por el 4.8% de Proceedings. Ninguna de estas noticias se basa en revistas científicas españolas. Nature y Science monopolizan virtualmente el mercado de la comunicación científica, con sus potentes gabinetes de prensa, a la cabeza de lo que Elías llama “ciencia producida para salir en los periódicos”.

Jonathan Haidt abre una «universidad heterodoxa»

El psicólogo social Jonathan Haidt, conocido por sus charlas TED, estudioso de la mentalidad conservadora y autor de The righteous mind (2012), ha abierto una “universidad heterodoxa” en internet con la misión de “incrementar la diversidad de puntos de vista en la universidad, especialmente en las ciencias sociales”. Se trata esencialmente de una página web con distintos recursos educativos a través de la que es sencillo acceder a las publicaciones más relevantes del campo.

Psicólogos que se portan mal. El auge de una ciencia inexacta

El campo de la psicología se ha esforzado durante mucho tiempo por ser reconocido como “ciencia exacta”. Ha trabajado duro para distanciarse de su comprometida asociación con la herejía freudiana. Su progreso se ha caracterizado como una embarazosa serie de “teorías” que, en retrospectiva, demasiado a menudo resultaron modas pasajeras y fueron olvidadas por falta de poder explicativo. La psicología carece de una tabla periódica con “hechos” incuestionables para apoyar su ciencia. No ha llegado a crear un proyecto convincente de la mente humana, y su aceptación siempre ha estado obstaculizada por el hecho de que todo el mundo viene equipado con una ingenua psicología popular que normalmente compite con la investigación profesional.

Más allá del tamaño del cerebro

Los psicometristas descubrieron en el siglo XX que existe un factor general (g) capaz de explicar al menos la mitad de la varianza de la inteligencia humana individual, que a su vez se conecta con muchos resultados educativos, profesionales, o sanitarios. Pese a la enorme importancia potencial de este hallazgo, aún no se conocen todos los detalles sobre las bases biológicas, genéticas y neuroanatómicas, de g, incluyendo la interesante asociación, ya advertida por Francis Galton (1822-1911), entre el tamaño del cerebro y la inteligencia.

Galileos del siglo XXI. La nueva censura ideológica de la ciencia

  El conocido caso de Galileo Galilei, padre de la ciencia moderna condenado por la Inquisición a un arresto domiciliario y vetado por la Iglesia católica entre otras cosas por defender el sistema heliocéntrico (y de paso ridiculizar al Papa) suele esgrimirse como ejemplo de un intemporal conflicto entre ciencia y religión. Pero la ciencia también puede entrar en conflicto con ideologías seculares, lo ha hecho históricamente, y lo está haciendo hoy.

Psicología evolucionista 2.0

Con la publicación del manual de David Buss Evolutionary psychology (Psicología evolucionista) (1999), nació un nuevo campo de estudio. Es cierto que las ideas de este campo habían estado dando vueltas en la cabeza de los académicos al menos desde mitad del siglo XIX, pero la obra pionera de Buss dio al campo el empujón que necesitaba para conseguir un status pleno.

La evolución de la disfunción sexual masculina

Habida cuenta de que el ser humano es una especie sexualmente reproductiva, y que las fuerzas de la evolución han favorecido la aparición de fuertes recompensas somáticas que motivan la actividad sexual, pudiera suponerse que la selección natural habría eliminado virtualmente los genes que provocan disfunciones sexuales. Sin embargo, no es así.

Mujeres y enemigas. La nueva ciencia sobre la competitividad femenina

Un rápido ejercicio de asociación. Qué viene a la mente al escuchar estas palabras: Competitividad. Agresividad. Violencia. Si piensas en la palabra “macho”, casi seguro que no estás solo. Estos rasgos se atribuyen frecuentemente a la masculinidad y la hombría. En un examen más próximo también queda claro que la competetividad, violencia y agresividad masculina a menudo se dirigen contra otros machos: en el campo de batalla, el campo de juego, en la oficina, en el bar o en la calle. Charles Darwin se dió cuenta hace tiempo de la existencia de competitividad intrasexual entre machos, y entendió también que el propósito principal de todo este barullo masculino consistía en atraer la atención y el favor reproductivo de las hembras.

Deportes de género

Publicado por M. Teresa Giménez Barbat en revista Leer julio 2015 Steve Jones en su libro recientemente publicado en España “Ciencia y creencia. La promesa de la serpiente”, dedica una buena parte de un capítulo a elucubrar sobre cómo la sociedad, en aras de la igualdad y del juego limpio, trata de crear unas reglas donde se compensen las distintas habilidades de los jugadores tanto por experiencia, sexo o edad. Ya saben que en multitud de deportes se otorgan “handicaps” o puntos de ventaja (o desventaja según se mire) a los jugadores para propiciar un torneo más justo y con una razonable posibilidad de sorpresa.

El error de Rousseau. La guerra en las sociedades sin estado

Azar Gat es un profesor de diplomacia y estudios de seguridad en la universidad de Tel Aviv, en Israel. Es autor de un libro reciente sobre la historia del nacionalismo, en el que no demuestra un conocimiento exhaustivo del caso español, y de distintos trabajos sobre historia militar y de la guerra más estimables. Entre ellos dos muy voluminosos: War in human civilization (2010) y A history of military thought. From the enlightenment to the cold war (2001). Hace poco ha publicado un artículo en la revista Evolutionary anthropology (2015), en el que discute lo que llama “el error de Rousseau”.

Lo que debería buscar la neurociencia y las máquinas de modelos de la mente

Las máquinas pueden imitar perfectamente algunas de las maneras de pensar humanas todo el tiempo, y pueden realizar con consistencia algunas tareas mentales todo el tiempo, pero las máquinas computadoras, como se suelen concebir, no realizarán correctamente el pensamiento humano todo el tiempo porque en realidad procesan la información de manera contraria a los humanos en dominios asociados comúnmente a la creatividad humana.

Nuestro linaje asesino

Tras el descubrimiento de que los chimpancés hacían algo similar a la “guerra”, por parte del equipo de Jane Goodall en el parque nacional de Gombe, en Tanzania, allá por 1974, empezaron tiempos difíciles para el relato rousseauniano del hombre naturalmente pacífico. Si bien dentro de este marco evolucionista se cuestiona que la violencia de los chimpancés explique algo significativo sobre el origen de la guerra humana (¿qué hay de nuestros otros primos los bonobos?), y aparte del registro histórico y etnológico reciente, con sus altibajos en conflictos violentos (ver por ejemplo: Kohler et al, 2015), pero donde de todos modos abunda la violencia letal entre grupos humanos, otro conjunto de evidencias procedentes de la paleoantropología también cuestionan el relato.

La conducta antisocial también está en los genes

  La genética conductual humana tiene más de un siglo de historia, pero la disciplina sufrió un duro golpe a mediados del siglo pasado, cuando el estudio de la herencia se asoció con las ideologías derrotadas en la guerra mundial. El predominio del conductismo radical, en psicología, o de los antropólogos boasianos en las ciencias humanas, parecía preludiar unas humanidades libres de influencias biológicas. Esta campaña cultural se recrudeció en los años setenta contra los estudios de gemelos y las teorías sociobiológicas (embrión de la psicología evolucionista), como muestra el éxito de las ideas de Lewontin y Gould, que casi se convierten en sabiduría convencional, afectando también al estudio de las bases genéticas de la conducta criminal.