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La ciencia y el pensamiento crítico acostumbran a estar ausentes de los debates sociales y políticos actuales (en los ámbitos de habla hispana). Prescindir de las aportaciones e interrogantes científicos es una merma incuestionable si se pretenden comprender en toda su profundidad los problemas que nos conciernen. Sin la ciencia, opiniones sobre la violencia o la educación, por ejemplo, se sostienen en ideologías, modas y prejuicios. Es necesario que en estos debates haya un punto de apoyo, que es el que ofrece la ciencia.

Henry Harpending

Este 3 de abril ha muerto Henry Harpending, antropólogo, genetista de poblaciones de la universidad de Utah y miembro de la Academia nacional de las ciencias de EE.UU. Considerado “controvertido” por grupos de la izquierda radical, el trabajo de Harpending abarcó áreas importantes de la antropología, como el origen de la diversidad humana (2005), la evolución de la inteligencia de los grupos humanos (2006) o, la evolución de adaptaciones humanas recientes (2007).

El aburrimiento

Del blog de arcadi espada. Por Richard Nisbett. Traducción: Verónica Puertollano. Edge.org

La primera vez que tuve la ocasión de pensar acerca de lo que las máquinas pensantes podrían suponer para la existencia humana fue en la charla de hace unos años de un científico informático durante un coloquio del departamento de Psicología de Yale. El tema del conferenciante era: «¿Qué significará para el concepto que los humanos tienen de sí mismos, y para su bienestar, que en algún momento las computadoras lleguen a hacer algo mejor que los humanos, como ganar a los mejores jugadores de ajedrez o componer mejores sinfonías que los humanos?»

Cuenta atrás para identificar los genes que nos hacen inteligentes

La inteligencia general es un rasgo humano complejo, heredable entre generaciones, y que cumple la llamada “cuarta ley” de la genética de la conducta. Es decir, hay bastantes variantes genéticas responsables de las variaciones entre individuos y grupos. Sólo recientemente disponen los científicos de los instrumentos de análisis adecuados para identificar el origen de estas diferencias humanas tan importantes.

Apocalipsis volcánico del Pérmico

La mayor extinción de vida tuvo un culpable: el vulcanismo en Siberia La mayor extinción de vida de todos los tiempos ocurrió hace unos 250 millones de años, al final del periodo llamado Pérmico. La vida sufrió como nunca. A ese final apocalíptico se le llama la Gran Mortandad. Desaparecieron el 95% de las especies marinas y el 70% de vertebrados terrestres. ¿Y quién fue el asesino? Basta una mirada a Wikipedia para ver que entre los culpables se han propuesto: el vulcanismo en Siberia, el choque de un meteorito en Australia o la Antártida, la explosión de una supernova cercana, la liberación de ingentes cantidades de gases de efecto invernadero que estaban atrapados en los fondos oceánicos como hidratos de metano, liberación de sulfuro de hidrógeno, la unificación de todos los continentes en uno único –Pangea–, la acidificación y la desoxigenación de los océanos, la pérdida de capa de ozono, etc. En una obra de 1993 titulada «The Great Paleozoic Crisis – La Gran Crisis del Paleozoico–» el paleobiólogo Doug Erwin llega a la …

La ciencia percibida como «inmoral» también es percibida como menos creíble y rigurosa

Algunos epistemólogos –la gente que se dedica a estudiar la naturaleza del conocimiento humano– distinguen entre “racionalidad instrumental”, que persigue simplemente la victoria de nuestros valores predilectos, y “racionalidad epistémica”, que persigue una mayor correspondencia entre nuestro mapa y el territorio: lo que Aristóteles y los escolásticos llamaban “adecuación”, o simplemente “verdad”. No es lo mismo razonar para ganar que para averigüar lo que es cierto. Se supone que la ciencia por excelencia se fundamenta en la racionalidad epistémica. Según esta posición común, resumida por Matteo Colombo, de la universidad holandesa de Tilburg, el modo cómo evaluamos la calidad de las pruebas y los argumentos en favor de las hipótesis verdaderamente científicas “sólo debe ser afectado por valores epistémicos, dirigidos a la verdad, tales como confirmación, adecuación empírica y poder explicativo y predictivo”. Aunque no cabe duda que los valores “no epistémicos” (ideas morales, ideológicas, económicas, etc) forman parte de la actividad científica, influyendo en el modo cómo los políticos deciden emplear ciertas conclusiones de la ciencia, o en los procesos de financiación, existe también …

Daniel Dennett: «La mente humana es el resultado de la evolución cultural»

Daniel C. Dennett (Boston, 1942) es uno de los pensadores más incisivos del mundo contemporáneo. Ha trabajado sobre ciencia cognitiva, filosofía de la mente y de la ciencia, inteligencia artificial y teoría de la evolución. Profesor de filosofía y codirector del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (Massachusetts), se le ha designado junto a Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens como uno de los “cuatro jinetes del ateísmo”. Entre sus numerosos libros destacan Romper el hechizo: la religión como un fenómeno natural (Katz Editores, 2007), La naturaleza de la conciencia: cerebro, mente y lenguaje (escrito junto a Maxwell Bennett, Peter Hacker y John Searle y publicado por Paidós en 2008) y Bombas de intuición y otras herramientas de pensamiento (fce, 2015). “El ADN –ha dicho– es al gen lo que la tinta es al poema. Los genes no están hechos tan solo de ADN.” Paul Thagard asegura que la realidad es aquello que puede ser estudiado por la ciencia. ¿Estaría de acuerdo con él? No sé si de la manera que …

El declive de la verdad científica

El tema en sí mismo no es nuevo. Durante décadas, han existido rumores sobre famosos científicos históricos como Newton, Kepler y Mendel. Se les acusaba de que su investigación era demasiado buena para ser cierta. Debían haber falsificado los datos, o al menos adornarlo un poco. Pero pese a todo Newton, Kepler y Mendel mantuvieron su sitio en el salón de la fama de la ciencia. La reacción habitual de quienes oían los rumores consistía en encogerse de hombros. ¿Qué más da? ¿Tenían razón, no?

¿Seguro que votaste racionalmente el 20D?

Los sesgos cognitivos son algo así como atajos mentales. Afectan en especial a lo que Daniel Kahneman llama “sistema 1”, nuestra parte más emocional en la toma de decisiones, pero también se encuentran en situaciones que requieren una forma de pensar más lenta y reflexiva. Hasta los científicos más pulcros se engañan rutinaria y sistemáticamente.

¿Por qué tememos el cambio climático?

Quizás el temor general a los cambios explica el temor a los cambios del clima. El conservadurismo antropológico quizás explica el conservadurismo climático. Según Steven Hayward la corriente ortodoxa en la ciencia del clima actual subestima la adaptabilidad de la especie; lo corriente para los humanos de hecho es la flexibilidad ante los cambios, incluso si son bastante bruscos. De los inuit a los árabes, los humanos han demostrado que pueden florecer en un rango de temperaturas altas y bajas relativamente amplio, y estable, tal como refleja el siguiente gráfico.

La verdad sobre los «estereotipos»

La palabra “estereotipo” (en inglés: “stereotype”) es de acuñación reciente. Fue inventada por el periodista Walter Lippmann en los años 20 del siglo pasado, principalmente para describir creencias sociales sobre ciertos grupos, y la idea fue desarrollada por el psicólogo Gordon Allport, autor de The nature of prejudice (1954). Desde un principio la idea estuvo ideológicamente impregnada por altos propósitos morales, del tipo que los teóricos de Frankfurt consideran “interés emancipatorio”. Según la descripción de Lee Jussim, de la universidad de Rutgers en Nueva Jersey, Allport concebía el pensamiento basado en estereotipos como “una resistencia no justificada hacia la superación de los prejuicios”, y como “una gran contribución a la injusticia social”.

Cómo los altos ideales arruinan la ciencia

No hay duda de que la corriente más influyente en lo que algunos llaman “ciencia social moderna” todavía es la teoría crítica. A grandes rasgos, los partidarios de esta escuela sostienen que un “interés emancipador” debe guiar la ciencia, con la luminosa perspectiva de crear “un mundo que satisfaga las necesidades y capacidades de los seres humanos”. Al liberar a la ciencia del “interés dominador” y de las ilusiones del positivismo, la teoría crítica se presenta como una posición no sólo moral sino epistemológicamente superior a las alternativas. En breve: la “crítica” orientada por el interés emancipador también mejora la ciencia.

El enfoque biosocial en el trabajo social

La aproximación evolucionista al estudio del ser humano inaugurada por la teoría de Darwin, y desarrollada con posterioridad gracias a los descubrimientos de la genética y la biología molecular (“síntesis moderna”) se ha ido ampliando en las últimas décadas, desde la antropología cultural a la criminología, y los problemas sociales estudiados por los trabajadores sociales también pretenden incorporar este enfoque biopsicológico, aunque no sin resistencias. No se trata de meras curiosidades teóricas, ya que incorporar lo bio en los estudios sociales y psicológicos, en principio, ayuda a intervenir más eficazmente en los problemas.

La evolución del pelo largo

El pelo largo humano no es universal, varía entre poblaciones. Y esta variación depende de presiones evolutivas recientes y locales, probablemente varios milenios después de que los humanos “modernos” salieran de África hace 60.000 años. Para la biología y la psicología evolucionista tan interesante es descubrir los universales como los particulares humanos, y ya tenemos un catálogo interesante de particularidades humanas: color de los ojos, pelo y piel, persistencia de la lactasa, adaptación a las alturas, adaptación al frío, estatura de los pigmeos, los genes EDAR, ASPM y MCPH1, el microbioma, el tiempo de sueño o el pelo largo en la cabeza.

¿Por qué los finlandeses no ganan más premios Nobel?

En el plano individual, la práctica y el esfuerzo no son todo. Según estudios, los violinistas geniales necesitan practicar la mitad que los mediocres. En el ajedrez, los mejores necesitan muchísimo menos tiempo (728 horas) que los peores (16120 horas) antes de convertirse en maestros. Existen, por lo visto, “genes de genios”. Pero la inteligencia y la creatividad también varían por países, y esto explica bastante cosas, desde el desempeño académico al desarrollo tecnológico y científico.

Por qué la gente cree ser secuestrada por extraterrestres

Los ufólogos, escritores e investigadores de “misterios” suelen quejarse de que la ciencia no se toma en serio sus temas favoritos. Es falso. En el contexto del proyecto “Libro Azul”, dirigido por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el laboratorio de “comidas y medicamentos” del Departamento de Salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos llegó a analizar una tarta entregada por un vecino de Alabama para descartar que tuviera un origen alienígena, según cuenta Jacques Vallée en su libro Magonia. Hasta 1969, técnicos del ejército estudiaron –empleando recursos públicos– más de 12.000 supuestos informes OVNI. Pero la redacción final del proyecto, bajo la dirección de Edward Condon en la universidad de Colorado, básicamente coincidió con conclusiones de investigaciones previas (los proyectos “SIGN” o “GRUDGE”): “Nada de lo que procede del estudio de los OVNIs en los últimos 20 años ha aumentado el conocimiento científico”.

Una universidad “heterodoxa”

Por Teresa Giménez Barbat en la revista leer ¿Se puede estudiar la teoría de la decisión política desde las ciencias evolucionistas? Jonathan Haidt, psicólogo social y profesor de Liderazgo Ético en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y autor de “The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion”, es uno de los adalides de este tipo de investigaciones. Antiguo militante de izquierdas, pensaba que una mayor comprensión de la psicología moral podría dar armas al partido con el que simpatizaba, el demócrata. Pero no fue esto lo que ocurrió. Más bien empezó a vislumbrar qué se escondía en los cerebros de las personas de distinto signo político. Dejó de ver a los conservadores y a la gente religiosa como oponentes y a comprender su punto de vista. Y declaraciones posteriores como que «los conservadores tienen una comprensión más ajustada de la naturaleza humana que los progresistas (“liberals”)» le granjearon la etiqueta de “centrista” en el caso más benévolo cuando no la de “traidor”[1].

Cómo se engañan los científicos

Pese a la insistencia de los manuales, y el fervor de la ideología, el “método científico” es más un proyecto que una obra finalizada. Algo que está quedando de manifiesto especialmente tras lo que llaman “crisis de replicabilidad”. Aunque el porcentaje de trabajos retractados en las revistas, por fraude o error, sigue siendo relativamente modesto (un 0.02%), algunas áreas de la ciencia están claramente afectadas. Para poner un ejemplo, sólo uno de cada tres estudios de psicología analizados en un proyecto reciente consiguieron ser replicados. Y otros investigadores han alcanzado conclusiones similares.

La personalidad no causa la ideología

Todos los rasgos humanos psicológicos son heredables. Según un metaanálisis que toma en cuenta estudios de gemelos efectuados a lo largo de 39 países durante las últimas cinco décadas, ni uno sólo de los rasgos analizados tiene una estimación de heredabilidad igual a 0. (Polderman et al., 2015). Las opiniones políticas son uno de esos rasgos. Los factores genéticos explicarían (Funk, L.C. et al., 2013) al menos la mitad de las diferencias observadas en la ideología política de la gente.

CISCATALONIA

«El debate de ideas propiciado por el envite secesionista en Cataluña ha sido tan frondoso que se aprecian  signos claros de saturación. Es probable que no queden analistas o escribientes, de cualquier condición, que no se hayan pronunciado sobre la cuestión. Destaca, sin embargo, la ausencia casi total de voces de la academia científica. En dos ocasiones (3-11-2014; 23-1-2013) publicamos artículos de Adolf Tobeña que habían sido rechazados en «El País», un rotativo que ha venido deplorando el «silencio culpable» de buena parte de la intelectualidad catalana. Contribuimos, por tanto, con este nuevo artículo de nuevo rechazado, a no ahondar ese «silencio» al tiempo que damos voz, como corresponde en TC, a opiniones que tiendan engarces entre ciencia y sociedad».