Lo que llamamos inteligencia o “capacidad para razonar deductiva o inductivamente, pensar de modo abstracto, emplear analogías, sintetizar información y aplicarlo a nuevos dominios” (Satoshi Kanazawa) no sólo es una medida relativamente objetiva, sino un fértil predictor de importantes resultados vitales, desde los ingresos económicos a la longevidad o la satisfacción vital. En parte, la inteligencia se hereda. Calculan que hasta el 80% de la variación de este rasgo en humanos adultos tiene una explicación genética. Y no está equitativamente distribuída en la población, sino que varía predeciblemente a escala individual y poblacional.
Uno de los factores de variación en inteligencia parece ser precisamente la religiosidad: en promedio los individuos más religiosos tienden a tener una inteligencia ligeramente menor que los menos religiosos. Pero esto no significa exactamente que los ateos sean más inteligentes. De hecho, uno de los detalles más pintorescos descubiertos por los investigadores es que el ateísmo tiende a colocarse más en los extremos de la distribución: los ateos “listos” orbitan en torno a los 128 puntos de CI, mientras que los ateos “estúpidos” lo hacen alrededor de los 70 puntos.
Existen diferentes hipótesis sobre por qué las personas más inteligentes tienden a ser menos creyentes. Según Zuckerman (2013) y sus compañeros esto podría deberse a que 1) la gente inteligente es menos conformista y más resistente a los dogmas religiosos; 2) que la gente menos creyente tienda naturalmente a poseer un estilo cognitivo más analítico que intuitivo, que típicamente requiere de mayores recursos o 3) que la gente más inteligente tenga menos necesidad natural de las compensaciones psicológicas proporcionadas por una religión. Una cuarta hipótesis de corte evolucionista, explicada por Satoshi Kanazawa, conjetura con que las personas no creyentes tienden a orbitar alrededor de rasgos evolutivamente más novedosos, como el ateísmo.
Sea cuál sea la hipótesis correcta, medida según la participación en las ceremonias religiosas y a cuestionarios sobre la importancia de las creencias religiosas, lo cierto es que la religiosidad parece estar relacionada negativamente con la inteligencia, según muestran varios estudios y metaanálisis. Sin embargo, paradójicamente, otros estudios han mostrado que la religiosidad podría tener efectos preventivos en la salud cognitiva de las personas a medida que envejecen. Parte de la explicación podría residir en que las comunidades religiosas, más que las creencias sobrenaturales en sí, proporcionan ciertos beneficios sociales y personales. Pero ¿son estos beneficiosos exclusivos de las comunidades religiosas?
Stuart Richtie, Alan Gow e Ian Deary acaban de publicar en Intelligence (2014) un trabajo basándose en una amplia muestra, pero formada esta vez por sujetos británicos, donde se analiza por primera vez la relación entre religiosidad e inteligencia entre individuos mayores de 80 años. Aunque el trabajo confirma que existe una (pequeña) asociación negativa entre religiosidad e inteligencia, lo mas significativo de los resultados es que no encontraron evidencias de que la participación religiosa sirva realmente como protección para el declive cognitivo en edades avanzadas. Los mismos autores consideran que los resultados bien pudieran ser consistentes con las peculiaridades culturales de la muestra europea. Es plausible que los efectos positivos de la religiosidad en la salud cognitiva (se ha observado el mismo patrón para el caso de los efectos en la felicidad) sean moderados o inexistentes en aquellas sociedades, como Gran Bretaña en comparación a los Estados Unidos, donde la religión tiene una importancia social menguante. En este caso, una significativa parte de la variación residiría en la «cultura», más que en la «naturaleza».

Lo que me inquieta es que evolutivamente nunca hayan existido sociedades o culturas ateas, y si existieron desde luego se extinguieron.
Haberlas, haylas:
Me sorprende que no aparezca por ningún lado de la entrada la variable sexo, teniendo en cuenta que al menos intuitivamente los comportamientos son diferentes, y a la edad de 80 años parecen todavía mayores. Por cierto, y un poco en broma, si suben un poco la edad se quedan sin muestra al menos por el lado masculino.
En relación con la otra cuestión: un cambio de paradigma hacia una sociedad predominantemente laica, yo lo relaciono con dos cosas. La primera ciertos ritos: bautizo, primera comunión, casamiento (hoy con una importancia menor), defunción… que por el lado civil no siempre tienen correlato o no de la misma «calidad» y por otro lado porque un cambio así exige una «revolución» que nadie quiere encarnar. La izquierda en algún momento parece que lo intentó, pero hoy por hoy básicamente lo que hace es trasladar al conjunto de la sociedad la confusión de valores que reina en su seno.
«¿Nos protege la religión del declive cognitivo?»
Aunque nos protegiera, la religión seguiría resultando increíble. ¿Podríamos creer, por ejemplo, en las hadas del bosque si dicha creencia nos «protegiera del declive cognitivo»? No podríamos.
Yo quiero saber si creer en hadas protege o no del declive cognitivo.
«… la religión seguiría resultando increíble.»
Claro, claro. Como demuestra la realidad. Total, sólo hay miles de millones de personas vivas que creen en alguna religión. Eso, si no consideramos las que, muertas ya, han creído a lo largo de la historia.
En fin, éste es el nivel del cientifista sectario. La realidad no importa. O bien, lo que no importa es el lenguaje.
Un saludo.
Vellana, hay una enorme diferencia entre proclamarse creyente cuando vives en una democracia moderna, y proclamarse creyente cuando vives en un estado teocrático que castiga las opiniones irreligiosas con la tortura y las hogueras inquisitoriales. ¿Qué crees tú que le hubiera pasado, por ejemplo, al astrónomo Galileo si hubiera apostatado del cristianismo allá por el siglo XVII? Obviamente, los inquisidores se lo hubieran cargado.
Por tanto, lo interesante no es lo que pueda manifestar un científico o cualquier otra persona cuando está bajo la amenaza de la tortura y la muerte sino lo que dice cuando habla en libertad.
La realidad es que la religión lleva ya más de un siglo resultando increíble para la mayoría de los científicos. Todas las encuestas lo demuestran, incluso las realizadas a los científicos de un país tan emborrachado de fundamentalismo cristiano como EEUU.
La realidad es que la religión cada vez resulta más increíble en las democracias avanzadas. Hace unos días el propio Eduardo nos recordaba que «las sociedades del norte de Europa son, en general, las menos religiosas del mundo. (…) El trabajo de referencia sobre el secularismo escandinavo es de Phil Zuckerman, “Society without god”.».
Disculpen, pero la mayor parte de estos artículos que ustedes publican a mí me parecen una chorrada, la verdad, y eso que soy un ateo recalcitrante desde los doce o trece años.
Me llama la atención la forma en que Kanazawa define la inteligencia, sea eso lo que fuere. Sospecho que aún no tenemos una definición satisfactoria de inteligencia y, por eso mismo, algunos obtienen los resultados que quieren obtener; el investigador introduce en la investigación lo que de antemano estaba buscando, y esto tiene de científico lo que yo de perro pekinés.
El dar la tabarra cada dos por tres con la «naturaleza» humana, la genética y las condiciones heredables e inmutables me huele a chamusquina; me parece que son hipótesis científicas o doctrinas filosóficas que legitiman o que pueden legitimar un orden injusto por ser supuestamente «natural»; es decir, dado, inamovible, inmutable.
No soy quién para recomendar, pero yo huiría de esa ciencia anglosajona que parece interesar tanto a los articulistas de esta página y leería de vez en cuando algo de lo que ha escrito Marino Pérez Álvarez, incluida la conferencia «Entelequia genética: ni en los genes ni en las estrellas está nuestro futuro», publicada en la revista «El Catoblepas». Así se comprenderá que mucho de lo escrito aquí obedece a supuestos de carácter filosófico un tanto obsoletos.
No hay nada irregular en la definición de Kanazawa sobre la inteligencia. Si alguien quiere conocer algo más, existe una especie de «declaración» publicada hace unos años que recoge los hallazgos generales en inteligencia general, es decir, aquellos puntos que no son particularmente disputados y son aceptados por la inmensa mayoría de los psicometristas, sean anglosajones, eslavos, íberos o amerindios.
http://www.udel.edu/educ/gottfredson/reprints/1994WSJmainstream.pdf
Personalmente preferiría que el español, o el latin, fuera la lengua imperante en el sistema actual de publicación científica, pero lo cierto es que es el inglés.
Con respecto al trabajo de Marcelino Pérez Álvarez, la misma revista El Catoblepas ha publicado réplicas: http://nodulo.org/ec/2012/n123p09.htm
Es curioso que todos los expertos en inteligencia cuyos nombres aparecen en el texto que ha enlazado usted pertenezcan a universidades anglosajonas…
No ha entendido mi queja sobre la ciencia anglosajona; a mí me da igual en qué idioma se redacten los artículos científicos, pero me importan bastante los supuestos filosóficos que fundan cierta concepción sustancialista del mundo. Esos supuestos filosóficos son los de la ciencia anglosajona, posiblemente de origen platónico, por decirlo de una forma simplista: las esencias que definen algo, las propiedades inmutables, ese mundo inmutable, ese orden único que debe ser descubierto…
Como en casi todo, creo que la concepción filosófica adecuada es la que considera la biografía del sujeto; son los «mundos» donde viven los seres humanos los que a la postre contribuyen a definir la inteligencia. Son las relaciones entabladas por el sujeto, las actividades a las que se dedica, etcétera. Ustedes olvidan con frecuencia el contexto.
Perdón, quise decir que: «Son los “mundos” donde viven los seres humanos los que a la postre DETERMINAN la inteligencia.»
El propio Pérez Álvarez publicó réplica a las réplicas.
Pregunte a psicometristas españoles sobre lo que dice ese documento y dudo que encuentre muchas divergencias.
Con respecto al tema de este post en concreto, que es la relación entre «religiosidad» (definida según la participación en las comunidades religiosas y según el grado de importancia vital que los sujetos le dan) y declive cognitivo en la vejez, no hacen falta «supuestos filosóficos» controvertidos ni una comprensión profunda de Platón para entender de qué trata.
Me imagino que es un tema que no le interesa a todo el mundo, pero algunos queremos saber cómo afecta positivamente la religión a estas cosas y de qué modo influye pertenecer a una sociedad u otra.
No, «los mundos donde viven los seres humanos» no determinan la inteligencia, si lo que quiere decir con eso es que lo único que cuenta es el ambiente, la educación y la cultura.
Lo que dice en general la genética de la conducta, que es la rama de la ciencia encargada de estudiar estas cosas, es que la inteligencia es un rasgo considerablemente heredable, al igual que pueden serlo rasgos físicos como la altura, y también que varía sistemáticamente entre grupos humanos. Eso si, como la inteligencia no es una «constante biológica», puede variar generacionalmente tanto entre individuos como entre grupos. Se sabe que los judíos no siempre han sido tan inteligentes, por ejemplo. Y también hay factores ambientales capaces de deprimir o estimular la inteligencia.
Me parece encomiable que deseé saber más sobre estos asuntos; ustedes son los más adecuados para investigar.
Precisamente por no ser una constante biológica, me parece difícil medir el grado de «heredabilidad» de la inteligencia; por no insistir en que el reducirla a la capacidad lógica o de abstracción me parece erróneo. ¿La habilidad para entender los sentimientos de las personas y utilizarlos en provecho propio no es inteligencia? ¿La capacidad para la analogía, que caracteriza a los artistas, no es inteligencia? Vaya, hombre, ahora la única inteligencia es la de los lógicos, los científicos y los filósofos.
Si lee usted a Pérez Álvarez, podrá apreciar que los supuestos filosóficos son relevantes, especialmente en este barullo genetista; porque los supuestos filosóficos fundan formas de hacer ciencia, y eso lo sabrá usted mejor que nadie. Se trata de dilucidar cuáles de ellos son los correctos, pues es bastante ingenuo pensar que los psicometristas o cualesquiera otros no parten de supuestos filosóficos. También existen diferentes concepciones de la ciencia, figúrese. El problema científico, por llamarlo de alguna forma, no se resuelve con la ingenuidad «objetivista» («esto es lo que hay en la realidad», «toda la comunidad científica se pone de acuerdo en algo -como si no hubieran habido «errores consensuados» por toda la comunidad científica en el pasado…-, etc.), que es algo parecido a esa perversión de quienes dicen no tener ideología. Pues no: todo el mundo tiene ideología y todos los científicos supuestos filosóficos cuya solidez debe enjuiciarse; empecemos por los cimientos para saber si las investigaciones son adecuadas. En «Uno y el universo» -disculpe, yo no puedo citar estudios, y conste que no digo esto con sarcasmo, todo lo contrario-, Sábato habla de una red que pescaba sólo cierto tipo de peces y que, debido a ello, inducía al ictólogo a un error. La red es un supuesto filosófico mediante el cual se desarrolla un método, o, al menos, mediante el cual se extraen conclusiones equivocadas.
Quizá el verbo descubrir no sea adecuado para hablar de platonismo, pero da igual, no me extenderé porque ése no es el asunto; pero comprenderá usted que, al igual que no es necesario ser un griego del siglo V para ser platónico, tampoco es imprescindible ser anglosajón para defender una ciencia esencialista: la inteligencia viene dada o se heredada, las mujeres son así, los hombres asá… O sea: la naturaleza determina al ser humano. A mí me sigue pareciendo una cantinela oscurantista. Precisamente el propio Álvarez, para acabar con la dicomtomía cultura naturaleza, afirma que «la naturaleza del hombre es la cultura».
Tómese este comentario en sentido general; pretendía considerar la «línea editorial» de esta publicación. Disculpe por desviarme del asunto. Le agradezco el enlace, por cierto. Lo leeré, aunque por desgracia no dispongo de demasiado tiempo.
IctIólogo, perdón; es el problema de escribir tan rápido.
Lo que le quiero decir con que no es constante biológica es que no es un rasgo evolutivamente fijo. La inteligencia es poligenica, depende de la adición de muchos genes y de su interacción, por lo que pueden existir y de hecho existen variaciones generacionales (efecto Flynn, etc). Ahora bien, que los rasgos sean poligenicos y cambiables en absoluto quiere decir que no sean heredables. También la altura depende de efectos aditivos en varios genes y puede variar entre generaciones, pero nadie pone en duda que sea heredable.
Estimar el grado la heredabilidad de cualquier rasgo claro que es «difícil» pero existen métodos para hacerlo. Para eso está la genética conductual. Lo único que se puede hacer aquí es invitar a leer los manuales. El más conocido y el mejor es el de Robert Plomin: Behavioural Genetics, 6th edition.
Siempre que hablo de «inteligencia» aquí me refiero a lo que entienden los psicometristas por inteligencia y por inteligencia general, que es algo muy concreto y categórico.
Los manuales y las categorías científicas aceptadas, en la medida en que son «ciencia normal», desde luego contienen errores, anomalías, «supuestos filosóficos», etc. Estoy tan de acuerdo con eso que yo también creo que una buena parte de la genética conductual, y en parte de la psicometría, si parte de un supuesto paradigmático erróneo, concretamente el supuesto de que la variación biológica humana es sólo -o substantivamente- individual. Pero no creo que existan argumentos mínimamente substantivos para negar que la inteligencia sea heredable o para apoyar el ambientalismo radical.
Está la discusión en un punto realmente interesante. Es la eterna cuestión de cómo no negar la naturaleza humana -los que la niegan también hicieron y siguen haciendo mucho daño y no solo al pensamiento también a la comprensión del mundo y la sociedad- sin caer en la idea de que la biología lo explica todo.
En el pensamiento de nuestro tiempo, y quizá de siempre, parece un equilibrio casi imposible, porque quien no cae para un lado se cae para el otro, quien no es culturalista acaba siendo determinista. Concuerdo por tanto en este punto con Eduardo, pero también me parece acertado lo que dice Lucky sobre los presupuestos filosóficos de cada autor y en lo de la definición de la inteligencia.
Me parece que tal como está formulada se acerca más a las cualidades masculinas que a las femeninas, sin embargo a mí no me cabe duda de que, al menos como colectivo, las mujeres están demostrando una superior inteligencia social, si hemos de hacer caso al rumbo que han tomado y la dirección en qué se mueven nuestras sociedades. Pero, es que, tengo la impresión de que en algún momento ha de aparecer lo social para ponderar lo que valgan las inteligencias individuales y aquí efectivamente la cuestión se complica bastante.
Ortega decía: el hombre no tiene naturaleza, sino historia. Es otra forma de formular lo que recoge Lucky de lo dicho por Álvarez, y pareciéndome que hay en ella un fondo de verdad la encuentro equivocada justamente por negar que poseamos naturaleza. En fin, quizá no haya expresado más que lugares comunes, pero sentí necesidad de expresarme sobre este punto que a mí también me preocupa e interesa.
Y ten en cuenta, Emilio, que para asumir que tenemos naturaleza, incluso desde una perspectiva biologicista, hay amplia oferta de orientaciones teóricas. La apuesta por la centralidad del gen solo es una de ellas y anda de capa caída. En el ciclo de conferencias que señala Lucas, tienes otro ejemplo en la magnífica charla de Laura Nuño de la Rosa desde la evo-devo:
Me gusta la referencia a Ortega que ha hecho Emilio. En «La historia como sistema», afirma que «el hombre no es una sustancia, sino un drama»; es decir, un continuo hacerse.
Ese continuo hacerse significa que la inteligencia no es algo dado, sino que se va haciendo conforme el ser humano vive. Y vivir significa relacionarse con el medio, dedicarse a una u otra actividad, practicar ciertas habilidades que a la postre determinan que unos sean superiores en el ámbito lógico y otros en ámbitos diferentes. Por ejemplo, el mero hecho de estudiar filosofía, de leer tratados filosóficos, de redactar una tesis doctoral y de revisar «papers» científicos desarrolla esa inteligencia a la que se refiere Kanazawa; igual que, como recuerda Pérez Álvarez, la capacidad para orientarse de un taxista londinense no es algo dado por la biología, sino que es el resultado de trabajar como taxista.
¿Somos una tabla rasa? Creo que no, pero eso no quiere decir que estemos determinados por nuestra biología; yo más bien diría que en ciertos aspectos de importancia nimia lo estamos, pero cuando se trata de asuntos complejos como las capacidades intelectuales o el comportamiento tradicionalmente asociado a un sexo y a otro, la investigación no puede despacharse con el manido mantra de «somos naturaleza».
El problema de las discusiones sobre «naturaleza y cultura» es la tendencia a las generalidades y a alejarse de las ciencias positivas, o bien la tendencia a seleccionar hechos que se ajustan a una visión filosófica en concreto. Por ejemplo, la orientación de los taxistas puede ser un buen ejemplo de plasticidad, pero no es un paradigma de la conducta humana. La heredabilidad y la naturalidad de las conductas es algo difícil de medir, no porque a priori no sea posible, sino porque varía de rasgo en rasgo, de población en población, de individuo en individuo, a veces de sexo en sexo, y casi siempre de sociedad en sociedad (este post se puede usar como ejemplo de variación social, de hecho).
Las tres leyes de la genética conductual:
Primera ley. Cualquier rasgo de conducta humano es heredable.
Segunda ley. El efecto de crecer en la misma familia es inferior al efecto de los genes.
Tercera ley. Los efectos de la familia y los genes no explican una parte importante de los rasgos conductuales complejos.
http://www.faculty.umb.edu/pjt/epi/turkheimer00.pdf
Sobre la inteligencia en concreto, nadie dice que sea un rasgo «dado». De hecho, no existen rasgos «dados» en ese sentido. Pero si es un rasgo considerablemente heredable y «natural». No se molesten en atacar el «determinismo genético» porque nadie defiende eso. Es más complicado, pero es más interesante, ir caso por caso.
Me ha quedado confuso el primer párrafo, ya que técnicamente hablando la heredabilidad es un índice que mide la variación siempre dentro de una muestra de población, no dentro de un individuo en concreto.
Quizá un ejemplo de lo fácil que resulta en este tema caerse para un lado u otro, nos lo dé la crítica de Sergio Bordel en Catoblepas de la conferencia, y su auditorio, de Marino Pérez Alvarez, a mí modo de ver intachable en cuanto a que no se puede despachar la genética como hace Marino, pero luego el autor parece incurrir en el mismo error cuando habla del «mito de la sociedad».
Pérez Álvarez es que argumenta, de una forma muy abigarrada, a favor de un ambientalismo radical que si se puede describir como «mitológico». Es la famosa tabla rasa otra vez. No lo he leído en detalle, porque la verdad es que no me ha interesado, pero está muy claro que las críticas «empíricas» que le hace Bordel, por ejemplo a los cálculos de Lewontin, son irrefutables. En este tema hay que hablar menos de Kant y mantenerse mucho más pegados a los estudios de la genética conductual, de la evolución humana reciente y de la evolución gen cultural, y esto no es fácil porque el campo está muy vivo. De algunas de estas cosas no sabíamos prácticamente nada hace sólo 4 años.
Mañana publicare aquí una reseña amplia del nuevo libro de Nicholas Wade donde parte de estos problemas están cubiertos o señalados.
El campo está muy vivo. Y agitado, por quienes ven en los modestos resultados de tales estudios una amenaza o una excusa a su ideología. El escepticismo ante el sesgo de su interpretación es más que prudente, cuando nos fijamos en el programa político de quien la ofrece.
Y la prueba del algodón es sencillísima. No hay más que preguntar a quien manifieste la importancia de los estudios sobre biodiversidad humana, qué opinión le merece el artículo 2 de la Declaración universal de los derechos humanos de la ONU (ignorando su obsoleto iusnaturalismo, tomando los derechos como propósitos poĺíticos). Esa pregunta manifiesta los diversos «para qué» de la innegable importancia de los estudios sobre biodiversidad humana.
La Declaración Universal de los derechos humanos. Las nuevas tablas de la ley. Una cosa que no se cumple, que no se puede cumplir, y que en sucesivas declaraciones se contradice a si misma. Pero sirve para marcar diferencias entre quienes están a favor del bien, y quienes no.
Ala, ya tenéis carnaza.
Una cosa que no se cumple, que no se puede cumplir, y que en sucesivas declaraciones se contradice a si misma. Pero que produce magníficos resultados al intentarlo, y además sirve para marcar diferencias entre quienes están a favor, y quienes no.
El hecho de que estemos aquí discutiendo sobre esta cuestión: naturaleza versus cultura, me plantea también el interrogante de, hasta qué punto todo esto es ocioso en la medida en que el Poder, los poderes públicos a lo largo de toda Europa y de la mano del feminismo institucional hayan tomado por opción la de la cultura, hasta el punto de que en el país de la Ilustración, en Francia, ahora mismo se adoctrine a los niños en las escuelas en la “teoría queer” esa de la que la Wikipedia dice:
La teoría queer es una hipótesis sobre el género y la sexualidad de las personas, que afirma que los géneros, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales de las personas, son el resultado de una construcción social y que, por lo tanto, no están esencialmente o biológicamente inscritos en la naturaleza humana, sino que se trata de formas socialmente variables.
La teoría queer rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales y fijas, como «hombre» o «mujer», «heterosexual» u «homosexual», «transexualidad» o «travestismo», pues considera que están sujetas a restricciones impuestas por una cultura en la que la heterosexualidad es obligatoria (heteronormatividad), y sostiene que estas categorías esconden un número enorme de variantes. Contra el concepto clásico de género, que parte de la distinción entre la «heterosexualidad» aceptada como normal (en inglés straight, es decir «recto») de lo «anómalo» (en inglés queer o «retorcido»), la teoría queer afirma que todas las identidades sociales son igualmente anómalas.1
Creo que estamos hablando dos lenguas diferentes.
Entiendo que la obra de Marino Pérez Álvarez (no sólo la conferencia citada, sino también sus obras sobre psicología) expresa dudas razonables sobre una forma de hacer ciencia fundada en ciertos supuestos filosóficos a su juicio erróneos; por eso trata sobre “generalidades” y considera diversas doctrinas filosóficas, porque está hablando del fundamento de las investigaciones. Es decir, Pérez Álvarez escribe desde fuera de la ciencia. Según él, si se partiese de otros supuestos filosóficos, el método y, por consiguiente, los resultados, serían muy diferentes.
En cambio, ustedes no ponen en duda el enfoque de las investigaciones científicas sobre la genética conductual; es decir, escriben desde dentro de la ciencia. De hecho, recuerdo muy pocos artículos en esta web que consideraran seriamente los problemas de la filosofía de la ciencia.
Me parece que éste es el asunto que subyace. Dicho de otro modo: el problema, como el propio profesor afirma, es de índole filosófica, ontológica; no puede despacharse con un considere usted el asunto de Lewontin, péguese usted a la genética conductual y no sé qué más. Precisamente Pérez no se pega a la genética conductual porque rechaza los supuestos filosóficos que la fundan como queda claro en la conferencia de El Catablopas y en el resto de sus trabajos.
Sobre el determinismo genético: en esta página web se ha afirmado que en los genes se encuentra información suficiente para saber cuál será la ideología de un sujeto. Disculpen, pero eso me parece una nueva mancia: los posos del café, los signos zodiacales y el gen. No sé si llamar a esto “determinismo genético” o brujería. Que algunas disciplinas científicas tengan cierto poder predictivo no quiere decir que todo pueda ser predicho y que la explicación de realidades complejas como la ideología política sea cosa de la genética conductual.
El mismo recelo me produce el que este artículo comience con la sorprendente afirmación de que la inteligencia, tal cual la entienden Kanazawa y los psicometristas, es un “fértil predictor de importantes resultados vitales (¡)”.
Precisamente ése es el gran error: el reducir todos los ámbitos de la vida humana al nivel genético o bioquímico o neurológico, según se tercie. Es intentar explicar la realidad mediante abstracciones, desechando de forma más o menos explícita ciertos ámbitos como el biográfico, el ambiental o como quieran llamarlo. Da la sensación de que hablar de biografía es algo poco científico para ustedes.
Emilio, no es ocioso. El péndulo oscila hacia la antípoda, apenas un siglo después del sufragio femenino. Es una revolución del siglo XX. Hemos decidido que las mujeres, los homosexuales, las minorías étnicas deben gozar los mismos derechos que los hombres heterosexuales blancos. No es una excepción histórica, pero casi. Desde luego, nunca había alcanzado esta dimensión. Defensores y detractores de tan profundo cambio se agarran a las teorías científicas o pseudocientíficas que mejor pintan sus preferencias. En cualquier caso, se ve que a tí cualquier cosa te plantea este interrogante.
En esta web no hemos publicado en ninguna parte que en los genes haya «información suficiente para averiguar la ideología política de un sujeto». Eso no se puede hacer, ningún genetista conductual ha dicho que se pueda hacer, y nosotros tampoco lo hemos dicho.
La ideología política en concreto no se puede predecir analizando el genotipo de un sujeto, igual que no se puede predecir si alguien será católico o protestante. Primero porque no se han identificado genes de la ideología política o de la religión, como mucho algunos candidatos. Segundo, porque han de tenerse en cuenta desencadenantes ambientales. Ahora bien, cada vez está más claro que es posible calcular la heredabilidad de cualquier rasgo de conducta, incluyendo religiosidad y filiación política, aún sin saber qué genes son responsables. Para eso sirven los estudios de gemelos y de adopción. En cualquier caso estos cálculos se hacen siempre sobre la base de poblaciones, no son predicciones individuales. Quizás algún día exista tecnología genómica para hacer predicciones individuales de este tipo, o quizás no. Quién sabe.
Aquí publicanos un extracto del libro de Avi Tuschman en el que se discute muy ampliamente este tema, y yo publiqué más tarde una reseña de otro artículo, que corroboraba el descubrimiento básico, es decir, que la ideología política es heredable. Nada excesivamente controvertido. Son hallazgos que en general se aceptan.
Lo voy a repetir por última vez: «Heredable» en genética conductual no significa nunca «genéticamente determinado». La heredabilidad es una medida que calcula la probabilidad de que un rasgo de conducta se desarrolle en un ambiente determinado dentro de una población determinada.
http://www.terceracultura.net/tc/?p=6649
http://www.terceracultura.net/tc/?p=6910
Si alguien quiere hablar de estos temas, pero prescindiendo de lo que dicen las ramas de la ciencia encargadas de estudiarlo, es libre de hacerlo, pero a mi esa discusión no me interesa. Nunca he dicho que la ciencia este libré de presupuestos filosóficos en general, ni la genética de la conducta en particular. Al revés, creo que la genética conductual tiene algunos supuestos «paradigmaticos» ideológicos y erróneos.
Lucky, si prescindimos de la ciencia todo son opiniones. Es verdad que la ciencia no reporta respuestas para todo, y que no está exenta de controversia pero, de qué pensamiento estaríamos hablando si nos situamos al margen de ella, o peor, contra ella.
En mi opinión donde la ciencia tropieza con más problemas es en el terreno de lo social y lo social es el medio en el que los seres humanos interactuamos y de ahí buena parte de las dificultades de lo que nos traemos entre manos. Y ya bastantes dificultades se nos presentan jugando con lo que la ciencia nos aporta para cuanto más pretender prescindir de ella.
Masgüel en mi opinión no cabe confundir el plano de los derechos con el plano de la ciencia, o los saberes compartidos. Y yo no pretendo negar los derechos de ninguna persona, pero eso no me obliga a comulgar con su credo.
Cuando se prescinde, o mejor, se sostiene algo en contra de la ciencia como creo que es el caso de la teoría queer entramos en el terreno del adoctrinamiento y ya hemos tenido suficientes experiencias «liberadoras» y conocemos sus resultados como para pensar que estemos obligados a sufrir una más. Pareciera que ya no haría falta repetirlo, pero compruebo que no es así: la escuela no está para adoctrinar.
Estaría bueno que después de pelear por la supresión de la religión en ella, debamos aceptar ahora y por fuerza la teoría queer como materia obligatoria y en la enseñanza infantil, con especial hincapie en la etapa 0-3 años como es el caso que nos ocupa.
Pero si tu crees que ese es el método me gustaría que lo justificases algo más, y me dijeses en qué lugar quedarían los valores ilustrados, las personas y tantas otras cosas incluida la filosofía como ejercicio libre del pensamiento.
«La heredabilidad es una medida que calcula la probabilidad de que un rasgo de conducta se desarrolle en un ambiente determinado dentro de una población determinada.»
La siguiente es la definición que incluyó usted en el artículo «Nuevas evidencias de que las preferencias políticas están en los genes»:
http://www.terceracultura.net/tc/?p=6755
«Heredabilidad es la medida en que los rasgos de una población pueden SER ATRIBUIDOS a la VARIACIÓN GENÉTICA.»
Dejaré de lado el hecho de que el título de ese artículo es tendencioso; no sé si achacarlo a una sorprendente torpeza como redactor, impropia en usted, o al sencillo intento por llamar la atención de un público objetivo.
Habría que empezar por aquí: en primer lugar, definir con rigor qué es un rasgo de conducta; en segundo lugar, demostrar que los rasgos de conducta tienen su origen en la información genética. ¿Ha dado respuesta a estos dos problemas la genética conductual?
Entiendo que la variación genética puede servir para calcular el porcentaje de niños rubios en determinada población, pero de ningún modo puede servir, como indica la segunda definición, para calcular la probabilidad de que se desarrollen ciertos rasgos de conducta, sencillamente porque los rasgos de conducta son realidades más complejas que el color del pelo, explicados por factores no genéticos.
Por ejemplo, el paso de una sociedad pacifica a una asolada por las guerras puede modificar sustancialmente la conducta general, igual que el paso de una sociedad puritana a otra más liberal, o el de la sociedad de la ilustración a la sociedad del romanticismo, o el de una sociedad rural a una industrializada. Hay que medir también el impacto de la tecnología en los rasgos de conducta, el de las condiciones económicas, culturales, etcétera. ¿Cómo puede hacerse cargo de ello la heredabilidad?
«Estaría bueno que después de pelear por la supresión de la religión en ella, debamos aceptar ahora y por fuerza la teoría queer como materia obligatoria y en la enseñanza infantil»
Yo ya no me hago ilusiones. Los mismos que piden la supresión de la religión son los que quieren meter la teoría queer y todas las teorías de género en la escuela.
Emilio, yo no he dicho que debamos prescindir de la ciencia, sino que hemos de considerar seriamente los supuestos filosóficos para saber si hacemos mala o buena ciencia.
No hay discrepancias substantivas entre esas dos definiciones de heredabilidad. Una de ellas es simplemente más extendida y precisa.
Los rasgos de conducta «complejos», como inteligencia, religiosidad o participación política, también son heredables. Eso que a usted le parece que «de ningún modo» puede ser, es. Si quiere le doy las referencias concretas publicadas y revisadas, donde están las evidencias, caso a caso, pero otra cosa no puedo hacer. No vamos a resolver la cuestión simplemente dando vueltas alrededor de intuiciones personales, o de pequeños matices en las definiciones de los conceptos.
Los titulares no son descripciones exactas. «Nuevas evidencias de que las preferencias políticas están en los genes» puede sonar determinista, pero el cuerpo del post deja las cosas mucho más claras.
«si tu crees que ese es el método me gustaría que lo justificases algo más»
Emilio, no lo creo. A mí los adoctrinamientos me parecen tan nefastos como a tí. Pero tampoco me dejo engañar por quienes, alegando que los niños están siendo adoctrinados, lo que realmente están criticando es que sean adoctrinados como no les gusta a ellos. La doctrina que les gusta, normalmente, es una alguna anterior, con la que estaban muy a gusto, o con la que sueñan que estarían más a gusto, si todavía no peinan canas. Precisamente porque las relaciones políticas entre ambos sexos ahora son distintas, no vale escudarse en mínimas diferencias de temperamento o habilidades para justificar una vuelta a las guías de conducta para señoritas. El reconocimiento de la ciudadanía de las mujeres en igualdad de derechos supone el principio del fin de su infantilización. La teoría queer es tan especulativa como la justificación genética del éxito de la ciencia occidental. El colegio debería estar para otras cosas. De todas formas, si se reformula como «una hipótesis que afirma que los géneros, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales de las personas, son EN PARTE el resultado de una construcción social y que, por tanto, no están determinados, solo condicionados por la biología de nuestra especie» y de paso se le cambia el nombre, a mí me convence.
«La teoría queer es tan especulativa como la justificación genética del éxito de la ciencia occidental.»
No existe una teoría sobre la «justificación genética del éxito de la ciencia occidental». Existen teorías que explican los éxitos occidentales basándose en factores exclusivamente culturales, y existen teorías, como la que esboza Nicholas Wade en su libro, sobre una *combinación* entre factores genéticos y culturales.
Y como el propio Wade reconoce, no es menos especulativa.
Es que la teoría queer, si lo estamos comparando con eso, más que «especulativa», es una sandez.
Ahora bien, si vamos al debate de fondo, yo también creo que lo que habría que explicar en la escuela no son conjeturas de ese nivel, sino biología evolucionista, genética y en general ciencia asentada.
Mientras no se confunda ciencia asentada con ciencia asentada hace cincuenta años… De lo contrario podría enseñarse a los niños una interpretación obsoleta de la genética, por ejemplo. El volumen de conocimiento científico desarrollado en las dos últimas décadas ha crecido muchísimo y en muchos casos obliga a reinterpretar algunas de las conclusiones asentadas y honrosamente reflejadas en los libros de texto que maltraté en mi infancia.
Masgüel, los juicios de intención deslucen cualquier discurso. En el tuyo actúan como relleno para evitar una argumentación clara a favor o en contra del adoctrinamiento en la escuela y hay tanto no pero sí, que no me queda claro si estás a favor, en contra, o si más bien por el contrario no te parecería mal, si acaso la teoría queer que se explicase fuese la tuya.
«El reconocimiento de la ciudadanía de las mujeres en igualdad de derechos supone el principio del fin de su infantilización.» Tampoco entiendo este frase en relación con la teoría queer y la escuela, ya que la mujer francesa tiene reconocida esa condición mucho antes de que algo como la teoría queer existiese, y en 1.999 se ha reformado la Constitución para reforzar esa condición y establecer la paridad como principio constitucional. Tengo la impresión de que equivocas el objetivo.
Emilio, no evito una argumentación clara. Dije que estoy en contra del adoctrinamiento en la escuela y que dejar de adoctrinar de una manera, no significa volver a adoctrinar de otra. Porque hay quien piensa en el esquema «azul y rosa» como resultado de nuestra naturaleza biológica, que no supone adoctrinamiento y está justificado educar a los niños así, cuando no deja de ser, también, reflejo de una cultura. No se si estarás de acuerdo con mi reformulación de la teoría queer, pero lo estamos en que ninguna de las tres teorías es materia apropiada para la educación básica. No equivocaba el objetivo, lo ampliaba cualquier forma de adoctrinamiento basado en ideologías de género, incluída la que pretende que los rasgos de género no tienen un componente cultural.
No entraré en considerar quien hace del rosa una bandera,ni por cuenta de quien corre abrumadoramente la educación de los niños y niñas en todas las etapas hasta como mínimo la primaria y quien en consecuencia debiera asumir una especial responsabilidad.
Como ya dijo Eduardo la escuela a lo que debe dedicarse es a la ciencia y el saber compartido, escapando de este y cualquier otro adoctrinamiento. Y por eso no estaría mal fijarnos en qué se está haciendo realmente, si dotando a las personas de los elementos conceptuales que le permitan ver y juzgar el mundo con sus propios ojos o bien se pretende la imposición de una determinada visión del mundo.
Eduardo, no pretendí indicar que entre esas dos definiciones existiese una contradicción.
Cuando tenga algún rato libre, publique las referencias bibliográficas donde están esas evidencias de que los rasgos de conducta son genéticamente heredables.
Recuerde que el origen de diversos descubrimientos científicos fue la intuición. Sospecho -otra intuición más- que la mayoría de los investigadores de la conducta humana han prestado demasiada atención a la genética. Espero que algún investigador tenga la intuición de considerar el contexto cultural para determinar una heredabilidad de carácter no genético.
Siendo generoso, puedo aceptar que haya una influencia genética en la heredabiliad, pero el demostrar esto no demuestra que los factores no genéticos no intervengan.
Por último, me cuesta creer que alguien tan escrupuloso como usted redacte un título tan equívoco como el del artículo enlazado. Hay mil formas de redactar lo mismo sin parecer tendencioso.
No existen caminos reales a la genética conductual. No hay otro remedio que hacerse con un botijo, toalla y los manuales. Es preferible comprender bien la teoría antes y después bajar hasta los artículos. Además ahora no tengo tiempo de desglosar.
Behavioral genetics. 6th edition. 2013
Como introducción, también de Robert Plomin, paró más resumido, económico y de unos años antes:
Behavioral genetics. 4th edition. 2003
Ahora mismo hay en coursera un magnífico curso ofertado por la universidad de Minnesotta, que es donde esta parte del núcleo importante de la disciplina.
Sobre heredabilidad del comportamiento político: Avi Tuschman. Our political nature. 2012.
Sobre inteligencia, genética, heredabilidad, hay abundantes recursos en el blog de Roberto Colom, que hemos recomendado otras veces: http://robertocolom.blogspot.com
También es recomendable este amplio FAQ sobre inteligencia y hbd para principiantes:
http://jaymans.wordpress.com/jaymans-race-inheritance-and-iq-f-a-q-f-r-b/
Masgüel, cuando decía que equivocabas el objetivo me refería al que pueda tener la introducción ahora en la escuela de la teoría queer, un momento en que esos derechos están reconocidos.