12 diciembre, 2017

El animal político universal

Avi Tuschman es un antropólogo político radicado en Washington, y el autor de Our political nature. The evolutionary origins of what divides us (Nuestra naturaleza política. Los orígenes evolutivos de lo que nos divide), donde explora en las raíces cognitivas y evolutivas profundas de nuestras preferencias políticas. La versión original en inglés de este capítulo del libro, que reproducimos aquí con permiso, se encuentra en la página del autor. ¿Está en los genes ser de izquierdas o derechas? ¿Son universales estas categorías o varían significativamente entre culturas y poblaciones humanas? Esperemos que este amplio extracto sirva para introducir al público interesado en una rama fascinante de la ciencia política evolucionista.

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tuschman

Entre los primeros científicos en rastrear las raíces de la orientación política, ya sea en las personas de aquí en los Estados Unidos o en una villa rural de Túnez, se encontraba una pareja de psicólogos pioneros en California llamados Jack y Jeanne Bock. Allá por 1969, los Block se hicieron dos desafiantes preguntas: ¿cuán profundas son nuestras predilecciones políticas? y ¿en qué momento temprano de nuestras vidas empiezan a formarse estas predilecciones dentro de cada uno de nosotros?

En busca de respuestas, los Block idearon un estudio muy inusual, comenzando con niños que aún estaban en el parvulario. En apariencia la premisa del estudio parecía absurda: ¿Qué saben los niños del parvulario sobre demócratas o republicanos, o sobre los temas complicados y candentes actuales? Aún así, los Block eran investigadores serios de la universidad de Berkeley, y estaban decididos a abrir nuevos caminos.

Para su experimento, los dos profesores pusieron un grupo de 128 niños de parvulario bajo la atenta observación de varios profesores durante un periodo de siete meses. Los Block emplearon a cada uno de estos cuidadores para medir las personalidades y las interacciones sociales de niños de tres años, usando tests individuales estandarizados. Los mismos niños pasaron por este proceso de nuevo a la edad de cuatro años, con un conjunto diferente de profesores en una segunda escuela de párvulos. Los Block tabularon los resultados para cada niño y guardaron los números en una cámara.

Los resultados de los test permanecieron en la cámara las siguientes dos décadas, mientras que los niños del estudio hacían sus vidas por separado. Crecieron, completaron su educación, y se convirtieron en jóvenes adultos. Después de transcurridos veinte años, los Block tuvieron éxito siguiendo la pista a 95 de sus 128 sujetos originales, con la esperanza de medir hasta qué punto se habían convertido en progresistas o conservadores. Esta vez pidieron a jóvenes adultos, en esta ocasión de veinte y cuatro años, que se situaran a sí mismos en un espectro político de cinco puntos. También les pidieron que expresaran sus opiniones para medir su intolerancia a la inequidad entre géneros y entre diferentes grupos raciales. Además, les pidieron que describieran cualquier activismo político en el que pudieran haber participado durante estos años.

Los resultados, publicados en 2006 en Journal of Research in Personality, fueron asombrosos. Al analizar sus datos, los Block descubrieron que un conjunto claro de rasgos de personalidad infantil predijo precisamente el conservadurismo en la vida adulta. Por ejemplo, a la edad de tres y cuatro años, los preescolares “conservadores” habían sido descritos como “incómodos con la incertidumbre”, como “rígidos al experimentar presiones” y como “relativamente sobre-controlados”. Las chicas eran “tranquilas, pulcras, obedientes, temerosas, hipersensibles y necesitadas de ayuda de los adultos”.

Igualmente, los Block señalaron otro conjunto de rasgos infantiles que estaban asociados con personas que se habían convertido en progresistas en su veintena. Los niños “progresistas” eran más “autónomos, expresivos, vigorosos y relativamente infra-controlados”. Las chicas progresistas tenían niveles más altos de “auto-afirmación, locuacidad, curiosidad, [y] disposición a expresar expresiones negativas”. El experimento de los Block sugirió que las raíces de nuestras orientaciones políticas emergen tan pronto como a los cuatro años de edad. Pero plantearon más cuestiones esenciales: ¿Los niños de diferentes regiones o trasfondos socio-económicos divergen en grupos de personalidad similares? ¿Hasta qué punto son mucho más profundos los orígenes de estos cruciales rasgos de personalidad?

Cuando se vinculan los hallazgos de los Block con otros estudios relevantes en genética, neurociencia y antropología, comienza a emerger una imagen compleja de nuestra naturaleza política que pocas personas han contemplado. A medida que aparece en el foco este retrato de nosotros mismos, aprenderemos qué hace que algunos niños del parvulario se conviertan en progresistas al crecer y, algunos de ellos, en conservadores. Descubriremos exactamente hasta qué profundidad se extienden las raíces de nuestras tendencias políticas, y por qué tienen una influencia similar en los niños de América, oriente medio y casi todas partes.

La razón de estas similitudes transversales, tal como veremos en este capítulo, es que las orientaciones políticas son disposiciones naturales que han sido moldeadas por fuerzas evolutivas. Tomadas en su conjunto, estas orientaciones políticas profundamente arraigadas forman lo que podríamos llamar “El animal político universal”.

Los orígenes profundos de las actitudes políticas

Para empezar ¿exactamente hasta qué profundidad se extienden las orientaciones políticas de los preescolares? ¿Surgen estas raíces de algún modo del cableado con el que nacen? Quizás W.S. Gilbert, el dramaturgo y poeta inglés del siglo XIX, estaba en lo cierto al meditar sobre esto:

 

I often think it’s comical

How nature always does contrive

That every boy and every gal

That’s born into this world alive

Is either a little Liberal

Or a little Conservative

 

(A menudo pienso en lo cómico que resulta contemplar cómo la naturaleza se las arregla para que todo chico o chica que nace en este mundo sea un pequeño progresista o un pequeño conservador.)

A principios de los años noventa, el Centro para Gemelos e Investigación Familiar de la universidad de Minnesota se propuso poner a prueba la teoría planteada humorísticamente por Gilbert. Armados con una valiosa lista de diez mil pares de gemelos y sus miembros familiares, estos investigadores tenían un modo único de determinar si nuestros genes, como opuestos a nuestro ambiente, ejerce alguna influencia sobre nuestras convicciones políticas.

Los científicos de Minnesota empezaron su estudio con un test de orientación política izquierda-derecha llamado escala RWA, sobre el que aprenderemos más detalles en los siguientes capítulos. Se lo entregaron a alrededor de cuatro cientos gemelos idénticos y fraternos. Cada pareja había sido educada en la misma familia. En un estudio paralelo, el psicólogo Thomas Bouchard dio el mismo test a un subconjunto especial de hermanos: dieciocho gemelos idénticos y cuarenta y cuatro gemelos fraternos educados en ambientes completamente diferentes.

La comparación entre ambos tipos de gemelos es crucial. En el caso de los gemelos educados juntos, el ambiente conjunto (como dinámica familiar, interacciones entre gemelos y percepciones sociales) podría influir en el desarrollo de las personalidades de los gemelos. Pero para gemelos separados desde el nacimiento, la mayor parte de sus factores entremezclados desaparecieron, lo que facilita ajustar sus personalidades a la genética.

La Figura 1 muestra la correlación entre las orientaciones de izquierda y derecha entre gemelos educados conjuntamente y por separado (el apéndice A explica las correlaciones y la notación simplificada empleada en este libro). Las barras negras corresponden a gemelos idénticos, y las barras grises a los gemelos fraternos.

Figura 1. Correlaciones entre las orientaciones políticas de gemelos idénticos y fraternos, educados juntos y por separado.
Figura 1. Correlaciones entre las orientaciones políticas de gemelos idénticos y fraternos, educados juntos y por separado.

El tercer grupo muestra el asombroso hallazgo de la encuesta de Bouchard: los gemelos idénticos criados aparte poseen una fuerte correlación entre sus orientaciones políticas, pero los resultados de gemelos fraternos educados por separado no correlacionaron significativamente. Estos resultados sugieren que la genética desempeña un papel decisivo en la determinación de las actitudes políticas. En otras palabras, los gemelos idénticos tienden a ponerse de acuerdo en temas decisivos más que los gemelos fraternos, precisamente porque están más próximamente relacionados entre sí.

Para concretar esta idea, consideremos unos pocos temas controvertidos: “capitalismo”, “segregación” e “inmigración”. Estas tres palabras proceden de veintiocho temas en la escala de conservadurismo Wilson-Patterson, que el científico político John Alford había investigado en la universidad de Rice. Estos términos están garantizados para resaltar desencadenantes ocultos de polarización política. En el primer caso, actitudes conflictivas hacia el “capitalismo” son esencialmente las que han dividido a los partidarios del Tea Party. ¿Por qué? Porque los mercados libres y sin restricciones reflejan y crean desigualdades, hacia las cuales las personas poseen niveles variables de tolerancia, dependiendo de sus personalidades políticas. Palabras como “segregación” e “inmigración”, por otra parte, evocan actitudes opuestas hacia el tribalismo, otro de los tres grupos de personalidad universales.

En 2005, Alford pidió a nueve mil gemelos idénticos y fraternos que expresaran su acuerdo, su desacuerdo o su incertidumbre hacia estos tres ítems y otros veinticinco similares. Respuestas positivas a veintiocho ítems elevan la puntuación de conservadurismo, y respuestas positivas a la otra mitad disminuyen la puntuación. Reacciones negativas hacen lo opuesto.

Los gemelos de Alford consideraron estos términos y anotaron sus respuestas. Increíblemente, para cada ítem individual, las orientaciones políticas de los gemelos idénticos correlacionaron más fuertemente de lo que lo hicieron para los gemelos fraternos. Y para cada caso, la diferencia en intensidad era significativa. El experimento de Alford y otros como él muestran consistentemente que entre el 40 y el 60 por ciento de la variación en nuestras actitudes políticas proviene de diferencias genéticas entre individuos. Las diferencias restantes proceden de factores ambientales.

Los hallazgos de Alford sugieren que los niños de parvulario de los Block no estaban inevitablemente predestinados para convertirse en republicanos o demócratas. No obstante, sus opiniones adultas sobre temas controvertidos se sitúan en un plano aún más profundo que sus rasgos de personalidad infantil y una proporción substancial de sus disposiciones políticas surgen de su constitución genética.

Es sólo cuestión de tiempo que los científicos identifiquen partes específicas de nuestra constitución genética que podrían influir en nuestra orientación política. De hecho, ya han comenzado a hacerlo: en 2011 investigadores del instituto de Virginia para Genética Psiquiátrica y Conductual unieron fuerzas con colegas del instituto de Queensland de Investigación Médica, empleando muestras de ADN de alrededor de trece mil individuos que habían hecho el mismo test de progresismo-conservadurismo de Alford. Después los científicos dirigieron el primer análisis de vínculos genéticos totales para buscar genes que correlacionaban con actitudes políticas. Las regiones genómicas que identificaron daban cuenta de alrededor del 13 por ciento de la variación en la orientación política de los sujetos. El candidato principal era un gen en el cromosoma 4 para un neurotransmisor llamado NARG1. Este receptor en particular enlaza un amino ácido derivativo llamado NMDA. Y NNDA ha sido asociado con el miedo al condicionamiento, así como conductas prosociales, antisociales y agresivas. Incluyendo este trabajo, seis estudios publicados hasta la fecha han explorado alrededor de una docena de genes que podrían afectar a la orientación política. Artículos adicionales están actualmente en prensa. El primer estudio mencionado aquí indudablemente es un paso importante. Pero basándonos en corrientes actuales en la genética, es probable que investigación futura será capaz de emplear técnicas más potentes (como estudios de asociación en todo el genoma) y tamaños de muestras entre diez y veinte veces más grandes, y pronto se harán descubrimientos mucho más definitivos.

Es importante tener en mente que un rasgo complejo como la orientación política indudablemente estará influído por un número extremadamente grande de genes. Aunque nos aguarda una cantidad enorme de trabajo para encontrarlos y entenderlos, tendremos la ocasión de aprender sobre algunos casos específicos en los siguientes capítulos, donde ya podremos ver la influencia de los genes en la conducta política.

Dado que nuestras actitudes políticas tienen raíces tan profundas, normalmente no sufrimos cambios ideológicos radicales cuando maduramos. A medida que las personas atraviesan los treinta, cuarenta, cincuenta y sesenta años, sus identidades permanecen estables. Cuando son medidas de una década a la siguiente, la media de la orientación política individual correlaciona muy fuertemente consigo misma (hasta .80). Las actitudes políticas sí cambian de hecho a lo largo del tiempo. Pero cambian a edades predecibles, y en direcciones previsibles. Aprenderemos mucho más sobre esta tendencia natural en los capítulos 18 y 21.

La universalidad de la izquierda y la derecha

Cuando hablamos sobre nuestras convicciones políticas específicas, pensamos en ellas como si descansaran en un espectro entre una “izquierda” y una “derecha”. Estos términos vienen de la Asamblea legislativa francesa, donde los monárquicos se sentaban a la derecha y los antimonárquicos a la izquierda. ¿Pero hasta qué punto estos conceptos trascienden su origen? ¿Son las nociones de izquierda y derecha más relevantes para los californianos que para los tunecinos? ¿Es que todo el mundo posee una orientación izquierda-derecha? Los National Election Studies, la encuesta principal de votantes en las elecciones presidenciales estadounidenses, han averiguado que alredededor de tres cuartas partes de los estadounidenses se sienten cómodos señalando sus puntos de vista en un espectro político de dos dimensiones. Alrededor del 90 por ciento de los estudiantes de instituto harán lo mismo, incluso cuando se les permite no participar. Recoger los autoposicionamientos progresistas-conservadores de las personas es útil porque correlacionan muy fuertemente con sus hábitos de votos reales.

¿Hasta qué punto se puede comparar a los Estados Unidos con el resto del mundo? Durante los últimos treinta años, una red global de científicos sociales ha investigado las creencias básicas a lo largo de todos los continentes habitados. Periódicamente, producen un informe inmenso llamado World Values Survey. Entre 1981 y 2008, estas encuestas preguntaron a casi tres cientas mil personas de noventa y siete países si estaban dispuestos y podían situarse a sí mismos en en espectro de izquierda-derecha. Sólo el 3 por ciento escogió no responder, y el 18 por ciento escogió “No lo sé”. Pero casi ocho de cada diez personas en el mundo se identificaron con una orientación política en particular.

Dado que los encuestadores trabajan en muchos países autoritarios, muchos de los que no respondieron probablemente consideraron que era más seguro no expresar una opinión política. De hecho, las personas en países (históricamente) menos democráticos no están tan dispuestos o no pueden contar a un investigador su orientación ideológica. Por ejemplo, sólo el 46 por ciento de los argelinos estaban dispuestos a hacerlo, comparados con el 77 por ciento de los europeos orientales y el 88 por ciento de los europeos occidentales.

De la gran mayoría de personas en todo el mundo que expresarán una ideología a un encuestador, encontramos un patrón desconcertante en sus respuestas. El World Values Survey siempre pregunta: “En temas políticos, las personas hablan de “la izquierda” y “la derecha”. ¿Hablando de forma general, cómo situaría sus puntos de vista en una escala (de diez puntos)?” La figura 2 muestra cómo alrededor de un cuarto de millón de personas contestaron a esta cuestión.

Este gráfico se aproxima a una curva con forma de campana. Las medidas de nuestros cuerpos (como altura, peso y presión sanguínea) frecuentemente tienen una forma similar mientras que los gráficos sobre distribución de ingresos apenas lo hacen.

Si pudiéramos representar gráficamente las orientaciones de todos los países por separado, cad población no necesariamente produciría la misma curva exacta izquierda-derecha en el mismo segmento de una escala absoluta. De hecho, la opinión pública en ciertos países se aleja más hacia de la derecha (como el Vietnam comunista) o de la izquierda (como el Zimbawe de Mugabe). Además, algunos países poseen espectros más anchos o más estrechos. Aprenderemos qué determina la amplitud del espectro en el siguiente capítulo. El punto importante, sin embargo, es este: la gente normal en todas partes emplea los conceptos de “izquierda” y “derecha” para describir sus orientaciones políticas. Y los expertos están de acuerdo con ellos sobre la existencia de este espectro. Una encuesta preguntó una vez a mil quinientos analistas políticos profesionales si podrían situar fácilmente partidos politicos en una escala de izquierda-derecha, en sus cuarenta y siete países de especialización. Virtualmente ninguno de ellos tuvo ningún problema en hacerlo.

Figura 2. Auto-posicionamiento global en el espectro político de izquierda y derecha (251,724 personas en 97 países, 1981-2008)
Figura 2. Auto-posicionamiento global en el espectro político de izquierda y derecha (251,724 personas en 97 países, 1981-2008)

El espectro político izquierda-derecha es, pues, universal. Forma una curva de campana natural. Algunos países poseen espectros más anchos o más estrechos. Pero, ¿cómo podemos saber si las orientaciones izquierda-derecha de los grupos como un todo se pueden comparar entre sí? En otras palabras, ¿son los hijos de los Block tan conservadores o progresistas como sus homólogos en Túnez?

En psicología, existen unos pocos rasgos standard de personalidad que han sido medidos a lo largo de grupos humanos verdaderamente diversos. Pertenecen a un inventario ampliamente aceptado llamado dimensiones de personalidad “Cinco Grandes”. Específicamente, estos rasgos son Apertura, Perseverancia, Extraversión, Capacidad para llegar a acuerdos y Neuroticismo (es fácil recordarlos porque se deletrean OCEAN -siglas en inglés). Las primeras tres dimensiones (O,C y en menor medida E) correlacionan bastante bien con el voto de izquierda o derecha. En consecuencia, estos rasgos pueden servir como vara de medir las disposiciones de culturas dispares, que de otro modo resultarían difícil de comparar en referencia a ciertos temas políticos.

El psicólogo Robert McCrae, con la ayuda de sus colegas de numerosos países, ha reunido mediciones de estas dimensiones Cinco Grandes provenientes de veintiocho mil personas de treinta y seis mil culturas distintas en todo el mundo. Los participantes representaban a la familia linguística indoeuropea, así como los grupos etnolingüisticos urálicos (Finlandia, Hungria, Estonia, etc), dravidianos (India del sur), altaicos (turcos, mongoles, etc.), Malayo-polinesios, chino-tibetanos y bantus (Africa subsahariana).

La variación en estos Cinco Grandes rasgos de personalidad era mayor dentro de las culturas. El descubrimiento tiene sentido intuitivo, dado que una población dada posee una distribución en forma de campana de la orientación política izquierda-derecha. Más aún, Cinco Grandes dimensiones tales como Apertura y Perseverancia también poseen curvas en forma de Bell dentro de una población.

Además de la gran variación dentro de las culturas, sin embargo, McCrae, junto con sus colegas Jüri Allik, también descubrieron pequeñas variaciones en rasgos de personalidad entre grupos.

La Persevarancia, que precide el voto conservador, correlacionaba moderadamente con la proximidad al ecuador. Y la Extraversión, que está asociada con el voto progresista, correlacionaba fuertemente con una mayor distancia del ecuador.

La temperatura también importaba. Los climas más cálidos correlacionaban fuertemente con Perseverancia. En consecuencia, aunque el espectro político atraviesa todas la poblaciones, los grupos más cercanos al ecuador (y a los ambientes más cálidos) tienen una disposición de grupo más conservadora como media que los grupos que viven lejos del ecuador (y en climas más fríos).

¿Qué ocurría cuando grupos de trasfondos genéticos diferentes viven en el mismo ambiente? En este caso, los resultados medios de cada grupo diferían de acuerdo con el origen de sus ancestros. Por ejemplo, los rasgos de personalidad de los blancos sudafricanos se agrupaban más cerca de los suizos, mientras que los sudafricanos negros tenían personalidades más similares a los de Zimbawe. Del mismo modo, grupos que tradicionalmente vivían en territorios geográficamente adyacentes poseen personalidades más similares en promedio que los grupos separados por largas distancias.

Existe la posibilidad de que estos hechos puedan ser explicados por la cultura o por el efecto directo del ambiente. Sin embargo, sugieren que las poblaciones alrededor del animal político universal posee distribuciones de personalidad que están genéticamente adaptadas a sus ambientes ancestrales. Desentrañaremos estos misterios más adelane en el capítulo 10.

Orientaciones políticas en el cerebro: Lo que puede mostrar un MRI

Un escéptico podría cuestionar si realmente es posible estudiar de un modo científico algo tan difuso y subjetivo como las personalidades. ¿Hay alguna evidencia psicológica concreta que podría explicar las aparentes diferencias en nuestras personalidades políticas?

En un programa de la BBC de 2010, el ganador de un Óscar Colin Firth bromeó con el siguiente desafío. Pidió a los científicos que averigüaran qué es lo que “andaba mal biológicamente” en la gente que no estaba de acuerdo con él en temas políticos. En respuesta, investigadores del University College de Londres reunieron a noventa estudiante, haciendo que se situaran confidencialmente en un espectro político de cinco puntos, tal como habían hecho hace veinticuatro años los Block. Sus elecciones iban de “muy conservador” o “muy progresista”. Entonces el neurocientífico Geraint Rees empleó resonancia magnética funcional (MRIs) para escanear sus cerebros.

Los resultados fueron fantásticos. A partir de los MRIs, los científicos pudieron predecir adecuadamente qué individuos tenía más probabilidades de ser progresista o conservador. Los estudiantes más conservadores poseían una amigdala derecha mayor. Mientras, por otra parte, un mayor progresismo estaba asociado con un cingulado anterior mayor. La figura 3 muestra las correlaciones entre autoposicionamiento político y el volumen de estas regiones cerebrales.

Alguien que sólo dispusiera de las mediciones de estas dos regiones cerebrales podría ser capaz de averigüar correctamente si un individuo era “conservador” o “muy progresista” aproximadamente el 72 por ciento del tiempo (ningún estudiante fue identificado como “muy conservador”). Además de la amgidala derecha y el cingulado anterior, ninguna otra región mostró una correlación significativa e independiente con la orientación política. Un estudio posterior replicó los mismos hallazgos.

Los investigadores se dieron cuenta de que la amigdala tenía una función en el proceso de las emociones, lo cual podría explicar por qué los conservadores son más sensibles que los progresistas a las expresiones faciales amenazantes. Tal como descubriremos en el capítulo 19, esta variación en la amígdala probablemente corresponde con diferencias en nuestras percepciones de la naturaleza humana, y estas percepciones constituyen uno de los tres grupos de personalidad que subyacen a la orientación política.

A lo largo de este libro, aprenderemos fascinantes hallazgos de la neurociencia, y otras diferencias psicólogicas entre progresistas y conservadores.

Algunos de estos estudios, como este, no pueden determinar si las actitudes políticas se originan en el cerebro, o si las actitudes de aprendizaje de otros cambian la estructura del cerebro (sabemos que el cerebro puede cambiar a través del entrenamiento y ganar nuevas habilidades). Pero otros experimentos sí clarifican la dirección de la causación.

Figura 3. Correlación entre el tamaño de Dos Regiones Cerebrales y Orientación Política
Figura 3. Correlación entre el tamaño de Dos Regiones Cerebrales y Orientación Política

Encontrándonos a nosotros mismos en el gran cuadro

De acuerdo. Tal vez existan diferencias psicológicas entre progresistas y conservadores, aunque ciertamente necesitamos aprender más para estar más convencidos.

 ¿Significa esto que es posible pensar sobre conflictos políticos desde una perspectiva biológica? Por supuesto que la política es un fenómeno singularmente humano que la especie ha desarrollado mucho después de haber evolucionado un “hardware” completamente moderno. ¿No?

Tal vez no, de acuerdo con uno de los primatólogos más renombrados del mundo. El miembro de la Academia de las Ciencias Frans de Waal ha escrito un libro llamado Chimpanzee politics: Power and sex among apes. Su libro describe la compleja vida política de nuestros más próximos parientes vivos. De Waal da cuenta en detalle de cómo los chimpancés forman alianzas entre pequeños grupos de individuos de alto status. Nos narra sus traiciones y realineamientos, y los asesinatos brutales de chimpancés que luchan por status social (y oportuniades para emparearse) dentro de una banda.

En un caso, los rivales políticos llegaron tan lejos como para matar a un macho alfa llamado Luit. Incluso arrancaron los dedos y las uñas de Luit y golpearon sus testículos. La mayor parte de la violencia entre chimpancés tiene lugar entre machos, aunque las hembras apoyan indirectamente a los machos candidatos a posiciones más altas mediante la animación y la intervención durante los conflictos.

Además de facciones rudimentariamente políticas dentro de sus bandas, los chimpancés tienen personalidades que son significativamente similares a las nuestras. Grupos de cuidadores humanos han calificado por separado a muchos chimpancés en los Cinco Grandes factores, y sus clasificaciones para cada dimensión coinciden entre sí para los primates individuales.

La importancia de este descubrimiento no es sólo que los chimpancés tengan personalidades variables. Más bien, se trata de que son los únicos animales conocidos que poseen rasgos análogos a todos nuestros Cinco Grandes factores (además de un sexto factor llamado dominación). Los biólogos han descubierto rasgos de personalidad similares a Cordialidad, Neuroticismo y Extraversión a lo largo de veinte primates y otros mamíferos. Pero la Apertura es menos común. Por ejemplo, sólo está parcialmente presente en el semi-social orangután. Y una completa perserverancia sólo se ha descubierto hasta ahora en humanos y chimpancés.

La apertura y la perseverancia, tal como acabamos de aprender, son las dimensiones de personalidad que correlacionan mejor con el voto de izquierdas o derechas en los seres humanos. Pero antes de fijarnos en rasgos de personalidad particulares y sus raíces evolucionistas, es vital asegurarse de que no estamos pasando por alto conflictos más superficiales que podrían explicar más fácilmente nuestras batallas políticas. ¿Qué hay del simple interés propio? ¿Explica tu nivel de ingresos lo que sientes sobre pagar impuestos? ¿Tener o no tener un seguro de salud determina lo que piensas sobre la controvertida ley de reforma sanitaria del presidente Obama? La economía realmente influye en la política, como veremos en el siguiente capítulo, pero no del modo en que mucha gente cree.

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2 Comments

  1. Miguel

    Es en lo concreto donde este tipo de análisis pincha. Mientras se mantiene intencionadamente “en las alturas” todo funciona. Cuando se desciende al terreno, las cosas dejan de encajar tan fácilmente. Es fácil aceptar la existencia de dos grandes “familias” de personalidad. Lo que no convence es la traslación de esos dos grandes conjuntos en las categorías de izquierda y derecha.

    Tampoco es precisamente ecuánime la descripción de los mismos: pero eso es un clásico, claro.

    El “imperialismo” es ejercido por comunistas rusos alejados del Ecuador. Venezuela y su autoritarismo… ¿Son de derechas por mor de la cercanía al Ecuador y el clima cálido?

    ¿Corea del Norte y Corea del Sur?

    ¿Qué es de derechas: el anti-intervencionismo tradicional de la derecha useña hasta los ’50 o su actitud posterior mucho más favorable a la injerencia? ¿Habrá sido el partido demócrata “de derechas” con su clásico fervor por la intervención en el extranjero al servicio de la expansión de sus ideas?

    ¿Eran los comunistas españoles de la guerra civil más de derechas, entonces, que los carlistas de entre los sublevados?

    No encaja. El partido Baaz era socialista. ¿Era de izquierdas o de derechas Saddam Hussein? Pero por otro lado, como señala Gustavo Bueno, siempre ha habido socialismos de derecha, así que quizás sí.

    La proyección de esos grandes tipos de carácter sobre el terreno de los movimientos, los partidos y las ideas concretas es lo que no cuadra.

    En cuanto a la caracterización, muy “años sesenta”, de los “conservadores” y “progresistas”, ¿qué decir?

    “Conservadores”: rígidos, tristes, asustados.
    “Progresistas”: flexibles, divertidos, felices.

    Probemos otra equivalente, a ver si nos sale tan polémica:

    “Conservadores”: protectores, realistas, sacrificados.
    “Progresistas”: cobardes, fantasiosos, traicioneros.

    Mejor no. Mejor sigamos con la anterior, no sea que suframos la tolerancia y la empatía de las izquierdas…

  2. Pingback: Anónimo

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