Ciencia y sociedad
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El gran experimento monoparental

Las sociedades humanas se distinguen de las demás sociedades de primates en al menos dos rasgos clave: 1) albergan una gran cantidad de hembras menopáusicas y 2) los machos invierten una cantidad inusualmente grande de recursos en sus hijos. Se trata de dos pintorescos rasgos que necesitan una explicación en el marco de la evolución humana.

400px-Father_with_children_visiting_the_natureMientras las hembras de las demás especies de primates permanecen típicamente fértiles durante toda su vida, las humanas dejan de ser fértiles entre los 40 y los 50 años, abriendo una incógnita sobre la evolución de la menopausia femenina. Para explicarla se ha sugerido la “hipótesis de la abuela”, según la cual las abuelas podrían contribuir al cuidado de los niños y tal vez a la mejora del conocimiento y las habilidades del grupo, acrecentando así su adaptabilidad, aunque existen otras hipótesis no adaptativas de la menopausia.

Para explicar la inversión parental inusualmente alta por parte de los machos y la evolución de la monogamia se han sugerido distintas hipótesis. Para resumirlas: 1) Proporción de mayores cuidados parentales a las crías, 2) Monopolio de las hembras por parte de los machos en entornos extensos y 3) Prevención del riesgo de infanticidio. Este superior cuidado parental por parte de los machos, sin embargo, no lleva aparejado la monogamia tal como la entendemos. La monogamia no es exactamente “natural”, y a no ser que esté “ecológicamente impuesta” necesita ser reforzada mediante un sistema cultural de normas y castigos.

El mito de la educación

La idea de que los padres (masculinos y femeninos) son decisivos en los resultados sociales de sus propios hijos es intuitiva, y como vemos consistente con nuestras particularidades evolutivas, pero cuenta con distinguidos detractadores. Judith Harris defendió el caso contra el “supuesto de la educación” en un libro muy conocido, publicado en español 1999 (ver la reseña de Roberto Colom). Para Harris muchas de las semejanzas comportamentales que exhiben los hijos con respecto a sus padres no se deben directamente a la crianza, sino al hecho de que comparten los mismos genes, como por lo visto evidenciarían los resultados de estudios de adopción.

Se han identificado efectos adversos asociados con la ausencia de padre en la crianza. Las chicas criadas en familias monoparentales tienen el triple de posibilidades de quedarse embarazadas como adolescentes, y más que duplican la posibilidad de padecer depresión o de implicarse en delincuencia, comparadas con los hijos creados por una familia biológica. En general esto que escribe Teresa Giménez Barbat es cierto:

La ausencia del padre en la vida de los hijos, cuando es debida a un abandono (pero no, curiosamente, cuando la madre es viuda), tiene, en la inmensa mayoría de casos, repercusiones negativas que se manifiestan en diferentes planos del ajuste adaptativo: el escolar, el desarrollo cognitivo, los niveles de competencia intelectual, el desarrollo psicosexual y su ajuste psicológico, conductual y social (…) Respecto a las niñas privadas tempranamente de la convivencia familiar con su padre, los efectos a largo plazo implican una menarquia temprana, embarazos y matrimonios adolescentes, maternidad en soltería y altas probabilidades de inestabilidad de pareja.

El inconveniente es que sigue siendo dificultoso controlar con exactitud la influencia de los padres, y específicamente de los padre masculinos, en comparación a la influencia de los genes. Asociación no es causación. Pudiera ser que los hijos que viven en una familia biológica tienen mejores resultados que los demás debido a que comparten los mismos genes de sus padres, no debido a la presencia y el cuidado específico de los padres.

Pudiera ser, pero no es lo más probable.

El gran experimento

Una pista sobre la influencia específica de los padres masculinos puede llegarnos de la psicología animal. En particular de los estudios neurológicos con ratones. Para los autores de este trabajo, la ausencia de padre en los ratones puede dañar su comportamiento social, modificando las sinapsis de de dopamina y glutamato en la corteza prefrontal media: “Demostramos que, durante periodos críticos de neurodesarrollo en conductas sociales y relacionadas con las recompensas que están asociadas con perturbaciones en la neurotransmisión de dopamina y glutamato”.

Como bien explican en este blog, aunque las conclusiones del estudio no se pueden extrapolar sin más a los humanos, al menos proporcionan una explicación plausible sobre los mecanismos neurológicos que podrían estar detrás de este fenómeno.

Tal vez el principal inconveniente con los planteamientos que menosprecian la influencia de los padres, y en particular de los padres masculinos, es que resulta difícil ajustar la influencia total del medio ambiente en tiempos cambiantes, afectados por cambios drásticos en los hábitos reproductivos y la organización familiar. Al fin y al cabo el desmoronamiento de la familia biológica tradicional es un fenómeno reciente y se pudiera decir que vivimos un gran “experimento social” cuyos resultados sólo empezamos a evaluar. Para hacerse una idea, en Gran Bretaña hay en la actualidad más de 1 millón de niños que están creciendo sin un padre, y la cifra se incrementa en 22.000 más cada año que pasa. En España había en 2012 más de medio millón de familias monoparentales (el 90% “monomarentales”), lo cual supone un incremento del 78% en una sola década.

Una cosa está bien clara: al margen de disquisiciones teóricas vamos a enterarnos de lo desechables o no que son los padres en el transcurso de los próximos años, cuando una generación privada de padre alcance por fin la vida adulta.

8 Comentarios

  1. Facu says

    ¿Éstos estudios solo tienen en cuenta a las madres solteras completamente solas?

    ¿Qué se sabe de las familias en que si bien no hay un padre, si tienen una abuela o tía que ayuda en la crianza? ¿Se compensa la ausencia de figura paterna?

  2. Eduardo says

    Lo más probable es que la figura paterna convencional sea relativamente compensada por otras redes de solidaridad. Hay que tener en cuenta que en las sociedades tradicionales el papel del padre biológico lo desempeñaba el hermano de la madre, etc. Sólo conjeturo, pero en principio parece difícil que las madres solteras estén «completamente solas».

  3. Lo que no entiendo Eduardo es cómo se pueden hacer compatibles las tesis de Harris y lo que dice Teresa Giménez, parecen mutuamente excluyentes.

    Entre lo recogido en la «Teoría de la Socialización Grupal»: «los niños nacen con ciertas características. Sus genes les predisponen a desarrollar cierto tipo de personalidad. Pero el entorno puede cambiarles. No la crianza —el entorno que pueden proporcionarle sus padres—, sino el entorno fuera del hogar, el que comparten con sus compañeros» (p. 192).

    Y lo que dice Teresa Giménez, parece evidente.

  4. Eduardo says

    Porque es cierto que cuando hay ausencia de padre pasa todo eso. Lo que no está tan claro es que los efectos se deban a la misma ausencia, o más bien a la disposición genética. Pudiera ser que tener «buenos genes» este asociado con tener familias unidas de entrada, aunque casi seguro que la tesis de Harris tiene limitaciones.

  5. Eduardo says

    De todos modos, lo que yo intento decir es que la evidencia fuerte no va a venir de estudios genéticos actuales o de estudios de adopción, sino de los resultados sociales que demuestren tener los hijos criados por madres (y padres, pero sobre todo madres) solteras en los últimos tiempos. Por lo que se está viendo, las perspectivas no son prometedoras.

  6. Roy García de Sant Ander says

    En realidad no es tan difícil de discernir. En sociedades con divorcio legal, hace unos cincuenta o sesenta años casi nadie se divorciaba, por factores culturales y económicos. El divorcio era visto, de hecho, como cosa de ricos o de gente en los márgenes de la sociedad.

    En esas sociedades, la ausencia del padre era devastadora, a tenor de lo que mostraban todos los indicadores. Recuerdo uno de los primeros estudios del impacto de la ausencia paterna, que monitorizó en EEUU un grupo de niños entre los años ’50 y los ’80, hasta alcanzar plenamente la edad adulta. Los niños y adolescentes criados sin padre mostraban tasas de criminalidad mucho más altas, incluso aunque en el núcleo familiar hubiera otro hombre adulto presente (por ejemplo, un abuelo).

    Hoy en día, los hijos y los nietos de aquellos que no se divorciaban casi nunca, se están divorciando con porcentajes del 50% respecto del total de matrimonios.

    No han cambiado los genes en cosa de dos generaciones, sino la interacción de los mismos con el entorno, porque el entorno ha cambiado radicalmente.

    ¿Y qué han seguido mostrando los estudios más fiables hasta la mismísima actualidad? Lo que mostraban los pioneros de los ’50: que la ausencia del padre es muy dañina, incluso contando la madre con una familia protectora o incluso en sociedades feministas y confiscatorias tipo Suecia. Incluso en Suecia lo mejor que le puede pasar a un niño es ser criado por una familia completa de padre y madre.

    Creo que todos los que defendemos el enorme peso de los genes en infinidad de cuestiones y, en definitiva, una aporximación evolucionista a la comprensión del Hombre, a veces también nos excedemos, quizás por tener que estar siempre combatiendo el igualistarismo asfixiante y los lugares comunes ambientalistas.

    En realidad creo personalmente que no hay tanta contradicción entre los autores que afirman que lo más importante son los genes (como el autor de esa obra… «Razones egoístas para tener más hijos», creo recordan y los que muestran, con profusión de datos, el daño que hace la ausencia paterna (el gran Charles Murray, por ejemplo).

    Hablaré de lo que conozco bien: mi caso personal. Parece que tengo genes medio aceptables y un CI algo por encima de lo habitual. Finalmente «he salido bien» y he conseguido progresar en la vida. Pero ha sido excepcionalmente duro, porque fue criado por abuelos de origen campesino, con ausencia total de padre y ausencia de madre hasta los diez años, en un barrio ciertamente humilde.

    A largo plazo los genes se imponen, pero llevo fijándome toda la vida en gente con la que me he cruzado, desde amigos íntimos a compañeros de trabajo, y no me cabe duda de que en otras circunstancias no me hubiera costado tantísimo tener lo que tengo y que, quizás, si hubiera partido de una posición más favorecedora, hubiera podido llegar algo más lejos.

    Lo cual, por cierto, compatibiliza la primacía de los genes con la importancia del padre y con los estudios sobre movilidad social de Gregory Clark, que muestran que, en realidad, los bisabuelos, abuelos y padres determinan muchísimo nuestra posición social. Todo ello es compatible.

    Gregory Clark:

    http://www.economist.com/news/finance-and-economics/21571399-surnames-offer-depressing-clues-extent-social-mobility-over

    http://press.princeton.edu/titles/10181.html

    «Selfish Reasons to Have More Kids»:

    http://www.amazon.com/Selfish-Reasons-Have-More-Kids-ebook/dp/B004OA64Q6/

    «(…)the shocking lesson of twin and adoption research is that upbringing is much less important than genetics in the long run(…)»

    Charles Murray:

    http://www.amazon.com/Coming-Apart-State-America-1960-2010-ebook/dp/B00540PAXS/

    http://www.amazon.com/Losing-Ground-American-1950-1980-Anniversary/dp/0465042333/

    http://www.amazon.com/Bell-Curve-Intelligence-Structure-Paperbacks-ebook/dp/B003L77VY2/

  7. Eduardo says

    Es una conclusión desagradable, pero por lo visto, en el largo plazo, el esperma importa más que los padres:

    http://www.unz.com/gnxp/fathers-dont-matter-that-much/

    Y una conjetura personal:

    Estoy de acuerdo con el comentarista anterior en que el entorno importa mucho, incluyendo el entorno cultural, ideológico y moral que ha ido minando las normas sociales, tradicionalmente sancionadas por mandatos religiosos, que ponian límite a la hipergamia femenina, y al éxito de los donantes masculinos de calidad. Sin estas normas, las mujeres tienen más incentivos para preferir buen esperma a buenos padres, en especial si el estado asistencial viene al rescate. Los hombres tienen a su vez menos incentivos, y menos recursos, para invertir en un entorno inestable con normas sociales que no les protegen. Es decir, como consecuencia, terminaremos viviendo en una sociedad más jerárquica, no importa cuanta cháchara y propaganda difundan, más poligámica y menos igualitaria que la tradicional.

  8. Eduardo says

    Nótese que a medida que los hombres tienen menos incentivos para producir, el estado también tiene menos recursos disponibles que detraer. La dinámica es endiablada.

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