20 septiembre, 2017

¿Evolucionó la monogamia para evitar el infanticidio masculino?

Se calcula que aproximadamente el 27% de las especies de primates son naturalmente monógamas, una conducta que habría comenzado hace “sólo” 16 millones de años (para aumentar la perspectiva, hay que tener en cuenta que los primeros primates datan de hace 55 al menos). Las tres hipótesis principales sobre la evolución de la monogamia son resumidas en un artículo de Science: 1) Proporción de cuidados parentales para las crías, como ocurre en los pájaros, 2) Monopolio de las hembras por parte los machos en entornos extensos y 3) Prevención del riesgo de infanticidio, un riesgo real que hoy se puede observar rutinariamente entre gorilas y chimpancés.

La evolución de la amistad masculina

784px-Guyane_0036Para Sarah Blaffer Hrdy esto podría estar asociado a la tendencia de las hembras de los primates a emparejarse con machos no familiares, que se encuentran en la periferia de los grupos y, efectivamente, la misma estrategia podría haber evolucionado para prevenir el riesgo de infanticidio masculino (infanticidio cometido por machos). Por decirlo en términos más crudos, parece menos probable que un macho mate a las crías de una madre con la que copula.

Conseguir “amistades” en los machos también repercute en una vida más segura para las hembras en general, habida cuenta de que las agresiones contra las hembras por parte de los machos son bastante frecuentes en especies de primates. Según Jane Goodall los machos adultos de chimpancé dirigían 1.5 más agresiones hacia las hembras, en comparación con las agresiones dirigidas a otros machos. Hembras de otras especies tienen aún peor suerte. Se calcula que las hembras de babuíno son heridas gravemente por otros machos al menos una vez cada año. Y también existen agresiones entre las propias hembras, principalmente implicando disputas sobre la comida y la protección de las crías, dos cargas que no suelen recaer naturalmente en los machos.

Un artículo que acaba de aparecer en Proceedings of the National Sciences, basado en un análisis estadístico bayesiano sobre esta conducta a través de distintas especies de primates, apoya la hipótesis del infanticidio masculino. Pero otro estudio aparecido en Science, no coincide, por lo que no existe un consenso sobre cuál de los tres factores evolutivos es el primero.

La monogamia humana es una imposición social

En el caso de los humanos, las complicaciones para explicar la evolución de la monogamia son aún mayores. Según Carel Van Schaik, uno de los autores del trabajo publicado en Proceedings, la “monogamia actual es una imposición social”.

De hecho, tanto el registro antropológico e histórico como el estudio del dimorfismo sexual apuntan a que la especie humana moderna sigue sin ser “naturalmente” monógama. En contraste con las especies de primates monógamas, que suelen ser arbóreos y exhiben escasas diferencias en el tamaño físico o en los patrones de desarrollo, los seres humanos ocupan nichos ecológicos muy diversos y exhiben diferencias sexuales no extremas, pero más notables de lo que a veces se presume.

La monogamia evolucionó pese a todo en los homínidos probablemente a través de dos mecanismos ambientales distintos: 1) una monogamia “ecológicamente” impuesta, cuando la escasez de los recursos alimentarios y de supervivencia prevenían sistemáticamente que un macho acapare más de una hembra y 2) una monogamia “socialmente” impuesta, cuando determinadas normas sociales prohiben el establecimiento de uniones polígamas.

La monogamia humana, socialmente impuesta en su mayor parte, podría haber evolucionado porque proporcionó ventajas adaptativas a los grupos. Esta forma de organización social, según Henrich, Boyd y Richerson (2012) permitiría, en resumen 1) Relajar la competencia intrasexual, con sus consecuencias socialmente indeseables (como crímenes o secuestros estimulados por la búsqueda de nuevas parejas sexuales) 2) Aminorar los conflictos domésticos, al atenuar la incertidumbre paterna o terminar con la competencia entre esposas típica de las uniones polígamas y 3) Moderar el poder e influencia de los hombres poderosos típico de las sociedades tradicionales, o de los primeros estados agrícolas, consiguiendo “democratizar” la sexualidad mediante sanciones culturales y religiosas que apuntan a una mayor igualdad reproductiva.

¿Y qué pasa con el infanticidio femenino (cometido por hembras)? Según el registro antropológico, los infanticidios son cometidos de forma más o menos rutinaria por las hembras, no sólo por los machos, a veces por falta de inversión paterna y otras como mecanismo rutinario de librarse de recién nacidos a los que se considera inviables: “Las manos humanas no se lo ponen fácil a los recién nacidos Ayoreo. El verbo Ayoreo “dar a luz” (basui) también significa “caer”. Las mujeres inspeccionan signos de deformidad en el recién nacido. Si el niño no es deseado, se le arroja a un agujero y se entierra, sin que nunca sea tocado por manos humanas”.  Estas evidencias y otras más detalladas todavía se pueden encontrar en el clásico de Martin Daly y Margo Wilson, Homicide (Transaction Publishers, 2008) (la cita anterior está en la página 38). Aunque lejos de estos hábitos tradicionales, los sexos aún se reparten hoy el asesinato de niños. Según estadísticas oficiales publicadas en EE.UU (2007), el riesgo de que un niño muera a manos de su padre o de su madre es prácticamente el mismo, y la mayoría en cualquier caso son asesinados por parientes cercanos (sólo un 3% de los infanticidios los cometen extraños).

Está claro que las reglas monógamas, junto el resto del proceso de “civilización” y las normas que castigan a los malhechores, han tenido un gran éxito reduciendo el riesgo de que los niños mueran a manos de extraños, aunque cuando sucede un infanticidio, continúa siendo un asunto muy familiar.

About The Author

Related posts

Escribir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *