original: http://edge.org/response-detail/2951/what-is-your-favorite-deep-elegant-or-beautiful-explanation
Traducción de Ana Alonso-Burón
«La gran belleza y economía que se deriva de una inducción lógica, uno de los instrumentos mas probadamente poderosos de la humanidad.”
Carolyn PorcoCientífica planetaria; Líder del equipo de imágenes del proyecto Cassini; Directora de CICLOPS, Instituto de Ciencias del Espacio, Boulder, Colorado
Una explicación elegante y bella es, para mí, la que reúne una multitud de hechos aparentemente no relacionados dentro de un único concepto unificador. En nuestras exploraciones de los mundos, incluyendo el nuestro, que giran alrededor del Sol y en nuestros intentos de encontrar a partir de estos esfuerzos lo que es común y lo que es particular de nuestro propio planeta, se me ocurren dos ejemplos:
El primero es una idea que se planteó por primera vez en 1912 pero que se encontró con la total hostilidad del establishment científico -algo poco habitual, por cierto, ante una idea original- y no fue unánimemente aceptada hasta 50 años después, cuando el peso de las evidencias que la respaldaban llegó a ser tan abrumador que la idea se hizo irrefutable. Y esa idea fue la tectónica de placas.
Se podría decir que las primeras conjeturas sobre el movimiento de las placas, aunque por supuesto no reconocido como tal en ese momento, viene de las observaciones de los primeros exploradores, como Magallanes, quien se percató de que en los mapas, los continentes encajaban como en un rompecabezas, África y América del Sur, por ejemplo. En un avance rápido hasta principios del siglo 20, Alfred Wegener, un geofísico alemán, para explicar esta forma de encajar, propuso el movimiento de los continentes (deriva continental) pero, al no poder dar una explicación de cómo se podían mover, se rieron tanto de él que abandonó la sala.
Pero la evidencia era cada vez mayor: se demostró que había fósiles, tipos de roca, climas antiguos, que eran similares en regiones geográficas muy distantes entre sí, como la costa este de América del Sur y la costa oeste de África.
Los estudios de rocas magnetizadas, que si permanecen inmóviles siempre indicarán una dirección constante señalando el polo norte magnético, independientemente del lugar del globo terráqueo en que se hayan formado, lo que indica que o bien la ubicación del polo norte ha variado a lo largo del tiempo o bien esas rocas no se formaron donde se encuentran hoy. Finalmente, en los años 60, quedó claro que muchos de los fenómenos geológicos actuales, como los terremotos y erupciones volcánicas más violentos, se encontraban dentro de los sinuosos y bien diferenciados cinturones que envolvían el planeta y esculpían la superficie de la Tierra en zonas bien delimitadas. Además, diversos estudios de rocas del fondo de los océanos de la Tierra revelaron un patrón de bandas magnéticas con alternancia norte sur que sólo podría explicarse por el afloramiento de lava fundida desde el interior, creando nuevos fondos oceánicos y el consiguiente desplazamiento de los fondos anteriores y, con el paso del tiempo, separando los continentes. Ahora sabemos que las fuerzas tectónicas que dirigen los movimientos de las placas de la corteza de la Tierra se derivan de corrientes, ascendentes y descendentes, conductoras de roca fundida sobre el manto de la tierra que se arrastra alrededor de las placas sólidas depositándose sobre ellas.
Al final, la idea de que haya fragmentos de la superficie terrestre que pueden desplazarse con el paso del tiempo es un glorioso ejemplo de idea sencilla, eficiente e incluso elegante que, pese a haber sido despreciada y considerada muy radical en su momento, finalmente se ha podido demostrar.
El segundo ejemplo es más o menos una versión extraterrestre de lo mismo. En una misión histórica, no muy diferente a la Odisea de Homero, dos cohetes espaciales idénticos – Voyager I y Voyager II -, estuvieron durante todo el año 1980 dando vueltas a los sistemas planetarios de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Las imágenes que obtuvieron aportaron a la humanidad la primera visión detallada de estos planetas, y de las lunas y anillos que les rodean.
Júpiter sirvió de portal de entrada, el primero de los cuatro que encontraron, y fue allí donde aprendimos lo complejas y activas que pueden ser otras formaciones planetarias. Junto con la increíblemente activa Luna, Io, que ostentaba por entonces nueve grandes erupciones volcánicas. El Voyager tomó imágenes de la superficie helada de la luna de Jupiter: Europa, solamente un poco más pequeña que nuestra propia luna. La superficie de Europa era claramente joven, casi sin cráteres y, según contaron, con un complejo patrón de grietas y fracturas de forma cicloidal y continua, con muchos bucles, como las escamas de un pez.
Por estos y otros descubrimientos, se dedujo que Europa podría tener una fina capa de hielo externa sobre nieve blanda o quizás incluso agua líquida. Aunque es un misterio como el patrón de fractura ha llegado a tener el aspecto actual, la idea de un océano bajo la superficie era atractiva por la posibilidad implícita de una zona habitable para la vida extraterrestre.
La siguiente nave espacial, Galileo, llegó a Júpiter en 1995 y en seguida obtuvo una visión incluso mejor de la capa de hielo y sus fracturas cicloidales. A los investigadores del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona les quedó claro que las fracturas cicloidales y sus detalles característicos como las formas de la vetas cicloidales, cuya existencia, la distancia entre ellas y la orientación de sus vértices pueden explicarse por las tensiones que cruzan la fina capa de hielo lunar, originadas por las corrientes que producen en ella las mareas de Júpiter. La distancia entre Júpiter y Europa cambia a lo largo de su órbita por la resonancia de la gravitación con las otras lunas de Júpiter y esa separación variable origina los cambios que se producen en la magnitud y la dirección de las tensiones de la marea sobre su superficie. En estas condiciones, si las tensiones hacen que se inicie una fisura en cualquier lugar de la fina capa, la grieta se propagará por toda la superficie a lo largo de un día de Europa y adquirirá una forma cicloide. Continuará así, en días alternos, marcando la superficie de Europa de la forma en que nos la encontramos en la actualidad. Además las tensiones producidas por la marea serían insuficientes para producir este tipo de cambios en la superficie de la luna si esta no estuviese cubriendo un océano líquido… Una excitante posibilidad desde todos los puntos de vista.
Así, un completo despliegue de rasgos en la superficie de una de las lunas mas fascinantes de Júpiter, la enorme complejidad de los diseños que forman y la implicación de un océano subterráneo de agua líquida en el que la vida extraterrestre podría haber arraigado, se explicaron y sostuvieron con una idea muy simple, muy fácilmente demostrable y muy elegante, una idea que en sí misma, como la de las placas tectónicas, son ejemplos de la gran belleza y economía que se deriva de una inducción lógica, uno de los instrumentos mas probadamente poderosos de la humanidad.


Estos días está el cielo maravillosos al atardecer. Venus, Júpiter y Marte en su esplendor….
Como opino que terceracultura.net tiende a propagar el cientificismo, he de comentar que:
– La inducción lógica no es una herramienta tan efectiva como lo que pretende evidenciar el artículo de la señora Porco.
El problema de Hume viene a decir que, aunque un granjero alimente y cuide, día tras día, a sus cerdos, no se puede inducir que los cerdos siempre estarán bien cuidados; ya que, habrá algún día que el granjero romperá esa inercia y sacrificará a algún puerco.