Mucho se habla sobre la biología de la religiosidad. Pero el cerebro realmente interesante es el del no creyente. Esa es una de las conclusiones que se extrae del último libro de Adolf Tobeña, “Devots i descreguts”, que tiene como objetivo conocer el origen y las funciones de las creencias religiosas. Los ateos tenemos cierta tendencia a pensar que la incredulidad es la expresión de una mayor capacidad de análisis y de raciocinio. Más indicación de lo que nos sobra que de lo que nos falta, por así decirlo. Pero Tobeña nos da una ducha fría. “De la misma manera que hay gente apática, asocial, perezosa o boba, la hay que no ve trascendencia en parte alguna”. Y demos las gracias, porque no muy lejos de esta frase hay un párrafo donde destaca, fosforescente, la palabra “autismo”.
Afortunadamente, estoy leyendo a la vez el libro de Satoshi Kanawaza “The intelligence Paradox”, en el que el ateismo es descrito como algo que suele ir asociado a una mayor inteligencia, y eso me gusta más. La tesis de Kanazawa es que lo que llamamos inteligencia es una habilidad que se desarrolló recientemente en un Homo Sapiens al que no le bastaron ya las habilidades cognitivas adaptadas a un mundo estable en el que genes y entorno ecológico iban a la par. Según su atrevida (pero documentada) teoría, las personas inteligentes suelen ser las que adoptan los modos de pensar más alejados de su naturaleza ancestral. Así aparecen criaturas extravagantes como los “progres” (liberals), los ateos o los monógamos, que van tan sobrados en la vida que se permiten rizar el rizo. Lo cual no quiere decir que sean quienes más éxito o felicidad obtienen de ella. Ahí tienen ventaja los “listos”, que no están tan dotados pero que no suelen ser tan desastrosos en cuestiones de “sentido común”, dispositivo que viene de serie pero que es obviado demasiado a menudo por los más inteligentes.
¿Estamos los ateos menos pertrechados para afrontar la existencia que los creyentes? Quién quiera conocer el fascinante mundo del cerebro religioso no puede perderse el libro de Tobeña. Los 4 jinetes de la militancia atea, Dawkins, Dennet, Harris y Hitchens, promueven la idea de que la religión es algo describible como una “infección memética”. Para ellos, las creencias son el resultado del adoctrinamiento, un artefacto cultural. Pero cada vez conocemos más estudios que nos muestran que eso no es así. Las doctrinas particulares se adoptan culturalmente, pero nuestro cerebro es un cerebro religioso. Está hambriento de transcendencia. La religión forma parte de nuestro hardware, está en nuestra naturaleza. Y estos estudios apuntan a que la religión nos aporta unas ventajas psicológicas y sociales que valdría la pena volver a valorar.
Esta es la idea de Alain de Botton, que en su libro “Religion for Atheists”, propone, a la manera de August Compte, aunque con derivaciones más pintorescas, repensar la cuestión religiosa desde la secularización. Muchos ateos lo son porque no se conforman con los cuentos de hadas. Porque les repugna el ocultismo y la superstición. Porque valoran más el conocimiento que el mito. Pero muchos estamos abiertos a incorporar ciertos elementos religiosos en nuestra vida partiendo de un mayor entendimiento de los entresijos de nuestro cerebro religioso y sus implicaciones psico-sociales. Es una planteamiento que permitiría a los ateos supuestamente más inteligentes pero infelices conseguir beneficios similares a los que disfrutan los “listos” crédulos. Si fuera posible, ¿por qué no?
Referencias
De Botton, A. (2012) Religion for Atheists. Pantheon Books
Kanazawa, S. (2012) The Intelligence Paradox. John Wiley & Sons, Inc.
– Why liberals and atheists are more intelligent (2010). Social Psychology Quarterly
Tobeña, A. Devots i descreguts. (2013) Universitat de València



Ser ateo no es mas que una etiqueta, como ser religioso, y que responde o suele responder a la pregunta ¿Cree usted en Dios?. Yo personalmente no creo en Dios pero si en la autotrascendencia y practico cierta espiritualidad, aquello que va más allá de mis necesidades y mis asuntos, me siento parte de algo superior a mi mismo. la mayor parte de los ateos que conozco no son autotrascendentes y la mayor parte de los religiosos lo fian todo a un Ser Supremo que dicta desde algun lejano lugar un manual de «supervivencia». Todas las religiones abrazan codigos exotericos, mas interesadas en el precepto que en la via iniciatica, d emodo que tampoco hay que esperar encontrar autotrascendentes entre los religiosos.
Parece que todo depende de tener un cerebro u otro en la cabeza. Pero superar el subjetivismo implica someter las neuronas a la verdad. Esto tiene evidentes implicaciones contra el cerebralismo.
«Descriptible», no «describible».
Para estudiar con un mínimo de rigor la cuestión es conveniente evitar la autocomplacencia, tanto por parte del ateo como por parte del creyente. Me llama la atención el punto de vista del Dr. Tobeña, desde que escuché su disertación en la presentación del Foro Humanismo Secular, porque parece especialmente interesado en no caer en la autocomplacencia del ateo.
Yo no creo que el cerebro humano sea «religioso», de la misma forma que tampoco es «keynesiano» o «marxista». Ni siquiera se ha probado que la religión sea adaptativa en los terminos ortosdoxos de la biologia evolucionista. Una hipotesis mas aceptada es que la religion es un subproducto evolutivo que «secuestra» funciones cognitivas que evolucionaron para hacer otras cosas. Por ejemplo, la función de detectar «agencia» en la naturaleza, o de reconocer rostros y patrones significativos.
Por supuesto, la religión es «natural», pero eso no implica que «la religión forme parte de nuestro hardware». Esta idea implica un gran salto que es preciso justificar, y que se enfrenta con registros históricos y etnológicos de sociedades muy antiguas que se han descrito como «ateas». Para poner sólo un ejemplo, una de las justificaciones que los colonizadores europeos ponían para ejercer violencia contra algunas tribus era precisamente su ateísmo. Los «caribes» eran vistos como indios peligrosos y, en el fondo, ateos.
Otras evidencias difíciles de conciliar con la idea de que el ateísmo es «evolutivamene novedoso» procede de las mismas tradiciones occidentales. Había ateos explícitos en la antigua India, los Carvaka-Lokayata, y esta tradición atea, que Thrower llama «alternativa» nunca se ha interrumpido completamente pese a intensas persecuciones contra los impíos. Frente a lo que dice Onfray yo no creo que el ateísmo se inventara en el salón de Holbach. Es una tradición antigua, incluso tan «ancestral» como las religiones tal como las entendemos.
Siguiendo con el primer comentario, de pacotraver, yo también me siento «parte de algo superior a si mismo», precisamente como ateo naturalista puedo sentirme parte de un tradición antiquísima que va desde los Carvaka a los atomistas, de estos a los epicúreos, los escépticos medievales, los librepensadores del Islam, Baruch Spinoza, los ilustrados radicales, Bertrand Russell y los «nuevos ateos».
«Espiritualidad» es un término extremadamente confuso. Si lo definimos de forma lo bastante inclusiva, el ejemplo de espiritualidad y de «auto trascendencia» más importante que conozco son los viajes espaciales. Las misiones Apolo o la «space shuttle», con la enorme cantidad de trabajo en común e inteligencia colectiva «auto trascendente», han ido mucho más lejos que cualquier viaje astral o chamánico. Esto para mi sería pura «espiritualidad» materialista.
Y ahora una «herejía». Para mi hay mas trascendencia, emoción, belleza, sensibilidad e inteligencia en el viaje del Columbia a la órbita baja de la tierra, que en la capilla sixtina.
Si vd. es creyente, lo que tiene vd. es una creencia (dios existe). Si vd. es ateo, lo que tiene es OTRA creencia (dios no existe). El resto del artículo no es más que el uso de literatura científica para ver quien la tiene más grande.
Y si por ejemplo usted cree que ha cerrado la puerta al salir de casa, entonces usted es un creyente en que ha cerrado la puerta. Esto si definimos creencia como tener un estado mental.
Efectivamente: mientras no vuelva a casa para comprobar si la puerta está abierta o cerrada lo que tendré es una creencia. Lo que me va a dar más pereza es justificar con argumentos científicos tan peregrinos como los del artículo –la inteligencia es un área de estudio prácticamente inabarcable debido a la cantidad y diversidad de enfoques bajo los cuales se analiza– si se es más listo por creer una u otra cosa.
En primer lugar, la inteligencia general (g), que es de lo que aqui se trata, es un concepto científico muy bien delimitado y no «inabarcable». Tenemos en esta misma página una entrevista con Roberto Colom, que es un experto mundial, donde esto queda bastante claro. En segundo lugar, la palabra «listo» está fuera de lugar aquí. Lo que estudia Kanazawa no es qué hace «lista» a la gente, sino la correlación entre los resultados en inteligencia general g (si hay o no otros tipo de «inteligencias», inteligencia emocional, espiritual, inteligencias «múltiples», etc, es algo que queda fuera de esta discusión) y el grado de creencias religiosas. Es asi de simple. Los datos están publicados, son objetivos y podemos apreciarlos gráficamente a la mitad de esta entrada.
http://www.terceracultura.net/tc/?p=6160
El par de creencias «Dios existe» y «Dios no existe» es similar al par de creencias «las hadas existen» y «las hadas no existen». En ambos casos, la postura de la negación resulta más razonable que el agnosticismo (es decir, la suspensión del juicio), y a su vez el agnosticismo resulta menos irracional que la postura de la afirmación.
¡Cómo me ha gustado el comentario -original e independiente- de Rawandi!
Gracias por sus comentarios y advertencias. Ese «describible», Gato, que me sonó perfecto ( a pesar de reñirme el Word!) y que ahora me hace un gran daño a los ojos. Démosle la culpa al cerebro 🙂
Saludos
Rawandi, me declaro FAN absoluto suyo.
El concepto puro de «trascendencia» como lo entendemos en la tradición occidental es en sí mismo una elaboración histórica y cultural. No es extraño que los caribes y muchos otros pueblos fueran vistos, por sus evangelizadores a la fuerza, como ateos. Las primeras visiones de la época moderna sobre China vivieron una polémica sobre si los rituales confucianos y el culto a los antepasados de la tradición china se podían considerar o no una religión, y la polémica tiene su lógica, pues no hay en esas creencias y ritos ni vida eterna, ni Dios personalizado ni trascendencia en el sentido que le daban sus visitantes occidentales.
Para nosotros los seres sobrenaturales están separados radicalmente de los naturales, pues hemos interiorizado una teoría «legislativa» sobre cómo se comporta la naturaleza y marcado esa frontera, que deja fuera de la naturaleza normal lo numinoso y lo convierte, según nuestras adhesiones, o en una transgresión imposible de las leyes naturales o en algo que sucede fuera de ellas en otro plano.
Pero no hay nada necesario o autoevidente en ese concepto. Para quienes creían que había seres con poderes y aspecto distintos al humano, ligados a determinados fenómenos o lugares, a quienes había que tratar así o asá, eso no tenía por qué ser «extranatural» o «sobrenatural», sino natural aunque no cotidiano (igual que el kraken era natural pero no cotidiano). Lo numinoso era parte de lo natural, no sucedía fuera de la naturaleza.
(Y eso no se contradice necesariamente con que al final acabe resultando que la distinción sagrado/profano sí es universal y viene de serie, porque esa distinción tampoco requiere creencias en la trascendencia convencional)
Lo mismo o parecido pienso que hay en el fondo de muchas cosmogonías o visiones del mundo de muchas culturas etiquetadas grosso modo como «animistas» o «politeístas». ¿Y eso qué es lo que es, en términos de trascendencia, oiga?
El budismo es esencialmente ateo, pero eso no impide que muchos budistas crean en demonios locales… Su idea de la frontera trascendencia-inmanencia no parece ser tampoco exactamente paralela a la que hemos heredado.
Aloe, la esencia de toda religión es el ‘animismo’ entendido en sentido tyloriano, o sea, como la ‘creencia en espíritus (sujetos separables de los cuerpos)’. Una religión no es más que un ‘sistema ritual para propiciar y exorcizar a agentes invisibles (dioses, genios, ángeles, demonios, almas de antepasados…)’.
El «culto a los antepasados» es obviamente una religión porque por definición consiste en la propiciación de los espíritus de personas muertas.
El budismo fue inicialmente una doctrina filosófica, pero con el paso del tiempo a la mayoría de sus variantes se les fueron adhiriendo cada vez más elementos animistas, con lo cual dichas ramas del budismo han acabado por transformarse en religiones puras y duras.
El antropólogo Pascal Boyer es uno de los investigadores que más ha trabajado en este campo y uno de los más apreciados. Para él los elementos más característicos que exhiben las religiones son el siguientes:
-Representaciones mentales d´agentes no físicos (espíritus, ancestros, fantasmas, brujas, demonios, dioses…), y las creencias sobre laexistencia, los atributos y los poderes d´estos agentes sobrenaturales.
-Artefactos vinculados a estas representaciones mentales: estatuas, amuletos, imágenes, iconos u otras representaciones físicas o simbólicas.
-Prácticas rituales (plegarias, cantos, danzas, procesiones) dedicadas a la interacción con los agentes sobrenaturales.
-Vivencias o experiencias que propician los agentes sobrenaturales y permiten la comunicación interactiva con ellos.
-Intuiciones morales así como normas explícitas, dentro de d´una comunidad, supeditadas a los agentes sobrenaturales.
– Afiliación étnica y coaliciones montadas bajo la guia de los agentes sobrenaturales.
Todo lo que se sabe hasta ahora apunta fuertemente a que no hay cerebros «religiosos» ni «ateos», sino más propiamente mágicos o hiper-agentivos, por lo mismo que hiper-sociales. Las diferencias neurocognitivas o psicofisiológicas son reales pero sutiles (a modo de perfiles) entre ateos y teístas, pero igualmente que entre músicos y no músicos, liberales y conservadores, y no es suficiente como para hablar de cerebros ateos o teístas (ni músicos o no músicos, etc.) Se trata mucho más de una diferencia sociocultural.
En contraste el ‘pensamiento mágico’ aparece como independiente de la sociocultura. A diferencia de la religión, la religiosidad y aún la espiritualidad, aquel existe independiente de éstos (a pesar de hecho de estructurarlos). Paralelamente, el pensamiento mágico subsiste y persiste a pesar de la culturización científica, o independientemente de declararse ateo o escéptico.
Y más interesante aún, para contraste final, el pensamiento mágico muestra tener profundas raíces neurobiológicas (aparece íntimamente vinculado a la ansiedad y el estrés, a la motivación de control; y está basado en específicas regiones del cerebro de función automática —inconsciente) y neurofisiológicas (dopaminergia). De hecho, es más que posible (y probable) una teoría neurobiológica-cognitiva evolutiva del pensamiento mágico.
Saludos
Rawandi, puedo estar más o menos de acuerdo con lo que dices, pero no contradice lo que dije más arriba.
Cuando se intenta hacer «sociología de la religión», a lo que yo he visto, se tropieza siempre con la misma clase de problema: lo que conceptualizamos como «religión» en nuestra tradición, moldeada por milenios de «religiones del Libro» es a la vez demasiado estrecho y demasiado vago. Después de mucho tiempo de intentarlo, creo que no nadie ha conseguido una definición de religión a la vez inclusiva, demarcadora y satisfactoria.
Pero además yo ni siquiera entraba en eso, sino en el concepto de «trascendencia» como algo enteramente en un plano fuera del universo natural, una especie de voluntad o designio desencarnado pero personal, que da sentido a este y permanece fuera de él. ¿Vamos a tener tal concepto en el hardware, cuando ni siquiera es universal tal como lo entendemos en la tradición occidental cristiana?
Aloe, la definición de religión como ‘sistema ritual para propiciar a agentes fantasmales’ a mí sí me parece plenamente satisfactoria, ya que abarca a todas las religiones conocidas. En el fondo, tan ‘animistas’ -es decir, tan dependientes de sujetos invisibles- son las religiones «tribales» como las «religiones del Libro».
El comentario de Teresa viene a confirmar mi tesis, pues los elementos recopilados por el antropólogo Pascal Boyer para caracterizar la religión en realidad parafrasean o presuponen mi definición tyloriana de religión.
Los humanos tenemos una cierta propensión innata a convertirnos en animistas, aunque por supuesto una buena educación científica puede contrarrestar esa tendencia. Albert Einstein, por ejemplo, fue animista (creyente judío) en su adolescencia, pero los libros de divulgación científica que le proporcionaba Max Talmud (un amigo de la familia Einstein) no tardaron en impulsarle a renegar de su fe en la mitología bíblica.
Pero animismo no es equivalente a religión, y pues menos a Judaísmo. Incluso el pensamiento mágico tampoco es equivalente al animismo, y de hecho Einstein dejó de creer en el Dios abrahámico que premia y castiga, pero retuvo (o afloró en él como compensación) una creencia en una entidad sobre-natural que era el sustrato último del universo.
O sea, Einstein dejó de ser religioso (y aunque incorrecto, pero si desea también dejó de ser animista), pero no mágico.
Rawandi, ¿incluye esa definición eso que se ha dado en llamar «religion civil»? ¿Y si eso no es religioso, por qué no lo es? Incluye al fin y al cabo el sentimiento de lo sagrado, que también se caracteriza a menudo como el criterio de demarcación de lo que es religioso, pero no incluye necesariamente fantasmas.
¿El tao es un agente fantasmal?
¿Qué sería «fantasma» en este contexto y con ese significado tan amplio, sin caer en la tautología?
La magia no se refiere en términos generales a agentes fantasmales. Aunque se ha intentado a menudo deslindar de la religión (y relacionarla en cambio con una especie de «ciencia sucedánea» que sigue leyes impersonales), se ve mezclada con aquella una y otra vez, como se ve en estos comentarios. ¿Entra o no entra?
Los agentes fantasmales, por otra parte, no se conciben muchas veces (quizá la mayoría) como trascendentes al mundo, sino pertenecientes a él, con un origen en el tiempo y a menudo con expectativa de desaparición en el futuro.
Aloe, para que haya religión no basta con «lo sagrado», sino que se requiere la creencia en al menos un sujeto fantasmal. Por cierto, el carácter fantasmal de dicho sujeto no implica necesariamente ni su inmaterialidad ni su sobrenaturalidad: muchas tribus, por ejemplo, piensan que los espíritus consisten en una especie de vapor.
La «religión civil» que el reaccionario Rousseau estaba dispuesto a imponer bajo pena de muerte (véase su libro ‘El contrato social’) es obviamente religión, ya que la deidad de Rousseau era un agente fantasmal.
Según el ateo A. Comte-Sponville, el tao es la naturaleza impersonal (véase su libro ‘El alma del ateísmo’). Así definido, el tao no implica creencia religiosa alguna.
La religión no puede existir sin la magia, ya que todos los ritos religiosos son de hecho ritos mágicos. Quizá pueda existir magia no-religiosa, es decir, magia que no apele a ningún sujeto invisible, pero no creo que tal tipo de magia haya tenido jamás muchos adeptos.
Antonio, Einstein era espinozista y por tanto no creía en ninguna «entidad sobre-natural». El «Dios» de Spinoza era simplemente la naturaleza «impersonal» (así lo afirma explícitamente en su ‘Ética’). De ahí la célebre frase spinoziana: ‘Deus sive Natura (Dios, esto es, la Naturaleza)’.
Rawandi, se puede definir la religión de manera axiomática y entonces por supuesto que será perfectamente definible. Faltaba más. Lo mismo que el laplaciano de una función.
Con «religión civil» no me refería a las propuestas de Rousseau sino a hechos de la realidad. A los rituales cívicos, la consideración de sagradas de las banderas, a las fiestas civiles, a la amapola en la solapa en noviembre, a la llama permanente por los caídos por la patria, a ese tipo de cosa. Hombre, en España no nos las podemos creer demasiado y por eso no nos parece que tengan importancia, pero en otros países sí.
Que el taoísmo no sea un religión porque el Tao no es como debería para que lo fuese (o el budismo, si a mano viene) es más de lo mismo que decía: primero definimos religión con pulcritud, y luego lo que no se ajusta no lo es.
¿Y entonces qué son estas cosas? ¿Y donde encajaria lo sagrado que no tiene que ver con lo religioso?
Me parece bastante cierto que no hay religión sin magia, al menos mientras no nos metamos a fondo en definir la magia tampoco.
Que la magia, en principio, y tal como la conceptuamos generalmente, no incluye necesariamente agentes fantasmales, también me parece bastante claro. Más bien recurre al concepto de saber esotérico oculto, a unas leyes (supuestas) cuyo conocimiento permite manipular el mundo más allá de las maneras a las que recurre el conocimiento práctico habitual. A menudo se ha señalado a la magia como más emparentada en sus intenciones con la ciencia (falsas ciencias, esotéricas u ocultas) que con el sentimiento de lo sagrado, que suele estar ausente. (No está ausente cuando se intenta propiciar a seres sobrenaturales mediante rituales mágicos, claro está, que sería un caso particular). La alquimia sería un buen ejemplo de lo que quiero decir.
Por lo demás, en el fondo el desacuerdo es menor, porque en lo que queria decir al principio (los fantasmas no tienen que poseer alguna esencia trascendente fuera de la naturaleza y del mundo, sino que generalmente forman parte de él) pareces estar de acuerdo.
Creo que una cosa es la magia y otra el pensamiento mágico, refiriéndome a este como un concepto psicológico. Está ampliamente demostrado que el pensamiento mágico estructura la religión, no haría falta decirlo, pero sí hay que decir que igualmente puede existir sin ella, y lo hace. Es un estilo cognitivo, propiamente hablando, no meras creencias en espíritus y dioses. Cognitivamente estructura conceptos diversos desde el «tao» hasta el «dios» de Spinoza-Einstein. Está muy bien documentado y corroborado experimentalmente que además impregna cualquier ámbito de la vida cotidiana, religioso o no.
Ver: http://humanismonaturalistacientifico.blogspot.com/2011/08/sobre-genetica-neurocognicion.html#genyneurocorel2-pm1
Filosóficamente se sabe bien que este dios es «impersonal», pero aún así ese «algo» no deja de ser, por muy ‘difuso’ o ‘abstracto’ que se defina gramaticalmente, un agente causal más que un mero objeto o evento científico-fisicalista. Las leyes físicas, en última instancia y a pesar del aparente naturalismo en el concepto Spinoza-Eisntein, científico-fisicalistamente no son un «algo impersonal».
Aloe, estás usando la expresión «religión civil» con un sentido obviamente metafórico. Por ejemplo, la bandera española actual es un símbolo del Estado democrático español cuyas instituciones garantizan nuestras libertades individuales. El respeto que pueda inspirarnos dicha bandera tiene que ver con la ética cívica, no con la religión.
El taoísmo tampoco es una religión: es una escuela filosófica atea. El culto chino a los antepasados sí es religión; el taoísmo, no.
Una definición de ‘religión’ que incluyera el taoísmo y lo que tú llamas «religión civil» no podría ser una definición correcta. El hecho de que mi definición excluya a ambos es un tanto a mi favor, ¿no crees?
Antonio, el naturalismo de Spinoza y Einstein es real, no «aparente». Ellos negaban explícitamente que la naturaleza tuviera voluntad. En otras palabras, no creían que la naturaleza fuera ningún «agente».
No entraré en discusiones filosóficas sobre lo que significa «panteísmo» ni «panenteísmo». Científico-fisicalistamente hablando, lo que se define como ‘naturaleza’ no es equivalente a lo que se define como ‘Dios’, ‘dios’, ni ‘entidad divina’.
«lo que se define como ‘naturaleza’ no es equivalente a lo que se define como ‘Dios’»
Eso es cierto, en sentido estricto ‘no’ son expresiones equivalentes. Spinoza las usaba ‘como si’ fueran equivalentes con el único objetivo de camuflar su ateísmo. Se trataba de un mero truco para engañar a los fanáticos religiosos que tanto abundaban en el siglo XVII. Ten en cuenta que ya en su juventud Spinoza sufrió un atentado, aunque por suerte el puñal únicamente le desgarró el abrigo.
Al definir a «Dios» como «Naturaleza impersonal», el prudente e incrédulo Spinoza estaba de hecho vaciando al vocablo ‘Dios’ de todo su contenido religioso. Por supuesto, el recurso a ese truco espinoziano, fácilmente justificable por las presiones teocráticas del siglo XVII, tiene mucho menos sentido en la época de Einstein y no digamos ya en el Occidente del siglo XXI.
Aloe, estás usando la expresión “religión civil” con un sentido obviamente metafórico.
Yo y más gente. Hasta el padre fundador de la sociología.
Por cierto, ¿cómo puede usarse «religión» en un sentido metafórico? Es como usar «tristeza» o «irritación» en un sentido metafórico… que siguen significando lo mismo.
Ah, sí, ya me acuerdo: haciendo primero una definición axiomática que incluye lo que dice la definición.
🙂
Y… Rawandi. Te sugiero que definas religión como la creencia en el Ser Supremo de la Biblia y en que nuestra obligación es adorarle.
Es todavía más restrictiva. Así que serán tres puntos a tu favor. Supongo.
🙂
Aloe, yo creo que mi definición de ‘religión’ no es ni demasiado «laxa» ni demasiado «restrictiva». No incluye a las tradiciones ateas, como el taoísmo, ni a las costumbres relacionadas con la ética cívica, como la «religión civil»; pero es que resulta que el ateísmo constituye la forma más radical de irreligión y la ética cívica es una materia laica (por eso precisamente el PP va a convertirla en la asignatura ‘alternativa’ de la clase de catequesis católica), con lo cual tampoco puede ser religión.
¿Tú que pensarías de alguien que interpretara el vocablo ‘comunista’ de tal modo que incluyera a, por ejemplo, Margaret Thatcher? ¿Aceptarías semejante definición?
Me remito de nuevo al comentario de Teresa. ¿Por qué crees tú que todos los «elementos más característicos de las religiones» recopilados por el antropólogo Pascal Boyer se refieren ‘explícitamente’ a agentes fantasmales?
Porque nuestro concepto de «religión» está profundamente imbuido de las religiones de nuestra propia tradición y las más emparentadas con ellas.
Eso implica, en mi opinión, que los elementos que en esas tradiciones van juntos (o bastante relacionados) se tienden a incluir como un pack coherente y cerrado, aunque en realidad no es razón suficiente para que lo sean.
Un concepto antropológico de religión, lo más despegado posible del etnocentrismo, debería intentar colocarse en otro lugar.
El punto de vista debería ser intentar averiguar cuales elementos de entre esos son consustanciales al cerebro humano, y lo son además de forma que esencialmente sean (hipotéticamente, en nuestra estructura cerebral) la misma cosa o estén muy relacionadas.
Es decir, estén relacionadas en nuestra mente por razones relativas a cómo somos como especie, no por razones relativas a relaciones que establece nuestra tradición cultural, que bien pueden ser contingentes.
Por poner un ejemplo de lo que quiero decir: dejar el sentimiento de lo sagrado fuera, y la división sagrado/profano fuera (que me parece ser universal) es bastante artificial. Como resulta que ese concepto es más amplio que la creencia en seres fantasmales, por lo tanto nos sobra.
Con los rituales vinculados a ese sentimiento (es decir, rituales en el sentido propio, y no metafórico o humorístico) lo mismo.
Pero eso es poner el carro delante de los bueyes. ¿A qué familia de conceptos, sentimientos o características mentales se le deberia entonces adjudicar el concepto y sentimiento de lo sagrado, su oposición a lo profano, su concreción en rituales? Y si es algo ajeno, ¿por qué entonces es un aspecto siempre presente y fundamental en las religiones que sí entran en el club? ¿Por casualidad?
El fondo de lo que deberiamos intentar averiguar al respecto, y lo que (creo yo) debería guiarnos en ello, es intentar captar las características al respecto de nuestro cerebro en sí mismo, no el contenido concreto semántico de las elaboraciones o narraciones que construye.
Con «lo sagrado» ocurre lo mismo que con «la magia». Toda religión implica tanto elementos mágicos como elementos sagrados. Sin embargo, tanto la magia como lo sagrado pueden presentarse en formas no religiosas.
Se supone que Pascal Boyer, como antropólogo que es, debe estar familiarizado con las religiones «no occidentales» y además que habrá sabido evitar el riesgo de caer en el «etnocentrismo».
Lo que yo defiendo que está etnocéntricamente condicionado es el propio concepto de «religión», que a mi me parece que bien puede envolver un conglomerado de sistemas de creencia/ritual/instituciones que ponemos juntos pero que no son lo que en biología se llamaría grupo homofilético (y lo digo como metáfora, no con pretensiones de literalidad).
Sino que siendo el resultado contingente de la historia de tales y cuales culturas, lo que en ellas hay de universal o de característica humana como especie, no es su contenido como tal, sino alguno (o algunos) de sus elementos, de los cuales los que son más propiamente religiosos (porque si fueran accesorios no habría ningún problema) pueden darse también en otras instituciones o sistemas de creencias, que sin embargo no se incluyen.
Para mi, la arbitrariedad de una definición no mejora porque su autor tenga un título determinado, y no hay que faltar a la modestia para ello, porque otros con iguales títulos defienden otras cosas.
Alternativamente, podemos hacer definiciones tautológicas, que no pretendan describir el mundo, sino definir una concepto axiomáticamente. En ese sentido, «religión» puede ser lo que se haya definido operacionalmente como «religión» y ya no hay ningún problema: incluye la creencia en entidades fantasmales, punto. Lo que no, queda fuera.
Muy bien, no hay problema.
Siempre que nos acordemos de que esa definición no pretende agotar la descripción empírica de los fenómenos reales (es decir, que de modo deliberado hemos dejado fuera fenómenos que incluían elementos característicos de «la» religión, porque no incluían todos los que hemos decidido incluir), y siempre que la definición sea útil tal como se hace y se usa.
En ese caso, no tiene sentido discutir si la definición es exhaustiva o exacta, desde luego. Como mucho, tiene sentido discutir si sirve realmente para lo que se está usando.
Si se pretende usar para extraer consecuencias acerca del «hardware» que quizá traigamos de serie, o quizá no, que tenga que ver con las creencias religiosas, está completamente fuera de su lugar, me parece. Es como si pretendiéramos extraer, del catálogo de la biblioteca Tal, información sobre nuestras capacidades neurológicas para la lectura.
«Muy bien, no hay problema.Siempre que nos acordemos de que esa definición no pretende agotar la descripción empírica de los fenómenos reales»
Por supuesto. Te aseguro que jamás se me ocurriría esperar de una definición que ella solita fuera capaz de «agotar la descripción empírica de los fenómenos reales». 😉
Creo que no es posible una «neuro-definición» de la religión, puesto que ciertamente no existen funciones ni estructuras cerebrales dedicadas expresa ni exclusivamente a la religión. Y esto, de hecho, empezando porque lo que sea que se defina como ‘religión’ no es algún tipo de conducta fija/mecánica, ni una suerte de patrón de pensamiento y/o conducta definido e invariable, sino un conjunto de aspectos tanto cerebrales (p.ej. la facultad cognitiva de agencia), como colectivos (p.ej. el ritual y el aprendizaje, los artículos de fe) y contextuales (p.ej. las diferentes culturizaciones religiosas del cerebro a través de la geografía y la historia, o bien en diversos puntos en la vida de un individuo —caso conversiones crediticias, o bien la interdependencia entre religión, economía, bienestar social, terrorismo, etc.).
De hecho uno de los últimos ensayos de Pascal Boyer (2011: http://www.cognitionandculture.net/home/blog/35-pascals-blog/764-why-would-otherwise-intelligent-scholars-believe-in-qreligionq
) sobre ‘la religión’ es que, precisamente, tal cosa no existe, y pues lo que así se denomina es un juego relativamente universal de aspectos (ya citados arriba), que no excluyen a los sistemas supuesta o aparentemente «ateos» como el taoísmo o el budismo. De hecho tales sistemas ni siquiera están exentos de creencias en entidades sobrenaturales (veáse p.ej. Atran & Norenzayan 2004 p. 714: http://www2.psych.ubc.ca/~ara/Manuscripts/AtranNorenzayanBBS.pdf), e incluso los «estados ateos» podrían ser argumentados como ‘religiones de estado’ con evidentes sobrenaturalizaciones de entidades como el Estado, o el propio culto al líder. Cabe decir, cognitivamente no importa si se trata de la creencia en el poder invisible del Soviet Supremo, en Zeus, ni aún en la Teoría del Todo (con su elocuente matiz trascendental y hasta místico): todas se sostienen en la hiperagencia y la Teoría de la mente.
El ritual, p.ej., es claramente uno de tales aspectos: no hay un «módulo» del ritual religioso en cerebro (en cambio sí habría uno de la conducta-tipo-ritual), y entonces es reconocible es esferas religiosas y no-religiosas (p.ej. rituales en el deporte, en la política). Otro aspecto es la fe, que no es sino rigidez cognitiva, y entonces también se puede identificar en la política p.ej. Otro, el pensamiento mágico, que ya antes he comentado como un ‘default cognitivo’ independiente de la religión.
Bastante de acuerdo con Antonio Chávez. Interesante comentario.
Yo no he leído a Pascal Boyer, pero su negación de la existencia de la religión choca frontalmente con la lista de los “elementos más característicos de las religiones”, una lista que, según nos explicó Teresa el pasado día 6, habría sido elaborada por el propio Boyer.
Me cuesta admitir que Boyer pueda ser tan obtuso como para no haberse dado cuenta de que todos los elementos de su lista tienen un factor común sumamente relevante: los agentes fantasmales.
No hay que sospechar que Boyer sea obtuso ni contradictorio: los «agentes fantasmales» por sí solos no definen ese complejo llamado ‘religión’, ni ésta se reduce a ellos. De hecho las agencias abstractas más bien pueblan diferentes ámbitos culturales y no solo la religión.
Aquí está el libro de Boyer «Religion Explained»:
https://docs.google.com/file/d/0B0DKmsORT01QS1h5X3B2TTV1Z2M/edit?usp=sharing
«los «agentes fantasmales» por sí solos no definen ese complejo llamado ‘religión’»
Entonces, ¿cómo se explica que Boyer se refiera directamente a esos sujetos espectrales en ‘todos y cada uno’ de los ítems de su lista de ‘elementos más característicos de las religiones’?
«De hecho las agencias abstractas más bien pueblan diferentes ámbitos culturales y no solo la religión»
¿Podrías poner algún ejemplo concreto?
Para empezar Rawandi, yo no he pedido definir «agentes fantasmales» porque asumo que el término refiere simplemente a algún tipo de agente causal pero físicamente intangible, o al menos invisible. En la literatura psicológica pertinente que conozco tal término no existe, pero sobrentiendo refiere a lo dicho, que en todo caso es denominado ‘agente sobrenatural’ (un agente que es causal pero sin embargo de un modo típicamente no explicable fisicalista-científicamente en último término). Este tipo de agencia, que a su vez refiere cognitivamente a la sobre-actividad de la llamada detección de agencia o intención (la «hiperagencia») tanto en la percepción de las entidades vivientes como inanimadas, es una amplia familia de entidades que abarca «seres» mágico-religiosos como ‘fantasma’ o ‘dios’, hasta entidades mucho más abstractas y aún no religiosas como ‘maldad’ o ‘suerte’. La ‘maldad’ es lo que «hace» que una persona actúe de cierta manera, mientras la ‘suerte’ puede «dirigir» los eventos. Para la ciencia cognitiva está claro que se trata de artefactos del lenguaje y que la gente puede tener conocimiento o no de que la maldad ni la suerte son explicaciones objetivas, o entidades objetivas, sin embargo son intuitiva e inconscientemente postuladas como explicaciones y/o entidades debido a sesgos naturales de la normal cognición humana.
Sobre la primera pregunta, para profundizar sobre el argumento de Boyer, ayudaría leer su libro que enlacé. Se trata de que las «agencias fantasmales» no son lo único común a todas las religiones conocidas, sino también alguna forma de ritual enfocado hacia ellas, o los objetos religiosos (p.ej. libros, amuletos, monumentos). Aspectos que definitivamente no son universales son la salvación, la moral, los dogmas, la experiencia, la fe, la religiosidad ni la política.
Sobre la segunda cuestión, tampoco hay nada extraño: esos «agentes» también los encontramos en las creencias paranormales, y hasta en las creencias Raelianas, por mencionar una secta auto-definida explícitamente como «atea» pero creyente en alienígenas. De hecho si se tomase como verdadero que el budismo o el taoísmo «no son religiones», entonces aquí habría otros ejemplos de agencia sobrenatural o abstracta fuera de la religión. Antes había mencionado el culto al ‘Estado’, que es un claro ejemplo auténticamente no religioso de agencia abstracta (y de hecho hasta sobrenatural o sobrenaturalizada). Lo es también el caso del culto al gobernante (desde los clásicos reyes y emperadores considerados explícitamente como semi-divinos, hasta Stalin y Hitler) y otras personas importantes socioculturalmente vivas o muertas (desde los héroes militares y cívicos hasta los gurús del marketing). Y un largo etcétera que abarca agencias intrínsecamente abstractas y trascendentes en el tiempo y el espacio muchas veces sobrenaturalizadas (la patria, la ley, la mente, las marcas de productos, el mercado, los equipos deportivos). Obviamente toda la literatura y el arte fantástico también entra aquí.
Véase: http://humanismonaturalistacientifico.blogspot.com/2011/08/sobre-genetica-neurocognicion.html#genyneurocorel2-pm1
Un ejemplo interesante y sofisticado son las agencias abstractas trascendentes y también muchas veces sobrenaturalizadas que pueblan la ciencia misma (por muy paradójico que suene). La física y la matemática de hecho encabezan los saberes científicos capaces de fundirse con el misticismo y la agencia sobrenatural (la neurociencia lo explica: mismas regiones del córtex parietal para la cognición numérica y la agencia intencional) El Uno pitagórico, el panteísmo Spinoza-Einstein, el indeterminismo cuántico (de ahí que pueda infectarse de chopras y teologías cuánticas), o las ecuaciones místicas que explican «todo», son buenos ejemplos.
Véase: http://humanismonaturalistacientifico.blogspot.com/2009/05/neurociencia-de-la-religion-3.html#sip-mate
«las «agencias fantasmales» no son lo único común a todas las religiones conocidas, sino también alguna forma de ritual enfocado hacia ellas»
Me das la razón, porque yo empecé definiendo la religión precisamente como el «ritual para propiciar a agentes fantasmales». Todos los ejemplos que pones se pueden dilucidar mediante dicha definición.
Creo que con dos ejemplos bastará para mostrar cómo se hace esa dilucidación, ya que se trata de una operación bastante sencilla:
1º. Las variantes de budismo que enseñan ‘rituales para propiciar a agentes fantasmales’ son religión, mientras que el resto de formas de budismo no serán religiones sino escuelas filosóficas.
Y 2º Los ritos para ensalzar a Hitler y Stalin no constituyen religión porque es obvio que ambos personajes fueron agentes (es decir, sujetos) corpóreos corrientes y molientes, no agentes intangibles e invisibles.
Rawandi, dentro del cristianismo hay variantes y derivados deístas, panteístas y hasta ateítas (o al menos caen en tal categoría). Que el budismo también sea un sistema plástico de creencias no es lo mismo que afirmar que no es una religión.
Luego, cuando me refería a Stalin o Hitler lo que quería mostrar era que los «agentes fantasmales», o sea los agentes abstractos (relativamente sobrenaturalizados), no son exclusividad de la religión. S. Guthrie lo puso claro con el concepto de ‘persona distribuida’: «las personas, a través de sus artefactos distribuidos, típicamente son agentes en varios lugares al mismo tiempo. No necesitan ser visibles ni tangibles para tener una presencia.»
En todo caso, me aventuraría a definir el culto a Stalin, Hitler o las marcas de productos, como pre-religión, semi-religión o pseudo-religión, pero no estoy seguro si como ‘religión’ (porque me parece un asunto abierto en tanto que existen tales sistemas culturales que no tienen una clara o fácil diferenciación con lo que se puede definir como ‘religión’). Lo que intentaba dejar claro es que son abiertas y bien organizadas formas de pensamiento mágico y relativa sobrenaturalización (de objetos o eventos reales).
El budismo comenzó básicamente como una escuela filosófica que con el tiempo se ramificó. Agunas de sus variantes, traicionando las enseñanzas del propio Buda, se transformaron en religiones (rituales para satisfacer a sujetos fantasmales) mientras que otras mantuvieron su carácter filosófico original.
El caso del cristianismo es muy diferente, pues nació como una secta teísta judía que muy pronto (con Pablo de Tarso o quizá incluso antes) alcanzó el estatus de nueva religión teísta; y todas sus numerosas ramificaciones continúan siendo religiones teístas. El cristianismo, como todo teísmo, es incompatible con el deísmo y con el panteísmo, y no digamos ya con el ateísmo.
No tengo inconveniente en llamar «cuasi-religión» al culto a Stalin o Hitler. Pero ambos dictadores únicamente podían ser ‘personas distribuidas’ en sentido metafórico.
El punto no era que el cristianismo sea incompatible con el panteísmo o ateísmo, eso es lo filosóficamente correcto, el punto era que formulaciones como la de Spinoza-Einstein y la Teología Dios Está Muerto son divergencias en la teología cristiana.
Y claro que Stalin o Hitler como presencias trascendentes es una metáfora, pero desde la cognición humana el punto es que sean pensados y creídos como tales agentes. Y esto es precisamente uno de los orígenes cognitivos de la religión.
El espinozismo es un sistema ateo (puro naturalismo filosófico) y como tal no puede ubicarse «dentro del cristianismo» ni «en la teología cristiana». De hecho, Spinoza (holandés descendiente de judíos ibéricos) nunca fue cristiano.
En cuanto a la cuasi-ubicuidad («personalidad distribuida») de Hitler y Stalin, dudo mucho que incluso los hitlerianos y estalinistas más acérrimos la entendieran en sentido literal.