Tercera Cultura
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El narcisismo de las pequeñas diferencias

Publicado en www.revistaleer.com

Los nacionalismos se apoyan en la idea de identidad, en la diferencia. ¿Existe algo así hoy en día en la España unitaria? Es difícil ver entre nosotros algún rasgo distintivo más allá del folclore. Nos vestimos todos en Zara, compramos en supermercados casi idénticos y en las llamadas nacionalidades históricas quien más quien menos tiene un progenitor español. Es un fenómeno que deja perplejo a cualquier observador.

El narcisismo de las pequeñas diferencias

Para Azar Gat, el nacionalismo y la nación están lejos de ser completos inventos de los siglos XVIII o XIX. En el sustrato profundo humano persiste el espíritu de clan…

Le dejaba perplejo, en otro orden de épocas, a Sigmund Freud. Lo denominaba el “narcisismo de las pequeñas diferencias” y lo observaba entre etnias próximas. Freud pensaba que el instinto agresivo era el motivo principal de los conflictos, pero no comprendía por qué se expresaba de este modo. Y lo que sucedía era exactamente lo contrario: era lo distinto lo que provocaba la agresión. La antropología evolucionista demuestra que son las diferencias las que disparan la violencia, pues la inclinación hacia los que comparten nuestros usos, aspecto o preferencias culturales nos hace hostiles a quienes no las comparten, y que la desconfianza hacia el distinto es una tendencia que forma parte de nuestro engranaje cerebral. La única correspondencia que tendría la unanimidad grupal y de destino del nacionalismo con algo tangible sería en un grupo étnico cohesionado. Primos compartiendo genes. En Cataluña eso no existe. No hay diferencias genéticas y, además, muchos de sus más entusiastas valedores son los popular y despectivamente conocidos como charnegos y mucha gente nacida fuera; incluso en las zonas más aborrecidas del imaginario racista catalán: Murcia, Extremadura o Andalucía. Así que la fuente está en lo que Benedict Anderson llama “comunidades imaginadas”, que se crean acertando en la manipulación de resortes emocionales de adscripción de grupo que siguen estando listos para activarse en las estructuras más soterradas de nuestro cerebro. Efectivamente, en los sustratos profundos persiste el espíritu de clan.

Según Azar Gat, al contrario de lo que sostienen las versiones mas establecidas, el nacionalismo y la nación están lejos de ser completos inventos de los siglos XVIII o XIX. Al igual que otros fenómenos sociales, allí donde las predisposiciones humanas innatas interactúan con determinadas condiciones culturales o históricas es posible volver al etnocentrismo y al nacionalismo premodernos. Para Gat, no reconocer esta raíz, la gran potencia de estos sentimientos a la hora de dar forma a las lealtades políticas y sus fronteras, es uno de los misterios que han impuesto los círculos académicos nurture en los recientes años. ¿No tenemos remedio? Sí que lo tenemos. Pero hay que empezar por conocer el fenómeno. El ser humano ha seguido siendo material de las fuerzas de la selección natural más allá del Pleistoceno y ha tenido que amoldarse a las presiones a favor del encaje participativo y solidario en grupos más amplios en los que el parentesco iba debilitándose progresivamente. Se inventaron las redes de intercambio de individuos por medio del matrimonio y las mitologías inte-gradoras de un origen común, y más tarde las religiones universalistas y las variadas ideologías fraternizado-ras que conocemos. Progresivamente, con la llegada de la agricultura, los grupos se expan-dieron compartiendo cultura y senti-mientos de solidaridad mucho más allá de su original asentamiento y ra-dio de acción hasta abarcar a miles y millones de personas. Así podemos ver que la idea de comunidad, que puede evocar la mayor de las devo-ciones, incluso de fraternidad dentro de una madre patria, llega a ser posi-ble sin llegar a importar el grado real de parentesco de sus miembros. In-cluso sin ninguno. Para esta conquista hizo falta un salto cognitivo que se construyó con los mismos mimbres que los de la comunidad de sangre. Pudimos ha-cerlo porque conseguimos que estos mecanismos funcionasen hasta con grupos de identidad imaginaria. La lengua reverbera en resortes emocionales profundísimos, al igual que la religión, la historia o la cultura propias. Para mantener vertebrado y cohesionado un país, el español y los relatos compartidos con el resto de los españoles son por lo menos tan importantes para Cataluña como la enseñanza del catalán y su cultura. Ideas de los nacionalistas como el blindaje del catalán o de la idea de na-ción serían nefastas para el progreso de todos en un mundo cada vez más abierto. Se podría revertir el proceso desintegrador catalán con la inteli-gencia de la ingeniería inversa. Y sin olvidar nunca la naturaleza tribal de nuestra identidad colectiva; catalana, española, europea o… universal.

 

9 Comentarios

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  2. idea21 says

    “conseguimos que estos mecanismos funcionasen hasta con grupos de identidad imaginaria. La lengua reverbera en resortes emocionales profundísimos, al igual que la religión, la historia o la cultura propias. ”

    Da la impresión de que existen recursos culturales para neutralizar esta tendencia a generar hostilidad entre grupos. Cuando el cristianismo dice que están en lucha contra el pecado y el demonio, esto resulta inofensivo, ya que tales entidades son meramente imaginarias. Por lo tanto, cohesionar una comunidad de lucha contra el pecado y el demonio no perjudica a nadie. El problema es que quizá no hay interés social suficiente para hacer más viables estos mecanismos alternativos.

    En cuanto a los nacionalismos territoriales, la idea de Europa tiene el atractivo de que se trataría de una comunidad política asentada sobre un ideario más o menos humanista. El punto sería, por ejemplo, incorporar a Turquía o a Marruecos en ella, para que desapareciera la imagen de una comunidad de países cristianos occidentales ex imperialistas.

    Es interesante observar que la misma Unión Soviética, pese a la abrumadora insistencia de la propaganda y al Terror, no pretendió aniquilar el nacionalismo de las diversas repúblicas que la componían.

    En cualquier caso, lo sucedido trágicamente en Yugoslavia y ahora no tan trágicamente en Cataluña demuestra que estos resortes psicológicos en las masas son extraordinariamente sensibles y se activan rapidísimamente.

  3. teresa says

    Como dices, dependen de la voluntad política (informada9. Existen esos mecanismos. Y creo que el sentido común dice que aún falta un poco para incorporar países musulmanes. Un saludo.

  4. Rawandi says

    “cohesionar una comunidad de lucha contra el pecado y el demonio no perjudica a nadie”

    Idea21, ¿y qué pasa con los millares de brujas y herejes quemados en la hoguera? ¿Que las autoridades eclesiásticas te quemen y/o te torturen no lo consideras un perjuicio?

    “Europa tiene el atractivo de que se trataría de una comunidad política asentada sobre un ideario más o menos humanista. El punto sería, por ejemplo, incorporar a Turquía o a Marruecos en ella”

    Marruecos es una teocracia y el presidente turco Erdogan, que es islamista, está acabando con los pocos rasgos laicos -impuestos en el siglo XX por el general Atatürk- que le quedan a Turquía. La entrada de cualquiera de esos dos países en la Unión Europea implicaría la conculcación de los principios éticos ilustrados en los que se basa la UE.

    Por cierto, ¿has visto ya las dos citas de Toland que demuestran que Hitler era católico?

  5. Eduardo says

    Hitler era como mucho un católico nominal. Tampoco era ateo, pero era favorable a la tendencia mayoritaria del partido nazi en cuanto a política religiosa, frente a la minoritaria facción paganista, consistente en perseguir lo que llamaban “cristianismo positivo”, es decir, un tipo de cristianismo que no entorpeciera los propósitos políticos del Reich. Esto incluía católicos y protestantes. Y lo explica en mucho detalle Richard Steigmann-Gall en la monografía mas completa que existe sobre las creencias religiosas de los nazis.

    Los países musulmanes jamás se podrán incorporar al ámbito europeo occidental, porque la estructura de parentesco de sus sociedades es drásticamente distinta a la de los países europeos, y como consecuencia también es drásticamente distinta su estructura política, alérgica al gobierno democrático (más consanguinidad, menos democracia). La Unión Europea ni siquiera podrá incorporar a los países del este, y no solo porque Rusia jamás permitirá semejante cosa, sino porque también se trata de poblaciones humanas con sus peculiaridades. De hecho está por ver que la “unión” entre el norte y el sur de Europa sea duradera si no se basa en hacer frente a enemigos estrategicos comunes, en lugar de hacerlo solo en vaporosos “valores ilustrados”. Desde el punto de vista del pegamento político estos “valores ilustrados” no pasan de ser la versión secular de la legitimidad tradicional, basada en el cristianismo.

  6. Rawandi says

    “Hitler (…) era favorable a la tendencia mayoritaria del partido nazi (…) lo que llamaban “cristianismo positivo”, es decir, un tipo de cristianismo que (…) incluía católicos y protestantes.”

    Correcto, Eduardo. Hitler y la mayoría de los nazis eran cristianos: defendían el ‘cristianismo positivo’, un cristianismo sincrético que trataba de aunar a católicos y protestantes. Por eso resulta una escandalosa falsedad histórica atribuir al nazismo el carácter de movimiento ateo, como han hecho aquí Idea21 y Vellana.

    “Los países musulmanes jamás se podrán incorporar al ámbito europeo occidental, porque la estructura de parentesco de sus sociedades es drásticamente (…) alérgica al gobierno democrático (más consanguinidad, menos democracia).”

    No sabía que la consanguinidad y la democracia fueran inversamente proporcionales. Entonces, la democracia israelí debería tener una consanguinidad notablemente inferior a la de sus teocráticos vecinos musulmanes, ¿es así?

    “Desde el punto de vista del pegamento político estos “valores ilustrados” no pasan de ser la versión secular de la legitimidad tradicional, basada en el cristianismo.”

    Cierto, mas no conviene olvidar un pequeño detalle: los dogmas cristianos son irracionales y sobrenaturalistas, mientras que los valores de la ética ilustrada son racionales e inmanentes.

  7. Eduardo Zugasti says

    Los judíos que habitan hoy Israel son poblaciones genéticas distintas, con diferentes niveles de consanguinidad, principalmente sefardíes, judíos africanos y europeos. Los judíos europeos en particular, que es la población dominante (y la más inteligente) posee una considerable mezcla de genes europeos continentales. En EE.UU hoy mismo es difícil de distinguir un “judío” de un blanco anglosajón por su fenotipo.

    Por otra parte, aunque se suele destacar que Israel representa una excepción política de corte “europeo” en oriente, su “democracia” presenta bastantes particularidades, y existen intentos muy recientes liderados por Netanyahu para ligar régimen político y religión.

    Consanguinidad y democracia: http://jcc.sagepub.com/content/early/2012/04/24/0022022112443855

  8. Vellana says

    “Por eso resulta una escandalosa falsedad histórica atribuir al nazismo el carácter de movimiento ateo, como han hecho aquí Idea21 y Vellana.”

    ¿dónde están las iglesias nazis? ¿los curas nazis? ¿los sacramentos nazis? ¿los misioneros nazis? ¿la liturgia nazi? ¿si un judío se convertía a la religión cristiano-nazi, se salvaba de la solución final? ¿el pacto molotov-ribbentrop incluía la conversión de la URSS a la religión cristiano-nazi? ¿cuántas veces iba Hitler al día a rezar a la iglesia?

    Esperamos nuevas noticias históricas.

    Estamos casi en navidad y te voy a hacer un regalo: el que la mayoría de los trabajadores y propietarios de una empresa sean, por ejemplo, madridistas, no hace que lo sea la empresa, ni que entre sus objetivos (los de la empresa) esté que el RM gane la liga. Cuando hacen un ERE no es un ERE madridista, y cuando compran materias primas lo hacen al mejor postor, no al más madridista.

    No sé en el caso de idea21, pero en mi caso, te hablaba de la noche de los cristales rotos como violencia no cristiana, que nada tenía que envidiar al ejemplo que ponías. Y me mantengo en lo mismo, la noche de los cristales rotos o la solución final no es violencia cristiana, es en todo caso racista como parte del nazismo. Violencia en la que no aparece para nada ningún elemento religioso ni para propiciarla ni para pararla. Violencia que si hay que endosársela a uno de los dos bandos opuestos, hay que hacerlo al ateo.

    Pero hacerle ver esto a alguien tan racional y libre de prejuicios como tú es tarea imposible.

    Se me dispara el espíritu navideño cuando veo una escena tan enternecedora e infantil de apelar a la racionalidad como detente bala de las maldades de la religión contra la ilustración. Algún día, cuando te apliques tus propias medicinas, te darás cuenta de que la racionalidad no tiene nada de trascendente.

    Un cordial saludo.

  9. idea21 says

    “No sé en el caso de idea21, pero en mi caso, te hablaba de la noche de los cristales rotos como violencia no cristiana, que nada tenía que envidiar al ejemplo que ponías. ”

    Puesto que se me alude, me parecería correcto que se me permitiera responder. El nazismo no era un “movimiento ateo” en la medida en que, a diferencia del marxismo, no hacía de la propaganda del ateísmo parte de su ideología. Sí era ateo en el sentido de que el nazismo no solo no promovía el teísmo, sino que su ideología no necesitaba en absoluto de éste para alcanzar sus fines políticos. Y puesto que era una ideología política totalitaria, es obvio que, a la larga, acabaría destruyendo toda competencia ideológica (incluyendo el teísmo).

    Las alusiones a las iglesias cristianas en el “Mein Kampft” se limitan al valor moral de las religiones en las sociedades. Por supuesto, los nazis consideraban que, una vez tomado el poder, ellos se bastarían y sobrarían para cuidar del valor moral. Desde el punto de vista de la estrategia política, no les interesaba proclamarse ateos.

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