El intercambio de meteoritos entre sistemas solares podría ser más frecuente de lo esperado
En un artículo anterior hablé de la posibilidad de intercambio de materia –incluso materia viva– entre planetas del Sistema Solar. Hoy quiero mencionar la posibilidad de que tales intercambios ocurran entre sistemas solares.
Parece imposible, la estrella más próxima a nosotros –Alfa del Centauro– está a más de tres años luz, algo así como 26 billones de kilómetros. La clave está en la llamada «trayectoria de transferencia débil». El modo tradicional de llegar a un objeto astronómico es lanzar la nave a gran velocidad y cuando está cerca disminuirla. Hay otro modo de hacerlo en el que en todo momento las velocidades son bajas. En 1991 la idea se puso en práctica dramáticamente. La sonda lunar japonesa Hiten que debía ponerse en órbita lunar, tuvo un fallo mecánico por lo que se quedó sin combustible para hacerlo de la forma tradicional. Edward Belbruno, de la universidad de Princeton, propuso utilizar la forma lenta de llegar. Lo hicieron y la sonda alcanzó la Luna.
Esta forma lenta ofrece unas posibilidades fascinantes para el intercambio de material entre sistemas solares próximos. Las estrellas tienen en sus «suburbios» infinidad de objetos que están débilmente ligados a ellas. En el caso del Sol podemos hablar del cinturón de Kuiper o la nube de Oort como parte de esos objetos débilmente atrapados por su gravedad. Con un pequeño empuje por la luz del propio Sol y de otras estrellas, la órbita puede irse alejando, alejando, alejando y en un momento determinado ser atrapada por la gravedad de otra estrella. Todo ocurre muy despacio, lentamente, sin grandes consumos de energía; pero el hecho es que meteoritos o cometas pueden pasar de un Sistema Solar a otro. Todo esto fue mucho más probable en el momento del nacimiento de nuestra estrella pues en la «maternidad» en la que tuvo lugar había muchas bastante próximas.
En un trabajo presentado el 25 de septiembre de 2012 en un congreso de Ciencia Planetaria Europea, investigadores de Princeton, Arizona y del madrileño Centro de Astrobiología, han realizado simulaciones de lo que ocurre con esas transferencias a baja velocidad entre estrellas. Y el resultado es sorprendente. En un periodo entre diez y noventa millones de años, entre 100 billones a 30 trillones de objetos sólidos de más de 10 kilogramos han sido transferidos entre el Sol y el grupo de estrellas más cercanas. De ellos, unos 200 mil millones de rocas procedentes de la Tierra primitiva, y algunos podían contener vida, Nuestra vida.
