Crisis de (mi) liderazgo
Ivan Bofarull
Uno de los factores más recurrentes en los últimos meses es la discusión acerca de la calidad de los liderazgos en Cataluña. Sin duda alguna, un factor de enorme trascendencia para el desarrollo económico, social y en definitiva el bienestar de los ciudadanos. Determinadas instituciones del ámbito económico como el Círculo de Economía o Fomento del Trabajo han dedicado tiempo y esfuerzo en diagnosticar la situación de los liderazgos. Y desde un punto de vista más académico y en consecuencia de mayor profundidad, una escuela de negocios de prestigio global como ESADE ha dedicado una Cátedra al estudio y análisis de esta cuestión, con algunos debates de gran nivel. Por lo tanto, podríamos afirmar que la calidad de los liderazgos es una preocupación por lo determinante que resulta para afrontar los retos a los que nos enfrentamos. Existe sin embargo una réplica del dualismo clase política-ciudadanos también en este asunto tan trascendente. De la misma forma que en los últimos años se ha evidenciado una cierta fractura entre la sociedad en general y la clase política en varios escenarios de Europa, incluida Cataluña, también percibo un cierto distanciamiento entre la posición de algunas organizaciones empresariales y el liderazgo real. Uno de los síntomas más claros de la decadencia y crisis de una sociedad es la endogamia y la falta de regeneración de las clases dirigentes. En este sentido, tengo la sensación de que aquellos que discuten acerca de la crisis de liderazgo en Cataluña ponen en evidencia una realidad mucho más acotada, que es la crisis de influencia de las clases que ellos mismos representan. Son una curia romana discutiendo acerca de su pérdida de peso, atribuyendo esta pérdida de peso a causas poco definibles, escasamente atribuibles a su propia responsabilidad, e involucrando a la sociedad en su conjunto como co-responsable de esta hipotética decadencia. Sin embargo, la radiografía actual de la Cataluña empresarial e innovadora no se corresponde con la que al establishment local le gusta recordarnos. Existe una Cataluña de diferentes capas, que se mueve a diferentes velocidades, y que independientemente del peso específico de sus apellidos o sus estirpes empresariales, lleva a cabo proyectos reconocidos globalmente por su calidad e innovación, y que en definitiva es una muestra del liderazgo de un país. Empresas tecnológicas nacidas globales (“born global”) en el campo de las telecomunicaciones o la bioingeniería, plataformas cívicas o políticas de diferente signo ideológico, académicos e investigadores de impacto internacional. Todos ellos configuran esta capa más innovadora, abierta, transparente, permeable, que poco a poco aflora en la superficie, pero que desde la atalaya de las clásicas organizaciones empresariales y políticas es todavía poco visible. Me gustaría pensar más en la capacidad de hacer visibles los liderazgos positivos que abundan en Cataluña e ir aparcando poco a poco el derrotista e inmovilista discurso de la crisis lampedusiana, es decir, para seguir sin cambiar la esencia de las cosas.
