Autor: Félix Ares/Asesor científico de eureka!
Un caracol del océano Índico tiene una concha sumamente resistente que contiene hierro
Las conchas de los moluscos están compuestas principalmente de aragonito (carbonato cálcico) que es un mineral blando. Sin embargo, muchas conchas son muy duras y resisten muy bien el ataque de mandíbulas o de pinzas de sus predadores. La clave de esa resistencia está en que el aragonito está en forma de pequeñas tejas pegadas por un polímero orgánico. Esa combinación de orgánico-inorgánico es lo que produce la dureza y, por qué no decirlo, la belleza de una concha nacarada.
En el año 1999 se encontró en las fumarolas del océano Índico llamadas Kairei, a 2 420 m de profundidad, a 60 ºC de temperatura y con una acidez similar a la del vinagre un caracol con una concha negra realmente tétrica. Además, el caracol tenía su pie totalmente cubierto de placas, como si fuera una armadura, también de aquel tétrico color negro. Debida a esa extraña característica de tener su pie cubierto por una armadura se le dio el nombre de «caracol de pie escamoso» (Crysomallon squamiferum). El color negro es debido a que en su superficie hay granitos de sulfuro de hierro. Es decir, se trata de una armadura férrica. Era la primera vez que se veía una concha con hierro. Hasta cierto punto la utilización del hierro era de esperar. En esas fumarolas hay muchos sulfuros férricos e incluso hierro metálico, por lo que no es extraño que la vida que allí vive acabe asimilándolos. La pirita o la marcasita, por ejemplo, son sulfuros de hierro.
En 2003 Christine Ortiz y su equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts estudiaron a fondo la dureza y resistencia de la concha de este caracol y resultó ser extraordinaria. La más resistente a mordiscos y presión encontrada hasta la fecha. La razón de ello era que estaba compuesta de tres capas, la más interior era de roca caliza; podríamos decir que era una concha de caracol normal y corriente, encima tenía una capa muy gruesa de polímeros orgánicos y había una tercera capa, la más externa, formada por granitos de sulfuro de hierro.
Una vez que supieron las razones por las que esa concha era tan resistente a los ataques, el equipo se puso a tratar de encontrar una forma de replicarlo en laboratorio. Es decir, encontrar un medio para fabricar artificialmente conchas tan duras como la del caracol. En enero de 2010 publicaron un artículo en que explicaban cómo fabricar, mediante técnicas de nanotecnología, armaduras similares. La clave estaba en lo que ya habíamos visto: tres capas, la última de sulfuro de hierro.
En las fotos sorprende ver que lo que el equipo ha conseguido se parece enormemente a la armadura del pie del caracol. Una vez más la naturaleza nos ha dado lecciones para hacer las cosas mejor.
