Tercera Cultura
Dejar un comentario

Aventuras en la neurobiología conductual o Qué puede decirnos la neurobiología sobre la naturaleza humana

V. S. Ramachandran, Edge.org, 21-02-2012

Traducción express: Verónica Puertollano

V.S. RAMACHANDRAN

V.S. RAMACHANDRAN

Me interesan todos los aspectos de la mente humana, incluidos aquellos que se han considerado inefables o misteriosos. Mi forma de enfocar estos problemas es observar a los pacientes que han sufrido lesiones en una pequeña región del cerebro, una disciplina llamada neurología conductual, o últimamente, neurociencia cognitiva.

Permítanme hablarles del problema al que nos enfrentamos. El cerebro es una masa de gelatina de un kilogramo y medio, con la consistencia del tofu, lo puedes sostener en la palma de la mano y, sin embargo, puede contemplar la inmensidad del espacio y del tiempo y el significado del infinito y de la existencia. Puede formular preguntas como quién soy y de dónde vengo, preguntas sobre el amor, la estética y el arte, y todas ellas provienen de este trozo de gelatina. La pregunta es: ¿cómo sucede?

Cuando observamos la estructura del cerebro vemos que está formada por neuronas. Todo el mundo lo sabe hoy en día. Hay cien mil millones de estas células nerviosas. Cada una de estas células establecen entre 1.000 y 10.000 contactos con otras neuronas. Con esta información, se ha calculado que el número de estados cerebrales posibles, de permutaciones y combinaciones de la actividad del cerebro, supera el número de partículas elementales en el universo.

¿Cómo se puede estudiar este órgano? De varias maneras. Hoy son muy populares las imágenes cerebrales. Pones a alguien a realizar una tarea, a conversar o a pensar sobre el amor, o a imaginar el color rojo. ¿Qué partes del cerebro se encienden? Eso te da alguna seguridad para decir que esa región del cerebro está involucrada en la mediación de esa función. Estoy más o menos simplificando, pero va por ahí. Entonces se registran las células individuales donde se ha puesto un electrodo a través del cerebro, se observa la actividad de las neuronas individuales, y se averigua a qué es la sensible neurona en el mundo exterior. Hay decenas de enfoques así, y el nuestro es el de la neurobiología conductual combinada con las imágenes cerebrales.

La neurología conductual tiene una historia de 150 años, una venerable tradición que se remonta a Charcot. Incluso Freud fue un neurólogo conductual. Solemos pensar en él como psicólogo, pero fue también neurólogo. De hecho, empezó su carrera como neurólogo, comparable en altura a Charcot, Hughling Jackson y Kurt Goldstein. Lo que ellos hicieron fue observar a los pacientes que habían sufrido lesiones en una región muy pequeña del cerebro, y esto es lo que nosotros hacemos también en nuestro laboratorio. Lo que tienes no es una atrofia de todas tus capacidades mentales, o una reducción general de tu capacidad mental. Lo que sueles tener es una pérdida muy selectiva de una función específica, mientras que otras funciones se mantienen relativamente intactas. Esto te da cierta seguridad para decir que esa región del cerebro está especializada en esa función determinada.

No tiene por qué ser una lesión; puede ser un cambio genético. Uno de los fenómenos que hemos estudiado, por ejemplo, es la sinestesia, la fusión de los sentidos (hablaré de ello enseguida) donde ha habido un fallo genético. Se da en familias con algún gen, o algunos genes, que hacen que las personas oigan colores o que les sepan los sonidos. Sus sentidos están confundidos. Hemos estado estudiando este fenómeno.

En general, observamos fenómenos curiosos, trastornos que se conocen desde hace décadas, quizá 100 o 50 años, que han sido barridos bajo la alfombra porque se consideraban anomalías, por usar la expresión de Thomas Kuhn. ¿Qué piensas cuando alguien dice «Veo el 5 como rojo, el seis como azul, el siete como verde, fa sostenido como añil». No tiene ningún sentido, y cuando lo ves en ciencia, la tendencia entre la mayoría de los científicos, o en todo caso la mayoría de mis colegas, es barrer debajo de la alfombra y fingir que no existe, negarlo. Lo que hacemos es ir y rescatar estos fenómenos del olvido, estudiarlos intensivamente en el laboratorio. Nueve de cada diez veces es una búsqueda inútil, pero de vez en cuando cantas bingo y descubres algo realmente interesante e importante. Esto es lo que ocurrió con la sinestesia. Otro ejemplo, del que la mayoría de la gente ha oído hablar, es nuestro trabajo sobre los miembros fantasma y los espejos, que trataré enseguida.

Uno de estos síndromes peculiares, que hemos estudiado recientemente, es la apotemnofilia. Es de hecho tan poco común que muchos neurólogos y muchos psiquiatras no han oído hablar de él. Es en cierto modo lo contrario a los miembros fantasma. El paciente con el síndrome del miembro fantasma tiene amputado un brazo pero sigue sintiendo vívidamente la presencia del brazo. Lo llamamos miembro fantasma. En la apotemnofilia lo que tienes es un individuo perfectamente sano, normal, sin desórdenes mentales de ningún tipo, no psicótico, sin trastornos emocionales, que a menudo tiene un trabajo y una familia.

Vimos a un paciente recientemente que era un importante decano de una facultad de ingeniería y que poco antes de retirarse dijo que quería que le amputaran el brazo por encima del codo. Es un tipo perfectamente normal que ha tenido una vida normal en la sociedad interactuando con la gente. Nunca le había dicho a nadie que guardaba este secreto deseo —intenso deseo— de amputarse el brazo desde su primera infancia, y nunca lo dijo por miedo a que pensaran que estaba loco. Vino a vernos hace poco e intentamos averiguar qué ocurría en su cerebro. Y por cierto, este trastorno no es raro. Hay páginas web dedicadas a él. Más o menos un tercio de ellos se lo acaban amputando. No en este país, porque no es legal, sino que van a Méjico o a cualquier otro sitio a que se lo amputen.

Así que tienes esto ante tus ojos, un síndrome extraordinario, absolutamente misterioso, en el que una persona quiere que le eliminen un miembro. ¿Por qué sucede esto? Hay toda clase de disparatadas teorías al respecto, también freudianas. Una teoría afirma, por ejemplo, que es una conducta que busca llamar la atención. Este tío quiere atención, así que te pide que le cortes un brazo. No tiene ningún sentido. ¿Por qué no quiere que le elimines la nariz, o una oreja, o algo menos drástico? ¿Por qué un brazo? Para llamar la atención, parece demasiado drástico.

La segunda cosa que nos llamó la atención es el que cogería un rotulador y se dibujaría una línea irregular muy precisa en torno al brazo o a la pierna y diría: «Quiero que me lo corten exactamente así. No quiero que corte ni un poco de más ni un poco de menos. Me sentiría mal. Quiero que lo ampute exactamente por esa línea.» Podrías ponerle a prueba al cabo de un año y sería la misma línea ondulada que no podría haber memorizado, y esto ya sugiere que se trata de algo fisiológico, y no psicológico que se está inventando.

Otra teoría aún más absurda (encontrada en algunos documentos, y de nuevo, es una teoría freudiana) es que el tipo quiere tener un enorme muñón porque se asemeja a un pene gigante. Una especie de deseo satisfecho. Esto es, otra vez, ridículo, un completo sinsentido, por supuesto. La pregunta es: ¿por qué sucede esto realmente? Lo que nos sorprendió es que se dan ciertos síndromes cuando el paciente tiene un derrame en el hemisferio derecho, en la corteza parietal derecha. El paciente comienza entonces a negar que su brazo izquierdo le pertenezca. Se lo señalará con el brazo derecho y dirá: «Doctor, este brazo es de mi madre.» He aquí una persona perfectamente coherente, inteligente, que puede discutir de política contigo, de matemáticas, que puede jugar al ajedrez contigo, afirmando que su brazo izquierdo no le pertenece.

Esto es diferente de la apotemnofilia. En la apotemnofilia, el paciente dice: «Este brazo es mío, pero no lo quiero. Quiero que me lo corten.» Hay similitudes, y algunas coincidencias, por lo que sugerimos que hay algo que va mal con la imagen de su cuerpo en el hemisferio derecho, que aliena su brazo derecho, o su brazo izquierdo, del resto del cuerpo de la persona y esa sensación de alienación le lleva a decir: «No lo quiero. Que me lo quiten».

Más específicamente, los mensajes desde el brazo y la piel por todo el cuerpo, en realidad, van al lóbulo parietal y de ahí a una estructura, la circunvolución postcentral. Hay un gran surco o hendidura justo en medio del cerebro llamado surco central. Justo detrás de ese surco hay una estrecha franja vertical de corteza en la que hay un mapa completo de la superficie de tu cuerpo. Cada punto de la superficie de tu cuerpo está representado en un punto específico de la corteza, y hay un mapa completo llamado el Mapa de Penfield. Es ahí donde está el sentido táctil, y tras ella, el sentido de las articulaciones y los músculos, todos ellos representados en este mapa somatosensorial.

Lo primero que hicimos —Paul McGeoch, Dave Brang y yo— fue un registro por magnetoencefalografía (MEG). Se trata de una técnica para obtener imágenes cerebrales funcionales, para trazar el cuerpo de estas personas. La gente normal tiene un mapa completo, punto por punto, en la superficie de esta franja de corteza. Nosotros dijimos: bien, a lo mejor esta persona tiene un agujero en esa región que se corresponde con el brazo que quiere que le quiten porque lo siente extraño. Pero lo que descubrimos aquí es que no había agujeros. Es un mapa completamente normal así que nos llevamos una decepción. Entonces descubrimos que había otra región detrás, llamada lóbulo parietal superior. Esta región es la que construye tu imagen del cuerpo. Cuando yo cierro los ojos tengo siento muy gráficamente las diferentes partes de mi cuerpo. Algunas partes resultan más vívidas que otras, y provienen principalmente del sentido articular y muscular, y en parte de mi sentido vestibular —saber que estoy de pie, que mi cabeza no está inclinada— y en parte al abrir los ojos y lo confirmo con la vista. Así que hay una convergencia de señales de la visión, el tacto, la propiocepción, el sentido vestibular y la visión, y todas ellas te ayudan a construir una vívida imagen interna de tu propio cuerpo, llamada imagen corporal. Esto tiene un input parcial del mapa del que hablaba, el mapa del sentido articular y muscular. También tiene un input del oído. Tiene un input del sentido vestibular. Tiene un input de la visión. Todo ello converge para crear una imagen corporal. El mapa, descubrimos, no tiene representación del brazo del que el paciente se quiere deshacer (no ves esto en todos los pacientes, en algunos la disfunción puede estar en las zonas que el mapa de la imagen corporal proyecta posteriormente).

Así que nuestra hipótesis era que las señales llegaban a S1 (tacto) y S2 (sentido articular y muscular). Todas las señales sensoriales llegan aquí, y son todas normales y son recibidas en el cerebro, pero cuando la señal se envía al centro de imagen corporal en el lóbulo parietal superior en el hemisferio derecho, no hay sitio para que el cerebro reciba esa señal y, por lo tanto, provoca una gran disparidad y discrepancia,  y el cerebro aborrece las discrepancias. La señal de discrepancia es después enviada a la amígdala, la estructura límbica produce una aversión al brazo, y el paciente dice: «Quiero que me corten el brazo. Me parece un intruso.» Palabras así: «intruso», «demasiado presente», «así que quiero que me lo quiten».

Es un síndrome psicológico extraño: la persona quiere que le corten el brazo. Si descartas la idea freudiana de que lo que quiere es un enorme, gigantesco muñón, o el deseo de llamar la atención y cosas por el estilo, das con un esquema de conexiones preciso de lo que está pasando.

Lo sometimos a la prueba porque no es suficiente para elaborar una teoría. ¿Cómo lo probamos? Resulta que si yo pincho a alguien con una aguja, esa sensación de dolor va a la región sensorial del dolor en el cerebro, probablemente en el tálamo y la corteza, y después va a la amígdala. La amígdala te alerta del dolor y te dice: «Ay». ¿Correcto? Y después se va al cíngulo anterior que siente la agonía del dolor, y después los mensajes bajan al sistema autónomo nervioso y te hace empezar a sudar, a prepararte para la acción, a huir, pelear o cualquier acción necesaria. Así que si pinchas a alguien con una aguja, toda esta cascada de acontecimientos se pone en movimiento. Puedes medir la resistencia cutánea, lo que mide la sudoración; empiezas a sudar cuando te pinchan.
Entonces, cuando yo le pinchaba con un pequeño lápiz por encima de la línea por donde quería que le cortaran el brazo, no pasaba nada. Solo un pequeño y suave pinchazo con el lápiz. No pasaba gran cosa. No es un estímulo doloroso. No hay respuesta cutánea galvánica, no hay alerta. Pero si le tocabas por debajo de la línea por donde quería la amputación, había una enorme respuesta cutánea galvánica. Puedes medir la aversión fisiológicamente, y no basarte simplemente en el sujeto del que informar. No hay forma de fingir la respuesta cutánea galvánica. Es la base de todos los detectores de mentiras.

Luego, por supuesto, nos fuimos directamente al cerebro y dijimos: vamos a trazar. Y como decía, vimos que S1 era normal, y si ibas a S2 también. Si ibas al lóbulo parietal derecho donde se construye la imagen corporal, hasta cierto punto el lóbulo parietal inferior, el parietal derecho, digamos, donde está la imagen corporal, no hay representación del brazo en ese centro. Eso es lo que averiguamos. Si tocas el brazo no hay actividad allí. Si tocas por encima de la línea de amputación o tocas el brazo normal, la actividad es completamente normal. Así que esa región del cerebro es anómala, pero también conjeturamos que en las regiones del cerebro en los lóbulos frontales y la ínsula/amígdala en las cuales proyecta el LPS/LPI, podría haber una interrupción de las señales. En cualquier caso, hay una razón fisiológica para que esto suceda. Esto te da una idea de cómo construye un cerebro normal una imagen corporal.

En este punto debo añadir una nota de cautela que a diferencia de nuestro trabajo sobre los miembros fantasma o la sinestesia, que ha sido confirmado con decenas de sujetos —por nosotros y por otros—, este trabajo sobre la apotemnofilia es muy preliminar; necesitamos más sujetos. Y esto no es un descargo de responsabilidad: es la verdad. Vamos esperar a ver. Entonces la pregunta es: ¿puedes darle un tratamiento a esa persona? Y en eso estamos trabajando. No sabemos cómo. En el caso de los miembros fantasma siempre hay formas de tratar ese dolor fantasma.

No perseguimos deliberadamente estos fenómenos extraños. Alguien me llama y me dice: «Dr. Ramachandran, ¿puede resolver el problema?». El 90% de las veces no podemos, pero de vez en cuando descubrimos cosas asombrosas, como decía.

Así que lo que hacemos es observar al paciente y preguntar en primer lugar: ¿Por qué tiene este síndrome? ¿A qué se debe esta particular conducta? ¿Qué sucede en el cerebro? ¿Puedes explicarlo? En primer lugar demostrar que no está loco. Demostrar que es un síndrome real, auténtico. Hay falsos síndromes, hablaré de ellos si quieren. No son reales. Pero cuando es un síndrome genuino y pruebas que es auténtico, lo que a menudo es muy difícil, lo siguiente es decir: «¿Cuáles son los mecanismos precisos que provocan estos extraños síndromes?» Así que las dos primeras cuestiones son: si es real y cuál es su causa. La tercera pregunta es: ¿A quién le importa? ¿Tiene importancia? Las tres preguntas deben ser respondidas si quieres hacer progresos, si quieres atraer la atención sobre el fenómeno de la gente que estás estudiando.

Vamos con la sinestesia. Lo primero que hicimos fue demostrar que estas personas no estaban locas. Realmente perciben colores cuando ven números. No se lo inventan. Lo segundo que hicimos fue preguntar cuáles eran los mecanismos cerebrales y qué ocurría en el cerebro. Ed Hubbard, Boynton y yo hemos demostrado que cuando ven números no coloreados el área del color en el cerebro se enciende. Y qué. ¿Debería importarme? Hemos demostrado que este extravagante fenómeno tiene amplias implicaciones para comprender la creatividad y la metáfora. Bueno, en realidad no lo hemos demostrado, pero especulamos con la posibilidad. Así que en cada caso lo que hacemos es rescatar este fenómeno, esta anomalía, de debajo de la alfombra, descubrir cuáles son los mecanismos en el cerebro y hablar de sus implicaciones profundas para todos nosotros, para la conducta normal.

Entonces, buscamos síndromes extraños para tratar de explicar los síntomas en términos neurales con la esperanza de arrojar luz sobre algunos aspectos de la naturaleza humana que han sido considerados inefables la mayor parte del tiempo. Pero a veces te encuentras con un síndrome en el que no puedes saber con seguridad si es un síndrome fiable o no, aunque puedas encontrarlo en la biblia de los psicólogos clínicos llamada Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, que es el libro oficial de los médicos. Si pueden etiquetarte, y dar a tu síndrome un nombre, pueden cobrarte, y cobrar a una compañía de seguros, así que ha habido una tendencia a multiplicar los síndromes.

Hay uno, por cierto, llamado «síndrome de bajo rendimiento crónico», que en mis tiempos solía llamarse estupidez. En realidad tiene un nombre y ha sido oficialmente reconocido. También hay otro síndrome llamado el síndrome de Clerambault. El síndrome se refiere, lo crean o no, a una mujer joven que desarrolla una obsesión hacia alguien mucho más viejo, famoso, importante y rico y la ilusión de que ese alguien se enamore de ella, pero lo niega. Esto se puede encontrar en un libro de texto de psiquiatría. Irónicamente, no hay ningún nombre para el síndrome contrario, el de que un hombre mayor desarrolle la ilusión de que un bomboncito se enamore locamente de él, pero lo niegue. Seguramente, es mucho más común y ni siquiera tiene un nombre, ¿verdad?

Tienes que tener olfato para estas anomalías, olfato para los tipos de síndromes correctos a seguir. Daré algunos ejemplos, creo que con dos bastará. Volvamos a la sinestesia, que he estudiado con entusiasmo durante los últimos tres o cuatro años. No es realmente un síndrome neurológico, pero es algún tipo de anomalía. Francis Galton lo describió en el siglo XIX, el gran polímata victoriano que fue primo de Charles Darwin. Galtón observó que algunas personas, que eran perfectamente normales, tenían en cambio una pequeña peculiaridad: cada vez que veían un color, evocaban un color específico. Así que el cinco se teñía de rojo, el seis de verde, el siete de añil, el nueve de naranja, y así. A veces, también, los mismos sujetos u otras personas, evocaban un color para cada nota. Así, Fa sostenido sería azul, Do sostenido sería verde, etc.

Galton también observó que esto se daba en familias y que podía haber una base genética, y lo publicó, creo que fue en Nature, en el siglo XIX. Desde entonces ha habido muchas decenas de casos conocidos de personas que experimentaban lo mismo, pero fue considerado principalmente una curiosidad y también se creía que era muy poco común, con estimaciones que van de uno a mil por cada diez mil.

(…)

Hay varias teorías para la sinestesia. Una es que están locos. Puede ser, pero apartemos eso por un momento. Una de las cosas que aprendemos en medicina es que cuando un paciente intenta decirte algo cuando tú crees que está loco, a veces es que está loco, pero muchas veces significa que no eres lo suficientemente listo para determinarlo, así que tienes que observar con cuidado y hablar con el paciente.

En el caso de la sinestesia, otro aspecto curioso es que es mucho más común entre artistas, poetas, novelistas y otras personas creativas. De hecho, es seis o siete veces más común. Esto es controvertido, pero la evidencia más fuerte dice que es así. Entonces, ¿por qué sería ese el caso? Uno de mis estudiantes, Ed Hubbard, ha demostrado que es ciertamente así. ¿Por qué pasa esto? Hay varios minimisterios sobre la sinestesia. ¿Por qué se da en familias? ¿Por qué dicen que los números y las notas son colores? ¿Por qué sería más común en artistas, poetas y novelistas? Y así. Así que es un misterio médico digno de Sherlock Holmes, esperando ser resuelto.

Lo primero que queremos demostrar es que estas personas no están locas. Por cierto, otra teoría común es que consumen drogas como el LSD, que están enganchados a los ácidos o la marihuana. Seguramente es mucho más común entre las personas que se colocan con ácidos, pero eso lo hace aún más intrigante. ¿Por qué algunas drogas producirían esta fusión de los sentidos, este peculiar fenómeno de números que evocan colores?

Otra teoría es que están siendo metafóricos como cuando se dice: «Es una corbata chillona». La corbata no es chillona. No hace ningún sonido. ¿Por qué dices que es una corbata chillona? (…)

Explicar la sinestesia como una simple metáfora no explica nada porque lo que intenta es explicar un misterio con otro misterio, y eso no sirve en ciencia. Otro ejemplo de metáfora sería: «Es el Oriente y Julieta es el sol». ¿Significa eso que refulge como una bola de fuego? No, no dices eso. Lo que dices es que es cálida como el sol. Radiante como el sol. Es el centro de mi sistema solar, etc. El cerebro forma los enlaces correctos. La sinestesia, por cierto, es un enlace completamente arbitrario entre cinco y rojo. No es una metáfora en ese sentido, así que no me convencía la idea, pero pensaba que algo debía tener que ver. Hace diez años planteé que todos podríamos tener ciertas propensiones sinestésicas inconscientes, lo que ahora ha sido ampliamente confirmado en muchos estudios, incluido uno reciente de Oxford.

Otra teoría es que están recordando su infancia. Quizá jugaban con imanes de nevera y el cinco era rojo, el seis era azul y el siete era verde y por alguna razón se quedaron con estos recuerdos. Bueno, esto requiere de nuevo un porqué algunos hemos jugado con imanes pero no tenemos en principio sinestesia. La mayoría de nosotros no la tiene, presumiblemente. Lo que descubrimos es que el fenómeno de la sinestesia es bastante común. Encuentras una por cada cincuenta personas. No es una entre mil o una entre diez mil. La gente no suele decirlo por temor a que se piense que están locos.

Así que lo de los recuerdos de la infancia no sirve porque, como decía, ¿por qué se da en familias? Otra razón para no creerlo, es que tendrías que suponer que los mismos imanes pasaron de generación en generación, y eso no tiene sentido. ¿Una metáfora? Tal vez estén siendo metafóricos en cierto sentido. Quizá está relacionado con las metáforas. ¿Están locos? Eso no es un argumento. ¿Toman drogas? No, eso tampoco sirve.

Lo primero que queríamos era demostrar que no están locos. Que no se lo estaban inventando. Generamos una muestra computerizada a base de cincos, montones de cincos dispersos en la pantalla, y entre esos cincos había dispersos algunos doses. Cuando mirabas un dos y un cinco, el cinco es espejo del dos, en la forma. Así que tienes un montón de cincos dibujados. Entre ellos había doses haciendo formas. Los dos se agrupaban para formar un triángulo o un cuadrado o un círculo como la prueba de Ishihara para conducir, cuando pasas una prueba de daltonismo para la autoescuela . Es parecido a eso.

Una mirada no sinestésica diría: «Ah, ¿cincos? ¿Quieres decir que hay doses integrados? Déjeme ver. Ah, ahí hay un dos. Hay otro dos ahí.» Lleva unos 20 o 30 segundos descubrir la forma oculta. Alguien con sinestesia que ve los cincos como verde y los doses como rojo ve inmediatamente un círculo verde o un cuadrado verde o una forma oculta verde que sobresale del fondo. Es mucho más rápido detectando el círculo que nosotros. Si está loco, ¿por qué se le da mejor? En segundo lugar, si le preguntas qué es lo que está viendo, dice: «Veo un triángulo verde. Veo un cuadrado verde.» Desde el punto de vista del fenómeno y la percepción, ve literalmente el cuadrado verde. Lo que esto indica es que hay una experiencia sensorial, y no solo la asociación de un recuerdo, al menos en algunos casos de sinestesia. Jaime Ward ha replicado recientemente nuestros hallazgos.

Resulta que hay una heterogeneidad de sinestesias, hay algunas que llamaremos sinestesias de baja intensidad, en las que el color se evoca de modo perceptivo y los colores parecen teñidos con el color —rojo, verde, azul, amarillo—. Pero también hay sinestesias más conceptuales en las que parece haber más una asociación de la memoria. Nosotros nos hemos centrado en la sinestesia perceptiva, en la sinestesia sensorial, porque es más fácil de estudiar científicamente.

(…)

¿Qué lo provoca? Ed Hubbard y yo hemos estado buscando en los atlas del cerebro y nos llamó la atención una estructura llamada circunvolución fusiforme oculta entre los pliegues de los lóbulos temporales. En esta estructura es donde se encuentra el área de color del cerebro, V4, que fue descubierta por Semir Zeki. Justo a su lado, casi tocándola, está el área cerebral de los números. (…) Parece improbable que esto sea una coincidencia. Así que quizá haya una cruzada accidental en el cableado entre estas dos regiones del cerebro.

¿Cómo lo pruebas? Obtuvimos imágenes cerebrales. Coges a una persona normal, le haces una resonancia magnética funcional, iRMF, y le enseñas números. Solo se encenderá el área de los números en la circunvolución fusiforme. Si se le muestran números coloreados a una persona normal, V4, el área del color, y la de los números, se encenderán. Si le muestras a un sinestésico un número en blanco y negro, se encenderán tanto el área de los números como el área de los colores, demostrando por tanto que hay una activación cruzada en marcha.

Este ha sido el caso de tres de los cuatro grupos. Hay un grupo que afirma que no ve la activación. Siempre hay un grado de incertidumbre en las imágenes cerebrales —hay siempre algo de ruido intrínseco— así que no se ha podido establecer completamente, pero creo que es muy probable que estemos yendo por el buen camino. Romke Rowlte en Ámsterdam ha estudiado esto y ha demostrado que existe un incremento en la materia blanca, fibras que conectan V4 (color) con el área de los números en el interior de la circunvolución fusiforme.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué tendrían estas personas estos cables cruzados? Esa es la siguiente cuestión. La primera pista vino de las observaciones de Francis Galton y ha sido confirmada desde entonces: se da en familias, podría tener una base genética. Si coges el cerebro infantil, el cerebro de un feto, hay una tremenda redundancia en las conexiones. Todo está conectado con todo. Es una aproximación muy básica, pero casi es así. Entonces, lo que pasa es que hay genes que recortan el exceso de conexiones entre las regiones cerebrales adyacentes (o incluso regiones separadas que estaban densamente conectadas). Esto crea una modularidad característica del cerebro adulto. Ahora, si algo va mal con el gen podador, si falla en las regiones adyacentes, y el gen se expresa selectivamente en la circunvolución fusiforme a través de los factores de transcripción, por ejemplo, si está expresado en la circunvolución fusiforme, entonces da lugar a una sinestesia de números y colores. Cada vez que tu sujeto ve un número, a causa del cruce en el cableado, las neuronas del color se activarán. Cada vez que ve un número ve un color.

En nuestros primeros artículos señalamos que dicho cruce podía también basarse en los transmisores que causan la desinhibición; probablemente son las dos cosas. Y voilà, ahí está la explicación de la sinestesia con colores y números. Empiezas con un gen. El gen no ha sido clonado todavía, pero se está intentando. (…)

La última pregunta es: ¿por qué debería preocuparme? La respuesta proviene de la observación, la afirmación de que la sinestesia es siete u ocho veces más común entre artistas, poetas y novelistas. Artistas como Kandinsky, por ejemplo. ¿Por qué? ¿Qué tienen en común los artistas, poetas y novelistas? Son muy buenos para las metáforas y las analogías. Ven enlaces ocultos que a la mayoría de los mortales nos resulta difícil ver. Así que Shakespeare dijo: «Es el Oriente y Julieta es el sol», haces las asociaciones correctas, dices que es celestial como el sol. Haces una serie de enlaces. Ella es el centro de mi sistema solar como el sol, es radiante, cálida… Shakespeare era muy bueno eligiendo estas metáforas, porque tienen múltiples capas de metáfora y de resonancia.

¿Qué tiene esto que ver con la sinestesia? ¿Qué pasa con las metáforas? Enlazas conceptos e ideas sin aparente relación. Si el mismo gen de la sinestesia, en vez de expresarse selectivamente en la circunvolución fusiforme, produciendo este curioso fenómeno de sinestesia, se expresara mediante el córtex, a través del cerebro, creará una mayor propensión, más posibilidades de enlazar ideas y conceptos aparentemente no relacionados en regiones cerebrales distantes. Si consideramos que las ideas y los conceptos también se localizan en áreas cerebrales específicas, ocupando regiones específicas, y tienes estas conexiones de largo alcance entonces permite mayores oportunidades de enlazar conceptos sin aparente relación. De ahí la base para la creatividad y las metáforas. De ahí, la incidencia ocho veces superior de la sinestesia entre artistas, poetas y novelistas.
En otras palabras, a lo que voy es, ¿podría preguntarse un biólogo evolutivo para qué sirve este gen? Se encuentra en una de cada 50 personas. Es bastante común, no es extraño. ¿Por qué se ha conservado en la evolución? Si hay un gen en la evolución que no sirve para nada —ver el cinco como rojo carece de toda utilidad— habría sido eliminado del acervo genético hace miles de años, 10.000, 20.000 años. Sin duda, este gen ha estado ahí y se ha conservado. Pero ¿por qué? ¿Por qué sigue ahí si es completamente inútil?

Una posibilidad es que confiere algunos casos aislados en la población con la capacidad de vincular ideas sin relación obvia haciéndoles más artísticos y creativos. Pero cuando le digo esto a la gente, me suele preguntar por qué, si es tan bueno que los genes te hagan ser artístico, creativo y metafórico, no lo tenemos todos. Bueno, es una pregunta estúpida porque la evolución se toma su tiempo y transcurridos otros veinte mil o cien mil años todos tendremos este gen y seremos todos creativos. Pero esa no es la respuesta correcta. Sería una respuesta parcial, pero la verdadera respuesta, creo, es que no quieres que todo el mundo sea creativo. ¡Necesitamos ingenieros!

(…) Demostramos que la sinestesia era un fenómeno real usando una serie de pruebas psicológicas de percepción que no pueden ser falsificadas. De ahí, fuimos a la anatomía del cerebro obteniendo imágenes cerebrales y mostramos qué partes del cerebro están involucradas. A partir de ahí pudimos decir que hay una base genética. Del gen a la neuroanatomía a la fenomenología perceptiva. Recorrer, por último, todo el camino hasta la metáfora, Shakespeare y la poesía. Todo a partir de esta peculiaridad llamada sinestesia. Esto es lo que hacemos con cada uno de nuestros síndromes. A veces tenemos parte de éxito. A veces el éxito es completo haciendo esto.
Dado que nuestro laboratorio es muy conocido por estudiar de estas rarezas de la conducta humana y explicar qué sucede en el cerebro, y demostrar las implicaciones en un sentido más amplio para comprender la naturaleza humana, y la conciencia humana —esas cosas que despiertan la curiosidad de todos— cuando la gente tiene algo raro, viene y me llama. O si un médico tropieza con un nuevo caso que le parece que no puede explicar, me suele llamar. Nueve de cada diez veces no puedo hacer nada al respecto, pero de vez en cuando averiguo qué sucede en el cerebro y descubro algo muy interesante y posiblemente importante.

En el caso de la sinestesia, se consideraba principalmente algo curioso y anómalo. (…) Hubo todo tipo de teorías ridículas en el aire. De hecho, algunos sinestésicos fueron diagnosticados como psicóticos, con esquizofrenia. Les decían que tenían alucinaciones con los colores. Les prescribían medicamentos psicotrópicos para la esquizofrenia. Después se dieron cuenta de que se trataba de este fenómeno no normal, pero tampoco patológico, llamado sinestesia.

Creo que es justo decir que nosotros, y Jaime Ward y Julia Simner y otro par de grupos, hemos reavivado el interés en este campo. Así que ahora hay unos 20 o 30 libros sobre la sinestesia. Cuando empecé esto hace casi diez años, a nadie le interesaba el tema. Había un libro de un neurólogo llamado Cytowick, pero era un profeta predicando en el desierto. Nadie prestaba atención. No hizo ningún experimento de percepción definitivo sobre ello. Simplemente dijo: «Aquí hay un fenómeno que valdría la pena estudiar». Fuimos los primeros en empezar a hacer experimentos sobre el fenómeno, a demostrar que era auténtico, a demostrar que era perceptivo, y a identificarlo con la antomía del cerebro.

La razón por la que me atraía el tema es que siento curiosidad por los síndromes neurológicos dada mi trayectoria en la neurología clínica, entre otras cosas. Empecé interesándome en los miembros fantasma. (…) [Durante mucho tiempo no hubo una corriente principal de interés sobre el tema].

Lo que averiguamos era bastante interesante: dos o tres cosas. Un descubrimiento de hace unos 15 años. Pongamos que padezco el miembro fantasma, que he perdido mi brazo y tú eres el médico. Y me tocas el lado izquierdo de la cara. ¡Empiezo a sentirlo en mi miembro fantasma! (…) Hay un mapa completo de la mano perdida en la cara. ¿Por qué? De nuevo un misterio médico.

Empecé a pensar sobre ello y me inspiré en los estudios con animales que han demostrado que si cortas los nervios que van de los brazos a la médula espinal lo que se produce es una completa reorganización del mapa sensorial en el cerebro. ¿Qué le pasa a este paciente si le cortas el brazo?

Antes hablaba, en el contexto de la apotemnofilia, del mapa completo de la superficie corporal en la superficie del cerebro, la circunvolución postcentral. Hay un surco vertical en un lado del cerebro. Detrás está el mapa. Este mapa es sistemático y va punto por punto en su mayor parte, pero resulta que el área de la cara en el cerebro está justo al lado del área de la mano. Es raro y nadie sabe por qué. El mapa es continuo y sistemático, pero aunque parezca extraño, la mano está justo al lado del área de la cara.

Si le cortas un brazo a un adulto, el área de la mano en el cerebro carece ahora de información sensorial. Está ansiosa por un nuevo input sensorial y no obtiene ninguno. El input sensorial de la piel de la cara que normalmente se corresponde únicamente con el área adyacente de la cara en el cerebro invade ahora el territorio vacante que corresponde a la mano que falta y activa las células de la mano en el cerebro. Esto, naturalmente, confunde a los centros superiores del cerebro con que la mano está recibiendo un estímulo. El paciente experimenta entonces que la sensación procede del miembro que falta. Cuando tocas la cara el mensaje no solo va al área de la cara, sino que también activa el área de la mano en el cerebro. Así que tienes un cruce en el cableado entre el área de la cara y el área de la mano en el cerebro.

Hicimos un experimento de diez minutos para demostrar esto, y desafiar la doctrina en la neurología de que las conexiones neurales en el cerebro se establecen en el feto y en la primera infancia y que una vez han sido fijadas por el genoma ya no hay nada que puedas hacer para cambiar estas conexiones en el cerebro adulto. Por eso, si tienes una lesión en el cerebro adulto, por ejemplo tras un apoplejía, hay muy poca recuperación de las funciones, y por eso los síndromes neurológicos son tan notoriamente difíciles de tratar.

Se creía que no había plasticidad en las conexiones cerebrales. Demostramos en nuestro experimento que, de hecho, hay un tremendo margen para el recableado. Tanto es así que por una distancia de dos centímetros en el tejido cerebral en la corteza el input de la cara ha invadido el territorio de la mano en el cerebro. Entonces obtuvimos las imágenes cerebrales y demostramos que se había producido efectivamente esta invasión, pero ya sabíamos esto por los experimentos psicológicos. Así que me inclino a pensar en las conexiones cruzadas en el cerebro.

(…) En la sinestesia, pensé que podía haber de nuevo este cruce de cables. Pero en este caso, el cruce no se debía a la desaferentación al suprimir el input sensorial, sino debido a los genes, dado que se da en las familias.
(…) A veces podemos elaborar un tratamiento para los pacientes. Por ejemplo, en el caso de los miembros fantasma, dos tercios de los pacientes sienten un dolor insoportable. No hay un tratamiento conocido. Miento: hay veinte tratamientos conocidos, pero ninguno funciona. Así que empezamos a investigar para desarrollar un tratamiento. Pero a veces, simplemente explicar al paciente que no está loco es un tremendo alivio para él. Alguien con apotemnofilia quiere que le amputen el brazo. (…) Sabes que es algo que pasa en el cerebro, pero ¿puedes ayudar realmente al paciente?

En el caso de los miembros fantasma hemos hecho experimentos que demuestran que sí podemos, pero voy a poner otro ejemplo. Hay un curioso trastorno del que no he hablado. Candy McCabe lo está estudiando en Inglaterra, y nosotros también lo estamos estudiando, y se llama Distrofia Simpático Refleja (DSR). Uno de esos trastornos que no es infrecuente. Diría que uno de cada veinte pacientes lo tiene. Lo ves también en pacientes que tienen lesiones leves en el dedo, como una fractura del hueso metacarpiano que provoca un intenso, insportable dolor.

Resulta que hay dos tipos de dolor. Consideramos el dolor como una cosa subjetiva, pero hay dos tipos, desde el punto de vista evolutivo: está el dolor agudo y el dolor crónico. El dolor agudo es cuando tocas una llama o una caldera hirviendo y dices: ¡Ay!, y retiras la mano. El dolor crónico es cuando hay una gangrena o una fractural, normalmente una fractura, y hay un dolor insportable provocado por la fractura y tu mano queda inmovilizada —no la retiras—. ¿Cuál es la evolución? Aunque parezcan lo mismo desde el punto de vista de la percepción, evolutivamente son muy diferentes.

La función del dolor agudo es movilizar la mano y retirarla de la fuente de la lesión en el tejido para proteger la mano. El dolor crónico es exactamente lo contrario. Cuando hay una lesión en el hueso metacarpiano, tu mano se congela y se «paraliza» temporalmente. Es un dolor insufrible. Cualquier intento de moverla es tan doloroso que ni siquiera mueves el brazo. En el caso del dolor agudo mueves el brazo rápidamente. En el caso del dolor crónico lo inmovilizas. ¿Por qué? Porque moverlo causaría más lesiones en el tejido. Así que la inmovilización es un reflejo protector. Y después, por supuesto, a medida que se cura la lesión empiezas a mover tu mano otra vez y el dolor desaparece. Es una causa normal de los acontecimientos.

No obstante, en una parte de los pacientes, pacientes con accidentes cerebrovasculares y en algunos pacientes con una pequeña, mínima fractura, o una fractura de ligamento, el dolor persiste con gran intensidad. Incluso después de que se haya curado la lesión, o la fractura, el dolor persiste durante semanas, meses, años y a veces de por vida. No solo persiste el dolor, sino que la mano se hincha y se paraliza, y el dolor se extiende por toda la mano. A partir de una pequeña lesión en un pequeño hueso, toda la mano, o el antebrazo, quedan afectados. Hay hinchazón en la mano, el brazo, hay ardor, inflamación… todo tiene lugar en el brazo. De nuevo, te llama la atención y nadie sabe realmente qué tratamiento funciona.

Empezamos a pensar sobre ello y sobre su causa. Bueno, como decía, hay un reflejo en la movilización y es doloroso. Cualquier intento que hagas de mover la mano te dolerá muchísimo y dirás que no vas a mover la mano. A veces sucede que te quedas atascado ahí, y a esto lo llamamos «dolor aprendido». Ante cualquier intento de moverla, tu cerebro lo asocia con el dolor, así que diciéndolo de forma muy básica, te entra una forma de dolor aprendido, una asociación aprendida entre una orden motriz y la sensación de dolor. El cerebro se rinde y la mano se paraliza. Cualquier intento de moverla provocará un dolor insoportable.

¿Cómo rompes ese ciclo? Dijimos: «vamos a usar un espejo». Así que pusimos un espejo en el centro de la mesa. Esto se parece al tratamiento del espejo para el dolor fantasma y para el infarto cerebral que descubrimos hace más de diez años. Pones un espejo en el centro de la mesa y el paciente pone su brazo dolorido, distrófico, hinchado, inmovilizado, paralizado en el lado izquierdo del espejo. El lado brillante del espejo está en el lado derecho y el paciente pone su mano derecha en el lado derecho del espejo, la pone de forma que imite la postura y el lugar de la dolorida mano izquierda. Mira en el espejo y ve el reflejo de la mano normal. De repente su mano parece normal, ya no se ve hinchada. Esto es obvio porque está mirando el reflejo de la mano normal, y es como si hubiera resucitado su mano normal en el espejo; está superpuesta ópticamente en la posición de la hinchada mano distrófica.

Entonces le pides que envíe señales a las dos manos como si fuera a moverlas, apretando, relajando o rotando mientras se mira en el espajo. Ahora va a tener la impresión —al principio no le pides que mueva de verdad la mano porque si la moviera sería doloroso, solo mueve su mano derecha— de que su mano izquierda se está moviendo. Lo que sucede es que el paciente tiene la imagen visual de que su mano izquierda, inmovilizada y paralizada, obedece de nuevo las órdenes del cerebro, parece que se mueve y no duele. De esta forma desaprendes el dolor aprendido y la parálisis aprendida. Lo impresionante es que la mano empieza a moverse de verdad por primera vez en años. Funciona mejor si lo haces al poco tiempo de producirse la distrofia, a las pocas semanas o meses. La mano empieza a moverse otra vez y el dolor remite, y en un extraordinario ejemplo de interacción mente/cuerpo, la hinchazón también baja, a menudo en cuestión de horas.
Este trastorno de dolor crónico se considera intratable, incurable. Se ha sabido durante décadas. Creo que fue descubierto hace unos cien años, por el cual la gente ha pasado por la rizotomía dorsal —cortar los nervios que van a la médula espinal—. Hacen una gangliectomía simpática que funciona hasta cierto punto. Puedes tratarlo de manera bastante eficaz, si no más eficaz, con un espejo de dos dólares. El paciente se mira en él y mueve su mano normal. Sugerimos esta terapia hace unos años, pero fue Candy McCabe quien la describió adecuadamente por primera vez. Nosotros sugerimos la idea, pero ella lo descubrió de manera independiente.

Ha habido ensayos clínicos sobre esto por parte de un grupo en Alemania, creo, de 50 pacientes. El descubrimiento se hizo originalmente en un puñado de pacientes. Desde entonces sus ensayos han sido a doble ciego, controlados con placebo y cruzados, que es el mejor tipo de ensayo que puedes hacer, y han descubierto una drástica recuperación de este dolor con pocas semanas de tratamiento con espejo. Después el dolor se va durante un periodo de al menos seis meses y después haga falta quizá un refuerzo. Imaginen la cantidad de dolor y agonía y de cirugía invasiva que ha evitado esto. A veces das con de rebote con una hipótesis medio plausible y luego puede tener una uso clínico. Un ejemplo es la Distropia Simpático Refleja.

(…) Hemos estudiado otros síndromes como estos. Otro síndrome, llamado de Capgras. El paciente ha estado en coma durante una semana o dos; sale del coma, un poco torpe. Tiene una leve disartria, problemas para hablar, por lo demás, en perfecto estado mental, lúcido y normal y puede mantener una conversación fluida, puede jugar al ajedrez y hacer cálculos. Todo parece correcto excepto una pequeña dificultad en el habla. Esta persona mira a la gente y la reconoce, sin problemas. No está psicótico, no tiene trastornos mentales. (…)

Mira a su madre y dice: «Doctor, esta mujer, ya sabe, se parece a mi madre, pero no es ella. Es una extraña, otra mujer que se parece a mi madre, pero no es ella. Es una impostora.» A veces se desarrolla un toque paranoide. Dice: «¿Por qué me sigue esta mujer todo el tiempo? No es mi madre. Se está haciendo pasar por ella.»

¿Por qué pasa esto? La explicación freudiana, de nuevo —(por cierto, no quiero meterme mucho con Freud. Sé que está de moda en Nueva York, pero creo que tenía un conocimiento profundo de la naturaleza humana, en especial en el rol del inconsciente, del cual nos hemos dado cuenta cada vez más de que es así, y Eric Kandel ha escrito sobre esto. Pero bueno, es divertido hacerlo). Algunos freudianos tenían una teoría sobre el síndrome de Capgras que es que cuando el paciente era un bebé, sentía una fuerte atracción sexual hacia su madre. Freud lo llamó complejo de Edipo. (…)

Esta es, por supuesto, una idea muy ingeniosa, como lo son muchas ideas de Freud. No sirve porque he visto pacientes, al menos a un paciente, que tenía la misma ilusión respecto a su perro: «Doctor: este no es Fi-Fi. Es otro perro haciéndose pasar por Fi-Fi.» Si ahora intentas aplicar los análisis freudianos a esto empezarías a hablar del bestialismo latente en todos los seres humanos y toda esa basura. No funciona. Esto me hizo pensar que había algo neurológico en el cerebro.

Soy principalmente un científico experimental y vamos con la corriente. Esto es como trazar el origen del Nilo. No sabes cuándo habrá un giro sorprendente. Es una gran aventura. (…) Así es como hacemos experimentos, pero orientados al objetivo de comprender la naturaleza humana. Por ejemplo, puedes preguntar: ¿Qué es la conciencia? Algunos lo hacen, pero es una idea demasiado vaga. De hecho, los filósofos han criticado este enfoque. Pero creo que está bien hacerse la pregunta, como hizo Francis Crick.

¿Qué es la conciencia? Colin McGinn y otros han dicho que es completamente un misterio. El cerebro humano no puede nunca comprenderse a sí mismo y no puede comprender ciertos fenómenos misteriosos como la conciencia. Algunos como Crick discrepan rotundamente. Yo estoy de acuerdo con Crick.

Crick y Koch, por ejemplo, han sostenido que hay una estructura llamada claustro que es una fina capa de tejido que subyace a la corteza insular del cerebro. Lo que es interesante de esta capa de tejido, lo que llamó la atención de Crick y Koch, es que no tenía ninguna función, a diferencia de otras regiones del cerebro. Hay muchas regiones que no sabemos qué función tienen, pero el claustro es especialmente misterioso. No es una estructura pequeña, diminuta. Es una estructura mediana, y es homogénea en sus componentes celulares. No tiene la estructura en capas como el resto de la corteza.

Lo sorprendente que observó Crick fue que estaba conectada con casi todas las partes del cerebro, incluyendo todas las partes del córtex. Parece recíproco. Envía conexiones a la corteza sensorial somática. Envía señales a la amígdala, de vuelta de la amígdala, al cíngulo anterior, y de vuelta del cíngulo. Lo cierto es que es muy difícil encontrar una región del cerebro que no esté conectada con el claustro. John Smythies, en nuestro laboratorio, y yo, hemos recogido el guante donde lo dejó él.

Crick, por ejemplo, ha sido premiado en el pasado por las analogías, por los grandes saltos metafóricos. No creo que él diga esto realmente, pero si miras la doble hélice y la complementariedad de la hélice, los dos lados de la hélice, nos llama la atención la analogía entre esto y la complementariedad entre padres e hijos. Él dice que por qué los perros paren perros y no cerdos. Cualquier niño se preguntará lo mismo, pero nosotros no. Pero Crick se hace la pregunta. Existe una complementariedad entre los progenitores y sus hijos. ¿Podría ser que la complementariedad de las dos hebras de la hélice dictara realmente la complementariedad de padres e hijos? Este fue el gran salto. Luego, por supuesto, descubrió el código genético y nació la biología moderna. Está preparado para pensar en términos de vincular un fenómeno aparentemente sin relación, de vincular la estructura y la función.

Entonces se aproxima al claustro y dice: ¿Qué es lo más fundamental de la conciencia? ¿Qué das por sentado de manera axiomática? El hecho de que eres una persona; la unidad de muchos atributos de la conciencia humana. La continuidad. El viaje en el tiempo —la capacidad de mirar hacia el futuro, de visitar los recuerdos nostálgicos del pasado, de alinearlos aproximadamente en la secuencia correcta—. La risa es genuinamente humana y no podemos imaginar reírnos sin ser conscientes. La conciencia de uno mismo es otro atributo. Dicho de manera muy básica, la consciencia es consciente de sí misma.

Entonces, el atributo central de la experiencia consciente humana,  tan fundamental, de hecho, que damos por seguro, no dejemos de pensar en ello, es el sentido de la unidad. Tienes una variedad de experiencias sensoriales. Ves cosas, escuchas cosas. Esto se retrotrae a lo que comentaba sobre la sinestesia. Saboreas las cosas. Tienes cientos de recuerdos de toda una vida. Sin embargo piensas en ti mismo como una persona unificada. Pero todo esto te pasa a ti. A ti, a John, o a mí, Rama. Todo eso me pasa y soy una persona. A pesar de esta variedad de experiencias sensoriales, este desconcertante bombardeo cognitivo de recuerdos e impresiones sensoriales yo lo experimento como una unidad. ¿Cómo puede ser?
Otra manera de formular la cuestión es que hay diferentes regiones cerebrales que procesan activamente aspectos de la información que incluyen recuerdos y sin embargo tu experiencia de ti mismo es la de unidad. Muchos filósofos dirán que este es un pseudoproblema. De hecho, Crick asume la postura contraria; él y Koch desacreditaron la idea de que fuese un pseudoproblema. Dice que lo más axiomático de la conciencia es su unidad. ¿Y saben qué hace el claustro? Recibe inputs sensoriales, incluso inputs de la corteza motora. Recibe inputs de todas las regiones del cerebro en un pequeño centro de recogida y envía mensajes de vuelta. Se ajusta de manera idónea para realizar este papel unificador.

Hay una analogía aquí entre la estructura del claustro y lo que es la fenomenología de la conciencia. Quizá no es una simple analogía superficial. Tal vez es profunda. Tal vez la clave de la conciencia está en observar la estructura del claustro, en un estudio detallado de su microanatomía y sus conexiones con el resto del cerebro.

Cuestiones de esa naturaleza, la de intentar explicar la conciencia, como la autoconciencia, como los qualia, en términos de estructuras cerebrales, es algo que perseguía Crick, y creo que es algo que yo también persigo, y que hemos estado intentando. Compartimos su agenda, aunque obviamente no su estatura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *