Revelar la verdadera naturaleza humana
Como creo que tengo una posibilidad razonable de vivir lo suficiente como para ver la derrota del envejecimiento, también espero vivir lo suficiente para contemplar muchos avances científicos y tecnológicos memorables. ¿Destaca alguno de ellos especialmente? Sí y no.
No hay que ser futurófilo en estos días para haber oído hablar de “la Singularidad”. Lo que una vez fue visto como una extrapolación supersimplista ahora se ha convertido en opinión general: es casi heterodoxo en los círculos tecnológicos sofisticados no opinar que el progreso tecnológico se acelerará en las próximas décadas a un ritmo que, si no realmente infinito, excederá tanto nuestra imaginación que es vano intentar predecir cómo será la vida a continuación.
¿Qué tecnologías dominarán en este viaje? Examinando el torrente de literatura sobre este tema, podemos identificar con razonable confianza tres áreas principales: software, hardware y wetware. Según afirman numerosos expertos, los investigadores en inteligencia artificial probablemente construirán sistemas “recursivamente auto-perfectivos”, que comprendan su funcionamiento lo suficientemente bien como para mejorarse a sí mismos, y entren en un estado de rendimiento intelectual cada vez más inimaginable.
En el terreno del hardware, se acepta actualmente como técnicamente viable construir estructuras en las que cada átomo esté exactamente donde se desee. El posicionamiento de cada átomo será meticuloso, y esto sólo tendría un interés puramente académico si no fuera por la posibilidad de máquinas que pueden hacer copias de sí mismas. Tales “ensambladores” aún no han sido diseñados completamente, mucho menos construidos, pero la investigación en autómatas celulares indica que el ensamblador más pequeño posible es probablemente bastante simple y pequeño. La aparición de tales dispositivos podría perfectamente derribar la barrera práctica que supone el tiempo que se necesita para ubicar cada átomo: acelerar exponencialmente el paralelismo no es poca cosa.
Y finalmente, en lo que respecta a la biología, el desarrollo de la medicina regenerativa a un nivel de desarrollo tal que pueda otorgar alguna década extra de vida saludable a quienes están en la mediana edad anunciará una secuencia análogamente acelerada de refinamientos, no necesariamente acelerada en términos del ritmo al que esas terapias aumentan, sino del ritmo al que éstas reducen nuestro riesgo de sucumbir al envejecimiento a cualquier edad, tal como he descrito al usar el concepto de “velocidad de escape de longevidad”.
No escogería ninguna de estas áreas como predominante. Todas son probables, pero todas tienen un camino por delante hasta su madurez, de modo que el plazo para su aparición es altamente especulativo. Además, cada una de ellas acelerará a las otras: ordenadores superinteligentes impulsarán el desarrollo tecnológico, máquinas moleculares superarán a las enzimas en versatilidad médica, y la derrota de nuestro más antiguo e implacable enemigo (el envejecimiento) alzará nuestras expectativas al punto en que buscaremos seriamente otras tecnologías transformadoras como sociedad, en vez de dejarlas en manos de unos pocos visionarios excepcionales. Por consiguiente, cualquiera de las tres -si no nos aniquilan a todos, aunque a diferencia de Martin Rees yo personalmente creo que no es probable- podría ser la “buena”.
O… ninguna de ellas. Y aquí es donde vuelvo a la Singularidad. Llegaré a la naturaleza humana en seguida, no se preocupen.
Cuando hablo de velocidad de escape de longevidad, me gusta poner de relieve la historia de la aviación. Se necesitaron siglos para que los diseños de da Vinci (que ni siquiera fue el primero) evolucionaran a algo realmente funcional, y mientras tanto muchos ingenieros inteligentes y prestigiosos resultaron estar equivocados. Pero una vez se consiguió el gran avance decisivo, el progreso fue rápido y fluido. Afirmo que esto ejemplifica una diferencia general importante entre avances fundamentales (impredecibles) y refinamientos incrementales (notablemente predecibles).
Pero para hacer funcionar mi analogía de la aviación, necesito explicar la llamativa carencia de progreso durante los pasados 40 años (desde el Concorde). ¿Dónde están nuestros coches voladores? Mi respuesta es clara: no los hemos desarrollado porque no nos hemos molestado en ello, un obstáculo que no es probable que nos encontremos cuando se trata de posponer el envejecimiento. El progreso sólo se acelera mientras recibe el impulso de la motivación humana. Sea su orgullo nacional, codicia personal o preocupación humanitaria, algo -alguien- tiene que ser el motor.
Lo cual me lleva, finalmente, a la naturaleza humana. Las tecnologías transformadoras que he mencionado llegarán probablemente, en mi opinión, en las próximas décadas, en un plazo que personalmente espero ver. Y las usaremos, directa o indirectamente, para dirigir las otras hondas y flechas que va a heredar la humanidad: la biotecnología para combatir el envejecimiento también combatirá las infecciones, la manufactura molecular para construir máquinas de potencia sin precedentes también será capaz de realizar geoingeniería y prevenir huracanes, terremotos y calentamiento global, y ordenadores superinteligentes orquestarán estas y otras tecnologías para protegernos incluso de amenazas cósmicas como asteroides, incluso en un plazo relativamente corto, supernovas cercanas. (En serio). Además, usaremos estas tecnologías para tratar otras molestias de las que ni siquiera tenemos constancia aún, pero que nos sobrevendrán a medida que vamos liberando de cargas nuestros hombros. ¿Dónde terminará todo esto?
Pueden preguntar si debería realmente terminar, pero lo hará. Es razonable concluir, basado en lo expuesto anteriormente, que llegará un tiempo en el que todas las avenidas de la tecnología alcanzarán, aproximadamente a la vez, el punto que vemos hoy en la aviación: donde simplemente no estemos motivados para explorar sofisticaciones adicionales en nuestra tecnología, sino que prefiramos enriquecer nuestras vidas y las de los demás usando la tecnología existente. El progreso puede aún continuar, pero irregularmente y a un ritmo decelerado más que acelerado. En este punto la humanidad se encontrará en un estado de satisfacción completa con su propia condición: en completa identidad con sus objetivos más profundos. La naturaleza humana será al fin revelada.
- Aubrey de Gray
Traducción: Antonio Arturo González
Redifundido desde: http://www.edge.org/q2009/q09_5.html
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