22 noviembre, 2017

Google y la diversidad. La controvertida ciencia tras el “manifiesto” de James Damore

James Damore, ingeniero y biólogo computacional formado en Harvard, Princeton y el MIT era uno de los trabajadores de Google en su sede californiana antes de ser despedido este 7 de agosto, supuestamente por “fomentar estereotipos dañinos de género” que violan el “código de conducta” de la compañía, en opinión de su jefe ejecutivo, Sundar Pichai.

La decisión de prescindir de Damore –que ha anunciado que se querellará contra la firma– se precipitó tras la difusión este mismo mes de una nota de 10 páginas discutida inicialmente en un foro interno de Google. El documento, “Google’s Ideological Echo Chamber” (“La cámara de resonancia ideológica de Google”), fue filtrado para todo el público por la web GIZMODO, a través una versión cercenada que omitía fuentes académicas y algunos gráficos asociados al texto original

GIZMODO describió el documento como un “manifiesto anti diversidad” y a partir de entonces las reacciones negativas se han sucedido en cadena a través de las redes sociales, en algunos casos procedentes de los mismos compañeros de trabajo de Damore, pero también de los principales medios de comunicación. Para CNN el memo defendía la idea de que las mujeres “no son adecuadas para los puestos de trabajo de tecnología debido a razones biológicas”. The Guardian describía el memo de Damore como “un arma de Sillicon Valley contra las mujeres” relacionándolo con el “pensamiento tras la era de la eugenesia” y la prensa española mayoritaria lo ha despachado –de izquierda a derecha– simplemente como “manifiesto machista”.

El lector puede juzgar por sí mismo si estas descripciones se ajustan a la realidad, ya que el documento ha sido publicado en su integridad incluyendo las fuentes y gráficos omitidos –y también circula una traducción al español.

En contraste con el recibimiento hostil en muchos medios, la iniciativa de Damore ha recibido apoyos en amplios sectores sociales, académicos y científicos, empezando por los propios compañeros del trabajador en Google y Sillicon Valley en general. No sólo muchos compañeros en realidad están de acuerdo con los puntos de vista expresados en el ensayo, sino que según otra encuesta preparada por Blind con 446 participantes, la mayoría de los trabajadores de Google desaprueban la decisión de la compañía de despedirle. Sólo en 3 de las 10 compañías cuyos trabajadores fueron consultados se mostraron de acuerdo con la decisión de Google.

Via @LokiJulianus

 

La ciencia de las diferencias humanas

Casi coincidiendo con el despido de Damore la web Quillette –objeto de ataques maliciosos por parte de hackers estos mismos días– dirigida por Claire Lehmann publicó un interesante artículo con las respuestas de cuatro científicos ante la controversia. Y son sólo algunas de las muchas reacciones provocadas estos días por el manifiesto de Damore en científicos, académicos y comentaristas.

Según Lee Jussim, profesor de psicología social en Rutgers y experto en el estudio de los estereotipos sociales, “el autor del ensayo de Google sobre temas relacionados con la diversidad ha comprendido correctamente casi toda la ciencia y sus implicaciones”; y describe así sus puntos principales:

1) Ni la izquierda ni la derecha entienden del todo bien la diversidad; 2) Las evidencias de las ciencias sociales sobre sesgos implícitos y explícitos han sido exageradas y son mucho más débiles de lo que mucha gente parece dispuesta a admitir; 3) Google, quizás no de modo intencionado, ha creado una atmósfera autoritaria que ha reprimido la discusión de estos temas estigmatizando a cualquiera que discrepa como un fanático y ha creado políticas autoritarias de discriminación inversa; 4) Las políticas y esta atmósfera ignoran sistemáticamente la investigación científica biológica, cognitiva y educacional acerca de la naturaleza y las fuentes de las diferencias individuales y de grupo.

David Schmitt, psicólogo evolucionista de la universidad de Bradley “En el caso de los rasgos de personalidad, hay fuertes evidencias de que hombres y mujeres podrían poseer diferentes niveles en promedio de ciertos rasgos”. Si bien Schmitt considera “poco claro” cómo influyen estas evidencias en la política de diversidad de Google en concreto, también estima que “deberíamos poder discutir abiertamente y estar bien informados sobre las diferencias psicológicas de sexo que podrían contar para explicar la variación de hombres y mujeres en los puestos de trabajo”.

Para Geoffrey Miller, de la universidad de Nuevo México, “casi todas las afirmaciones empíricas del memo de Google son científicamente correctas” y critica una reacción mediática en masa rayana con el negacionismo científico. También señala algo que considera una paradoja de las ciencias sociales y las políticas favorables a la diversidad: “Si los sexos y las razas no difieren en absoluto, y si es cierta la intercambiabilidad psicológica, entonces el caso a favor de la diversidad no tiene razón de ser”. A la vez, si las diferencias psicológicas entre sexos y grupos son reales, y no son simplemente intercambiables, entonces conseguir la igualdad es imposible sin llevar a cabo políticas de discriminación positiva: “Igualdad o diversidad, no puedes tener las dos cosas a la vez”.

Debra W. Soh, escritora científica radicada en Toronto con un doctorado en neurociencia del sexo por la Universidad de York, por su parte subraya que no considera “ofensivo ni sexista” el memo y que “está bien documentado, pide más tolerancia por las diferencias de opinión, y trata a las personas como individuos en lugar de como parte de grupos”.

Sam Bowman, del instituto Adam Smith, da quizás en la clave al advertir que una parte de la hostilidad social y política contra el ensayo de Damore proviene de que “resulta muy difícil pensar sobre cómo podrían aplicarse las diferencias de grupo a los individuos”. El ensayo de Damore insiste en que “las diferencias en la distribución de los rasgos entre hombres y mujeres podría explicar en parte por qué no tenemos un 50% de representación de mujeres en la tecnología y el liderazgo”, pero esta afirmación suele interpretarse popularmente como si las diferencias en el promedio deberían aplicarse a todos y cada uno de los individuos que forman parte del grupo –ignorando que existe un considerable solapamiento de los valores a nivel individual. Aunque las mujeres son más empáticas en promedio que los hombres, y los hombres destacan en promedio en razonamiento espacial, esto no significa que no podamos encontrar ejemplos de mujeres y hombres individuales destacando en cada una de estas áreas –como también destaca el ensayo de Damore.

Según la estimación de Sean Stevens y Jonathan Haidt “Damore está en lo cierto al afirmar que las diferencias a nivel de población en las distribuciones son probablemente relevantes para entender las brechas de género en Google. Incluso si dejamos a un lado las cuestiones sobre el origen de las diferencias, sigue siendo un hecho que existen diferencias de género en varios rasgos, especialmente en interés/disfrute (más que en capacidad) dentro de la población adulta a partir de la cuál Google y otras firmas escogen a sus empleados”.

Así pues, habida cuenta de estas diferencias de sexo constatadas en la distribución de los rasgos psicológicos, y en particular de las diferencias en intereses y preferencias, una conclusión razonable es que la expectativa de conseguir una distribución perfectamente paritaria en las carreras científicas, técnicas y que implican liderazgo, parece algo apresurada (una impresión por otra parte compatible con los escasos progresos conseguidos por las políticas favorables a la diversidad en el propio Google), mientras que realmente sigue sin sostenerse la atribución de las “brechas de género” únicamente a sexismo y discriminación.

Por una parte, los críticos pasan por alto el papel que desempeñan las elecciones individuales, las preferencias y los intereses de hombres y mujeres individuales, más que sus diferentes habilidades. Como recordó la misma Susan Pinker dentro del ciclo de conferencias EUROMIND coordinado por la diputada europea Teresa Giménez Barbat “El 60% de las mujeres de talento cambiarían un trabajo que les da dinero por otro que les de sentido“. Para Pinker es un error asumir que las mujeres son algo así como simples clones de los hombres, y por tanto que están obligadas a calcar sus intereses (Ceci y Williams, 2011; Wang et al., 2013).

Los comentarios negativos sobre el ensayo también parecen ignorar otra sorpresa aparente descubierta por las ciencias sociales y que recogimos aquí hace años, lo que llaman “paradoja de la igualdad de género“: cuánto más igualitaria es una sociedad, mayor diferencia se observa entre hombres y mujeres a la hora de elegir carreras; un hallazgo que obliga a revisar cualquier discusión actual sobre las representaciones de las mujeres y los hombres en las carreras científicas, tecnológicas o de liderazgo, especialmente en los países noreuropeos y occidentales.

Una difamación ritual

El despido de Damore prueba que el argumento principal de su memo o manifiesto es correcto: las grandes compañías tecnológicas como Google y otras instituciones que ocupan los puestos más altos de la sociedad occidental, incluyendo una buena parte de los grandes medios de comunicación, realmente se han convertido en genuinas “cámaras de resonancia ideológica” que rechazan la diversidad de ideas –especialmente las ideas conservadoras–, son hostiles a las partes de la ciencia que interpretan como un obstáculo a sus proyectos, y responden a menudo de forma autoritaria incluso ante las críticas expresadas del modo más civilizado y mejor fundamentadas. Este, por cierto, sigue siendo el principal caballo de batalla de la iniciativa del psicólogo social Jonathan Haidt: Heterodox academy.

El modo de actuar de los directivos de Google y sus amigos activistas y en los medios de comunicación responde a la pauta característica de los “discursos posmodernos”. Lo típico en ellos es justamente que “no contesten a sus oponentes con argumentos mejores, sino que intenten silenciarlos como odiosos, intolerantes, fanáticos, misóginos, homófobos, etc”. El mismo Peter Singer, profesor de bioética en Princeton y uno de los filósofos más influyentes del mundo, subraya en una columna que el jefe de Google no se tomó la molestia de describir qué partes del manifiesto de Damore “cruzan la línea” del código moral aceptado en la compañía: “Irónicamente, lo que ha hecho Pichai al despedir a Damore es precisamente lo contrario del pasaje que cita. Ha creado una cultura de trabajo donde las opiniones del tipo de Damore serán intimidadas y silenciadas”.

Nicholas Christakis, de la universidad de Yale, da un paso más, y señala que la reacción contra Damore recuerda a lo que se ha llamado “difamación ritual”, cuyos elementos constitutivos se pueden resumir:

  1. En un ritual de difamación se acusa a la víctima de haber violado un tabú cultural.
  2. El método de ataque del ritual difamatorio se basa en atacar el carácter de la víctima, no sus argumentos.
  3. Estos argumentos se condenan, no se discuten.
  4. La víctima es expuesta al escrutinio del ojo público.
  5. El ritual difamatorio exige que más personas se suman a la condena pública de la víctima.
  6. La víctima de la difamación es deshumanizada –por ejemplo, considerándola en la actualidad “machista” o “racista”, y por tanto indigna de consideración.
  7. La difamación ritual debe presionar sobre el ambiente familiar y social de la víctima.
  8. Por último, debe considerarse irrelevante cualquier intento de “explicación” aportada por la víctima.

Es pintoresco que en pleno siglo XXI, y en nombre de principios emancipatorios, se intente aniquilar la opinión libre de una persona que trabaja en una compañía tecnológica global. Aunque el “manifiesto” de Damore cubre temas no resueltos y sujetos a discusión científica, defender la idea básica de que una sociedad abierta debe tratar a las personas como individuos y no como miembros de grupos, y de hecho proponer alguna receta para ayudar a encauzar la “diversidad” dentro del trabajo científico, son actos que no justifican la persecución desproporcionada de la compañía ni la cobertura proporcionada por algunos medios.

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4 Comments

  1. Joaquin Vega

    Esta polémica por fin ha conseguido visibilizar el tema, que todo el mundo lo vea, hable de ello y se exponga a visiones contrarias a lo correcto. Es la unica manera de extinguir el condicionamiento clasico al que estamos sometidos: 1ºse repite una y otra vez la mentira, 2º se reprime, censura, castiga cualquier otra idea, visión, pensamiento, reflexión o crítica
    Y lo mismo en todo lo demas politicamente correcto

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