22 noviembre, 2017

¿Daña más el “patriarcado” a los hombres?

“Patriarcado” entendido como un sistema social construído para beneficiar sistemáticamente a los hombres a expensas de las mujeres es una creación bastante reciente. En ningún caso se trataría de un término anterior a la llamada “segunda oleada” del pensamiento feminista de los años 60 del siglo pasado, si bien la raíz ideológica se encuentra en algunos pensadores radicales de la Ilustración. Según la descripción que hace Jonathan Israel sobre el pensamiento de François Poulain de la Barre (1647-1723), autor de De l’egalité des sexes (1673), “la injusta subordinación de las mujeres a los hombres se debe al poder de la tradición y el prejuicio aliados con la interesada tiranía que los hombres han impuesto sobre las mujeres a lo largo de las épocas”. Parece que la feminista radical Kate Millet fue la encargada de nombrar a este proceso “patriarcado” en su libro Sexual politics (1970).

...contra toda forma de patriarcado
…contra toda forma de patriarcado

La ciencia y la antropología clásica hablaban más de “familia patriarcal” que de “patriarcado” en este sentido. L.H. Morgan (1818-1881), en su Ancient society (1881), distinguía la familia patriarcal “fundada en el matrimonio de un hombre con varias esposas, seguida en general por la reclusión de las esposas” de otras formas de familia no patriarcales: familia consanguínea, punaluana, syndasmiana o paritaria y monógama. Morgan vinculaba la familia patriarcal con la barbarie y recuerda que fue paulatinamente reemplazada incluso entre griegos y romanos por la familia monógama. Es más, Morgan subrayaba que la familia patriarcal es excepcional en el registro antropológico del parentesco humano. Por su parte, John Hajnal (1924-2008), al estudiar la nupcialidad europea, distinguía también la familia propiamente patriarcal, o “comunitaria”, de los demás tipos de familia, autoritaria, nuclear absoluta y nuclear igualitaria.

El “patriarcado” como sistema social y familiar extendido a lo largo del tiempo y las naciones hubiera resultado un planteamiento alienígena en este contexto.

Sin embargo, según algunos antropólogos y psicólogos evolucionistas el “patriarcado” de hecho tiene orígenes en nuestro pasado prehomínido, tal como ha explicado en bastante detalle Sarah Blaffer Hrdy. De acuerdo con el planteamiento de Daniel Kruger, Maryanne Fisher y Paula Wright (2014), la última una académica independiente y administradora del grupo de Facebook “Darwinian gender studies”, lejos de contradecirse, darwinistas y feministas en realidad coincidirían al “documentar diferencias de poder entre los sexos, especialmente en el control de los recursos, con los hombres acaparando recursos y excluyendo a las mujeres de las decisiones políticas en la distribución de los recursos”.

Para Kruger y sus compañeros, las feministas del patriarcado ignoran aspectos básicos de estas dinámica de control social, especialmente la competencia intrasexual masculina: “en especies sociales, tales como la humana, es necesario aunar el control sobre las hembras con el control sobre otros machos individuales. Los hombres tenderán a interferir los intentos de emparejamiento coercitivo de otros hombres, y esto simultáneamente podría reducir el éxito reproductivo del competidor”.

Bajo esta forma de “patriarcado” sólo una minoría de hombres consiguen retener el poder y el status necesario para ejercer el dominio. El resto de hombres resultan “desechables” para emplear el término de Warren Farrell y es probable que sufran las consecuencias del llamado “síndrome del joven macho” que provoca una elevada mortandad temprana masculina. Incluso en las sociedades aparentemente más avanzadas e igualitarias los hombres siguen acaparando males sociales. Es posible que detenten más poder social según ciertos criterios políticos y culturales, pero los hombres se suicidan más, sufren más homicidios y accidentes laborales, viven menos y padecen más trastornos del desarrollo que las mujeres.

Relación positiva entre mortandad masculina y "empoderamiento" femenino
Relación positiva entre mortandad masculina y “empoderamiento” femenino (Kruger et al., 2014)

Los autores del estudio, publicado en Evolutionary behavioral sciences, predicen que las diferencias en poder social estarían relacionada con los niveles de mortandad masculina, y sus resultados confirmarían los niveles de mortandad son más perjudiciales para los hombres en las sociedades más polígamas y donde hay más desigualdad económica entre sexos. Las autoras han empleado en su estudio datos procedentes del del “índice de poliginia”, creado por Kanazawa y Still, así como el índice de “empoderamiento” femenino de las Naciones Unidas o el coeficiente de Gini. Sus resultados muestran que en general cuánto menos “igualitaria” es una sociedad, mayor es la proporción de mortandad masculina comparada con la femenina: “a lo largo de las naciones, el empoderamiento social y económico de las mujeres posee una fuerte relación inversa con la disparidad entre la mortandad masculina y femenina provocada tanto por causas externas (directamente conductuales) e internas (mediadas conductualmente), incluso teniendo en cuenta la desigualdad económica general y la prevalencia de la poliginia”.

Que las sociedades definidas como más “patriarcales” son dañinas de forma significativa para los hombres contradice las expectativas ideológicas, tanto de las feministas como de los tradicionalistas que sueñan con una vuelta a un pasado mejor. Una posibilidad tentadora es etiquetar como “paradójicas” las conclusiones o incluso eliminar el concepto mismo de “patriarcado”. Wright considera que el concepto sigue siendo útil, pero necesita ser redefinido. El “patriarcado” no sería tan sólo el sistema de opresión milenario imaginado por la segunda oleada de feministas, sino, según su descripción, la “forma en que hombres muy poderosos controlan tanto a las mujeres como a otros hombres, además de los recursos no humanos”.

 

Referencia: Kruger, Daniel J., Maryanne Fisher, and Paula Wright. 2014. “Patriarchy, male competition, and excess male mortality.” Evolutionary Behavioral Sciences, 8(1): 3-11.

 

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6 Comments

  1. Pingback: Anónimo

  2. Principio cero

    Brillante. De la misma forma que el hombre ejerce violencia sobre la mujer… y sobre todo sobre otros hombres, de manera que la víctima de la violencia masculina es mayoritariamente el hombre.

  3. Alina

    Sistema de opresión milenario imaginado…, curioso…qué ganas hemos tenido las mujeres de inventarnos cosas que nos perjudican…, caray…

  4. Eduardo

    Con respecto a las mujeres, sólo el 30% se identifican como feministas y un no despreciable porcentaje lo considera un insulto, según encuestas.

  5. Emilio

    Desde luego un planteamiento de este tipo con más de dos patas, tiene más visos de verdad histórica que esa confrontación en bloque de varones contra féminas que plantea el neofeminismo. Y en esa relación triangular de varones y mujeres de las clases dominantes, y mujeres y hombres de las capas más bajas, posiblemente sean estos últimos quienes peor lo hayan tenido.

    De todos modos queda un aspecto importante por dilucidar y es: ¿quién impone los roles a desempeñar por cada uno de los sexos? El feminismo radical americano y desde él la práctica totalidad de los feminismos existentes han culpado al varón de ser él el único responsable de lo acontecido hasta el presente.

    La duda que ahora mismo a mí se me plantea es: ¿y en el momento presente? ¿Quién dice lo que corresponde hacer a cada sexo? ¿Quién goza del poder para imponer el reparto de roles en las sociedades de nuestro entorno y aquellas donde más avanzada está la “igualdad”?

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