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Publicado por el 4 feb, 2013 en Humanismo Secular, Libros / Reseñas, Tercera Cultura | 13 comentarios

Por qué probablemente el ateísmo reemplazará a la religión

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Reseña de Why atheism will replace religion. The triumph of earthly pleasures over pie in the sky (Por qué el ateísmo reemplazará a la religión. El triunfo de los placeres terrenales sobre las delicias del cielo), de Nigel Barber, 2012

Profetizar el fin de la religión parece algo bastante audaz, habida cuenta de que otras expectativas similares se han visto notoriamente incumplidas en el pasado. El cristianismo no terminó en el siglo XIX, como pronosticó Voltaire, Nietzshe no mató realmente a Dios, y el socialismo nunca consiguió erradicar el “opio del pueblo”. Nigel Barber, también autor del blog The human beast, propone en este libro otro punto de vista sobre el fin de la religión centrado mucho más en los hechos, y en particular los hechos socioeconómicos.

Símbolos religiosos

Símbolos religiosos

Aunque la increencia es hoy mismo una fuerza demográfica global, la mayoría del mundo sigue siendo religioso. Pero según Barber, a medida que una mayoría de países graviten hacia las democracias de tipo europeo y escalen puestos en los índices del desarrollo humano, la secularización y el ateísmo avanzarán inevitablemente hasta sobrepasar a la religión. Para mediados de este siglo la mayoría del planeta habrá dejado de profesar su tradicional creencia en Dios.

Las ventajas de la religión

La religión no es un “meme maligno” ni la raíz de todo mal. Profesar una religión confiere ventajas a las personas y a las sociedades, y probablemente esto es así desde hace varios milenios. Si la religión fuera un rasgo humano drásticamente deletéreo, nunca podría haber evolucionado en primer lugar.

Hoy en día existe ya una amplia literatura científica sobre las ventajas específicas de la religión para la salud de las personas y para mejorar el capital social de las sociedades. Algunos han sugerido incluso que el efecto sobre la salud de no tener una religión es equiparable a fumar un paquete de cigarrillos durante 40 años (Hummer, 1999). El serio inconveniente con este tipo de estudios, muchas veces financiados por instituciones que poseen flagrantes agendas religiosas, como la fundación Templeton, es que sus efectos parecen restringirse a países como EE.UU. que tienen una amplia mayoría social religiosa. Por ejemplo, se sabe que los efectos de la religión sobre la felicidad de las personas desaparecen en las sociedades que no son mayoritariamente religiosas (Snoep, 2008).

En su conjunto, estos resultados insinúan que las relaciones entre religiosidad y felicidad, o entre religiosidad y capital social, son muy sensibles al contexto histórico y socioeconómico.

La excepción americana

Aunque los EE.UU siguen siendo una nación mucho más religiosa que las democracias europeas, no es una sociedad inmunizada contra los procesos de secularización. En el último medio siglo la importancia de la religión en la vida de la gente de EE.UU, o la asistencia a los servicios religiosos de hecho ha disminuído notablemente (aunque para complicar un poco más el diagnóstico, la secularización ha sido más virulenta en las clases medias bajas, según el último análisis de Charles Murray).

De acuerdo con Barber, los EE.UU siguen siendo una religión mayoritariamente religiosa porque sigue siendo un país más desigual e inseguro que el resto de las sociedades occidentales. Dicho de una forma extremadamente simple, la gente no deja de creer en Dios porque le convenzan los argumentos de Richard Dawkins o Stephen Hawking, sino porque vive en sociedades más igualitarias y menos azotadas por la inseguridad económica y existencial que son características de la experiencia humana, en especial desde el surgimiento de las sociedades estatales basadas en la agricultura.

Por otra parte, no es cierto que la secularización conduzca inevitablemente al deterioro social. Las sociedades más irreligiosas del norte de Europa no son un caos secular como predicen los conservadores religiosos de EE.UU. Según Phil Zuckerman (autor de Society without god) estas sociedades poseen en realidad menor tasa de crímenes, mayor integración de los inmigrantes, un alto nivel de capital social, un alto nivel de confianza social, una potente educación pública, y además son competitivos, igualitarios y sus ciudadanos disfrutan de una superior expectativa de vida.

El “manto de seguridad”

La religión funcionaría, según esta hipótesis, como un “manto de seguridad” (security blanket) capaz de lidiar con las incertidumbres vitales.

La religión podría haber sido útil para los humanos durante milenios gracias al papel que jugó para tratar con el stress y la incertidumbre. Sin embargo, su utilidad está quedando atrás porque algunos países extremadamente ricos, exitosos y felices están apartándose de la religión. Argumento que las vidas de sus ciudadanos son tan cómodas y seguras que ya no necesitan más los rituales religiosos para que les ayuden a trae con la ansiedad. Los factores clave que hacen sentirse segura a la gente incluyen: una riqueza relativa, buena salud y una larga expectativa de vida, seguridad económica y confianza social, todas ellas características de países increyentes.

Pippa Norris y Ronald Inglehart fueron los primeros en proponer la “hipótesis de la seguridad existencial” en Sacred and secular (2004) para intentar explicar la función social de las religiones, y desde entonces disponemos de bastantes evidencias consistentes con esta idea.

En especial el declive de la desigualdad en el último siglo estaría claramente asociado con el declive de la religión, tal como se aprecia en el análisis del coeficiente Gini. Los países más desiguales también resultan ser los más religiosos.

A medida que los estados del bienestar incrementan la calidad de vida de la gente y reducen su incertidumbre vital, la importancia de la religión desciende. En España, por cierto, lo estamos apreciando con ocasión de la crisis económica actual. A medida que se agudiza la crisis y el estado del bienestar se retira, aumenta la importancia de las instituciones religiosas, especialmente de tipo asistencial, pero significativamente esto sigue sin traducirse en un aumento de la fe de la gente.

La tendencia a la secularización, acompañada por el desarrollo de sustitutos seculares de las identidades religiosas muy atractivos, como los deportes organizados, las “redes sociales” o la psicología, es muy difícil de resistir. Ni siquiera la mayor fertilidad de los fundamentalistas religiosos parece poder detenerla. El problema, según Barber, es que los árboles no crecen hasta el cielo: los efectos diferenciales de la fertilidad religiosa no pueden progresar indefinidamente en entornos urbanos y modernos. Las religiones tradicionales pueden reaccionar creando nuevas estrategias de defensa, u optando por el aislamiento, pero los efectos no son duraderos. Contrariamente a las predicciones de algunos científicos sociales, los fundamentalistas probablemente no heredarán la tierra.

Imagina un mundo sin religión

La inercia religiosa, desde luego, puede ser difícil de vencer. Pese a que en todo el mundo la creencia en Dios disminuye gradualmente, la religión sigue siendo muy importante en sociedades como Israel, donde Dios está muy mezclado con los asuntos políticos. En los países subsaharianos apenas hay ateos, mientras que en los países más desarrollados aumenta inevitablemente la secularización a medida que lo hacen la prosperidad y el control del estado. En Suecia había un 64 % de no creyentes en 2004, en Dinamarca un 48%, en Francia un 44% y en Alemania un 42%.

¿Hasta dónde puede progresar esta tendencia hacia una mayor secularización? Si se cumplen las previsiones del Fondo Monetario Internacional y la mayoría de los países alcancen el nivel actual de prosperidad que disfrutan los países más irreligiosos e igualitarios, Barber conjetura que el planeta en su conjunto se volverá irreligioso para 2035. Si se toma como referencia el crecimiento del producto nacional bruto, esta transición comenzará en 2041. Y si tomamos como referencia el Indice de Desarrollo Humano, el país medio alcanzará a los países irreligiosos actuales todavía antes, en 2030.

Es importante subrayar que Barber no predice un mundo donde no hay religión en absoluto. Todo el mundo no va a ser como los “nuevos ateos” pero, si se cumplen las proyecciones, y descontando eventos catastróficos imprevisibles, al menos la mitad de la población adulta del mundo podría dejar de profesar su creencia en Dios o, al menos, podría dejar de ver la religión como un asunto realmente importante en sus vidas. En todo caso, y sea cuál sea la opción personal del lector, optimista secular o nostálgico religioso, los argumentos de Barber merecen una seria consideración.

13 Comentarios

  1. El descreimiento o la ausencia de creencias religiosas no es lo mismo que el ateísmo.

    Una cosa es no creer en Dios y otra cosa es afirmar que no existe, tener una doctrina al respecto. La mayoría de la gente que podríamos denominar “no religiosa” ignora la cuestión y no se define. Mucho más le interesan las cuestiones terrenales que las cuestiones metafísicas, que siempre son cosa de una minoría.

  2. Citando a Zuckerman, Barber menciona el “indiferentismo benigno” de los escandinavos. Estos “no creyentes” oscilan entre la indiferencia religiosa y el ateísmo práctico. Lo llama “benigno” porque este tipo del secularismo carece de la “agresividad” de los ateos en contextos donde la religión sigue siendo importante, como los EE.UU en particular.

  3. Los ateos no tenemos una doctrina al respecto. Ser ateo es no creer en dios. Punto. Hay quienes niegan su existencia, otros simplemente sostenemos que no hay evidencia de su existencia.

  4. Tae:

    Bueno, no la tendrá usted, pero otros sí la tienen. ¿No ha oído hablar de Gonzalo Puente Ojea? Ha publicado libros en defensa de sus tesis. Ha habido incluso concilios ateos, cuyos partícipes tienen, naturalmente, una doctrina al respecto.

    El diccionario de la Real Academia define ateo como aquél que niega la existencia de Dios.

    No hay que confundir a los ateos con los indiferentes o con los escépticos, aunque también hay muchos ateos que se definen como escépticos sin serlo.

  5. Realmente “ateo” tiene sentidos muy diferentes y la acepción “doctrinaría” o filosófica es solo una de ellas. Los cristianos eran llamados “ateos”. Voltaire hablaba de “ateos” antes de que los historiadores del ateísmo normalmente aceptan la existencia de ateos filosóficos, etc. Es decir, que no existe una única definición aceptable.

  6. Este artículo está sesgado, lo cual no parece querer decir nada a priori, pero si la intención del articulista es sesgar a quien lo lee, eso sí que quiere decir algo: se está haciendo apología del ateísmo de forma disimulada.

    Por ejemplo, la frase: “Profesar una religión confiere ventajas a las personas y a las sociedades” está completamente sesgada, omite el comparativo inconscientemente ¿qué religiones concretasmente confieren esas ventajas? Y además generaliza inconscientemente, ¿a qué personas concretamente beneficia y a cuales no?

    El fondo del artículo, por lo tanto, es una defensa del ateísmo. Y oye, está en su derecho el articulista, pero desde luego que a mí no me la ha colado.

  7. “¿A qué religiones concretamente…?”

    En el post hay dos referencias cientificas concretas sobre ese tema con enlaces incluidos. Moléstese en leerlas.

  8. ¿Qué le hace pensar que necesito leer algo más de nadie? La realidad es suficientemente explícita, y la intención oculta de una generalización y una ausencia de compartativo semejantes, igual.

    Otro cantar sería si hubiese dicho: “Profesar algunas religiones…” Pero meter a todas las religiones, las recesivas (incluyendo el ateísmo) y la adaptativa, en el mismo saco, es tendencioso.

    Por otra parte, a lo largo de la historia, las religiones han ido adaptándose a nuevas circunstancias, particularmente el nacimiento de Cristo. Nada parece negar la posibilidad futura de un nuevo mesías o similar, o una creencia en Dios… diferente, entre otras razones porque los fundamentos del cristianismo cada día se revelan más explicables y por tanto compatibles desde/con la ciencia para el común de los mortales, y esa tendencia puede aumentar en el futuro.

    Estos pensadores a los que cita valoran la evolución de un escenario similar al actual desde la estadística. El mismo error que habría cometido un romano pre cristiano con respecto a sus deidades. La creencia en dioses alejados de la Ley Natural cambió por la creencia en Dios/Ley Natural. Las religiones evolucionan, y el cristianismo es el epítome de la evolución, no sé yo por qué razón la tendencia de la evolución humana tendría que cambiar. Y todo eso si no tenemos en cuenta que ahora mismo, la evangelización ha tomado un sentido inverso, desde los países emergentes a los civilizados.

  9. Lo que me hace pensar que necesitaba “leer algo más” es que la repuesta a su pregunta estaba ya contestada en el post, o indagando en alguno de sus enlaces.

    Las conjeturas estadísticas de Barber son discutibles y pueden revelarse erróneas, desde luego, pero ideas como que el cristianismo es el “epitome de la evolución” ni siquiera merecen ser discutidas.

  10. Francamente, apreciado Santiago Barreiro, no logro comprender el sentido de tu comentario. He husmeado por tu página para orientarme y he de admitir que coincido ampliamente con tus planteamientos. Por eso no consigo explicarme tu pintoresco análisis de las intenciones del autor desde una reseña.

  11. mis duas las diluyo reflexionando y buscando formularlas y describirlas atravez de un metodo academico y lo unico que me sale es la existencia del bien y su ausencia

    el tema me hace dudar ya que se usa el proceso de secularizacion y esta comprobado que este sucede desde la iglesia hacia la parroquia y si no es asi se vuelve simplemente secularismo que termina siendo algo como una nueva religion o mejor dicho algo nuevo en que creer sin una correcta descripcion o formulacion academica

    mas de lo mismo asi que me quedo con el bien y la ausencia del bien

  12. El triunfo de la ciencia sobre la religión es ya un hecho, el paso siguiente es la divulgación del conocimiento científico y como tal el autor de artículo Barber tienen razón al tomar el factor económico. En las crisis económicas las poblaciones tienen a buscar refugio en las religiones, en la compra de loterías y en la consulta de adivinos y espiritistas, todos estos factores interrelacionados ya que de la magia nació la religión. Algunos toman al ateísmo como una nueva religión y nada más lejano. La formación del espiritu científico nos sacara de la ignorancia del espiritu religioso.

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