22 noviembre, 2017

Menos que humanos. La ciencia detrás de la deshumanización

Reseña de Less than human. Why we demean, enslave, and exterminate others, de David Livingstone Smith (St. Martin’s Griffin, 2012)

Cuando pensamos en los grandes extremismos del siglo XX, probablemente lo primero que nos viene a la cabeza es el Holocausto y los crímenes del nazismo. Ciertamente, los nazis cometieron minuciosos actos genocidas basándose en la creencia de su superioridad espiritual, y en la sistemática deshumanización de sus adversarios, pero no estaban solos en esto. Los japoneses también se consideraban a sí mismos la forma más elevada de vida, y clasificaban a sus enemigos como demonios (oni), espíritus malignos (akki y akuma) o monstruos (kaibutsu). Durante el sangriento teatro del pacifico, en la misma segunda guerra mundial, los norteamericanos consideraban a los “japos” como animales subhumanos, en palabras del general australiano Sir Thomas Bradley: “una curiosa raza, cruce entre humano y mono”. La deshumanización era una pieza fundamental de la propaganda bélica virtualmente para todos los bandos del conflicto y ha continuado siéndolo en las peores masacres de nuestro tiempo.

livingstoneDavid Livingstone Smith es un profesor de filosofía y fundador del The Human Nature Project en la universidad de Nueva Inglaterra que intenta explicar en este libro cuáles son los mecanismos fundamentales de la deshumanización: por qué la mayoría de los grupos humanos no ha tratado históricamente a los demás grupos humanos como tales. ¿Por qué somos, para decirlo con William Graham Sumner, tan etnocéntricos?

El primer malentendido que es preciso despejar es que la “deshumanización” no es un patrimonio del hombre blanco occidental. Franz Boas, uno de los fundadores de la antropología cultural, explicaba que:

Entre muchos pueblos primitivos, el único individuo dignificado con el término ser humano eran los miembros de la tribu. Incluso sucede en algunos casos que el lenguaje designará únicamente a los miembros de la tribu como “él” o “ella”, mientras que todos los extranjeros serán “eso”, como animales. (Pág. 58)

Después de pasar varios años entre los Yanomamö de Brasil y Venezuela, Napoleon Chagnon recuerdaba también el momento en que uno de los miembros de la tribu se dirigió finalmente a él como “Casi un ser ser humano, casi un Yanomamö”.

Pensar en otros seres humanos como seres menos que humanos requiere una compleja maquinaria cognitiva. Es algo que realmente sólo está al alcance del cerebro humano, aunque existen antecedentes primitivos en nuestros parientes evolutivos más próximos. Según Jane Goodall los chimpancés “muestran una conducta diferente hacia el grupo y los miembros de los demás grupos”, y sus prácticas de caza contra monos y otros chimpancés son en cierto modo precursoras de la guerra humana. La deshumanización, sin embargo, de acuerdo con Livingstone Smith, es un proceso cultural, no un proceso biológico.

Imagen de "El judío eterno" (1940)
Imagen de “El judío eterno” (1940). Prototipo de deshumanización

Este proceso descansa en el hecho de que los seres humanos son algo así como “esencializadores naturales”. Tendemos a comprender a los seres vivos en términos de “esencias” no visibles que explican la unidad y la conducta de un organismo. Desde esta perspectiva, reconocer el tipo o esencia humana es un subproducto cognitivo de reconocer los tipos naturales. Estos conceptos de biología “popular” pueden llegar a ser, además, sorprendemente parecidos a los sistemas de clasificación científica, en particular al sistema de Linneo.

Los grupos étnicos diferentes, según Francisco Gil-White, pueden ser tratados por el cerebro de un modo similar a como tratamos las demás especies naturales, una característica de la cognición que estaría en la base de lo que los etólogos del siglo XX llamaban “pseudoespeciación cultural”. Así, el racismo potencialmente deshumanizador puede verse como un subproducto evolutivo surgido desde la capacidad ancestral del cerebro para distinguir especies naturales. En términos técnicos, se podría tratar de una “exaptación”, o utilización no esperada de un rasgo que ha evolucionado naturalmente para desempeñar otra función.

El ser humano es el único capaz de ser “cruel” debido a que es el único que realmente comprende lo que está haciendo. Las hormigas son furiosamente “etnocéntricas”, pero la agresión letal contra las extranjeras está basada en mecanismos determinados genéticamente que no pueden ser evitados. Los actos de guerra y crueldad humanas, en contraste, crean una conciencia escindida y habitualmente un intenso sentimiento de culpa que es difícil de superar (podemos reflexionar sobre las traumáticas consecuencias por stress de guerra o la epidemia de suicidios en los militares, recientemente dada a conocer en los EE.UU). La deshumanización habría evolucionado precisamente como un rasgo cultural sofisticado capaz de pasar potencialmente por encima de las constricciones morales y cognitivas de los seres humanos corrientes.

Este es un libro con un conjunto de reflexiones interesantes, si bien arrastra un serio inconveniente en el concepto mismo de “humanidad”, y por tanto de “deshumanización”, que en realidad está muy lejos de ser universal y constante en el tiempo. No habría más que recordar que el primer ser humano occidental en atravesar el océano pacífico y, finalmente circunnavegar la tierra, tuvo que esperar hasta el siglo XVI de nuestra era. “Humanidad” es un concepto del todo extraño en la evolución humana. Para la mayoría de los pueblos tradicionales “humano” significaba solamente “uno de los nuestros”, tal como admite el propio Livingstone Smith, por lo que la deshumanización en rigor es un fenómeno histórico novedoso. Sin olvidar distinguidos precedentes filosóficos y religiosos, la humanidad moderna no sería muy anterior a las primeras revoluciones y guerras verdaderamente mundiales, junto con las primeras “declaraciones” de derechos universales que proclaman por primera vez la unidad del género humano, y el todavía más reciente descubrimiento del genoma humano.

About The Author

Related posts

4 Comments

  1. Emilio

    ¿Qué pasa con la categoría género? En muchas autoras feministas la frontera que marca los sexos es demasiado pronunciada como para que no se tenga en cuenta cuando se realizan este tipo de análisis. Como dice Elisabeth Badinter parecen olvidar la común humanidad de mujeres y hombres.

  2. Eduardo Zugasti

    Livingstone no haba de género, pero eso sí, descarta que la “misoginia” tradicional pueda considerarse una forma de deshumanización.

  3. Aloe

    Las castas, las diferencias entre “nobles” y “plebeyos” y otras categorizaciones de estratificación social se conciben también como pseudobiológicas, en cierto modo como “raciales”, en las sociedades donde la estratificación es más fuerte y menos permeable.

  4. jamie goth

    Yo creo que los sociologos y antropologos quieren dirigir todo como un unico vector hacia “lo cultural”, cuando todos sabemos que el hombre es un animal y respondemos a estimulos biologicos, a reacciones quimicas y a el INSTINTO, el racismo es algo muy bueno, asegura la diversidad algo primordial en la lucha por la supervivencia.
    La desgracia es que la escuela de frankfurt a copado todos los centros de investigacion y se deshace de los especimenes mas inteligentes y capacitados, sustituyendo la masa cientifica con seres con una gran memoria y poco rasocinio, vivimos tiempos oscuros , la nueva iglesia nos ha sumido en el oscurantismo y desinformacion, pero como todo es ciclico ya pasara, y recordaremos este tiempo dominado por marxistas culturales , jesuitas y judios como una etapa de verguenza.

Escribir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *