por Francisco Mora Teruel
Acaban de conceder el Premio Nobel de Literatura a un excelente escritor hispano-peruano que nos resuena muy de cerca a los españoles. Y supongo que en cada uno, esa noticia se cocina de un modo diferente y con ingredientes culturales y personales diferentes. Y a mí, cada vez que se habla de Premios Nobel y su relación con España, la conversación o la noticia me produce un aguijonazo emocional que me duele profundo.
Dolor que expreso como denuncia ante la falta de la Cultura de la Ciencia en España y nuestra secular incapacidad de generarla y alumbrar con ello Premios Nobel de Ciencia como ocurre en casi todos los países avanzados del mundo occidental.
¿Por qué no existe una cultura de la ciencia en España? Nadie discutiría yo creo, que en nuestro país, la ciencia no tiene arraigo, ni recibe un distingo social como por ejemplo lo reciben las artes (sea la pintura, la literatura, la música) o las humanidades en general y desde luego el deporte en sus muy diversas manifestaciones.
Esta realidad ha embebido la cultura española desde siempre y, consecuentemente, ha sido la cuna en la que han crecido generaciones de estudiantes y la población española en general. Consecuencia directa de todo ello es el poco “valor real” de nuestra cultura actual “allende las fronteras”. Me refiero a ese valor “pensante” que, como cultura, dignifica a un pueblo.
Una expresión clara y sin discusión posible es la pobreza de nuestro escaparate científico que se manifiesta internacionalmente en el número de Premios Nobel de Medicina y Ciencia que han desarrollado toda su investigación científica en España. Pues bien, como digo, el balance es tan pobre que solo tenemos uno, Santiago Ramón y Cajal. Premio Nobel, por otra parte, que él mismo, y a lo largo de toda su vida activa como científico, fue el máximo exponente en denunciar esta situación de la Ciencia en España.
Y este panorama, que ya denunciara Ramón y Cajal en su tiempo, en su esencia no ha cambiado mucho. Lo más deplorable de esta situación, que continúa, es que “gracias” a todos los máximos responsables políticos y académicos de nuestras Instituciones (y particularmente universidades) que hemos tenido desde el siglo pasado seguimos viviendo en una cultura de arte y humanidades “ya pasada”, lo que, decididamente, va en detrimento del papel claro de nuestro prestigio internacional.
Y esta es una realidad que nos aleja de “esa otra realidad científica” de países como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Suecia etc. y nos sigue dejando anclados, todavía más si cabe, en un ancestral furgón de cola científico. Hace muy poco recibí un correo electrónico de un prestigioso colega de Estados Unidos que decía algo así:
“Habéis ganado el campeonato del Mundo de Fútbol. Habéis ganado Winbledon. Habéis ganado el tour de Francia. ¿Qué está pasando en España?”
A lo que yo contesté, también algo así.
“No lo sé. Pero es cierto que nos hemos vuelto muy ricos y fuertes cultivando el músculo en detrimento del cultivo del cerebro”
Sin duda que esta “irónica” contestación obedecía a esa desazón profunda que tenemos muchos en España. Y sobre todo a ese sentimiento de “frustración” constante al no otear en el horizonte la posibilidad de un cambio. ¿Qué falla pues, en su raíz, para que no se cree en España una cultura de la Ciencia? ¿Dinero? Sí, pero no esencialmente. ¿Genio o Talento? Decididamente no, pues es claro que los españoles que trabajan en otros países, particularmente en Estados Unidos, muestran sobradamente sus talentos genuinos, comenzando con Severo Ochoa que ganó, como americano, el Premio Nobel. Y así tantos otros científicos que ocupan puestos muy relevantes y realizan en Estados Unidos una investigación científica al más alto nivel. ¿Qué falla pues? Falla un abrigo, una cultura de la ciencia que España no tiene.
Todo lo que acabo de señalar no debe llevarnos a una falsa apreciación del momento actual de la Ciencia en España pues es verdad que la producción científica española es muy buena y que ha habido una gran progresión en esa producción en los últimos diez-veinte años. Pero ello, estoy convencido, no nos va a llevar a lo que yo llamaría el “nivel de excelencia” de la investigación científica, es decir, aquel nivel de trabajo que se encuentra al borde o límite del conocimiento actual.
El “nivel de excelencia” requiere de un constante diseño e invención tecnológica que permita responder, por primera vez, preguntas que no se pueden contestar con las herramientas técnicas disponibles al uso en los laboratorios convencionales aun disponiendo éstos de las técnicas y los aparatos más modernos.
Para llegar a ese nivel de excelencia esas técnicas “convencionales” son herramientas “viejas” que no permiten contestar las preguntas que alumbran campos nuevos de investigación dando así respuesta a problemas siempre al borde de lo desconocido. En España no estamos en el verdadero nivel “de conocimiento nuevo”. En el nivel de excelencia. En el nivel que genera Premios Nobel.
Todo esto justifica el que España no genere Premios Nobel en Ciencia o Medicina. Ni que haya atisbos de que tal cosa pueda suceder en un próximo futuro. Y es cierto que hay grupos científicos prestigiosos. Pero también lo es que estos grupos, muy pocos, no son capaces de generar un clima generalizado de excelencia que alcance a la sociedad y sean apreciados por ella. Son grupos aislados que distan mucho de esa excelencia capaz de abrir nuevos campos o contestar preguntas cruciales en determinadas áreas del conocimiento. No son grupos capaces de generar científicos que merezcan el reconocimiento de un Premios Nobel y poder, como consecuencia social, reclutar jóvenes estudiantes deseosos, en número suficiente, como para, a su vez, aspirar a metas científicas ambiciosas.
Y todo ello es consecuencia de la falta de un clima, de un eco social que ampare y dé voz “caliente” a la Ciencia en España cultivando, desde sus raíces, unos valores. Por eso la Ciencia no tiene hueco en los medios de comunicación, más allá de la “curiosidad superficial” o la anécdota. Y tampoco la tiene en el pensamiento de los políticos sobresalientes que juegan solo a la inmediatez “visible” de sus logros.
Carecemos de políticos poseedores de esa mirada larga, no ya que avizoren en lontananza el valor de la Ciencia como instrumento de conocimiento nuevo, sino que posean la visión, aun a largo plazo, del poder de la Ciencia como instrumento poderoso para la economía de un país. En España falta un cambio revolucionario que apueste por la Cultura de la Ciencia.
Se necesita el que algún día, “alguien”, se dé cuenta de la necesidad de esa Cultura, que es la que verdaderamente puede dignificar a un pueblo como pueblo culto y emprendedor, y lo mencione y lo repita en discursos y actos solemnes, de modo constante. Que haga darse cuenta a los poderes públicos, mediáticos, académicos, culturales que, además de conocimiento, la Ciencia genera “riqueza” con el diseño de nuevas técnicas y patentes. Y con todo esto adquirir esa otra riqueza añadida que se llama Cultura Moderna demostrando al mundo y a nosotros mismos que somos un pueblo que además de nuestra pasión por el fútbol, que está muy bien, “piensa” y alumbra conocimiento nuevo.
Recientemente el fisiólogo británico Colin Blakemore, en un contexto internacional, dijo cosas bastante “llanas” de las que bien pudiéramos tomar buena nota. Dijo así “La Ciencia está siendo reconocida cada vez más como parte de la cultura, pero sigue siendo aceptable que la gente se meta en sofisticadas discusiones sobre temas científicos de los que no tiene ni idea y que eso no se vea como expresión de su incultura o su nivel de educación. Sin embargo, no se puede decir que no sabes nada de Shakespeare o que no sabes nada de Picasso, pues todo el mundo se reiría de ti. Y es que la Ciencia no se ve todavía al mismo nivel que las artes en términos de cultura. Creo que deberíamos revisar la manera en que la ciencia se enseña en los colegios.
La mayoría de los países valoran la educación científica, por supuesto, pero la ven como destinada a una fracción muy pequeña de la población, que se convertirá en los científicos del futuro. Lo que tenemos es que pensar es en ese noventa y cinco por ciento de gente que no van a ser científicos. Hay que rediseñar la educación de la ciencia para que la gente la encuentre aceptable y pase a formar parte de la cultura en general.
Hay que conseguir que la gente pueda sentir que la ciencia les pertenece. El sentimiento de propiedad es crucial aquí. Creo que todo el mundo, en cierto sentido, se siente propietario del arte. Picasso les pertenece, Rembrandt, Goya, Cervantes, Shakespeare… les pertenecen, porque sienten empatía hacia esos creadores de la cultura. Pero no sienten lo mismo hacia la ciencia y sus creadores porque lo ven como algo de una élite, separado, distante. Y necesitamos conseguir que la gente tenga hacia la ciencia ese mismo sentimiento de propiedad”
¡Consigámoslo en España!

Totalmente de acuerdo con el artículo. Felicidades.
Sobre la frase:
«Creo que deberíamos revisar la manera en que la ciencia se enseña en los colegios».
– Más medios, laboratorios.
– más humanidades a la ciencia.
Cuando digo que falta más humanidades a la ciencia me refiero que no basta explicar solo la fórmula o la aplicación sino también el contexto social en que aparecieron.
Que se sepa la vida de Leibniz, donde estudió, que enseñaba. En aquella época que es lo que hacía furor y qué demandaba la sociedad, cuales eran los retos, como los resolvieron. Esto ayudará cuando llegue el momento de innovar.
Creo que hace falta más innovadores. En españa la universidad y las empresas van un poco por su lado.
Al igual que corrían rumores antes (que no ahora) que alrededor de un resturante chino no habían gatos porque los cocinaban (chiste para ejemplificar que la calidad era de muy bajo coste) hoy día corre el rumo que los grupos de investigación de estados unidos para los nobel son centros de explotación donde trabajas 24h. Reprobable.
De Estados Unidos si aplaudo la magnífica labor de sus universidades!
Sobre como mejorar la imagen del científico tendrá que ser con apoyo institucional. Porque siempre ligará más el bohemio que no el calculín. Lástima.
No estoy de acuerdo con esta parte:
«Que haga darse cuenta a los poderes públicos, mediáticos, académicos, culturales que, además de conocimiento, la Ciencia genera “riqueza” con el diseño de nuevas técnicas y patentes (…) demostrando al mundo y a nosotros mismos que somos un pueblo que además de nuestra pasión por el fútbol, que está muy bien, “piensa” y alumbra conocimiento nuevo.»
No hay que apostar por la Ciencia porque contribuya a la economía o por soflamas patrióticas o nacionales. Porque la propia Ciencia va a destruir la idea boba de nación: todos somos primates frutos de la Selección Natural. O si preferís, todos surgimos del polvo de las estrellas. El concepto de nación sólo sirve para separar, discriminar, explotar y cultivar los bajos instintos del mono desnudo.En mi condición de inmigrante sé más que nadie de qué hablo.
La motivación por entender la Ciencia debe ser intrínseca: por lo que vale, por la búsqueda de un conocimiento basado en hechos, por la curiosidad, por el amor a desvelar misterios y mejorar nuestra calidad de vida. El objetivo debe de ser un cambio interior (de pensamiento, de actitud) basado en la educación/persuasión. Para que dejemos de adorar a los egocéntricos y desequilibrados artistas, a los Divos y Divas «Humanistas» y derribemos de una vez el tópico del científico «calculín».
Hola!
Estoy de acuerdo con la opinión de Alexandre, ya que también desde mi visión de inmigrante no me parece bien que un bien de la humanidad sea apropiado por parte de una nación para que incremente su ego personal y poder lucirse ante Europa con un premio Nobel.
Tampoco estoy de acuerdo con esa explotación de científicos en EE.UU. principalmente de los que vienen de otros países como la India.
Creo que el conocimiento de la ciencia ya está mal enfocado desde los colegios, no se crea un fomento por parte de los estudiantes por las ciencias, y los que muestran algún tipo de interés son calificados como «frikis» y otro tipo de apodos más despectivos.
Como estudiante de filosofía, al tener distintas asignaturas de ciencias como asignaturas troncales y optativas he sabido apreciar la ciencia desde otro punto de vista, no como una simple memorización de fórmulas tal como se hacía en el colegio, sino que en su contexto y lo que significó para la sociedad de ese momento y los beneficios o prejuicios que ha tenido, porque la ciencia es una construcción social, y muchas veces los científicos encerrados en sus comités de expertos muchas veces no ve como relevante o de interés los diversos aportes que puede hacer la población, por ejemplo en una conferencia de consenso, así que muchos no consideran que su opinión es válida así que no se entusiasman por temas científicos y quedan excluídos de esta esfera que nos incluye a todos. Además, hay escasa alfabetización científica por parte de la población, y tiene poco acceso a los últimos avances o los ve como incomprensibles, así que el cómo se transmite la ciencia a la población también cumple un papel importante para hacernos un concepto de ella y para tener cierta empatía con la comunidad científica.
Bueno, esa es mi humilde opinión sobre este artículo tan interesante. Gracias.
Casí todos conocemos los premios Nobel españoles, también sabemos que no pasan de 10, casi todos de literatura. Todo esto está bien, pero tenemos cero en Física, Química, etc.
Todos sabemos que Echegray es un premio Nobel. Sí, de literatura. Pero mucha menos gente sabe que era un gan maatemático. Que si por el hubiera sido se habría dedicado a las matemáticas durante toda su vida, pero era consciente que aquí, en España, eso no era posible. No era, ni es.
Aún recuerdo aquella persona que me dijo que quería proseguire sus estudios haciendo Filosofía. No pude por menos que animarla a que estudiara matemáticas. Cosa que hizo. Queramoslo o no, ni tan siquiera enn España ha habido grandes filósofos; ha habido alguno llamativo aquí pero sin estar a la altura de las grandes figuras.
Mucho menos en las matemáticas. Rey Pastor puede ser una excepción que confirma lo dicho: le conocen cuatro.
Por todo lo dicho se podrá deducir que no hago sino unirme al pensamiento que refleja el artíulo del profesor Mora Teruel. Es una desgracia el desprecio que tiene la ciencia, no sólo en España, sino que parece que la han heredado los países de habla hispana. Es decir, es mucho más grave pues afecta a muchos miles de personas.
Esto sí sería un cambio soial si se produjera y no las mandangas que nos tienen acostumbradas. Sí, los políticos.
Casí todos conocemos los premios Nobel españoles, también sabemos que no pasan de 10, casi todos de literatura. Todo esto está bien, pero tenemos cero en Física, Química, etc.
Todos sabemos que Echegaray es un premio Nobel. Sí, de literatura. Pero mucha menos gente sabe que era un gan maatemático. Que si por él hubiera sido se habría dedicado a las matemáticas durante toda su vida, pero era consciente que aquí, en España, eso no era posible. No era, ni es.
Aún recuerdo aquella persona que me dijo que quería proseguire sus estudios haciendo Filosofía. No pude por menos que animarla a que estudiara matemáticas. Cosa que hizo. Queramoslo o no, ni tan siquiera en España ha habido grandes filósofos; ha habido alguno llamativo aquí pero sin estar a la altura de las grandes figuras.
Mucho menos en las matemáticas. Rey Pastor puede ser una excepción que confirma lo dicho: le conocen cuatro.
Por todo lo dicho se podrá deducir que no hago sino unirme al pensamiento que refleja el artíulo del profesor Mora Teruel. Es una desgracia el desprecio que tiene la ciencia, no sólo en España, sino que parece que la han heredado los países de habla hispana. Es decir, es mucho más grave pues afecta a muchos miles de personas.
Esto sí sería un cambio soial si se produjera y no las mandangas que nos tienen acostumbradas. Sí, los políticos.