autora: Teresa Giménez Barbat en http://mujer-pez.blogspot.com
Yo estaba tan a gusto rendida al determinismo, y ahora resulta que podría volver a ser cierto aquello tan fatigoso del auto-control. Y lo aprueba, con sensatas objeciones, Steven Pinker, que es como decir el Papa de Roma. Lo comenta aquí, en una reseña que hace del libro “Willpower,” que el psicólogo Roy F. Baumeister ha escrito juntamente con el columnista científico del New York Times John Tierney. El trabajo se basa en una serie de investigaciones desde la neurociencia que demuestran que la voluntad es una especie de “músculo” que se ve reforzado con el ejercicio y la práctica. Y que hacerlo así puede mejorar nuestras vidas y hacerlas más equilibradas y felices.
Un experimento clásico es el que llevó a cabo el psicólogo Walter Mischell a finales del los 60 cuando concibió una serie de mortificantes tratos con niños de preescolar a quienes ponía a prueba con unos dulces. Les decía que si eran capaces de vencer la tentación inmediata de comérselos, les daría varios más. Si no lo hacían así, no ganaban nada. Y les dejaba solitos con el objeto del deseo en una habitación. Un concienzudo seguimiento en el tiempo que demostró que los que habían vencido la tentación conseguían mejores resultados en sus estudios, salud, relaciones personales etc.
En el experimento de Bausmeister, también se demuestra que el autocontrol, aunque desde luego con una gran influencia de la herencia, puede ser tonificado ejercitándolo. Así una serie de estudiantes fueron animados a controlar su alimentación, hacer ejercicio regular, “usar un ratón con su mano más débil” y –no se lo pierdan, muy agudo- hablar con “frases completas” y sin decir tacos. Después de varias semanas, los estudiantes eran más resistentes a las bajadas de su ego en el laboratorio y mostraban más autocontrol en sus vidas, fumaban menos, bebían menos y picoteaban menos. También veían menos al televisión, estudiaban más y lavaban más veces los platos.
La “fuerza de voluntad” en “Willpower” no es un misterioso “libre albedrío”, sino una circuitería cerebral que funciona con glucosa, tiene una capacidad determinada y opera según reglas que los científicos pueden dilucidar. No es una especie de fantasma en la máquina, sino parte de la misma máquina.
En fin, aquí hay algo sólido que puedo unir también a otras reflexiones y que puede ayudar a fortalecer al pez sabio que sin duda (bueno, alguna) tengo dentro.


La ciencia cada día proporciona el fundamento empírico a lo que se conocía de antemano. De hecho gran parte de las religiones contienen ya, dentro de su bagaje, prácticas individuales y colectivas para promover el autocontrol o autogestión. Qué es resistirse a la tentación sino justamente mantener control sobre si mismo y evitar ser impulsivo. Un ejemplo sublime en este sentido es el refinamiento y la disciplina japonesa, ya sea en las artes marciales o cualquiera de sus ryu (escuelas) desde jardinería hasta la ceremonia del te. Estas ceremonias y entrenamientos no obedecen a un mero esteticismo (aunque ahí que admitir que su estética es sublime) sino su trasfondo está precisamente en cultivar virtudes individuales descuidadas o inexistentes en el diario vivir. Entonces cabria decir nada mas que, tal como en su momento lo hizo Herbert Benson al estudiar la respuesta de relajación, los aportes científicos sobre el auto control tan solo validan algo que el conocimiento religioso ya lo aplicaba. Después de todo, pece a los grandes opositores, la religión fue y continua siendo una fuente de conocimiento sorprendente.
Saludos.
Muy interesante el comentario de Lucio otorgando el refinamiento del autocontrol a la religión. Sin duda las religiones han atesorado prácticas muy útiles a través de la obediencia, que conlleva muchas veces la mutilación de las voluntades impulsivas y hedonistas del ser humano, ergo el autocontrol.Pero nadie puede negar que la propia iglesia católica, gracias a atesorar la cultura filosófica en su seno, pudo y supo convertir una metodología en virtud humanística. No es ninguna sorpresa, fue un acierto.
Después de todo, pece a los grandes opositores, la religión fue y continua siendo una fuente de conocimiento sorprendente.
De conocimiento inútil, básicamente.
Recientemente he tenido la oportunidad de visitar las vastas bibliotecas de varios seminarios. Aún estoy conmocionado.
No lo considero conocimiento inútil. Independientemente de las particularidades de cada religión (en su historia, ritos, su justificación de origen, etc.) esta sigue constituyendo el origen de la doctrina moral de muchas personas alrededor del mundo. Ahora, no debemos reparar en el uso que de la religión hacen las personas, puesto que eso seria juzgar la práctica religiosa particular más no la religión.
Quítale todo el velo “doctrinario” a cada religión y encontraras una senda moral y espiritual. Si fuera conocimiento inútil como tú indicas, el fenómeno religioso no seria estudiado, como lo es, en muchas universidades prestigiosas. Es decir la religión tiene mucho que aportar. Desde el mismo cristianismo, el islam (sufismo de manera especial), el shinto, el budismo, etc. han logrado producir personas de primer nivel. Los místicos sufíes estarán quizá entre los más tolerantes en tanto que los budistas entre los más prácticos.
Es la religión la que ha aportado, por ejemplo, con una de las practicas mas importantes existentes (y que tiene que ver con el willpower del articulo) como es la meditación, la cual en su vertiente occidental cristiana puedes representarla con los staretz ortodoxos y en la oriental con los monjes o místicos orientales.
Saludos.
Excelente comentario, Teresa, a propósito de «Willpower» que pienso leer. Desde mi humilde punto de vista esta investigación relacionada con las neurociencias invita a reflexionar sobre las formas de poder y el determinismo basado en el simplismo del «pensamiento único».
También nos lleva a otra reflexión más profunda, si cabe: «El “ser humano” no existe», Zugasti dixit. La historia de la evolución humana -sostiene- es tan complicada, de hecho, que ni siquiera el relato científico sobre el origen monogenista africano parece del todo exacto.
Por otro lado, Richard J. Bernstein en «El abuso del mal» reflexiona sobre los efectos de los discursos que dividen el mundo según la dicotomía simplista y absoluta entre el bien y el mal.
Creo, en suma, que todo esto nos lleva a colegir que el simplismo judeo-cristiano y capitalista al que nos empujan los poderosos en un mundo cada vez más complejo, paraliza y atrofia las mentes (capacidad de pensar, razonar y decidir) de los «sin-poder» y, efectivamente, fomenta el «pensamiento único», perpetuando la dominación de muchos por sólo unos pocos. Estas son las claves del poder. Por lo tanto: ¡Piensa y rebélate!
¿Posthumanismo? ¿Transhumanismo?
Vivimos tiempos fascinantes: ¿Poshumanos? ¿Transhumanos? En cualquier caso, necesitamos mucha ‘sabiduría social‘ para encajar esta nueva realidad que está derrumbando tantos mitos y metáforas que nos piensan. Llevamos miles de años viviendo engañados con las ‘mentiras creacionistas’
La ciencia, ahora, está poniendo al descubierto que el ‘ser humano’ realmente no existe. Lo que sí existe es la evolución biológica, la transmutación de las especies, la mezcolanza y el mestizaje genético. Estos recientes descubrimientos científicos, además, «ridiculizan las pudorosas discusiones sobre si hay o no razas humanas. No es sólo que haya razas humanas, sino que los seres humanos hemos mezclado lo bastante nuestros genes con especies «no humanas» (en el sentido moderno) como para mostrar profundas divergencias genéticas en nuestros linajes actuales», Zugasti dixit.
Estimado Lucio
Dudo mucho que sean las religiones las que, exclusivamente, «produzcan personas». Sin entrar a valorar porcentajes, ¿cuánto de la profundidad mística se debe a la religión y cuánto a las peculiaridades químicas (con o sin ayuda externa) de los místicos? Aparte de los respectivos santos, ¿son Bertrand Rusell, Woody Allen o Gandhi, por ejemplo, «productos personales» de sus respectivas religiones? Porque si así fuera, deberemos asumir que también lo son el emperador Hiro Hito, Bin Laden, Hugo Chávez o Belén Esteban.
No. Las religiones son una de las riendas o anteojeras con las que se trata de conducir a los humanos para que no se comporten como los animales que (también) son. Las religiones son construcciones culturales importantísimas y útiles, pero ni son las únicas ni las mejores.
Yo, particularmente, prefiero la poesía y el origami.
Estoy de acuerdo contigo en que la religión es un producto cultural del ser humano (una exclusividad del ser humano) y, desde luego, tampoco es el único. Ahora bien, no hablo de que las personas sean producto de la religión sino que la religión tiene componentes muy positivos que han guiado a las personas. Tampoco creo que la exclusividad de “producir” personas preclaras sea de la religión. Claro, las particularidades biológicas sumadas a un entorno favorable quizá sean las “culpables” de que ciertos individuos se eleven por sobre la media de los mortales, entre las influencias positivas anotaría sin duda a la religión (no como requisito único ni fundamental).
Sin embargo se debe señalar que en su momento la religión fue, como quizá hoy o mañana (o quizá nunca), lo sea el humanismo secular. ¿Es la religión impecable, impoluta? De ninguna manera. De hecho la religión en si misma puede ser objetable en cuestiones muy concretas dentro de las diferentes doctrinas, más, el uso que de ella se ha hecho si podría considerarse catastrófico en muchos casos (hablemos de guerras “religiosas”). Hay muchas personas que ven en la religión un patrón, una guía… no una ortopedia dirigida a encausar “a la brava” al individuo. Apoyo lo que tu dices, la religión es propia del humano, pero la considero un producto positivo en su trasfondo verdadero y no en el plano banal ni político del que suele revestirse.
Y por cierto… apoyo el origami, el aikido, el kendo… y de que autor gustas??
Saludos cordiales.