Tercera Cultura
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San Fermín ¿Debería ser el santo patrón de la biotecnología?

Autores: Equipo de divulgación científica de Eureka!

San Fermín ¿Debería ser el santo patrón de la biotecnología? Dado que hoy es 9 de julio queríamos hacer algo sobre San Fermín. No sabíamos muy bien por dónde empezar así que decidimos ver las referencias al santo y allí descubrimos algo que nos resultó sumamente interesante, San Fermín es el santo patrono de las cofradías de boteros, vinateros y panaderos. Vino y pan nos hablan de biotecnología. Pero no queremos volver a repetir algunos de los temas de los que ya hemos hablado como son el aprovechamiento de levaduras para producir vino o pan. Nos quedaba lo de boteros. Nos entró una duda, botero se utiliza tanto para el fabricante de botes como para el fabricante de botas, las típicas botas de cuero llenas de vino que se usan en las mundialmente famosas fiestas del santo. Hemos pensado, esperamos que acertadamente, que las cofradías de Pamplona de las que es patrón San Fermín sean las de los fabricantes de botas. Así que también tiene algo que ver con la biotecnología, se trata de hacer recipientes donde el vino se conserve bien, no adquiera malos sabores ni evolucione de un modo inadecuado. Por tanto, San Fermín es el patrón de tres cofradías que tienen que ver con la biotecnología, ¿no deberíamos nombrarle santo patrón de esa ciencia-tecnología? Nosotros, apostamos por ello.

Las tradicionales botas se fabrican de cuero, preferentemente de cabra, y para impermeabilizarla se utiliza «la pez» en su interior. Sinceramente, a nosotros nos resulta extraño que «el pez» sea un animal y «la pez» sea un producto negro con aspecto muy desagradable al que también llamamos brea. Y todavía nos resulta más extraño que el interior de nuestra bota donde el vino se conserva estupendamente esté recubierto de brea. Para nosotros, grandes ignorantes de los oficios antiguos, brea nos trae recuerdos de «fuel» de «chapapote» y de petroleros hundidos y se nos ponen un poco los pelos de punta pensando que derivados del petróleo puedan estar dentro de nuestra bota y que estemos bebiéndolo. Estamos equivocados, la brea, «la pez», de las botas se hace exclusivamente con resina de coníferas, árboles que cuando sufren una herida se protegen de posibles infecciones supurando resinas que tapan la herida e impiden el paso de microorganismos a su interior. Esas resinas son aromáticas y durante muchos años se han utilizado como desinfectantes de heridas –funciona– y para evitar que el vino se «enferme». En su día, fue tradicional añadir resinas a los vinos para evitar que se estropeasen, hoy esa tradición queda tan solo en Grecia con sus vinos «retsina».

Vayamos al grano. «La pez» se hace quemando resinas de coníferas. No cualquier resina sino la que cae al suelo y se mezcla con hojarasca y tierra.

En la explotación de un bosque de coníferas es habitual que se hagan incisiones en la corteza de los árboles para que dejen fluir la resina a recipientes que se ponen en los lugares adecuados. De esas resinas se obtienen aguarrás y colofonias. Pero es inevitable que parte caiga al suelo y se llenen de hojarasca y piedrecitas. Esa resina sucia es la base para hacer «la pez». La resina se mete en un horno que se llama «peguera» y se deja arder durante dos días. Poco a poco se derrite y va soltando un líquido negro que a la temperatura ambiente es sólido aunque flexible y que impermeabiliza muy bien: la brea.

Cuando la pez está caliente es líquida y se puede extender con facilidad. Cuando se enfría produce una superficie estanca. Por eso, durante milenios se ha usado para cubrir las costuras de los botes de madera e impermeabilizarlos. Al proceso de impermeabilizar los botes se le llama calafatear. Cuando los constructores de recipientes para líquidos se encontraron con el mismo problema usaron la misma solución: para evitar que los líquidos se escaparan por las costuras las recubrieron con «la pez», es decir, las calafatearon. «La pez», una vez que se enfría no desprende ningún olor, ni se disuelve en el vino. Es decir, actúa como impermeabilizante, pero no deteriora el sabor del vino. Podemos beber tranquilos de la bota, «la pez» actúa como sellante sin cambiar los sabores.

¡Gora San Fermín!

Ámbar, una joya de resina

Ámbar, una joya de resina

Ciertas moléculas de pequeño tamaño (monómeros) con el tiempo se unen entre sí formando moléculas muchos más grandes (polímeros). Los plásticos son  polímeros normalmente derivados del petróleo. Algunos árboles y arbustos para defenderse  de las heridas o del ataque de los insectos producen resinas (monómeros) que con el transcurso del tiempo forman grandes cadenas de polímeros en un proceso que llamamos fosilización. Esa resina fosilizada es de una gran dureza y se le da el nombre de ámbar. Dependiendo de la planta de la que procede tiene unas características u otras. Su color cambia desde amarillo –que es el más común– hasta el rojo pasando por el verde azulado, o incluso el negro. Uno de los más valorados es el ámbar rojo que procede de Chiapas (México) y el más valorado de todos es el ámbar azul de La República Dominicana.

Debido a su origen es muy habitual que dentro del ámbar haya insectos perfectamente conservados.


Craquelado con goma arábiga

La goma arábiga es la resina que se obtiene de las acacias subsaharianas. Molida y mezclada con agua se obtiene una cola que pega muy bien el papel y que es de uso infantil pues no es tóxica.

El craquelado consiste en pintar encima de una superficie de modo que al secarse aparezcan grietas como si se tratase de algo muy antiguo. En nuestro ejemplo vamos a tratar de dar aspecto agrietado a una lámina de papel impreso. Para empezar pintamos la lámina con un tapaporos diluible con agua que seco sea transparente (en nuestro caso hemos usado Alkil de Praguer). Se da sobre toda la superficie hasta tres manos dejando secar entre mano y mano. Una vez seco y transparente pintamos con cola de goma arábiga. Se deja secar bien y se ve que surgen unas grietas poco visibles, pero ya están ahí. Para hacer las grietas más visibles echamos betún de Judea y después lo quitamos con un trapo limpio. En las únicas zonas donde se quedará será en las grietas que ahora se verán muy marcadamente.

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