Por pura coincidencia, nuestro colaborador Fernando Peregrín nos envió un artículo sobre El Proyecto Gran Simio sin conocer la conferencia de Paula Casal. En Tercera Cultura hemos decidido colgar video y artículo juntamente para facilitar el debate. Les damos gracias a ambos por poner sobre la mesa un tema tan apasionante que abre un nuevo panorama sobre cómo nos vemos los humanos y cómo vemos a los primates, nuestros parientes.
por Fernando Peregrín Gutiérrez
El Proyecto Gran Simio se autodefine como “una organización internacional, fundada en 1993, por primatólogos, psicólogos, éticos y otros expertos que abogan por una declaración de derechos de los grandes simios por parte de la ONU que confiera derechos básicos a los grandes simios no humanos: chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes”. Principalmente, el derecho a la vida, a la protección de la libertad individual y a la prohibición de la tortura.
Este Proyecto Gran Simio se presentó a la opinión pública mediante un libro, del mismo título, editado por los filósofos Paola Cavalieri y Peter Singer, que es un conjunto de artículos debidos a treinta y cuatro autores, entre los cuales destacan la conocida primatóloga Jane Goodall y el renombrado zoólogo Richard Dawkins[1]. Para los promotores de este movimiento de protección animal este libro muestra el acuerdo general entre los que han contribuido en él de que los seres humanos son animales con una vida cognitiva, social y emocionalmente diversificada. Conque si los grandes simios muestran tales atributos, arguyen los autores que han colaborado en este compendio de ensayos, merecen la misma consideración que los seres humanos dan a los miembros de su propia especie.
Así, por ejemplo, sostiene el doctor Dawkins que “grandes simios, también, es una categoría natural, siempre y cuando incluya a los humanos. Somos grandes simios. Todos los grandes simios que han vivido alguna vez, incluyéndonos a nosotros, están unidos unos a otros por una cadena de eslabones sin rotura alguna de padre-hijo. Lo mismo es cierto respecto de todos los animales y plantas que hayan vivido jamás, pero las distancias involucradas son mucho mayores. Evidencias moleculares sugieren que nuestro común antecesor con los chimpancés vivió, en África, hace entre cinco y siete millones de años, digamos medio millón de generaciones. Lo cual no es mucho tiempo en términos de los procesos evolutivos.”
El razonamiento, propio de un gran experto en evolución genética, es impecable. Dawkins, además, es un de los más firmes exponentes de la continuidad del proceso evolutivo a escala terrestre, es decir, que la evolución no da saltos y que procede mediante pequeños pasos incrementales a lo largo de vastos períodos de tiempo. Establecida la evolución como un continuo, Dawkins sostiene que, por razones varias, entre ellas y muy principalmente, las de naturaleza religiosa, se ha creado en la gran mayoría de los seres humanos lo que él llama “la mentalidad discontinua”. Tal mentalidad tiene, en el campo de la biología, la base de que se pueden establecer separaciones más o menos nítidas entre especies que no se fecundan mutuamente. Lo cual, sostiene a continuación el doctor Dawkins, no puede ser motivo para que un filósofo de la moral base sus juicios de valor y los posibles sistemas éticos precisamente en esa división “accidental” en especies, o lo que es lo mismo, y en la jerga de los activistas de los movimientos de liberación de los animales, en el “especismo”, un término con claras connotaciones peyorativas.
Conviene, llegados aquí, señalar que este argumento incluye un salto sin justificar de la epistemología a la ética que se puede considerar del tipo de la falacia naturalista que enunció G. E Moore, en la que es fácil incurrir cuando se pretenden deducir conclusiones éticas o juicios de valor, bien sean prácticos o normativos, a partir de premisas que contienen sólo información acerca de unos hechos, de una realidad natural. Cierto que Dawkins, un racionalista y uno de los máximos exponentes de pensamiento crítico, no propone la falacia naturalista de forma burda e irreflexiva, sino que la esconde en elaboradas argumentaciones, la principal de las cuales es su afirmación de que no debemos basar nuestros principios éticos en accidentes evolutivos, ya que eso sería una arbitrariedad, una especie de “capricho accidental” a su vez.
Es sencillo refutar este argumento recurriendo a principios ontológicos y epistemológicos muy elementales, sobre los que tendremos ocasión de volver más adelante. Por ahora puede bastar con establecer que, si bien es irrefutable que no existe discontinuidad biológica entre los seres humanos y otros grandes simios, lo cual es una realidad fáctica, puede existir simultáneamente, y de hecho existe, una discontinuidad en la realidad social que es la ética y, sobre todo, la política. Porque somos la única especie hoy día capaz de crear realidades sociales éticas y políticas, que son un tipo muy especial de realidad social extraordinariamente elaborada que requiere del lenguaje y de otras capacidades cognitivas que sólo se dan en la especie humana.
Con posterioridad a la publicación del libro “Proyecto Gran Simio” se han difundido informaciones científicas que abundan en la continuidad biológica que expone brillantemente Dawkins en el citado texto. La más espectacular quizá sea la que recoge Paula Casal en la nota a pie de página número dos que figura en su artículo recientemente publicado por CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA (…..), y que se reproduce a continuación para mayor comodidad de los lectores:
“El hombre y el chimpancé comparten el 99% de sus genes”, El País, 31.8.2005; M. Ruíz y A. Boto, “Humano y chimpancé comparten el 99% del ADN”, El País, 1.9.2005. y E. Culotta, “Chimp Genome Catalogs Differences with Humans”, Science, 2.9.2005.
La autora, defensora de las propuestas del Proyecto Gran Simio, utiliza estas informaciones científicas para enfatizar la continuidad biológica entre nuestra especie y las de los otros grandes simios. Mas los científicos que trabajan en ello, sabedores de antemano de esas coincidencias en los respectivos genomas, se están interesando más precisamente en las diferencias que surgen de tan escasas discrepancias en los pares de bases de los respectivos ADN. Es decir, los científicos intentan buscar explicaciones de cuáles son las razones genéticas que nos hacen ser humanos.
“La más difícil e importante de todas esta cuestiones es: ¿qué nos hace humanos? […] La comparación de los genomas reduce significativamente la búsqueda de importantes diferencias funcionales entre especies, pero análisis específicamente biológicos son aún necesarios para delimitar claramente la lista aún larga de candidatos para separar los cambios adaptativos del trasfondo neutral.”[2]
Proximidad de los genotipos, divergencias de los fenotipos
El doctor Evan E. Eichler, director del equipo de científicos que realizó este análisis comparativo entre el genoma de los seres humanos y el de los chimpancés, expresa claramente los riesgos de extrapolar en exceso las similitudes encontradas:
“Así, cuando hablamos de lo muy similares que son los hombres y los chimpancés, realmente necesitamos ser muy cuidadosos si nos estamos refiriendo a la variación en el genoma total o simplemente en cambios en los pares de bases. Así, la tradicional comparación que se cita en los libros de texto elementales y en la prensa no especializada, ese 1,2% se refiere a variaciones en pares de bases en la secuencia del genoma, y no a diferencias en el genoma completo.”[3]
En vista de ello, no hay nadie tan obtuso que, ante la evidencia de la genética y la biología evolutiva, ponga en duda el parentesco, entendido en sentido amplio, entre nuestra especie y las de los otros grandes simios. Mas tampoco que ignore las diferencias, no menos importantes que nuestras similitudes biológicas, que emergen de procesos evolutivos con raíces comunes pero con desarrollos muy divergentes en cuestiones adapatitivas, lo que explica, en parte, que, por ejemplo, las grandes diferencias fenotípicas entre los humanos y los chimpacés son mucho mayores que entre las especies de ratón Mus musculus y Mus sprectus pese a que las diferencias en las secuencias de los genomas son similares en ambos casos.[4]
¿Cuáles son, entonces, esas diferencias que nos convierten en la única especie capaz de crear sistemas éticos y políticos, que como ha quedado dicho, son una categoría de realidades sociales ontológicamente diferentes de las que son capaces de crear otras especies de animales? Lo primero en lo que parece lógico pensar es en la conciencia, entendida esta como propiedad emergente del cerebro de un animal. Entramos así en terrenos mucho más movedizos que la genómica, pues el estudio científico de la conciencia está aún en sus albores. De nuevo, la biología de la conciencia y los estudios experimentales parecen indicarnos que, al igual que en la biología, estamos ante un fenómeno más o menos continuo, donde las diferencias, a partir de un cierto desarrollo cerebral son más cuantitativas que cualitativas. Es decir, que los científicos que estudian las capacidades y los procesos cognitivos de los grandes simios están encontrando pruebas de que los seres humanos no somos los únicos animales dotados de conciencia. Un buen resumen del estado de estos estudios sobre las capacidades cognitivas—componente importante aunque no único de la conciencia—puede ser este:
“Las investigaciones en curso muestran repetidamente que los grandes simios sobrepasan en mentalidad a otros primates y alcanzan habilidades tradicionalmente consideradas únicamente humanas. Es importante destacar que las capacidades cognitivas que los distinguen incluyen rudimentos de procesos simbólicos, en el sentido de procesos que operan sobre la base de imágenes mentales más que en función de fenómenos sensomotores directos. Pese a que esta conjetura no representa un consenso total entre los expertos, su aceptación crece a medida que se acumulan las pruebas empíricas a su favor.”[5]
La conciencia humana, como fenómeno emergente del cerebro—y sus conexiones con los sistemas neurovegetativos y sensoriales—que surgió de un largo proceso evolutivo no tiene por qué ser única por lo que no es de extrañar que los grandes simios en general presenten algún tipo de conciencia surgida, muy probablemente, de cursos evolutivos diferentes para cada especie o grupos de especies. Mas en cualquier estudio de sistemas complejos—y la conciencia lo es en grado sumo—se dan saltos cuantitativos a los que tenemos muchas veces que asignar una nueva entidad ontológica para poder entenderlos y explicarlos. Es decir, que a todos los efectos, a partir de ciertos grados de complejidad de muchos sistemas se produce un salto cualitativo en el sentido de que aparecen propiedades nuevas y bien diferenciadas de dicho sistema que, aunque se basen en una variación cuantitativa de los elementos del mismo y de sus interacciones internas y externas, dan origen a nuevas categorías ontológicas. Como ejemplo, podemos poner, entre muchos, la aparición de moléculas químicas y materiales sólidos, que amén de ser cuantitativamente más complejos que otros con los mismos o semejantes componentes, presentan cualidades nuevas y muy diferentes a las que aparecen a niveles cuantitativamente inferiores de complejidad (tal es el caso de la aparición de la superconductividad a bajas temperaturas en algunas cerámicas). En ese sentido, y pese a que en muchos aspectos se puede describir la conciencia como un continuo en el que hay variaciones cuantitativas, llegados a un cierto cambio cuantitativo es posible—y de hecho, así ocurre—que aparezcan importantes saltos cualitativos, como son, por el ejemplo, el lenguaje complejo y, repetimos, la capacidad de crear realidades sociales tales como los sistemas éticos y políticos.
Sobre las habilidades cognitivas de los grandes simios, la doctora Paula Casal nos narra, en otra nota a pie de página, una anécdota realmente enternecedora:
“Cuando los de la Fundación Fauna rescataron al chimpancé Tom, se sorprendieron de su rotundo rechazo a los vasos o tazas. Sólo bebía directamente del grifo o de latas cerradas. Luego comprendieron que tenía pánico a ser drogado y encontrase de pronto maniatado en una mesa de operaciones. En el Laboratorio Lemsip, donde sufrió continuas biopsias, lo habían drogado 369 veces. Ahora que Tom ha recuperado la confíanza en el género humano, y se ha convertido en un pintor de éxito, le encanta sentarse a charlar con la pierna cruzada, sorbiendo a poquitos su taza de té. Vean su vida y obra en http://www.faunafoundation.org/ff/english/sanct/chimps/tom.html”
Movido por la curiosidad, visité la galería de arte del Tom, en la que parecen algunas fotos de sus cuadros. No sé con qué propósito se exhiben en la página web de la Fundación Fauna esas manchas de pintura, pero lo más normal es que a un observador imparcial le sugiera, más que la presencia de dotes artísticas característicamente humanas en Tom, la extraña capacidad de algunos desaprensivos de pintar cuadros como lo haría un simio e intentar hacerlos pasar por obras de arte. Normalmente, los defensores y abogados del Proyecto Gran Simio, cuando se tratan estas cuestiones, arguyen de inmediato que no se trata de comparar a Tom con Miró o con Pollock, sino con un niño de corta edad. Este argumento es muy endeble y hasta tramposo pues se comparan capacidades cognitivas en estados de desarrollo muy diferentes. Según estas reglas más emotivas que científicas de cotejar capacidades mentales, Tom sería un Rembrandt comparado con un recién nacido.
[1] Paola Cavalieri y Peter Singer, editores. El Proyecto “Gran Simio”. La igualdad más allá de la humanidad. Editorial Trotta, 1998.
[2] “Initial sequence of the chimpanzee genome and comparison with the human genome”. The Chimpanzee Sequencing and Analysis Consortium. Nature, vol. 437, 1 de septiembre de 2005.
[3] “A new View of Human-Chimpazee Genome Difference”. Editorial. HHMI, 1 de septiembre de 2005.
Véase, asimismo: Pinkel y Evan E. Eichler, Devin P. Locke, Richard Segraves, Lucia Carbone, Nicoletta Archidiacono, Donna G. Albertson, Daniel, “Determined by Array Comparative Genomic Hybridation. Large-Scale Variation Among Human Great Ape Genomes.” Genome Res. 2003 13: 347-357
[4] Op. Cit., Nature, vol. 437, 1 de septiembre de 2005
[5] Anne E. Russon, Evolutionary reconstruction of great ape intelligence. Cambridge University Press, 1996.

Interesante artículo; pero no estoy de acuerdo en dos aspectos:
1) Independientmente de quien haya hecho el estudio, a mi modesto entender no se pude conparar la diferencia genética que hay entre un chimpancé y un humano con la dierencia genética que hay entre dos especies distintas de ratón; porque, si bien en ambos casos hay una diferencia de especie, en el ejemplo de los homínidos (chimpancé-humano) hay además una diferencia de hábitat.
No se ha hecho pero estoy seguro que si se analizase la diferencia genética que hay entre un hipopótamo y un rinoceronte y la diferencia entre un hipopótamo y un delfín, siendo los tres mamíferos, seguro que la diferencia genotípica entre los dos primeros es mayor que en los dos segundos pero ocurirá la contrario si comparamos da diferencia fenotípica. Y eso es lógico porque la poca diferencia genética que tiene el delfin con un hipopótamo la «necesita concentrar» en su fenotipo para poder adaptarse al medio mario en el que vive que no es el medio donde viven los hipopótamos y los rinocerontes.
De igual manera, la poca diferencia genética que existe entre un chimpancé y un humano, este la tiene que concentrar en aquellas cuestiones que él, como especie necesita para vivir en la sabana que no es el medio donde viven el resto de los grandes simios.
2) En el último párrafo dice que le parece «tramposo y endeble» comparar «capacidades cognitivas en estados de desarrollo muy diferentes» (cuando comparamos la capacidad artística de un chimpancé con la de un niño de corta edad. A mi también me parece tramposo y endeble extender la genialidad de artística de Rembrand a toda la humanidad cuando Rembrand solo hay uno en miles de millones de humanos sin embargo Tom es un chimpancé elegido al azar. Sin embargo si cogemos un hombre y un chimpancé al azar y comparamos sus capacidades pintóricas veríamos que es una cuestión de grado. De hecho si tuviésemos que reconocer a una especie según su capacidades artísticas, yo sería un chimpancé, porque pinto como ellos y tengo sus mismas capacidades musicales.
Pero detodas formas, aún teniendo razón en sus argumentos no desmonta, en lo más minimo, el fondo de la cuestión que plantea el Proyecto Gran Simio.
El Proyecto Gran Simio cuenta con filosofos morales de primera linea, formados en las mejores universidades, y de gran prestigio internacional, y el libro de la organizacion tiene excelentes editores. Seria bastante extraño que cometiese errores filosoficos basicos.
Desde luego sería raro que alguno fuese capaz de algo tan extremo como escrbir un articulo basado en la falacia naturalista de Moore sin molestarse en leer a Moore, que no dice en su extensa obra nada equivalente a lo que este autor le atribuye.
Los niños menores de 3 años, que aun no saben hacer dibujo figurativo, tienen derecho a que no les torturen, les maten o les enjaulen, independientemente de si pueden llegar a adultos (algo que no todos consiguen, sobretodo entre los pobres del mundo, que son mayoria). Es evidente, por tanto, que no es necesario invocar los meritos de los adultos. Basta con lo que los grandes simios hacemos de pequeños. El autor dice que el argumento es tramposo poque no lo ha comprendido.
El autor no va mejor en primatologia. Incluso da a entender que no sabe nada del tema. Los simios tienen sistemas politicos y normas de conducta, asi como formas de dar una leccion a quien las rompa. Si el autor conoce el trabajo de los grandes primatologos sobre estos temas deberia explicar como son compatibles con sus tajantes afirmaciones. Si no las conoce debería informarse mejor sobre los seres a los que niega su derecho a vivir libres y sin ser torturados, que es todo lo que pide el Proyecto al que critica.
Dado que esto es la primera parte de un reportaje, hay que saber a dónde quiere llegar el autor. Es decir:
¿Que hayan «cambios cualitativos» más allá de la genómica implica que podamos seguir torturando a los grandes simios?
En otras palabras:
¿Negará el autor en la segunda parte de este artículo, como dice Casal en su comentario anterior, el «derecho a vivir libres y sin ser torturados» a los Grandes Simios o sólamente intenta desmontar la argumentación de base que justifica el Proyecto Gran Simio?
Esperaré a que se publique la segunda mitad de mi artículo para contestar a todos los comentarios que requieran contestación
Contra Paula Casal, yo sí creo que los proponentes del proyecto Gran Simio incurren en la llamada «falacia naturalista». Sólo que, contra Fernando Peregrín, no creo que la llamada «falacia naturalista» sea realmente una falacia ni por lo tanto un “error” filosófico. Para resumir, lo que Moore argumenta es que no es posible pasar de un «ser» a un «deber» porque no es posible definir la moral en términos no morales. Sin embargo, lo que estamos confirmando en las últimas décadas es que la moral sí es definible -en principio- en términos no morales; particularmente términos neurobiológicos y evolutivos. La moralidad se puede definir así como un conjunto de dispositivos naturales de supervivencia, expresados en ciertos entornos culturales, evolucionados en el marco de la cooperación social de los mamíferos «superiores» que supervienen a (o son necesitados por) la organización física del cerebro de los primates.
Si se asume este marco «naturalista» -y no todo el mundo lo hace, desde luego, la iglesia católica pongamos por caso se opone frontalmente-, difícilmente podremos hablar ya de «saltos cualitativos» y de discontinuidades ontológicas en la evolución humana. Este lenguaje pertenece al pasado y a mi modo de ver esta lastrado por prejuicios antinaturalistas que siempre tienen un efecto retardatario en el progreso de las ciencias. En este sentido, Dawkins y sus amigos del Proyecto Gran Simio tienen razón al criticar la «mentalidad discontinuísta» de la cultura no científica (popular, religiosa o filosófica) que todavía se niega a admitir, o lo hace a regañadientes, la filiación natural del género humano. Así, por ejemplo, la corteza frontal de los primates «morales» no podemos considerarla en absoluto una «realidad» nueva o una discontinuidad con el resto del mundo natural. La corteza frontal y aquellas regiones y organizaciones neurales que supervienen a la conducta moral son organizaciones evolucionadas, “naturales”, que son idénticas en último término a sus constituyentes físicos y biológicos.
Los problemas, sin embargo, no se acaban aquí, más bien no han hecho otra cosa que empezar. Pues, aunque reconozcamos la unidad natural del género humano, y aunque abracemos con entusiasmo el proyecto de naturalización de la ética, no sabemos muy bien -de momento- cuáles son las consecuencias precisas que se derivan para la teoría y la práctica moral. Sabemos que algunas teorías son francamente erróneas o implausibles (por ejemplo, las teorías discontinuistas, o las teorías deontológicas que desprecian el papel de los sentimientos morales). Sabemos que algunas prácticas sociales son francamente deleznables a la luz de las evidencias (por ejemplo, las corridas de toros), pero otros asuntos son mucho más peliagudos y argumentables (por ejemplo, la experimentación biomédica con animales). La propuesta del Proyecto Gran Simio, en este sentido, es una propuesta provisional y argumentable, que no sólo puede ser criticada por los sectores “discontinuístas” que afirman la excepcionalidad ontológica del ser humano, sino incluso por los animalistas que tachan como “especista” el trato preferente a los grandes simios. En mi opinión, todas las teorías basadas en la “ética animal” tienen un estatuto totalmente provisional y los problemas que plantean sólo se pueden resolver de un modo no dogmático en el contexto de la ciencia y de la filosofía moral.
He sentido un enorme interés por la revolución naturalista y por esta página desde que tuve conocimiento por primera vez de su existencia. Pero, del mismo modo, desde el primer instante las dudas me han asaltado. Por ejemplo, el asunto de la falacia naturalista. La ciencia busca la verdad y la descubre mediante el método racional. La verdad es indiscutible. En la verdad científica no hay libertad por cuanto no hay disensión con lo establecido, ya que, según el criterio de falsabalilidad popperiano, la primera disensión convierte a la verdad descubierta en falsedad. Ahora bien, si intentamos extender la verdad científica (lo que es) a la ética (lo que debe ser) convertimos a ésta en algo tan indiscutible como la ciencia. Y aquí entran mis temores. Conociendo el historial del homo sapiens, dar ese salto hacia la ética “científica” la tiñe de un ominoso aspecto de dogma, algo cercano a lo religioso por el aspecto de inconmovible que presenta. Por otro lado, esta ética “científica” sería mucho más peligrosa que la procedente de la religión, ya que, contrariamente a ésta, su base no es la confianza ciega en un poder imposible de conocer racionalmente, sino la misma verdad establecida por la razón. Lo siento, pero aún siendo ateo, soy consciente de que los crímenes más espantosos contra la humanidad los han cometido ideologías ateas y pretendidamente científicas. En otro orden de cosas, respecto al proyecto Gran Simio, creo que se debe tratar a nuestros congéneres en la vida (vulgo, animales) con compasión, con empatía. Hay que solidarizarse con ellos en el sentido budista: sufren por existir, como nosotros. Pero de ahí a convertirlos en una variedad de lo humano, a mi juicio, hay una distancia. Por el momento (a espera de lo que decida la evolución), no hay ni se espera que haya no sólo pintores, sino chimpancés como Beethoven, Bach o Mozart, escritores como Cervantes o Shakespeare. Tampoco un gorila podrá estudiar el cerebro como lo hacen Antonio Damasio, Francisco Mora o Adolf Tobeña. Tampoco hay un Albert Einstein. Por no irnos lejos, no hay ni un humilde rapsoda que cuente en una tribu perdida del Amazonas, la genealogía de sus dioses, por más que sea pura mitología. Y si desean darle la vuelta a la moneda, tampoco hay Tamerlanes, Atilas, Stalines ni Hitleres, ni son capaces de aniquilar en unos minutos centenares de miles de congéneres con una simple bomba. Todos tenemos el mismo origen, pero no todos hemos llegado al mismo punto. Un filósofo dijo que los animales no pueden tener derechos porque no tienen deberes. Este razonamiento me parece tremendamente ilustrativo de la sociedad en que vivimos, tan apegada a los derechos como despectiva con los deberes, su contrapartida natural.
No es una cuestión de derechos de los animales, es una cuestión de compasión hacía los seres vivos, muy parecida a la visión budista. Todo se puede hacer de una manera en que se lleve en cuenta esta compasión.
Sólo espero que esta persona que afirma que los animales no deberían tener derechos no intente justificar la corrida de toros (por ejemplo) con este argumento.
Ahora bien, si intentamos extender la verdad científica (lo que es) a la ética (lo que debe ser) convertimos a ésta en algo tan indiscutible como la ciencia. Y aquí entran mis temores. Conociendo el historial del homo sapiens, dar ese salto hacia la ética “científica” la tiñe de un ominoso aspecto de dogma, algo cercano a lo religioso por el aspecto de inconmovible que presenta.
Imagínese que empleáramos este mismo argumento para atacar la idea de una medicina científica:
La historia de la medicina científica ha ido incorporando un cuerpo de conocimientos científicos desde Hipócrates a la actualidad que rompen con las nociones tradicionales de la salud y con el conocimiento tradicional del cuerpo. Sin embargo, a nadie se le ocurre decir que la medicina es dogmática porque la esquizofrenia no tiene nada que ver con espíritus malignos, sino que tiene una base neurobiológica, o porque la gripe la causa un virus determinado. Nadie piensa tampoco que la medicina sea «inconmovible», porque constantemente incorporamos nuevos conocimientos (empíricos) que obligan a revisar el mismo concepto de «salud». El hecho de que existan diferentes tipos y concepciones de «salud», que pueden variar entre individuos y entre culturas tampoco suele emplearse como un argumento en contra de que debe emplearse el método científico en la medicina.
¿Por que sigue usándose este argumento para cuestionar la ciencia de la moral? Es cierto que se ofrecen argumentos aparentemente filosóficos para oponerse a la naturalización de la moral, pero para mí la única explicación verdaderamente plausible tiene que ver con el predominio de la tradición religiosa. La moral es el último, y el más importante, de los obstáculos que ofrece la cultura religiosa a la extensión y el triunfo definitivo de la cultura científica.
El anterior comentario se ha «tragado» el párrafo que iba después de «la idea de una medicina científica». Era este:
Ahora bien, si intentamos extender la verdad científica a la medicina convertimos a ésta en algo tan indiscutible como la ciencia. Y aquí entran mis temores. Conociendo el historial del homo sapiens, dar ese salto hacia la medicina “científica” la tiñe de un ominoso aspecto de dogma, algo cercano a lo religioso por el aspecto de inconmovible que presenta
aún siendo ateo, soy consciente de que los crímenes más espantosos contra la humanidad los han cometido ideologías ateas y pretendidamente científicas.
Esto tendría que demostrarlo con datos. Supongo que no será de los que creen que el nazismo, por ejemplo, fue una «ideología atea».
Emilio Diaz dice: Un filosofo dijo » los animales no pueden tener derechos porque no tienen deberes »
Creo que ese filósofo es Fernando Savater. ¿Es un argumento absurdo?
Alexandre Guima dice: «Sólo espero que esta persona que afirma que los animales no deberían tener derechos no intente justificar la corrida de toros (por ejemplo) con este argumento»
Solo espero…..no intente… no suena a muchas ganas de debatir….no parece que tenga Alexandre mucha disposición a escuchar opiniones diferentes
Gracias por el interés demostrado en mi artículo.
Por razones de un desplazamiento navideño, no voy a tener la posibilidad de intervenir en tan interesante debate hasta la semana que viene. Espero no llegar tarde y que el debate continúe.
Sí tengo, Miquel. Y a Savater no sé lo que le pasa, será que le gustan los toros y punto. Me parece deleznable que le gusten, pero peor es usar su erudición e intelecto, que son poderosos, para justificarlo con argumentos racionales.
Pero en fin, puntos ciegos los tenemos todos. El cardiólogo que fuma, el psicólogo que lee el horóscopo, el nutricionista gordo… y el filósofo que defiende la tortura de los toros. Es una parte de Savater que no me gusta, que se le va a hacer. La otra me encanta.
Menos mal que también tenemos a Jesus Mosterín…
El Proyecto Gran Simio cuenta con filosofos morales de primera linea, formados en las mejores universidades
Bueno, Paula, la verdad sea dicha, eso no es mucho, conociendo cómo funciona la profesión…
¿Cómo funciona la profesión?
No hay algo tan absurdo que no lo haya defendido algún filósofo (ya lo decía Cicerón).
Tengo entendido que a savater le gustan tambien las carreras de caballos. Tambien deberian prohibirse porque maltratan a los caballos. Siempre con un tio encima y corriendo a tope. En fin, yo estoy con Alexandre, pero deberiamos ser todos vegetarianos, como yo.
En principio, no se come por entretenimiento. No lo compares con la corrida de toros. Es como comparar el humo de los cigarrillos con la contaminación de los coches. No cuela. Aunque estoy abierto a debatir sobre el vegetarianismo.
Por cierto, échale huevos y pon tu nombre, «anónimo».
Ian, el conocimiento se hace a base de errores y aciertos. ¿Cuál es el problema?
Pues que el «conocimiento filosófico», si se refiere a conocimiento sobre el conocimiento y otros segundos órdenes, no existe (hasta el momento, nadie ha demostrado que exista). Y que para obtener el conocimiento «normal» hay que levantarse del cómodo sillón y hacer experimentos. La filosofía es un intento de aprendizaje top-down: un intento de inventarse primeros principios y explicar a partir de ellos por qué los pájaros vuelan al sur en invierno. Son ganas de obtener la verdad acerca de todo a partir de nada.
Una vez fracasados estos intentos, en su forma clásica, nos quedan estos nuevos filósofos que se dedican a estudios feministas, animalistas, postmodernistas, «empoderadores» de géneros (sic) y «filósofos morales». Es decir, tipos que sustituyen a los viejos sacerdotes con tanta cualificación y autoridad moral o científica como los viejos sacerdotes, brujos y curitas.
Como dijo el Zombi adorado en cierta religión muy popular: «por sus frutos los conoceréis».
me parece que tiene razón, Ian.
Pero no se lo diré a mis amigos filósofos, que me echan a la cara términos muy raros en un tono irritado y superior…
Pues que el “conocimiento filosófico”, si se refiere a conocimiento sobre el conocimiento y otros segundos órdenes, no existe (hasta el momento, nadie ha demostrado que exista).
Existe la epistemología o la filosofía de la ciencia, que es precisamente «conocimiento sobre el conocimiento». La filosofía de la ciencia no proporciona ningún conocimiento «substantivo» en el sentido empírico, no descubre ningún hecho nuevo, ni tampoco pretende dar «primeros principios» a las ciencias, ni nada por el estilo, pero es una forma de conocimiento porque no sabemos lo mismo antes que después de practicarla. Sin necesidad de entrar en honduras o en «términos muy raros» que asustan al populacho, conceptos totalmente comunes en la práctica científica como «hipótesis» o «teoría» son francamente filosóficos en este sentido.
La tradición de la filosofía de la ciencia, que está ligada al positivismo y el empirismo lógico del «Círculo de Viena», no tiene nada que ver con el posmodernismo ni se puede mezclar indiscriminadamente con otras corrientes extravagantes del siglo XX.
Es decir, tipos que sustituyen a los viejos sacerdotes con tanta cualificación y autoridad moral o científica como los viejos sacerdotes, brujos y curitas
Este es un argumento aparentemente libertario que se oye mucho, pero que tiene efectos claramente reaccionario. Porque el efecto de eliminar de un plumazo la filosofía moral (entendiendo por tal el intento de dar un tratamiento científico en el más amplio sentido de la palabra a los temas morales), no es la libre espontaneidad, sino que los temas morales siguen en manos de los doctrinarios tradicionales (normalmente religiosos). No es que no puedan existir doctrinarios «seculares», pero para criticar eso no hace falta menos sino más y mejor filosofía moral.
De acuerdo con Eduardo. Hay que tener cuidado con las posiciones extremistas. Necesitamos de una Ciencia de la Moral.
Y la Ciencia no «mató» a la Filosofía. Es una prolongación de la Filosofía.
Qué simpático ha sido reduciéndome a «populacho». Debe de ser usted muy popular…
conceptos totalmente comunes en la práctica científica como “hipótesis” o “teoría”
Naming after the fact: en física, por ejemplo, la filosofía suele ser más un estorbo que una ayuda. Creo que los escritores de ciencia-ficción han hecho tanto o más por la física que los filósofos (probablemente más).
Como historiadores de la ciencia, los filósofos son estupendos, eso sí. Y como historiadores de la filosofía, claro. Son como los narradores deportivos. A veces se entusiasman tanto con su profesión que llegan a creerse deportistas. Incluso alguno practicará algún deporte en sus ratos libres.
La tradición de la filosofía de la ciencia, que está ligada al positivismo y el empirismo lógico del “Círculo de Viena»
🙂 Cuando alguien menciona a Popper en mi presencia, suelo concentrarme en mi cubata (eso es porque las armas de fuego están aquí prohibidas).
el intento de dar un tratamiento científico en el más amplio sentido de la palabra a los temas morales
Estoy de acuerdo contigo en que esto es necesario. Pero, ¿es asunto de la filosofía, o de las ciencias del cerebro?
Este es un argumento aparentemente libertario
En mi caso, es más «zen» que libertario (lo siento). Es una constatación de un hecho, no una propuesta programática. Hay lo que hay. Si privatizas las facultades de filosofía, la sociedad se reorganizará espontáneamente y volverá a crear estructuras parecidas. Es inevitable que alguien se erija siempre como «faro moral». Pero lo que quiero decir es que me merece tanta atención la recomendación moral de un Peter Singer como la de un Marqués de Sade… o cualquier otro literato.
El determinismo moral es, como todo determinismo, derribable mediante la mera apelación a la libertad humana (existirán restricciones a la actuación humana, por supuesto: el miembro de Monty Python que quería llamarse Loretta y tener hijos podrá tener lo primero pero no lo segundo). Si mañana las neurociencias determinan que ser homosexual es mejor o peor utilitariamente que ser heterosexual, por ejemplo, no creo muy racional pasarse a la «opción correcta», sea cual fuese, siguiendo la «recomendación».
¿es asunto de la filosofía, o de las ciencias del cerebro?
De las «ciencias del cerebro» solamente no puede ser, porque hay «hechos» importantes para informar el debate moral que no proceden directamente de las neurociencias: hechos económicos, políticos, sociológicos, etcétera. Hace ya más de 30 años el controvertido Dr. Delgado estaba ya diciendo algo parecido. Ya sabemos que el estatuto de las ciencias humanas no es tan fuerte como el de las consideradas «ciencias naturales», y que ciertas modas filosóficas o ideológicas han dañado la imagen del «gremio» gravamente, pero este no es un problema que se pueda solucionar ignorando simplemente las ciencias humanas. Las ciencias humanas van a seguir existiendo (fíjate por ejemplo en el último debate en la AAAS sobre la antropología; no es que la antropología vaya a desaparecer; la cuestión es si nos la tomamos en serio -es decir, si la conectamos con el resto de las ciencias- o no). Desde luego, este tipo de «filosofía moral» al que me refiero tiene que correr totalmente paralela a las ciencias -digamos- empíricas.
Si privatizas las facultades de filosofía, la sociedad se reorganizará espontáneamente y volverá a crear estructuras parecidas.
Esta es una predicción empírica. Ya veremos si eso es así. Mi impresión personal es que la filosofía académica es de esas cosas que no sobrevivirán al mercado libre en una sociedad de masas como la que tenemos.
Pero lo que quiero decir es que me merece tanta atención la recomendación moral de un Peter Singer como la de un Marqués de Sade… o cualquier otro literato.
Bueno, esta es una afirmación muy retumbante pero sin justificación. Sobre todo, Singer no representa a toda la «ética animal», es sólo una parte de ella. La ética animal (si querías referirte a eso) está incorporada, en distintos grados, prácticamente en todas las escuelas actuales de ética, desde utilitaristas como Singer, hasta aristotélicos o kantianos. Naturalmente, no todas estas «escuelas» tienen la misma validez científica.
No es que quiera salir en defensa de Singer o del «animalismo» en particular (yo no soy animalista); lo que intento decir es que este debate hay que tomárselo en serio, hay que estudiarlo, y no adelantamos mucho tachándolo como literatura.
Por cierto, en el marqués de Sade hay mucha más filosofía que literatura, sus obras son casi diálogos socráticos.
[Laura Casal]
El Proyecto Gran Simio cuenta con filosofos morales de primera linea, formados en las mejores universidades, y de gran prestigio internacional, y el libro de la organizacion tiene excelentes editores. Seria bastante extraño que cometiese errores filosoficos basicos.
[FP]
Apelar al principio de autoridad, sin analizar críticamente las razones de esa autoridad, no es buen comienzo para una discusión cinetífica.
[Laura Casal]
Desde luego sería raro que alguno fuese capaz de algo tan extremo como escrbir un articulo basado en la falacia naturalista de Moore sin molestarse en leer a Moore, que no dice en su extensa obra nada equivalente a lo que este autor le atribuye.
[FP]
He leído a G. E. Moore y me mantenego en lo dicho. La falacia naturalista se expresa de varias formas, un de ellas es la que del ser no se sigue lo que debe ser, que es el sentido que tiene en le texto de mi artículo
[Laura Casal]
Los niños menores de 3 años, que aun no saben hacer dibujo figurativo, tienen derecho a que no les torturen, les maten o les enjaulen, independientemente de si pueden llegar a adultos (algo que no todos consiguen, sobretodo entre los pobres del mundo, que son mayoria). Es evidente, por tanto, que no es necesario invocar los meritos de los adultos. Basta con lo que los grandes simios hacemos de pequeños. El autor dice que el argumento es tramposo poque no lo ha comprendido.
[FP]
Mantengo que el ejemplo del simio que pinta es tramposo. Toda comparación con niños pequeños capaces de producir dibujos como un simio determinado no es suficiente para reclamar derechos universales proclamados por la ONU. Por supuesto que para los humanos tener derechos no es necesario tener uso de razón, como se decía vulgarmente, sino que basta con haber nacido (no me meto en el intrincado asunto del aborto y desde cuando el feto tiene derechos o no). Y lamento decirle, pero he comprendido bastante bien y he argumentado sobre ello.
[Laura Casal]
El autor no va mejor en primatologia. Incluso da a entender que no sabe nada del tema. Los simios tienen sistemas politicos y normas de conducta, asi como formas de dar una leccion a quien las rompa. Si el autor conoce el trabajo de los grandes primatologos sobre estos temas deberia explicar como son compatibles con sus tajantes afirmaciones. Si no las conoce debería informarse mejor sobre los seres a los que niega su derecho a vivir libres y sin ser torturados, que es todo lo que pide el Proyecto al que critica.
[FP]
Cierto que no soy un primatólogo, aunque he leído sobre ese asunto en varios libros y por razones que son largas de explicar, he tenido acceso directo a laboratorios que investigaban con primates, habiendo discutido mucho, por razones de trabajo, con los cuidadores del animalario y con los mismos científicos. Y fíjese en lo que dice Singer, uno de los pioneros del movimiento de liberación animal (si no el pionero) al considerar la investigación científica con primates desde su óptica utilitarista que es la que más me convence en este asunto.
Y por supuesto, uno puede criticar el proyecto Gran Simio y estar de acuerdo con la protección a rajatabla de los primates.
Una pregunta: ¿está usted de acuerdo con los zoos y la investigación con ejemplares cautivos?