autor: Francisco Mora Teruel
¿Qué es ese abstracto gigantesco, esa extraña carpa transparente e invisible que cubre las transacciones de los seres humanos y que llamamos cultura? Haciendo una apretada síntesis de las más de 150 definiciones que se han dado, Kroeber y Kluckhohn, hace más de medio siglo, señalaron que «la cultura es un producto, es histórico, incluye ideas, patrones y valores, es selectiva, es aprendida, está basada en símbolos y es una abstracción de la conducta y de los productos de la conducta». De todo ello quiero resaltar la característica histórica, es decir, el hecho de que las culturas se suceden con el tiempo, renovando, en esas sucesiones, las lecturas de los valores y las normas que han presidido las interacciones sociales. Y es ahora cuando estamos a las puertas o quizá ya entrando en un nuevo ciclo de cultura. La Ciencia, que forma parte de la vida moderna, es la protagonista de ese nuevo ciclo. En él, aparecerá una concepción nueva y diferente de quiénes somos los seres humanos, y en él, también, habrá nuevas respuestas a las preguntas sobre qué nos hace ser animales morales. Esta nueva cultura posiblemente presidirá los cambios sociales revolucionarios que se avecinan, esta vez basados en el conocimiento de cómo opera nuestro cerebro, órgano productor de cuanto somos y origen último de cómo nos comportamos. Eso es Neurocultura.
El último rincón. Neurocultura es un proceso en el que, a la luz de los conocimientos que aportan las Ciencias del Cerebro, se producirá una reevaluación de las Humanidades. Es un puente a través del cual se van a unir, definitivamente, esos dos grandes cuerpos del saber, las Humanidades por un lado y las Ciencias por otro. Es un proceso en el que se reevaluarán la Filosofía, la Ética, la Sociología y el Derecho, la Economía y el Arte y, desde luego, también la Religión. Y todo ello nos llevará a reevaluar nuestra concepción del mundo, porque hoy comenzamos a saber que nuestro cerebro es a su vez creador y espejo de cuanto sucede y que todo pensamiento y conducta humana residen en su funcionamiento y los códigos que lo sustentan. En realidad el cerebro es ese último rincón donde se mece y crea cada ser humano. Como ha señalado Iñaki Beti, de la Universidad de Deusto, «la Neurociencia se encuentra en el umbral de llegar a constituir una teoría unificada de lo humano, más allá de la tradicional división de los saberes en humanísticos y científicos. Ello puede suponer un impacto tan grande en la visión de la persona como el que conllevó el darwinismo».
En definitiva, Neurocultura quiere decir un encuentro entre la Neurociencia, que es el conjunto de conocimientos sobre cómo funciona el cerebro, y el producto de ese funcionamiento, que es el pensamiento, los sentimientos y la conducta humana. Decía Kandel, uno de los últimos premios Nobel en Neurociencia: «Mientras las Ciencias y las Humanidades continúen teniendo sus propias y separadas preocupaciones? deberíamos llegar a darnos cuenta de que ambas se generan a través de un diseño computacional común: el cerebro humano». Del estudio de ese diseño (Ciencia) y sus productos (Humanidades) nace el nuevo marco de cultura que venimos comentando.
Largo proceso de azar. El epicentro de esta nueva visión que llamamos Neurocultura no nace sólo de la Neurociencia como tal, sino del reconocimiento, una vez más, de que la existencia humana procede de un largo proceso de azar, necesidades y reajustes que han durado millones de años. La Neurociencia, a la luz de ese proceso evolutivo, está desentrañando los mecanismos que elaboran el funcionamiento del cerebro y con ello llegando a conocer cómo percibe y posiblemente «construye» la realidad que nos rodea. Es ahora cuando empezamos a entender que las elaboraciones perceptivas e intelectuales de nuestros cerebros tienen que ver con los códigos ancestrales anclados y escondidos en sus profundidades. Nada ocurre, ni nada existe del mundo humano, que no haya sido filtrado y elaborado por el cerebro, sea la percepción de una hermosa obra de arte, la elaboración de una compleja formulación matemática o el sentimiento profundo de haber alcanzado a Dios. Si queremos decodificar las percepciones y los sentimientos y los pensamientos e ideas que mueven las sociedades humanas, hay que conocer los mecanismos a través de los cuales ese órgano que llamamos cerebro las produce.
Maldad y bondad. De todos estos planteamientos emergerán preguntas como éstas: ¿cómo han aparecido a lo largo del proceso evolutivo y cómo operan los circuitos neuronales de la corteza prefrontal, claves en los razonamientos y sentimientos morales? ¿Qué códigos cerebrales elaboran la maldad y la bondad y sus significados? ¿Qué mecanismos operan en el control de las emociones y los sentimientos y alcanzan a la planificación responsable de la vida de una persona, a su intimidad y su dignidad? ¿Cuál es el substrato cerebral de las conductas antisociales y cómo pueden ser modificadas? ¿Existe el yo o la mente como entidad única y subjetiva en el cerebro? ¿Cómo crea el cerebro la conciencia humana? ¿Cómo alcanza el cerebro los procesos de abstracción y con ellos el conocimiento y la creatividad? ¿En qué medida saber que nuestras decisiones son producto de la actividad de ciertas áreas del cerebro que codifican para la recompensa va a cambiar el mundo que conocemos y nuestros sentimientos de seres libres? ¿Se avecina una nueva forma de pensar y entender la conducta humana?
La Neurocultura puede presentarse a algunos como un camino hacia la pérdida de la esencia de la verdadera naturaleza humana. Sin embargo, como señala el jesuita Javier Montserrat, «el verdadero conocimiento de lo humano no puede fundarse sobre ilusiones, o representaciones incorrectas de lo real, sino sobre evidencias científicas. Salir de la magia o el misterio hacia la mayor claridad de la ciencias, no nos hará perder excelsitud, sino entrar en la vía que nos lleva a entender con mayor precisión cómo es realmente la verdadera grandeza del ser humano».

Bueno, entonces parece que Neurocultura y Tercera Cultura se parecen ¡no? aunque me choca tanto Dios en los artículos colgados aquí de francisco Mora. Incluso en este último tiene que incluir a un…¡jesuita!. Su libro se llama «El dios de cada uno». Mucho dios veo por aquí…curioso para alguien que dice que la religión es algo superado…
O es que yo no lo entiendo, vamos.
Sí, el propio endiosamiento del cerebro, que en este título de post queda bien patente, yo creo que es una deriva patriarcal y judeo cristiana en la que entró la ciencia. Oriente sitúa el centro en el vientre, Occidente en el cerebro. El cerebro no siente, la ciencia tampoco. El cerebro aislado, tomado por separado, sin el cuerpo, las sensaciones, y el medio de donde se alimentan, es NADA. Las Neurociencias del siglo XX, tan centradas en el cerebro, serán recordadas, por su integrismo cuasi místico, pues hasta muy recientemente ni siquiera se diferenciaba entre el cerebro izqdo y derecho, quedando fuera las emociones… Y en cuanto a la definición de cultura, como algo abstracto, ya nos parece decir que el pensamiento detrás de todo esto es tan abstracto como el religioso. ¿Desde cuando la cultura es abstracta? ¿Nuestra vida física es abstracta? ¿Nuestras huellas culturales son acaso abstractas? La tendencia hoy es a olvidar definitivamente esta absurda dicotomía, endiosadora (y aislacionista) del humano entre «Biología» y «Cultura». Todo es biología y al mismo tiempo cultura. ¿Hay algo que sea cultural y no biológico o al revés? Ya hasta se habla de cultura para otros organismos, incluso bacterias. Cualquier modelo o pensamiento que empieza destacando, por alguna razón, a los humanos, entre otras especies ya está de partida fuera de juego. Y no es complejo de superioridad, este antropocentrismo (o cerebrocentrismo) sino de inferioridad, pues ¿cómo no nos vamos a sentir solos si nos aislamos previamente de la comunidad biológica y planetaria? Salud y que siga el debate.
Pienso que las neuro-x son una forma de marketing, de publicitar, de etiquetar la actividad a la que se dedican. Es decir: «Se estudio el cerebro y como procesa toda la información. De todo ello y a la luz de lo descubierto se revisa que aplicaciones tiene en el ámbito de la tecnología, de la cultura, de la historia, de la medicina, etc, etc». Y a eso parece que le llaman las neuro-x.
A partir de ahí se puede ser más publicitario y rimbombante. Al fin y al cabo hay que venderse.
Pero el proyecto o línea de investigación es buena. Para mi es una rama de la medicina y punto. De los resultados si se extapola a matemáticas pues es matemáticas. Si se extrapola a educación es educación. Y suma y sigue.
Lo que no se yo es porque tenemos la manía de explicarnos tan mal. Luego es todo malentendidos.
Saludos,
Que la cultura ha salido en su totalidad del cerebro humano es innegable. Cada especie (desde la bacteria hasta el homo sapiens) tiene una visión de la realidad en función del potencial de su cerebro.
Pero la propia realidad sólo puede ser percibida, entendida y modificada por obra y gracia del cerebro, después de ser codificada en el lenguaje que entiende el cerebro.
Sin cerebro seriamos como las piedras.
Coincido al 100% con el ponente.
Saludos.
«Que la cultura ha salido en su totalidad del cerebro humano es innegable.»
Por la misma regla de tres podríamos decir exactamente lo contrario: que el cerebro en su totalidad ha salido de la cultura. Aunque no espero que usted entienda siquiera esto.
Saludos.
Es demostrable que las culturas que más se resisten al cambio son las que menos son capaces de competir (aportar «buenas prácticas» a la civilización global). Esa resistencia se basa en la seguridad que un individuo siente dentro de un grupo reducido en el que el apoyo social, a veces mejor definido como presión social, es fuerte. En España, por ejemplo, el apoyo social en grupos reducidos es fuerte, y esto da al individuo la sensación de estar arropado, de pertenencia. La familia, los amigos, el terruño. En culturas como la nuestra, la gente ha tenido que construir redes de apoyo alternativas a las del estado, porque el estado no las ha ofrecido nunca. Estas redes sociales son una fuente del orgullo que la gente asume que siente por su cultura. Pero la cultura no es sencillamente lo que hace la gente, sino también lo que la gente tiene la libertad de hacer. Un niño no nace con una cultura. Cualquier niño se puede adaptar a cualquier cultura. Lo importante, en términos democráticos, es el niño, el individuo. En culturas más desarrolladas, en estados más avanzados en términos democráticos, el orgullo del individuo pasa de su ámbito social estrecho, a dos vertientes: la individual y la universal. En países como España, el individuo se ve muy limitado en lo referente a su movilidad social, porque la libertad (la justicia) no es igual para todos. Y por esto, el individuo se centra en las peculiaridades de su pequeño grupo social, su “identidad”; y la “gran sociedad”, la cultura compartida y nacional (o global), tiende a desvertebrarse. Bajo este escenario es muy difícil construir una conciencia social y unos valores democráticos universalmente compartidos y funcionales. Y sin todo esto, el resultado es cinismo, corrupción, prepotencia, y picaresca. La cultura es como la lengua, que forma una parte muy importante de ella, en términos neurológicos. En el lenguaje, como en la cultura, el cerebro de un niño tiene la capacidad de aprender y adaptarse de manera asombrosamente fácil, sea el idioma que sea, la cultura que sea, hasta los 14 años más o menos. A partir de entonces, ya es más difícil. Hay culturas que mantienen a sus niños literalmente presos. Malas prácticas.
En una cosa tienes razón, antirreduccionista, y es en que no entiendo eso que has dicho. Es más, apostaría a que tampoco lo entiendes tú.
Antirreduccionista, fíjate en esto, a ver si lo puedes entender: Si eliminamos toda la cultura, los cerebros humanos no sufrirán ningún daño y es sólo cuestión de tiempo que regeneren otra cultura equivalente. Sin embargo, si eliminamos todos los cerebros humanos, la cultura dejará de existir como tal y jamás tendrá una posibilidad de renacer. ¿cómo lo ves?
Saludos.
¡Ánimo, sr. Mora! Gracias a su investigación, ya habla de «la idea de Dios», ahora le queda discutir con Su Santidad, como sabe un sabio con muchos amigos no creyentes, sobre la «Realidad de Dios y la Redención de cada ser humano». Ese «punto» es el fundamento de discusión entre el azar y la Creación (éste para mí claramente evidente, pues está en mi día a día, paso a paso, acto a acto: como es una creación cada descubrimiento científico que usted reealiza, y que creo poco «azaroso». ¡Quien busca, encuentra!
Un saludo
La neurociencia «no» define al cerebro como algo separado del cuerpo, es obvio que se nutre de la experiencia sensible, usted recoge la información que quiere o que tiene a la mano por medio de los sentidos, de terminaciones nerviosas que van a la médula espinal y de ahí al cerebro.
Usted abstrae esa información; una manzana en su cerebro no es una manzana real, es una abstracción de esa manzana. Al procesar esa información, al atar cabos, al relacionar esos datos usted produce ideas y al manifestar esas ideas a otros por medio de un lenguaje usted se puede manifestar culturalmente.
La cultura es una creación del ser humano, es algo que no estaba ahí y lo hicimos aparecer. ¿adivine con qué?
Soy artista y estoy 100% de acuerdo con el artículo.
Vea mi web y comprobara lo que puede hacer un profesor emerito con 71 años que esta extendiendo un libro único e
inédito de Conocimiento del Medio para Sindromes de Down
y que esta avalado por CERMI , D Valentin Fuster y muchas
Asociaciones de España . Ojala sea capaz de leerlo
Gracias
Hay demasiado énfasis en el cerebro, en detrimento de la conformación histórico-social de la cultura, que incluye al mismo cerebro humano actual, como un producto también de ese largo proceso. Hay reduccionismo en el montaje publicitario de la «Neurocultura» y, con ello, se pierde la riqueza del enfoque dialéctico-complejo. Creo que se trata de un nuevo exceso de «cientificismo», por vía de la abstracción, con evidente enajenación de la práctica social.