Tercera Cultura
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Hace 65 años, en Hiroshima y Nagasaki…

autor: Fernando Peregrín

Hace 65 años, en Hiroshima y Nagasaki…La mayoría de los americanos – al menos aquellos que tienen algunas nociones de historia reciente del mundo, que no son muchos, seguramente – creen que tirar dos bombas sobre Hiroshima y Nagasaki fue un acto bélico moralmente justificado, ya que puso fin a una guerra, la de teatro del Pacífico, que de otra manera se hubiese prolongado años y hubiese costado cientos de miles de vidas al ejército estadounidense. Ponen como ejemplo el coste en vidas que estaba produciendo la estrategia de las fuerzas americanas del pacífico de ir saltando de isla en isla ocupadas por los japoneses, hasta llegar a la metrópoli, Japón, e invadirla hasta que se rindiera.

Se han dado muchas cifras sobre las muertes de ciudadanos japoneses ocurridas en Hiroshima y Nagasaki. Las cifras varían desde 200.000 hasta 110.000, no incluyendo en esta cantidad los que murieron a consecuencia de las heridas y la radiación, posiblemente decenas de miles. Pero sean 200.000 u otra cifra de ese orden, lo que no cabe duda es que aún se sigue discutiendo la necesidad de arrojar esas dos bombas en medio de dos ciudades densamente pobladas, y que además, se habían mantenido intactas, ya que los americanos las dejaron sin bombardeos convencionales para demostrar la potencia de su nueva arma atómica.

No faltan los que comparan estas dos bombas con los bombardeos convencionales que arrasaron Dresde y Hamburgo, por citar dos ciudades alemanas particularmente castigadas por los bombarderos aliados.[1] También los que buscan razones éticas para justificar la matanza de tantos seres indefensos arguyen que si los japoneses o los alemanes hubiesen dispuesto de bombas atómicas, las hubiesen utilizado sin duda en las grandes ciudades de densa población de los países aliados: Londres, Nueva York, Washington, etc. Asimismo no faltan los que sostienen que el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki tenía una doble meta: lograr que Japón se rindiera y cortarle las alas al hambriento de conquistas territoriales Stalin y, a la vez, reducir el aura de máquina de guerra perfecta que tenía por entonces el ejército soviético.

Cierto que entre los aliados hubo prominentes figuras que se manifestaron contrarias al uso de esas bombas contra objetivos básicamente civiles. Así por ejemplo: Dwight Eisenhower, Almirante William D. Leahy (Jefe de Staff de los Presidentes Franklin Roosevelt and Harry Truman), General Douglas MacArthur, Norman Cousins (consultor  del General MacArthur durante la ocupación militar de Japón), Lewis Strauss (Asistente especial del secretario de Marina), etcétera.

Se ha especulado si la decisión tomada en Potsdam, esto es, exigir la rendición incondicional de Japón, se hubiese suavizado y hubiese respetado la figura del Emperador – como finalmente ocurrió – los japoneses se hubiesen rendido antes y no hubiera habido necesidad de usar la bomba atómica. De hecho, esa era la postura del General MacArthur, quien conocía perfectamente la situación de la guerra en el teatro del Pacífico. MacArthur era de la impresión que la inminente entrada de la URSS en el conflicto bélico contra Japón poco iba a modificar la posguerra, cosa con la que no estaban de acuerdo en Washington y en el Pentágono, y se apoyó la decisión del bombardeo sobre ciudades muy pobladas antes de que la URSS se incorporara a ese teatro bélico y reclamase su botín de guerra. Resta por decir que existió una corriente de pensamiento por aquel entonces, sobre todo entre algunos científicos del proyecto Maniatan, a favor de que la bomba se demostrara en territorio japonés, pero en zonas lejanas a algún núcleo de población.

Este año, cuando se cumplen 65 años del bombardeo atómico, y por primera vez en la historia, un representante del gobierno de la Estados Unidos, el embajador John Roos, se ha sumado a los militares y civiles japoneses en la sobria ceremonia de conmemoración el pasado día 6 de agosto. Entre las palabras que pronunció durante el acto, quedan para el recuerdo estas: “Para el bien de futuras generaciones, debemos continuar trabajando juntos para lograr un mundo sin armas nucleares”.


[1] Recientemente se han revisado a la baja las cifras de civiles muertos en estas ciudades alemanas, ya que la eficacia de los bombardeos convencionales no pasaba de un 10% a un 20%.

3 Comentarios

  1. El Estado de Derecho de los norteamericanos, como el de otras muchas naciones, tiene elementos endebles en sus raíces— como la exterminación masiva e indiscriminada de civiles en Hiroshima o Nagasaki, por la que jamás se ha juzgado a Truman, por ejemplo, ni se le ha apeado de ningún panteón. Son crímenes de guerra nunca reconocidos como tales, sino justificados y medio escondidos, medio aceptados como parte de la tradición patriótica. Pero en eso no somos distintos los demás occidentales. Todos los Estados son, en cuanto tales, administradores de violencia, y muchas veces esa violencia legal se ha llevado por delante a inocentes, sin que se exijan responsabilidades. Por eso la historia es trágica, porque aun en el caso de llegue a prevalecer lo relativamente mejor (desde un punto de vista ético, digo), va imbricado indisolublemente con mucho de lo peor. Nosotros colaboramos con quienes sostienen el sistema que no exige responsabilidades— aun manteniendo una distancia crítica con respecto a lo que menos nos gusta de nuestra sociedad, estamos pillados todos en una cadena humana.

  2. Narmer says

    Un hecho histórico poco conocido es que, después de ser lanzadas las bombas atómicas y cuando por fin el emperador pensó que era hora de rendirse, hubo un intento de golpe de estado de algunos miembros de la cúpula militar que asesoraba al emperador para impedir la rendición, y casi lo consiguen.

    El fanatismo de aquella sociedad japonesa es difícil de comprender, y una cosa es creer que sin lanzar las bombas-A Japón se rendiría, y otra que lo hiciera.

    Y, para terminar, siempre me hace gracia que entonces hubiera tantas personas que se supone que estaban en contra del uso de las bombas atómicas, pero que por lo visto no le hacían ascos a arrasar una ciudad con bombas incendiarias convencionales. Seguro que, por ejemplo, los más de 80.000 muertos en una sola noche en Tokyo, les estarán muy agradecidos por su escrupulosidad.

  3. Otra cosa que suele señalarse en estas discusiones sobre bombardear población civil es que ésta es considerada más inocente que los soldados que estaban combatiendo. Pero es que esos soldados eran reclutados obligatoriamente, no puede decirse de ellos que ya sabían donde se metían. A diferencia de los soldados profesionales actuales. Y la vida de un hombre joven forzado a ir al frente no tenía por qué ser menos valiosa que la de la venerable ancianita que se quedaba en Nagasaki tomando su té con pastas.

    Por otra parte, si alguien está pensando en fabricar una bomba nuclear, quizá esto pueda servirle de ayuda:

    http://cienciaparagentedeletras.wordpress.com/2010/08/03/como-fabricar-una-bomba-nuclear/

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