Autor: Félix Ares/Asesor científico de eureka!
A veces encuentro relaciones que me sorprenden y una de ellas ha sido la que he descubierto en un trabajo de Corey Fincher y Randy Thornhill de la Universidad de Nuevo México y otros autores, en el que demuestran que el riesgo de infecciones de parásitos predice muy bien lo abiertos, extravertidos, individualistas y conservadores que son los individuos de una sociedad concreta. Más riesgo de parásitos significa personas más cerradas, introvertidas, menos individualistas y más conservadoras que en otras sociedades menos expuestas.
Lo primero que se me ocurrió fue aquello de «qué tiene que ver la velocidad con el tocino», pero siguiendo leyendo empecé a pensar que tal vez los autores no estuvieran tan equivocados. Antes de los sistemas sanitarios modernos –fundamentalmente agua corriente e inodoros en las casas y antibióticos–, la causa más importante de enfermedad, muerte e infertilidad estaba relacionada con los parásitos patógenos. En nuestros intestinos viven más de cien billones de microbios que colectivamente tienen cientos de veces más genes que nosotros mismos. La mayoría –por suerte– son beneficiosos o inofensivos para nosotros, pero una pequeña parte son perjudiciales. En todos los vertebrados se ha desarrollado un sistema bioquímico de defensa contra esos parásitos que se llama sistema inmunitario, que está compuesto principalmente por dos billones de linfocitos que colectivamente pesan tanto como nuestro cerebro.
En cada persona sus linfocitos han aprendido a luchar contra una clase particular de parásitos: los que se dan en su proximidad, en su grupo local. El sistema inmunitario recuerda los parásitos con los que se ha enfrentado. Pero todo es muy local. Me explico. Es muy probable que una tribu que viva a veinte kilómetros de distancia tenga parásitos ligeramente diferentes para los que nosotros no estemos preparados. Si nos exponemos a ellos, nuestras defensas no saben qué hacer y ello puede llevar a la enfermedad, la esterilidad o la muerte. Así que cuanto mayor sea la «carga de parásitos», es decir, el número, la variedad y la severidad de los parásitos que nos rodean mayor será nuestra precaución para no entrar en contacto con extraños –o mejor dicho, con sus parásitos–. Ellos desarrollarán, en palabras de los autores un «sistema inmunológico psicológico» para «evitar que sus bocas, genitales o piel se pongan en contacto con fuentes potenciales de infección».
Después de todo parece que la relación no era tan descabellada como yo pensaba.
