Todos los políticos son esclavos de intelectuales muertos
Los políticos viven en universos paralelos. La ciencia es la búsqueda de la verdad, y eso no es lo que le interesa a un político. El focus es muy diferente. El suyo es persuadir y vencer. El político sin ideología es un oximoron, una contradicción. La razón de ser de los políticos es su ideología, quieren convencer a la gente de sus valores. La ciencia puede dar mucha información sobre logros en el campo físico, químico. Cuando se trata de salud, medicina efectiva, ahí los políticos aceptan el veredicto científico. Pero utilizar la ciencia para lograr una mejor percepción del ser humano, eso ya no. Todos los políticos son esclavos de pensadores muertos.
Entrevista de M. Teresa Gímenez Barbat a Scott Atran en elcultural.es del Mundo.
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Supone una bocanada de aire fresco. A mí modo de entender da en el clavo en lo que dice y me parece especialmente relevante que sitúe en el debate público aspectos tan importantes de nuestra vida colectiva como: esa profesión de ignorancia de los temas científicos de la que hacen gala los políticos que pareciera que cuanto más alejados se encuentren del pensamiento ilustrado más posibilidades de éxito tienen, o la no diferenciación entre pensamiento religioso e ideología en la medida en que ambos prescinden de los hechos, como me parece muy interesante todo lo relativo a los valores sagrados y su imposición desde lo emocional. Encuentro, por lo demás, que constituyen importantes herramientas conceptuales para entender los mecanismo de funcionamiento de una ideología como la de género y los valores que desde ella a todos se nos quiere imponer.
Míster Atran seguramente sabrá mucho dentro de su campo de especialización científica, pero me parece que de política sabe bien poco.
Supongo que debido al entorno cultural anglosajón del que proviene, no ha sido capaz de abstraerse del discurso legitimador que se dan los políticos en el sistema parlamentario liberal para autojustificarse.
«El político sin ideología es un oximoron, una contradicción. La razón de ser de los políticos es su ideología, quieren convencer a la gente de sus valores.´´
Erróneo de cabo a rabo. Por ejemplo ¿Qué ideología tenían Cicerón, el Conde Duque de Olivares o J.B. Colbert? Ninguna, como políticos, sus patrones de comportamiento iban dirigidos a perpetuar su poder a través de la optimización del Estado que gobernaban, eliminando obstáculos y rivales políticos que pudiesen surgir. La «ideología´´ es un elemento creado para que el gobernado se sienta empático con las acciones del gobernante, una de los muchos utensilios de alienación mental creada por la modernidad.
«La razón de ser de los políticos es su ideología, quieren convencer a la gente de sus valores»
Esa frase de Atran es correcta. Los políticos se distinguen unos de otros por los valores que su ideología respectiva considera prioritarios. Así, por ejemplo, Artur Mas defiende como prioritarios los valores del tribalismo catalanista, mientras que Mariano Rajoy quiere derogar el derecho al aborto por fidelidad a los valores del integrismo católico.
Donde Atran desbarra totalmente es en este párrafo: «La libertad y la igualdad también son (…) absurdos. ¿O es que no sabemos que las personas no son iguales? ¿Y quien tiene realmente libertad?»
Es triste que el estadounidense Atran tilde de «absurdos» los valores de la libertad y la igualdad, que son justamente los valores ilustrados sobre los que se fundó su propio país y el resto de las democracias. Y resulta patético que trate de justificar su postura antiilustrada argumentando que «las personas no son iguales» o que «[nadie] tiene realmente libertad». Con esos argumentos tan risibles, Atran demuestra no saber ni lo que es el valor de la igualdad (igualdad ante la ley) ni lo que es el valor de la libertad (capacidad de decidir).
Rawandi, si bien Atran utiliza el término “absurdo” con una significación muy precisa: “Los valores sagrados siempre son absurdos. Lo son desde la base. Si fueran proposiciones lógicas, podríamos falsarlos, argumentarlos. Pero, si su carácter es trascendental, exterior a la razón, se tornan indestructibles.” Lo cierto es que yo no había reparado suficientemente en ello referido a los dos que citas: la libertad y la igualdad, que me parecen los más alejados de esa idea de valores sagrados ya que en última instancia ambos son hijos de la Ilustración. .
Una vez dicho lo anterior debo sin embargo recordar que el concepto de igualdad evolucionó mucho desde los primeras formulaciones en los estados liberales, y si en un principio se ceñía a la idea de igualdad jurídica con el tiempo fue evolucionando en un sentido mucho más social, pero es justamente desde los años 80 del siglo pasado a nuestros días y en la medida que deriva en lo que hoy se conoce como igualdad de género, que los dos sentidos anteriores: jurídico y social se resienten y en algún país como el nuestro, el jurídico, sufre una verdadera quiebra con las leyes de género.
Sin que se salve tampoco en el sentido de igualdad en renta y riqueza ya en nuestro caso nos encontramos con que solo Letonia, de todos los países europeos, nos supera en más desigual reparto de la renta. Y que no se piense que solo por culpa de la crisis. En 2007 y después de un muy largo período de bonanza económica éramos el cuarto por la cola solo superados por Estonia, Letonia y Rumanía. En cuanto a la libertad habría mucho que decir si tenemos en cuenta la verdadera atmósfera de pensamiento único en la que vivimos. Lo que está sucediendo con Snowden nos debiera hacer reflexionar.
Emilio, si repasas la parte del experimento cerebral, verás que Atran denomina «sagrados» a los valores más «importantes» (como los relevantes en el caso del aborto voluntario, etc.), por contraposición a los meros «gustos arraigados» (Coca-Cola, etc.).
Al afirmar que todos los valores importantes, incluyendo la libertad y la igualdad, no son argumentables, Atran se revela como un nihilista ético, y el nihilismo ético es sencillamenete imcompatible con el pensamiento ilustrado y con el mayor logro de la Ilustración: el sistema demoliberal.
Algo marcha profundamente mal en las universidades estadounidenses cuando uno de sus profesores «más reconocidos» demuestra tener tal cacao mental como para abrazar el irracionalismo nihilista.
No le pregunté, pero imagino que estaba pensando en la polémica sobre el libre albedrío.
Rawandi no conozco suficientemente el pensamiento de este autor pero me parece excesivo que deduzcas del hecho de considerar la igualdad un valor sagrado que de ese hecho derive una forma de nihilismo ético.
En cuanto a la igualdad jurídica ya he señalado en el anterior comentario que si siempre tuvo su lado controvertido, en la actualidad y en nuestro ordenamiento jurídico está siendo desplazada por la denominada igualdad de género que la pone en grave tela de juicio. Y que esta igualdad de género se está imponiendo en la sociedad y el ordenamiento jurídico no desde el sosiego y el debate riguroso sino desde la agitación y lo emocional.
Quienes sin lugar a dudas desprecian el legado de la Ilustración son buena parte de la clase política y desde luego la formulación actual del feminismo que yo prefiero denominar neofeminismo.
«No le pregunté, pero imagino que estaba pensando en la polémica sobre el libre albedrío.»
Teresa, aunque así fuera, eso no justificaría el nihilismo ético del entrevistado. Tus sensatas preguntas a Atran presuponen la existencia de valores seculares racionales (antagónicos a los valores específicamente religiosos), pero el antropólogo te contradice una y otra vez de manera radical con aseveraciones abiertamente nihilistas y por tanto antiilustradas:
«Los valores sagrados siempre son absurdos. (…) su carácter es trascendental, exterior a la razón (…) La libertad y la igualdad también son “valores sagrados” igualmente emocionales. ¡También son absurdos!»
«me parece excesivo que deduzcas del hecho de considerar la igualdad un valor sagrado que de ese hecho derive una forma de nihilismo ético.»
Yo no he hecho esa deducción que describes. Yo he deducido que Atran es un nihilista ético a partir de su afirmación de que todos los valores sagrados (o sea, todos los valores importantes), incluyendo la libertad y la igualdad, son «absurdos».
«En cuanto a la igualdad jurídica ya he señalado en el anterior comentario que si siempre tuvo su lado controvertido, en la actualidad y en nuestro ordenamiento jurídico está siendo desplazada»
Pero eso que comentas es irrelevante, porque cuando Atran tacha a la igualdad de «absurda» se está refiriendo explícitamente a la idea de igualdad tal como fue concebida «en torno a la segunda mitad del siglo XVIII».
Me ha gustado la entrevista, pero no comparto el desdén por los intentos de Dawkins o Harris.
«no comparto el desdén por los intentos de Dawkins o Harris»
Yo tampoco lo comparto, Guillermo. Dawkins y Harris al menos defienden los valores ilustrados, lo cual ya los hace preferibles a cualquier nihilista ético.
Además, el ataque de Atran contra los nuevos ateos ni siquiera resulta coherente, ya que empieza llamando «ridículos» a Dawkins y Harris por el interés que muestran en las implicaciones sociales de la verdad científica, pero pocas líneas después acusa a «los políticos» de no interesarse en esas mismas implicaciones.
«Es cierto que la ideología no cuenta con un dios antropomórfico, pero sí con el carácter trascendental de la religión. Piense en el comunismo, el anarquismo ¡todos quieren salvar la humanidad! La idea de los derechos humanos nace en torno a la segunda mitad del siglo XVIII a partir de un grupo de intelectuales que obra nada menos que un milagro. Voltarie, Beccaria Piense que antes de ellos el infanticidio, el canibalismo, la opresión de las mujeres y de los individuos al margen de la sociedad eran la pauta. La tortura era corriente, ¡Ha cambiado el mundo!»
No veo en este significativo párrafo ningún nihilismo ético.
Y a lo largo de la entrevista se mueve en el tiempo con mucha facilidad como prueba en esta pregunta:
-¿Cuáles son los valores sagrados mas estables y cuales podrían modificarse?
-En las sociedades seculares los valores son muy dispersos y difíciles de manejar. La libertad, la igualdad, la justicia, el pacifismo, son valores que dependen de cada momento. Por eso, por lo menos en Estados Unidos, hoy todos los políticos utilizan la familia como valor. Porque es el valor más seguro, el que pocos discuten. Por otro lado, si son valores, no son modificables.
«No veo en este significativo párrafo ningún nihilismo ético.»
Emilio, ese párrafo es bastante ambiguo, pues si bien Atran reconoce que la ideología ilustrada «ha cambiado el mundo», en las tres primeras líneas sugiere que toda ideología comparte el carácter salvífico irracional característico de las religiones, lo cual es obviamente falso.
«Y a lo largo de la entrevista se mueve en el tiempo con mucha facilidad»
Sí, pero te repito que cuando Atran tacha a la igualdad de “absurda” se refiere explícitamente al valor descubierto por los ilustrados “en torno a la segunda mitad del siglo XVIII”.
Las reformas educativas en nuestro país en los últimos tiempos acaban versando sobre el peso de la Religión en el currículo y sobre: sí o no Educación para la ciudadanía. Y esto no es casualidad, no es ni una tergiversación, ni una simplificación de lo que ocurre, sino que constituye la expresión más clara del bagaje intelectual y moral más preciado de nuestra clase política y el que con más empeño desean trasladar al sistema educativo: la religión y la ideología de género.
Sí, que nadie se llame a engaño, Educación para la ciudadanía es la denominación académica para lo que en otros ámbitos se conoce como ideología de género. Y a esos dos elementos habría que añadir un tercero que aunque menos visible constituye un tercer pilar: el nacionalismo en cualquiera de sus expresiones.
Se trata de una tríada de emociones a cada cual más fuerte y por tanto de muy difícil manejo porque en esos territorios la racionalidad no existe. Se trata de valores que van en la dirección contraria al ideal ilustrado que debiera caracterizar a la escuela y la educación, como va en la dirección contraria a la ciencia, al pensamiento menos contaminado y más universal y abierto. Pero ahí es donde estamos. Ahí es donde nuestra clase política quiere confinarnos.
Por eso cuando una entrevista magnífica, como esta que comentamos, da pie a hablar de todo ello, me parecería imperdonable que tratásemos de reconducir la discusión hacia un debate académico sobre el autor olvidando analizar en qué medida de lo que él habla se corresponde con nuestra realidad, con la clase política que nos gobierna, sobre lo ético y lo ilustrado de su proceder, y si lo que ésta nos está proponiendo son valores que hayamos de acatar desde la emoción o propuestas ilustradas a debatir y aceptar en una discusión desde la racionalidad y las reglas de juego.
Que cuando lo que interesa es la Luna miremos al dedo que la apunta, que cuando vivimos una candente realidad social necesitada de racionalidad y respuestas, y mientras un principio tan básico y constitutivo de una sociedad democrática como la división de poderes salta hecho añicos, no nos preguntemos en qué medida nuestra sociedad se aleja de lo ilustrado, sino en qué medida lo hace Atran, recurriendo para ello a unos valores como la libertad y la igualdad que por lo visto se conservarían intactos en su formulación original sin que dos siglos con tanta carga social y política como lo fueron el XIX y el XX no los hubieran transformado hasta el punto de hacerlos difícilmente reconocibles .
Como si lo que interesase no fuese cuál es su expresión hoy, qué queda en la igualdad de género de la igualdad jurídica de Stuart Mill, para ver que los parecidos son meras coincidencias, o si la libertad no está conociendo recortes de enorme magnitud y pudiéramos obviar que un señor llamado Snowden acaba de destapar que la CIA puede interceptar cualquier comunicación que se produzca en el planeta Tierra.
Para la igualdad de género se usa como catalizador la violencia del mismo nombre, y para el recorte de libertades la amenaza terrorista, todo discutido y aprobado en círculos cerrados de “expertos” y “expertas”, todo a golpe de impacto emocional y decisión por sorpresa, nada que recuerde al ambiente de ensanchamiento y ampliación de horizontes para el ser humano, de propuesta ética y racional de mejora de los hombres transformados de súbditos en ciudadanos, de debate y deliberación al que estaban llamados todos y en el que, con seguridad, estaban los mejores y fueron notas que caracterizaron el debate ilustrado.
«me parecería imperdonable que tratásemos de reconducir la discusión hacia un debate académico sobre el autor olvidando analizar en qué medida de lo que él habla se corresponde con nuestra realidad»
Tiene guasa que digas eso precisamente tú, Emilio. Ya en tu primer comentario se notaba que intentabas meter con calzador el asunto de la «ideología de género», aunque dicho asunto no aparezca por ninguna parte en la entrevista a Atran. Eres tú el que reiteradamente ha intentado «reconducir la discusión» hacia algo que sencillamente no viene a cuento.
Lo que sí viene a cuento son las afirmaciones nihilistas de Atran en la entrevista. Que un intelectual célebre adopte una perspectiva nihilista resulta muy preocupante para quienes defendemos la democracia liberal. No olvidemos que los valores ilustrados tienen dos enemigos bastante distintos pero igual de peligrosos: el fundamentalismo religioso y el nihilismo ético.
La democracia tiene más enemigos de los que tú señalas. Por ejemplo quienes se pasan por el arco del triunfo la división de poderes y se reparten el poder judicial mediante cuotas. ¡Si Montesquieu levantara la cabeza!
El nihilismo ético de Atran yo no lo veo por ningún lado y así lo he expresado a lo largo de este hilo. Como en ningún momento he tratado de disimular que me parecían apropiadas algunas ideas de Atran para el análisis de género, pero en mi anterior comentario entiendo que hay muchas más cosas que eso, como también la pertinencia del enfoque de Atran para observarlas más claramente.
Que a ti te interese de lo que dice nada más que su pretendido nihilismo ético, que no has conseguido demostrar por ningún lado, tampoco te llena de razones. La democracia son ideas pero también hechos, y los hechos lamentablemente a quien no presentan ni como muy éticos, ni como muy ilustrados es a nuestra clase política.
Que esa sea una constatación que parece que no te agrada, no la hace menos cierta, porque está demostrado que así es y así es percibida por la ciudadanía. Y ese también es un grave peligro para la democracia: que los ciudadanos coloquen a su clase política no como una solución sino como un problema.
En cuanto al género una de mis dudas mayores es saber qué es lo que impulsa a muchos hombres a considerar que se trata de una discusión de no muy buen “tono” y la evitan como si de fuego de tratase y eso a pesar de la enorme importancia que a todos los niveles ha adquirido, también en relación con lo que en este hilo se discute.
El resultado final es que el debate de género es una cuestión de feministas y profeministas sin que el resto de la población se entere de que pueda haber detrás de una construcción intelectualmente tan floja como la de género que sin embargo se impone desde las instituciones al conjunto de la sociedad con la certeza de un credo que no se puede discutir.
Mi posición es que en lo social y político y por supuesto en lo intelectual no debe haber temas tabú que se convierten en acerbo cultural, jurídico y político fáctico de la noche a la mañana sin que ninguna de las notas de deliberación, debate y aprobación guarde relación con lo que es propio de una democracia.
«El nihilismo ético de Atran yo no lo veo por ningún lado»
Pues eres el único que no lo ve. Relee estas palabras de Atran: «Los valores sagrados siempre son absurdos. (…) su carácter es trascendental, exterior a la razón (…) La libertad y la igualdad también son “valores sagrados” igualmente emocionales. ¡También son absurdos!”
Pensaba que esa parte la habíamos aclarado suficientemente. Repites lo que habías dicho en tu primer comentario y que más adelante parece que ya no veías tan claro
«Emilio, ese párrafo es bastante ambiguo, pues si bien Atran reconoce que la ideología ilustrada “ha cambiado el mundo”…»
Y recuerda lo que él entiende por absurdo: “Los valores sagrados siempre son absurdos. Lo son desde la base. Si fueran proposiciones lógicas, podríamos falsarlos, argumentarlos. Pero, si su carácter es trascendental, exterior a la razón, se tornan indestructibles.”
Lo cual no es justamente apuntarse a la irracionalidad y el nihilismo. Desmontar lo que en los valores pueda haber de emocional, apelando a la lógica y la razón, a la posibilidad de falsación, no es apuntarse al nihilismo.
Lo que veo que no te interesa nada es el suelo que pisamos y la realidad que vivimos y para mí sin lugar a dudas es lo más relevante de esta discusión. De tal modo que si tuviera que prescindir del pensamiento de Atran yo también sostendría que estamos construyendo un mundo a base de irracionalidad y emociones, y que tal camino si en alguna dirección va es contra lo que significa la ilustración y los valores ilustrados.
«Desmontar lo que en los valores pueda haber de emocional, apelando a la lógica y la razón, a la posibilidad de falsación, no es apuntarse al nihilismo.»
El problema, Emilio, es que Atran no se limita a «demontar» un aspecto concreto de los valores importantes, sino que directamente desecha todos los valores importantes tildándolos en bloque de irracionales: «Los valores sagrados siempre son absurdos». Eso es nihilismo puro y duro.
Y encima Atran trata de justificar su afirmación de que «la libertad y la igualdad también son valores absurdos» con argumentos grotescos, completamente impropios de un académico: “las personas no son iguales y [nadie] tiene realmente libertad”.
Obviamente, el valor de la igualdad («iguales en derechos», reza el Artículo 1 de la Declaración Universal de 1948) no requiere que todas las personas seamos clones, y el valor de la libertad (facultad de acción sin daño intencionado a otros) simplemente requiere que las personas tengamos facultad de acción, como ciertamente ocurre.
Yo como Scott Atran pienso que los políticos, aquí y en los Estados Unidos, viven de espaldas a la ciencia y la verdad, encerrados en valores religiosos e ideológicos de carácter emocional. Para nuestro caso: la religión, la ideología de género y el nacionalismo.
«Yo como Scott Atran pienso que los políticos…»
Vale, pero ¿suscribes tú estas frases de Atran: “Los valores sagrados siempre son absurdos. (…) su carácter es trascendental, exterior a la razón (…) La libertad y la igualdad también son “valores sagrados” igualmente emocionales. ¡También son absurdos!”?
Si por libertad se entiende el banderín de enganche agitado por el Tea Party y Bush para invadir otros países, por supuesto que la comparto. Si por igualdad se entiende que entre los seres humanos no hay diferencias en la cuna e igualdad en el resultado como pretende la ideología de género, también.
Si por igualdad se entiende aquel orden jurídico y político que nos considera iguales en dignidad y derechos por supuesto que no.
Es evidente que ni las sociedades, ni los individuos, nos regimos por normas y valores siempre racionales, por eso la batalla debe ser por ampliar ese campo hasta allí donde se pueda, y ahí el papel de lo público ha de ser decisivo. Por eso, si lo que observamos es justamente lo contrario, que desde las instituciones y la clase política lo que se ensancha son los valores emocionales y se huye de los ilustrados, de la ciencia y la verdad, por supuesto que debemos denunciarlo y hacerle frente.
«Si por libertad se entiende el banderín de enganche agitado por el Tea Party y Bush para invadir otros países, por supuesto que la comparto.»
Emilio, ¿te estás haciendo el tonto a propósito? La entrevista es demasiado clara como para justificar esa elucubración tuya según la cual Atran denominó «absurdos» a los valores de la libertad y la igualdad porque estaba pensando en los ultraconservadores republicanos o en algo similar. No, la afirmación del antropólogo tiene obviamente un alcance mucho más amplio, ya que está respondiendo a una pregunta concreta de Teresa explícitamente referida a los «valores seculares que todos pueden entender».
Si no eres capaz de mantener una discusión en un tono respetuoso creo que no tiene sentido prolongar este rizar el rizo de sostenella que quien defiende los valores de la ciencia y la busqueda de la verdad, que se expresa de este modo en la entrevista:
«La idea de los derechos humanos nace en torno a la segunda mitad del siglo XVIII a partir de un grupo de intelectuales que obra nada menos que un milagro. Voltarie, Beccaria Piense que antes de ellos el infanticidio, el canibalismo, la opresión de las mujeres y de los individuos al margen de la sociedad eran la pauta. La tortura era corriente, ¡Ha cambiado el mundo!»
en realidad es un nihilista ético.
Emilio, es verdad que esas palabras no parecen propias de un nihilista ético. Por desgracia, al citarlas has mutilado las primeras líneas del párrafo, líneas donde Atran afirma que toda ideología (también por tanto la ideología ilustrada subyacente a los «derechos humanos») hace promesas salvíficas tan irracionales como las de la religión, lo cual es sencillamente una patraña antiilustrada. Resumiendo, el párrafo completo de Atran resulta contradictorio: su comienzo rotundamente antililustrado anula por completo su parte final aparentemente ilustrada. En consecuencia, ese incoherente párrafo no contrarresta en absoluto las afirmaciones de Atran que sí son abiertamente nihilistas y que yo he citado más arriba.
No he mutilado nada, quien se ha aferrado a cuatro líneas de la entrevista y prescindido de todo lo demás no he sido yo. Puedes releerlo por si acaso se te ha olvidado. Cuatro líneas que aún cuando se contradicen con el resto de la entrevista para ti son las únicas significativas.
El párrafo completo es éste:
”Es cierto que la ideología no cuenta con un dios antropomórfico, pero sí con el carácter trascendental de la religión. Piense en el comunismo, el anarquismo ¡todos quieren salvar la humanidad! La idea de los derechos humanos nace en torno a la segunda mitad del siglo XVIII a partir de un grupo de intelectuales que obra nada menos que un milagro. Voltarie, Beccaria Piense que antes de ellos el infanticidio, el canibalismo, la opresión de las mujeres y de los individuos al margen de la sociedad eran la pauta. La tortura era corriente, ¡Ha cambiado el mundo!”
Y donde él habla de comunismo y anarquismo tú lees:
“…líneas donde Atran afirma que toda ideología (también por tanto la ideología ilustrada subyacente a los “derechos humanos”) hace promesas salvíficas tan irracionales como las de la religión, lo cual es sencillamente una patraña antiilustrada.”
Y paradójicamente prescindes justamente de las que hablan del mundo ilustrado y la revolución que supuso.
Pero no solo eso, es que al parecer para ti carece de significación el hecho de que destaque de los políticos:
“Pero utilizar la ciencia para lograr una mejor percepción del ser humano, eso ya no. Todos los políticos son esclavos de pensadores muertos.”
La igualdad y la libertad como creo he dejado claro, son susceptibles de ser utilizados, y de hecho es así en nuestra sociedad como valores emocionales y antiilustrados, porque su significación no es unívoca e inequívoca, y además hacerlo en completa oposición a los ideales ilustrados que los alumbraron y te he citado dos ejemplos bien claros: las invasiones de Irak y Afganistán se hicieron en nombre de la libertad y, la igualdad de género vigente en el derecho positivo de nuestro país se establece en forma claramente contradictoria con la concepción ilustrada.
Deberías por tanto releer la entrevista de nuevo y el hilo completo para darte cuenta que lo que reprocha a los políticos es prescindir de la ciencia para guiarse por ideologías basadas en valores emocionales. A mí en particular me asombra como una ideología como la de género se ha convertido en filosofía de Estado a lomos de una clase política claramente antiilustrada, una ideología que niega la ciencia hasta el esperpento de sostener que E=mc2 es una fórmula machista, y creo que también hay que decirlo con la aquiescencia de buena parte del mundo académico e intelectual: en El País, por ejemplo, recientemente publicó el siguiente artículo: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/25/actualidad/1390669671_059501.html
«No he mutilado nada,»
Lo hiciste. Mutilaste una parte de un párrafo incoherente: mutilaste la parte del párrafo que desmentía la parte con la que tú, ignorando descaradamente la contradicción de Atran, preferías quedarte.
«quien se ha aferrado a cuatro líneas de la entrevista y prescindido de todo lo demás no he sido yo.(…) Cuatro líneas que aún cuando se contradicen con el resto de la entrevista para ti son las únicas significativas.»
Falso otra vez. Las líneas explícitamente nihilistas de Atran no «se contradicen con el resto de la entrevista». Si acaso, parecen contradecirse con la parte del párrafo que tú citaste tras mutilarlo. Pero como dicho párrafo es autocontradictorio, se anula a sí mismo, salvo como prueba de la incoherencia de Atran. Por eso justamente decidí prescindir de ese párrafo entero cuando mostré el nihilismo de Atran.
«Y donde él habla de comunismo y anarquismo tú lees…»
Vuelves a equivocarte. Atran menciona el comunismo y el anarquismo como meros ejemplos de «la ideología», que es por lo que le ha preguntado explícitamente Teresa. Atran intenta colarnos una patraña evidente: que toda ideología es tan irracional como lo son el comunismo, el anarquismo o cualquier «religión».
«Y paradójicamente prescindes justamente de las que hablan del mundo ilustrado y la revolución que supuso.»
He prescindido de todo el párrafo porque se trata de un párrafo autocontradictorio, cosa que tú por lo visto no has tenido en cuenta ya que opataste por citarlo mutilado.
«Pero no solo eso, es que al parecer para ti carece de significación el hecho de que destaque de los políticos…»
Falso. He hablado de ese hecho en mi mensaje del día 24, dirigido a Guillermo.
“Los valores sagrados siempre son absurdos. (…) su carácter es trascendental, exterior a la razón (…) La libertad y la igualdad también son “valores sagrados” igualmente emocionales. ¡También son absurdos!”
Las de más arriba son las cuatro líneas sobre las que ha girado tu debate conmigo. Párrafo en el que omites:
«Si fueran proposiciones lógicas, podríamos falsarlos, argumentarlos.»
¡Vaya, has quitado situándolas elegantemente entre comillas, la parte que explica qué entiende él por absurdo, la frase en que apela a la razón, a la posibilidad de falsación! y luego ¡eres tú el que habla de mutilar textos!
Pierdes la compostura con la misma facilidad que acusas. Llamas mutilar a una cita a no hacerla tan larga como tú deseas, observa que con ese criterio tú las mutilas todas, pero es que cuando la pongo entera y te muestro que no dice lo que tu quieres que diga te pones igual de furioso, porque entiendes que Atran nos quiere engañar y donde habla de comuninismo y anarquismo, en realidad debemos entender «la ideología ilustrada subyacente a los “derechos humanos”». Sin embargo, cuando ensalza los valores ilustrados tú dictaminas que es un párrafo autocontradictorio.
Para girar toda tu argumentación en torno al nihilismo ético de Atran, no estaría de más que tuvieras a la ética algo más presente en tu propia forma de proceder. Acusas a los demás de mutilar, pero tú te tomas la libertad de inventarte textos y si no relee tus entrecomillados para ver cuantos son fieles al texto. Patético y penoso.
«¡Vaya, has quitado situándolas elegantemente entre comillas, la parte que explica qué entiende él por absurdo, la frase en que apela a la razón, a la posibilidad de falsación!»
No hay nada de malo en esa elipsis. Atran quizá crea que su nihilismo ético está sustentado por la «lógica», pero esa creencia suya carece de importancia y por eso no la incluí en mi cita.
«y luego ¡eres tú el que habla de mutilar textos!»
No, yo he criticado únicamente el tipo de cita selectiva que tú practicaste: la mutilación de un párrafo autocontradictorio ocultando la contradicción en que incurre el autor citado.
«entiendes que Atran nos quiere engañar y donde habla de comuninismo y anarquismo, en realidad debemos entender “la ideología ilustrada subyacente a los “derechos humanos””.»
Por favor, no me parafrasees de forma tan chapucera. Lo que yo escribí fue esto: «Atran menciona el comunismo y el anarquismo como meros ejemplos de “la ideología”, que es por lo que le ha preguntado explícitamente Teresa. Atran intenta colarnos una patraña evidente: que toda ideología es tan irracional como lo son el comunismo, el anarquismo o cualquier “religión”.»
«Sin embargo, cuando ensalza los valores ilustrados tú dictaminas que es un párrafo autocontradictorio.»
Lo dictamino con argumentos: es un párrafo autocontradictorio porque el aparente ensalzamiento de los valores ilustrados está precedido por una patraña antiilustrada según la cual todas las ideologías (y por tanto también la ideología ilustrada) hacen promesas tan irracionales como las promesas de la religión.
«te tomas la libertad de inventarte textos y si no relee tus entrecomillados para ver cuantos son fieles al texto.»
No mientas. Todos mis entrecomillados son fieles al texto.
Es evidente que escapas de las ideas como de la verdad. Ocultas el sentido que Atran da al concepto de absurdo, como algo no falsable, emocional, no argumentable; conviertes la relativo en absoluto, transformas una pregunta: ¿Y quien tiene realmente libertad? en esto: “[nadie] tiene realmente libertad”.
¿Sigues pensando que soy yo el que miente? He visto formas mucho más fieles de hacer una cita. Olvidas el párrafo más significativo sobre la Ilustración y los derechos humanos porque es justamente el que según tú lo único que esconde es una patraña argumentativa de Atran. Donde el habla de comunismo, anarquismo, patria tú solo ves igualdad y libertad. Olvidas esta importante aseveración:
“En las sociedades seculares los valores son muy dispersos y difíciles de manejar. La libertad, la igualdad, la justicia, el pacifismo, son valores que dependen de cada momento.” (ahora la negrilla es mía). Como olvidas sus referencias a la ciencia y la verdad, o como olvidas la respuesta a la pregunta sobre Cataluña:
“Conozco poco la realidad de aquí, la verdad. Pero extraña en una ciudad tan abierta y amical como Barcelona encontrar un empacho de iconos y referencias a valores sagrados nacionales. No parece una perspectiva halagüeña, como tampoco lo es en otros rincones de Europa.”
Y lo que implica de relatividad histórica, las cosas no son así por las leyes de la física, sino que son así por los políticos que nos gobiernan, las cosas podrían ser de otra manera si en lugar de apelar a la emoción a lo que se apelase fuese a la razón y los valores ilustrados.
Por cierto, en ningún sitio he leído que tomar un párrafo entre dos puntos sin añadirle ni quitarle nada significase manipular, cuando el lector tiene el texto más arriba. Sí lo es, sin embargo, suprimir en un párrafo de cuatro líneas, una de ellas, transformar una pregunta en una respuesta, negar la relatividad de los valores presente en toda la entrevista insistiendo en que cuando habla de la libertad y la igualdad lo hace según la concepción ilustrada, y no por ejemplo la que dieron comunistas y anarquistas o quienes la enarbolan en nombre de la patria o el género…
A pesar de este párrafo:
”Es cierto que la ideología no cuenta con un dios antropomórfico, pero sí con el carácter trascendental de la religión. Piense en el comunismo, el anarquismo ¡todos quieren salvar la humanidad! La idea de los derechos humanos nace en torno a la segunda mitad del siglo XVIII a partir de un grupo de intelectuales que obra nada menos que un milagro. Voltarie, Beccaria Piense que antes de ellos el infanticidio, el canibalismo, la opresión de las mujeres y de los individuos al margen de la sociedad eran la pauta. La tortura era corriente, ¡Ha cambiado el mundo!”
Tú interpretas esto:
“ Sí, pero te repito que cuando Atran tacha a la igualdad de “absurda” se refiere explícitamente al valor descubierto por los ilustrados “en torno a la segunda mitad del siglo XVIII”.”
Y como tengo la impresión de que me he repetido suficientes veces a lo largo de este hilo, pongo fin aquí a mis respuestas sobre algo que no solo ha encallado sino que se ha vuelto hacia lo personal sin posibilidad de aportar nada bueno, lo que entre otras cosas lo hace muy aburrido.