autor: Fernando Peregrín Gutiérrez
Tal vez el mayor riesgo indirecto de la homeopatía y de otras muchas medicinas alternativas y complementarias provenga del diagnóstico. Por muchos síntomas, enfermedades y sustancias que hayan incorporado con el tiempo los homeópatas a sus repertorios y textos de materia médica, el diagnóstico homeopático sigue estancado en sus inicios, en la década final del siglo XVIII. Nace, además, de un principio cuya aplicación general es, más que una cuestión discutida, un buen ejemplo de falsa ciencia: lo similar cura a lo similar (similia similibus curentur, el latinismo usado para dar prestigio científico a una idea sin base científica alguna)[1]. Los conocimientos que tienen los homeópatas de las enfermedades provienen básicamente, en concordancia con este principio, de hacer ingerir a voluntarios sanos la sustancia a ensayar y anotar sus síntomas, los cuales se incluyen, con el nombre en latín de la sustancia, en la materia médica (patogénesis homeopática). Esta misma sustancia que produce un determinado tipo de síntomas se espera que, una vez diluida cure enfermedades que producen síntomas similares. El diagnóstico médico consiste básicamente en un interrogatorio, en el que el homeópata puede preguntarle a una paciente, además de por sus síntomas, por cualquier cosa, como por ejemplo qué es lo que le debe a su madre[2]. A partir de los síntomas del enfermo y de lo que puede observar a simple vista (si es un paciente reincidente, se considera también la historia médica homeopática), la tarea esencial del homeópata consiste en ajustar el cuadro sintomático del paciente a la patogénesis de un determinado medicamento homeopático. Dada la vaguedad con que los pacientes explican sus síntomas y la subjetividad de estos, no tiene nada de extraño que los homeópatas vendan su producto como si se tratara de un traje a medida, con el lema de que no hay enfermedades sino enfermos, lo que se expresa también diciendo que la homeopatía es una medicina holística[3]. Esta máxima, en un sentido amplio, es una perogrullada; como principio de la medicina, es falsa. Hay enfermos de gripe y hay gripe. Por ello se puede estudiar la gripe como enfermedad y llegar a saber con precisión su etiología y patología a partir de datos objetivos y no solamente de una sintomatología personal y subjetiva.
Mas no cabe duda de que, carente de otros medios, el homeópata conversa largo y tendido con sus pacientes, lo que le ha valido la etiqueta de medicina humanística. Pero hablando con una paciente de sus síntomas y estableciendo con ella una cálida relación humana no se diagnostica precozmente el cáncer de mama ni otras patologías cuya mortalidad depende de un diagnóstico técnico, preciso, fiable y precoz. Se dirá que el homeópata no rechaza el diagnóstico de la medicina alopática y que recurre a él cuando lo considera necesario, algo que no requiere justificación pues lo contrario, limitarse a los pobres medios de diagnóstico de la homeopatía sería verdaderamente inhumano. En este sentido, se habla y se escribe sobre complementariedad de las medicinas e integración de la terapias, sin tener en cuenta que la diagnóstica de la medicina científica es una refutación inapelable de la mayoría de los fundamentos de la homeopatía y de la casi totalidad de las demás medicinas alternativas (la patogénesis homeopática, por ejemplo, es incompatible con la diagnóstica científica)[4].
Los enormes avances en la diagnóstica de la medicina científica y su desfase respecto de la terapéutica es una de las razones de los recelos de una gran parte de las poblaciones occidentales respecto del sistema de salud convencional. Se dice, a propósito de esto, que la medicina moderna lo diagnostica todo pero cura sólo lo que puede, una perogrullada que a la vez es reflejo irónico de la realidad. Las técnicas de diagnóstico van muy por delante de la capacidad de tratar con éxito las enfermedades que se diagnostican y conocen. Con mayor frecuencia y precisión la medicina es capaz de decirle a un paciente qué enfermedad tiene, cómo se originó, cómo va a evolucionar y hasta cómo y cuándo le va a matar, mas no de ofrecerle siempre remedios eficaces ni el consuelo de la esperanza que proviene del optimismo del ignorante[5]. Esta es una poderosa razón por la que los enfermos desahuciados recurren a los curanderos, a las vírgenes milagrosas o a cualquier medicina alternativa que le ofrezca esperanzas de sanación[6].
Relativismo multiculturalista posmoderno y la new age
El renacimiento de la homeopatía en Europa (en Alemania y Francia hay una importante tradición homeopática[7]) y su expansión por otras zonas de occidente se debe también al relativismo cognitivo posmoderno o como dice la filósofa belga Isabelle Stengers, a la “ecología de los saberes”[8], una actualización “en verde” del anything goes o “todo vale” de Feyerabend. Ante el fracaso de la homeopatía y de otras medicinas alternativas de justificar científicamente su eficacia, el relativismo terapéutico intenta descalificar los métodos que la medicina científica ha desarrollado para los ensayos clínicos, que es el que han adoptado las autoridades sanitarias para dar carta de naturaleza científica a una terapia[9]. Dado que la ciencia y la medicina científica, dice el relativismo, son construcciones culturales, y que sus métodos y conocimientos, las enfermedades, su diagnóstico y su terapia son meros acuerdos tras “negociaciones entre actores”, no se debe exigir a otras terapéuticas “cultivadas” (en el sentido de que son un hecho de cada cultura o grupo cultural, sin base en el saber adquirido mediante la razón y la actividad científica) que resistan a unas pruebas impuestas (los ensayos clínicos de la medicina científica) por otras medicinas también “cultivadas”[10]. Según este relativismo, cada medicina, cada terapéutica, cada curandero y cada sanador milagrero tiene derecho a establecer por sí mismo las pruebas y ensayos que considere oportuno debe presentar o superar para probar la eficacia terapéutica de sus teorías, métodos y procesos. Esta postura que resulta del punto del vista de la “democracia de los saberes” presenta un grave problema en este contexto: que no tiene en cuenta que lo que está en juego no es un debate académico sobre epistemología, sino la seguridad, la salud y hasta la vida de los pacientes; y que, en consecuencia, el listón que marca las exigencias de las pruebas a que se deben someter las terapias para demostrar su seguridad y eficacia debe ponerse lo más alto posible. Con todas sus limitaciones y yerros, la denostada medicina moderna occidental es la única que está diseñando y acumulando pruebas cada vez más exigentes de su validez y seguridad.
El relativismo multiculturalista posmoderno está también detrás del auge en Occidente de ciertas terapias tradicionales de otras culturas como la acupuntura de la medicina tradicional china o el panchakarma de la medicina ayurvédica[11]. Otra fuente inagotable de terapias y medicinas esotéricas (que aparecen por docenas a diario), es el pensamiento mágico y la espiritualidad narcisista de la new age que mezcla con asombroso eclecticismo karmas con energías positivas y negativas, masculinas y femeninas, de colores, etcétera; auras con vibraciones bioenergéticas, las doshas ayurvédicas con la función de onda de la mecánica cuántica[12], el Reiki con el toque terapéutico transpersonal (versión actualizada de la imposición de manos milagrera) y así hasta agotar los esoterismos, las magias y los términos científicos sacados al azar de los libros de divulgación (y crear, de pasada, un floreciente e incontrolado negocio multimillonario). Respecto de muchas de estas medicinas new age, así como de la mayoría de las “verdes” medicinas alternativas, lo mejor que se puede decir muchas veces es que la imaginación, la irracionalidad y la credulidad humanas no parecen conocer límites, lo que queda especialmente patente leyendo los panegíricos que sus crédulos proselitistas publican sobre estas magias, mitos, creencias o simples charlatanerías. A propósito de esto, cabe concluir citando a Peter Medawar, un inmunólogo ilustre, premio Nobel de medicina y al que tantos años de vida le deben los transplantados: “si fuese una credulidad inocente, pasiva, sería excusable; pero salta demasiado a la vista, ¡ay!, que se trata de una disposición activa a dejarse engañar.” [13]
[1] Los homeópatas dice que el caso de las vacunas de la medicina alopática o convencional es un ejemplo de la aplicación de este principio. La diferencia, en este caso prácticamente único de semejanza entre ambas medicinas, consiste, entre otras cosas, que se puede demostrar científicamente que las vacunas producen anticuerpos. Curiosamente, las llamadas “vacunas homeopáticas” o “nosodes” de las que se carece por completo de pruebas de que produzcan inmunización alguna, se preparan según métodos nada homeopáticos. Por otro lado, a la medicina convencional no se le ocurre curar la diabetes con azúcar ni la tuberculosis con bacilos tuberculosos.
[2] En la descripción de una consulta homeopática por la socióloga Emile Gomart, se incluye un fragmento del interrogatorio del homeópata a una paciente (que iba a la consulta por angustia y no poder mover bien el hombro derecho), cuyas preguntas y respuestas finales son:
…
– Homeópata: Ignatia. Para los que no soportan el olor a tabaco. Son personas sometidas a la autoridad.
– Paciente: Es exactamente eso. En el trabajo mando yo. Tengo personal a mis órdenes. Pero en casa está mi madre encima de mí. Soy una mujer sola.
– H: ¿Come usted bien?
– P: No.
– H: Entonces le conviene el Calibrotum. Usted no es como yo. ¿Sabe qué placer le ha dado su madre?
– P: ¿Cuál?
– H: El deber
– P: ¡Sí!
– H: Usted seguirá siendo una mujer de deber.
El homeópata finalmente receta Calibrotum, que también, según dice el homeópata en otra parte del interrogatorio, está indicado, al parecer, para “las mujeres que se aburren los domingos” (Gomart, E: El punto de vista del etnólogo. Presentación y análisis de consultas homeopáticas. Mundo Científico, dossier sobre homeopatía, septiembre de 1998).
[3] Lo que no impide que los laboratorios homeopáticos fabriquen y promocionen remedios contra enfermedades en general que se venden sin receta (muchas veces por simple recomendación del farmacéutico) ni consulta previa homeopática. La automedicación es la parte más floreciente de la homeopatía, lo que deja sin justificación muchas de las aseveraciones de los homeópatas.
[4] En un reciente programa del primer canal de TVE, “Esta es mi historia”, que trataba sobre curanderos, la presentadora, con una frivolidad tan notoria como su ignorancia sobre la discusión que intentaba conducir (llamarlo debate es darle una dignidad de la que careció el programa), llegó a admitir como razonable que se fuera al curandero pero siempre que fuese bajo supervisión médica.
[5] Siguen existiendo errores de diagnóstico pese al gran desarrollo de las técnicas, pero estadísticamente son cada vez menos significativos. La cuestión sobre la ética del silencio o del engaño al paciente es otra cuestión a debatir.
[6] La remisión espontánea de las enfermedades, incluso de las más graves y serias, que se puede dar cuando el enfermo desesperado visita al curandero, al sanador energético de auras o Lourdes, es la cusa fundamental de las sanaciones milagrosas.
[7] Los partidarios de la homeopatía exhiben como prueba de validez científica que en Francia está incluida entre las prestaciones de la Seguridad Social, sin tener en cuenta que el catálogo de prestaciones de la seguridad social francesa y de la mayoría de los países que la tienen es una cuestión política que muy poco o nada tiene que ver con la ciencia.
[8] Pignarre, P. y Stengers, I. : Ciego y doble ciego. Mundo científico, loc. cit.
[9] Métodos sometidos continuamente a crítica y discusión por los propios investigadores de la medicina científica que son conscientes de sus limitaciones y posibles errores y que buscan continuamente la mejora de los sistemas y procedimientos de validación y falsación de sus conocimientos y técnicas médicas.
[10] Peregrín Gutierrez, F. : loc. cit.
[11] La acupuntura, al igual que la homeopatía, está siendo objeto de un amplio y acalorado debate entre partidarios y detractores. Respecto de los ensayos clínicos de eficacia se encuentra en una situación muy parecida a la de la homeopatía, excepto que aparentemente se están acumulando pruebas a favor de su eficacia para el tratamiento del dolor y las náuseas en casos muy concretos (véase Linde, K et al.: Systematic Reviews of Complementary Therapies. An Annotated Bibliography. Part 1: Acupunture. Cochrane Complementary Medicine Field, 2002.
[12] Es el caso de Deepak Chopra, que tras publicar libros de gran éxito sobre esta cuestión (Quantum Healing: Exploring The Frontiers Of Body, Mind, Medicine) que son pura charlatanería y sinsentidos, ha montado un negocio esotérico de sanaciones en asociación con una empresa especializada en “lo último” en caprichos y juguetes de adultos para ricos.
[13] Reseña del libro El fenómeno humano, del jesuita Teilhard de Chardin., para Stephen Gay Gould, “uno de los grandes ensayos del siglo XX” ( Peter Medawar: El extraño caso de los ratones moteados y otros ensayos sobre ciencia. Drakontos. Crítica, Barcelona, 1997).

Fernando, tus series de escritos son una basura. Elimnas mucha investigación y haces un cherry picking brutal.
https://losseudoescepticos.wordpress.com/2017/06/11/elinformedelareal/
1. «Por otro lado, a la medicina convencional no se le ocurre curar la diabetes con azúcar ni la tuberculosis con bacilos tuberculosos»
Lo gracioso de tu tontada es que la homeopatía no puede postular curar la diabetes con azúcar porque se sabe que el azúcar no induce la diabetes, y en el caso de la tuberculosis trata con bacilos de tuberculosis se usan nososdes. Tonto.