Tercera Cultura
1 comentario

El deporte, nuestra ciencia

autor Arcadi Espada en Diarios de Arcadi Espada

Arcadi EspadaUna de las escisiones contemporáneas más características es la de ciencia y cultura, es decir, la consideración de que la cultura es estrictamente humanística. Así, pasa por inculto el que no distingue los tres órdenes clásicos de la arquitectura pero no el que ignora la segunda ley de la termodinámica. Las implicaciones de este punto de vista son inabordables. Destacan la instalación de la cultura en una región del espíritu, celeste y secundaria, y el entendimiento de la ciencia como mera tecnología productiva. Un reflejo burocrático de este punto de vista es la organización de la ciencia y la cultura en el nuevo Gobierno español: a la consabida escisión se le añaden perfiles lacerantes. El primero, y más obvio, es que el deporte tenga rasgo ministerial y no lo tenga la ciencia. El segundo es que la ciencia se desvincule de la educación y, por supuesto, de la cultura, para recalar en el Ministerio de Economía y Competitividad; al precio, además, de quedar convertida en una secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, tres palabras que cuando quieren decir algo dicen lo mismo.

Yo tengo una gran confianza en el nuevo Gobierno español, pero a cambio de que obedezca. Es decir, a cambio de que destierre la españolada. De ahí que me parezcan buenas noticias que Bruselas haya subido mis impuestos y Estados Unidos reglamente mi propiedad intelectual. Hace mucho que quiero ser gobernado desde la lejanía del conocimiento y no desde la cercanía de la cacicada. Por eso mismo me desmoraliza saber que, aun manteniéndose ministerialmente en la mayoría de países de referencia la absurda distinción entre ciencia y cultura, en todos ellos la ciencia tiene rasgo de ministra y en ninguno se vincula con la economía, sino con la educación.

Es evidente que la ciencia debe contribuir destacadamente al desarrollo económico y, en consecuencia, a la salida de la crisis. Pero supone una puerilidad tratar de garantizar esa virtud mediante la inopinada y creativa adhesión al Ministerio de Economía. El problema principal de las élites españolas es que suponen que el método científico sirve para que un avión vuele, pero que es inapropiado para limitar la superstición, la ineficacia y el engaño en el arte, la política, la justicia, el periodismo, la economía o la gastronomía. La ciencia nos sacará de la crisis en la medida en que todas las regiones del conocimiento aprendan a pensar y a actuar científicamente. O sea, en la medida en que copien del deporte. La única disciplina donde España ha empezado a comportarse en términos culturalmente modernos, ‘doping’ incluido.

(El Mundo, 5 de enero de 2012)

1 Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *