Un nuevo medio de pago utiliza como identificador tu propia cara
Recuerdo que antes era muy habitual que algún cliente de un bar consumiera y al salir dijera al camarero “ponlo en mi cuenta” y se fuera. Supongo que una vez al mes el cliente pagaría todo lo que debía. Hacía tanto tiempo que no veía algo así que hace unos días me sorprendió que en un bar al que suelo ir, un cliente al irse dijo la frase mágica “ponlo en mi cuenta” y se fue.
Si pensamos en tecnología y en medios de pago concluiremos que la cara del cliente es el medio de pago y que el dueño del bar le ha concedido un crédito. Con otros medios de pago el cliente necesita algo que le identifique: una tarjeta de crédito o de débito, un teléfono móvil o algo similar. En el viejo sistema de pago de los bares y restaurantes había una identificación mucho más primaria y cómoda: la cara.
En Estados Unidos hay varias empresas muy activas en buscar nuevos medios de pago que sean cómodos para el cliente y que añadan valor al vendedor. Una de ellas es «Square» que ya hace tiempo nos sorprendió con un dispositivo de forma cuadrada –recuerde que Square significa cuadrado– que se acoplaba al teléfono móvil inteligente y en el que se podía meter una tarjeta de pago con chip. Al pagar tu consumición, te decían cuánto era, lo tecleabas en el móvil, introducías la tarjeta de crédito o débito en el «square» y el dinero se transfería a la cuenta del vendedor. Era cómodo pero había que llevar el «cuadrado» y el vendedor tenía que aceptar ese medio de pago.
Ahora esta empresa ha dado una vuelta más y ha creado un sistema de pago donde tu identificación es tu cara. Es como volver a los viejos tiempos. Supongamos que estás andando por la calle y que te apetece tomarte un café. Buscas en tu móvil inteligente qué cafeterías hay en las cercanías que tengan el medio de pago de «Pay with Square». Eliges uno de ellos y se lo indicas apretando una tecla. En ese momento se crea una línea de crédito en ese establecimiento para ti, que implica entre otras cosas que una fotografía con tu cara ha pasado a la cafetería. Consumes todo lo que quieras y al terminar te acercas al mostrador y le dices al cajero: «Cárguelo a mi cuenta». El cajero mira tu cara, verifica que estás entre sus clientes de ese momento y nada más identificarte te da el visto bueno. “¡Adiós señor Pérez, esperamos volver a verle pronto!”. Y ya está, has pagado por la cara: por tu cara.
No sé si el sistema triunfará o no, pero me gusta: es como volver a los viejos tiempos, pero con tecnología moderna.
