Por Fernando Peregrín
La NASA preparó el escenario con mucho bombo y platillo. Días antes de la presentación de lo que se llamó descubrimiento muy importante para la biología – y que podía afectar también a la exobiología – la oficina de prensa de la Agencia Espacial norteamericana difundió un comunicado en el que se anunciaba un descubrimiento crucial para la historia de la biología.
Cuando se supo de qué se trataba, empezaron a aparecer opiniones muy sólidas en las principales revistas científicas limitando el alcance del descubrimiento, o su completa invalidez debido a errores de procedimiento.
¿De qué se trataba ese descubrimiento que iba a revolucionar la biología de nuestro planeta y los criterios de búsqueda de vida en otras partes del universo? Pues de una bacteria que por lo visto sólo se da en el Mono Lake de California y que había logrado usar arsénico, un elemento muy tóxico para la vida en general, en lugar de fósforo para fabricarse su ADN.
Atentando directamente contra los cimientos de la bioquímica, estos seres no solo parecían ser capaces de sobrevivir en entornos con altas concentraciones de arsénico sino también de incorporarlo a sus moléculas, reemplazando los fosfatos que todos los demás seres vivos utilizan en sus organismos. Esto, se dijo, podía ser una pista importante a la hora de buscar vida en otros planetas.
Si miramos la tabla períodica de los elementos, veremos que el arsénico y el fósforo son químicamente similares (uno se encuentra justo por debajo del otro), por lo que la idea presentada por la NASA era -al menos en teoría- viable.
Según la NASA, la cepa bacteriana GFAJ-1 encontrada en el lago Mono en California por la investigadora Felisa Wolfe-Simon, del Instituto de Astrobiología de la NASA, y su equipo, ha demostrado ser capaz de sustituir en sus moléculas, incluido el ADN, uno de los seis ingredientes fundamentales, el fósforo, por el venenoso arsénico. Nunca se había visto algo semejante, una prueba palpable de que la vida puede desarrollarse de formas muy distintas a la que conocemos. Como explica la astrobióloga Pamela Conrad, del Centro Goddar de Vuelo Espacial, el hallazgo demuestra que todavía no sabemos todo «acerca de las condiciones esenciales para sustentar la vida». A partir de ahora, puede que el arsénico sea «uno de los elementos que sí sustentan la vida». En definitiva, puede existir la vida en otros mundos en los que hasta ahora, por sus terribles condiciones, parecía imposible que se desarrollara algún tipo de criatura.
Las críticas, publicadas en la revista Nature, toman en consideración que una cos es tolerar el arsénico y otra bien distinta necesitarlo. Por la tanto, si sólo se trata de tolerar el arsénico la noticia carece de tanto interés como ha querido dársele, pues la biología seguiría siendo la misma y no sería, por otro lado, el primer microorganismo que tuviese esa propiedad.
De hecho, los científicos conocen muchos organismos capaces de realizar el “milagro” de tolerar el arsénico, y hasta hay plantas que poseen tan desarrollada esta capacidad que se utilizan para descontaminar suelos. Cuando el equipo de Felisa Wolfe-Simon explica que a lo largo de sus experimentos “eliminaron progresivamente el fósforo disponible para la bacteria y lo reemplazaron por arsénico” sin que muriesen, dejan de lado el hecho de que es prácticamente imposible quitar todo el fósforo de un medio, y que la membrana de muchas células poseen “transportadores de fosfato” capaces de captar concentraciones de estas sustancias del orden de los micromoles. En pocas palabras: podrían haber cometido un error en esa fase del experimento.
¿Dónde queda ahora la exobiología o biología de otras formas de vida? Al parecer, en la revista Science en la que se publica el hallazgo no se hace mención alguna a la vida extra-terrestre, algo que sólo se entiende si tenemos en cuenta que la NASA tiene muchas necesidades de dinero y que un poco de publicidad no viene nunca mal a la hora de solicitar fondos públicos para seguir manteniendo los diversos programas que en la actualidad contempla la NASA, entre ellos, la búsqueda de posible inteligencia en otros planetas de nuestra o de otras galaxia más o menos lejanas.

La cepa GFAJ: Get Felisa A Job.
Me leí el paper, claramente flaw. Todos los experimentos son evidencias indirectas. Hasta que yo no vea la estructura del DNA con el arsénico incorporado, no me creo nada.
No entiendo como ese paper ha pasado el filtro, me prgunto quién lo ha revisado.
Saludos
Desde el primer momento en que leí la noticia me pereció ambigua, en el sentido de que exactamente no sabía qué me estaban contando. Sin embargo, al día siguiente en el programa HOY de la extinta CNN+ el microbiólogo Ricardo Amils aclaraba que la trascendencia del descubrimiento residía en que el As podía sustituir en el ADN de un ser vivo al P. La noticia era sensacional, pero como señala F. Peregrín al poco comenzaron a surgir comentarios contradictorios que cuestionaban la noticia, sin que por el momento sepamos, al menos yo, en qué situación nos encontramos sobre este tema.
Sin embargo, esto debería abrir un interesante debate teórico, de momento. Si la vida ha podido surgir en algún otro lugar de nuestra galaxia, ¿obligatoriamente ha debido hacerlo con los mismos nucleótidos que en la Tierra?, ¿existe alguna ley desconocida que restrinja la vida a nucleótidos formados por los mismos elementos químicos que aquí?, ¿o por el contrario existe una variedad de combinaciones inesperadas que conduzcan a los fenómenos vitales?
Y no digamos si el problema lo situamos no en nuestra galaxia sino en cualquier otra galaxia situada a miles de millones de años luz. Este cuestionamiento se puede extender a todos los demás factores que intervienen en la codificación de la información y no solo a los elementos químicos que la sostienen. ¿Los codones que conocemos, tienen que estar formados por grupos de tres bases o existe variedad en el cosmos?, ¿las estructuras biológicas serán siempre similares a las nuestras o existirá un variado espectro de lo que nosotros llamamos proteínas? Finalmente, ¿si se diese en el universo algún tipo de variedad en la información conducente a la vida, implicaría ello la aparición de lo que en nuestro planeta llamamos “convergencia evolutiva”(líneas evolutivas diferentes acaban produciendo formas análogas en los seres vivos, aunque partan de estructuras diferentes. Hay seres vivos con alas que pueden ser aves, mamíferos, insectos, peces, que por necesidades adaptativas encuentran soluciones similares,…, entre otros ejemplos.
Lo sorprendente de la noticia es que intenta abrir un resquicio de respuesta sin salir de nuestro planeta, sin apenas información sobre estas cuestiones. De ahí lo sensacional de la misma y la rapidez con que se extendió la misma. Aunque el debate queda abierto es una lástima que todo quedase reducido a un malentendido.