Tercera Cultura
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Anticiencia en evidencia

por Fernando Peregrín Gutiérrez

“Einsteinitis” y “relativitis”

“Einsteinitis” y “relativitis”Existe un tipo de intelectual, generalmente de letras, más no necesariamente, que no pierde la ocasión, venga o no a cuento, de trufar sus textos con citas científicas cuyo alcance preciso desconoce, pero que piensa que le dan la vitola de sabio de amplia y enciclopédica erudición. Algunos pensamos que, tras el varapalo que les dieron Sokal y Bricmont a estos citadores compulsivos e indocumentados en su célebre libro “Imposturas intelectuales”, la epidemia de citas erróneas y gratuitas iba a remitir y serían cada vez menos los que se atrevieran a presumir de los conocimientos científicos que, ostensiblemente, no tenían. Mas no ha sido así, y el científico más citado sigue siendo, sin duda, Albert Einstein, quizá por ser el más famoso y moderno; y porque los que lo eligen como cita científica seudoerudita han leído en algún lugar, en algún manual de divulgación del llamado “nuevo paradigma científico”, que aún no está pasado de moda, como Newton, que aparece en esta clase de publicaciones casi como una antigualla inservible. Algún día nos tendremos que detener a analizar el batiburrillo de ciencias, protociencias y seudociencias que son los llamados “nuevos paradigmas científicos” (en plural, porque hay tantos como ignorantes escriben sobre ellos), y comprobar, de paso, la excelente salud de la que sigue gozando la física de Newton. Mas ahora debemos proseguir con los disparates que se leen casi cada vez que uno se topa con la consabida frase: “Como decía Einstein…”, porque, pese a que se le atribuye lo que se escribe a continuación, lo cierto es que la mayoría de los casos, el famoso físico no dijo—o escribió—eso ni nada parecido.

He hablado antes de la epidemia de citas erróneas a granel de Einstein, que llamaré la “einsteinitis”; hay una variante, la “relativitis”—cuyo origen principal es la su teoría de la relatividad especial—que es la más virulenta y contagiosa. El virus principal adopta la forma de “todo es relativo”, aserto que nada tiene que ver con Einstein ni sus teorías científicas. Además, en el sentido amplio de que, en el universo, en nuestro mundo, todo guarda relación con algo o con alguien, se trata indudablemente de una obviedad, de algo muy trivial. Mas en las demás acepciones del término “relativo”, es una falsedad. Hay cosas absolutas, como por ejemplo, el módulo—el valor prescindiendo del signo—en la teoría de números; o la temperatura medida en grados Kelvin; o la presión determinada desde el vacío. También hay cosas que no son susceptibles de ponerse en cuestión, como que la Tierra gira sobre sí misma y alrededor del sol.

Se argüirá que la frase “todo es relativo” debe entenderse en su contexto. Veamos, pues, uno que suele ser muy habitual. Está tomado de un artículo de opinión de Josep Ramoneda, publicado en EL PAÍS. Lo de “todo es relativo” era, en este caso, el título. A continuación, el autor arrancaba su artículo así: “Principio de relatividad: los acontecimientos son función de la posición desde la que se observan.” Aunque no lo menciona el autor, lo que escribe como definición de dicho principio suena a mala comprensión e incorrecta interpretación del de la relatividad especial de Einstein, que dice que las leyes de la naturaleza son las mismas para cualquier observador inercial, que quiere decir que observa desde un sistema de referencia que se desplaza a velocidad constante, sin aceleración alguna. No es pues, la posición lo que importa a la hora de hablar de relatividad en ciencia, sino el movimiento relativo de los observadores que siguen un determinado suceso. Es más, la relatividad especial de Einstein se basa, además, en otro postulado, que no tiene nada de relativo, pues se refiere al valor máximo de la velocidad de propagación de las interacciones, velocidad que coincide con la de la luz en el vacío, que es constante. Lo que sí puede ser función de la posición del observador es la percepción que se tiene de los hechos (por ejemplo, su simultaneidad), la información que se recibe sobre los mismos; nunca, su naturaleza, lo que son o han sido.

Es frecuente recurrir a la cita equivocada de la teoría de la relatividad especial de Einstein para justificar todo tipo de relativismos cognitivos, como el que mantiene que cada uno se crea su propia realidad, que es tan válida como la de los demás, y que la verdad sobre los hechos depende de cada observador, opinión lamentablemente muy extendida en muchos medios de información y comunicación. Pero esto es más una cuestión de epistemología que de un desvarío causado por la “relativitis”, por lo que lo dejamos para mejor ocasión.

4 Comentarios

  1. Xavier says

    Tal y como yo veo las cosas:

    La oración enunciativa: «Principio de relatividad: los acontecimientos son función de la posición desde la que se observan.» está mal escrita y creo que debería escribirse «Principio de comprensión: los acontecimientos son lo que son pero de lo que de ellos compredemos dependerá en parte del criterio o criterios que apliquemos».

    Por otro lado a mi me encanta que la gente haga suya pasajes de personajes famosos de la ciencia como la manzana de Newton o la relatividad de Einstein.

    Pero sí, hay que ir con cuidado que se dice. Porque ante todo la realidad es y nosotros solo podemos interactuar con ella, leerla, aprederla.

    Así pues el fallo que apunta el autor obedece también a una falta de rigor de sintaxis, no solo de pseudociencia.

    Sería correcto decir que nuestra opiniones dependen en parte de nuestra posición de igual manera que en el principio de relatividad x depende de y.

    Saludos,

  2. antonio says

    Artículo interesante. Siendo «de letras» me permito apuntar que en la oración inicial
    «Existe un tipo de intelectual, generalmente de letras, más no necesariamente,»
    que el «más» del inciso no debe llevar acento. El error ortográfico, en la primera línea me hizo minusvalorar, quizás injustamente, la autoridad del autor en su crítica a intelectuales que no saben de lo que hablan. Pese a ello creo que plantea una cuestión muy interesante.
    Antonio

  3. Eduardo says

    Otra cosa muy común es atribuirle al señor Albert teorías que no son fruto de sus investigaciones, incluso le atribuyen teorías con las cuales no estaba de acuerdo. Lo he observado en gente de ciencias sociales.

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