12 diciembre, 2017

Por qué la gente cree ser secuestrada por extraterrestres

Los ufólogos, escritores e investigadores de “misterios” suelen quejarse de que la ciencia no se toma en serio sus temas favoritos. Es falso. En el contexto del proyecto “Libro Azul”, dirigido por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el laboratorio de “comidas y medicamentos” del Departamento de Salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos llegó a analizar una tarta entregada por un vecino de Alabama para descartar que tuviera un origen alienígena, según cuenta Jacques Vallée en su libro Magonia. Hasta 1969, técnicos del ejército estudiaron –empleando recursos públicos– más de 12.000 supuestos informes OVNI. Pero la redacción final del proyecto, bajo la dirección de Edward Condon en la universidad de Colorado, básicamente coincidió con conclusiones de investigaciones previas (los proyectos “SIGN” o “GRUDGE”): “Nada de lo que procede del estudio de los OVNIs en los últimos 20 años ha aumentado el conocimiento científico”.

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La pesadilla (1781)

La CIA también se hizo cargo, especialmente hasta los años cincuenta del siglo pasado, cuando se creía genuinamente, en el entorno de la guerra fría, en la posibilidad de que los platillos volantes representaran una amenaza para la seguridad nacional. También se tuvo en cuenta el impacto social del fenómeno, y su asociación con elementos “subversivos”. El proyecto GRUDGE, en concreto, se planificó para tratar de “aliviar la ansiedad pública sobre los OVNIs y persuadir al público de que no constituían nada extraordinario”. No lo consiguieron, o solo parcialmente. Parece que  la inteligencia norteamericana también empleó las fantasías populares sobre fenómenos aéreos anómalos para dar cobertura a proyectos militares reales, como el vuelo de aviones a reacción U-2.

Los ufólogos se sintieron defraudados, porque consideraban que el asunto tenía una importancia superior. Para el francés Jacques Vallée los platillos volantes nos estaban enseñando que nuestro conocimiento del espacio y el tiempo es defectuoso, y para el escritor español Antonio Ribera eran “el mayor misterio de nuestro tiempo”. Joseph A. Hynek, el astrofísico que había tomado parte durante años en Libro Azul, le ajustó las cuentas al informe del comité Condon en una referencia de la “ufología racional”, el libro de 1972: The UFO experience. A scientific inquiry, desarrollando a partir de entonces una provechosa carrera como escritor y conferenciante.

El síndrome extraterrestre

Precisamente Hynek es el autor de la clasificación de “encuentros” con OVNIs más famosa. Los encuentros cercanos del primer tipo son aquellos en que un objeto no identificado es avistado, pero sin provocar efectos en su entorno; los del segundo tipo difieren en que provocan estos efectos físicos, en el entorno o en personas y animales; los encuentros cercanos del tercer tipo son aquellos en los que son avistados también “ocupantes” de los OVNIs.

Por último, las llamadas abducciones son relatos en los que testigos afirman haber sido secuestrados por seres extraterrestres, y vendrían a representar un cuarto tipo añadido posteriormente a esta clasificación.

El matrimonio Hill
El matrimonio Hill

La primera abducción en la literatura ufológica moderna corresponde con el incidente de Betty y Barney Hill, acaecido en algún lugar en New Hampshire, Estados Unidos, entre el 19 y el 20 de septiembre de 1961. Este caso no pasó a ser conocido hasta la publicación 5 años más tarde del libro The interrupted journey (Hay edición en español: El viaje interrumpido. Plaza & Janés, 1968) del periodista John G. Fuller, que había conseguido el testimonio de los Hill mediante hipnosis.

La experiencia de este matrimonio interracial llegó a inspirar un telefilm, estrenado en 1975, protagonizado por James Earl Jones y Stelle Parsons. En los años siguientes, los informes sobre supuestas abducciones aumentaron exponencialmente. Otros casos conocidos, como el de Travis Walton en Estados Unidos, o el fraudulento “Julio F” en España, también corresponden a la misma época. Por supuesto, está también el film de Spielberg Encuentros en la tercera fase (1977), que también colaboró a avivar la imaginación popular.  

La ciencia de las abducciones

Susan A. Clancy es una psicóloga cognitiva, doctorada en psicología experimental por la universidad de Harvard. En los años noventa preparó su tesis doctoral sobre la creación de recuerdos falsos, coincidiendo con la entonces llamada “guerra de los recuerdos recuperados” (recovered memory wars), una controversia que rodeó a las terapias de “recuperación de recuerdos” llevada a cabo por algunos psicoterapeutas mediante entrevistas, hipnosis, técnicas para guiar la imaginación, e incluso el uso de drogas psicoactivas. Se acuñó el término “síndrome de recuerdos falsos” y se llegó a crear una Fundación para fomentar su tratamiento, ya que esta forma de psicoterapia, con sus métodos dudosos, había dado lugar a una multitud de denuncias falsas relacionadas con violaciones y abuso infantil. La alarma social provocó que el FBI tuviera que investigar el papel desempeñado por supuestos rituales satánicos. Clancy decidió entonces estudiar los recuerdos falsos en un área moralmente menos controvertida: los relatos de abducción extraterrestre. El conjunto de su investigación lo recoge un libro publicado en 2005: Abducted. How people come to believe they were kidnapped by aliens (Harvard University Press). Aunque seguramente no ha vendido tanto como Mack, Hopkins o Strieber, este libro es más interesante.

La creencia en extraterrestres, a medio camino entre la ciencia-ficción y la mitología profunda, está extendida en buena parte de la población occidental. Según una encuesta reciente, la mayoría de los estadounidenses, británicos y alemanes creen que no estamos solos en el universo. Un porcentaje de estas personas piensan que ya hemos sido visitados por civilizaciones extraterrestres. En España, uno de cada cinco creen que hay extraterrestres viviendo entre nosotros. Y un grupo más pequeño y comprometido cree haber sido secuestrada en persona por visitantes del espacio en algún momento de sus vidas.

Clancy descubrió patrones interesantes en los relatos de estos “abducidos”. En primer lugar, casi todos los casos solían ir precedidos de determinadas experiencias corrientes interpretadas como anomalías, desde sangrados de nariz poco corrientes a extrañas “marcas” en el cuerpo. Por estrafalario que parezca, el relato de abducción parece ser una forma de dar sentido a este tipo de experiencias dentro de un determinado marco cultural: “las abducciones son una de nuestras explicaciones culturalmente disponibles para experiencias como la parálisis de sueño o de tiempo perdido”.

La parálisis de sueño es, en particular, uno de los candidatos principales para explicar experiencias comúnmente asociadas con relatos de abducción. Se trata de un fenómeno perfectamente natural, experimentado alguna vez por hasta el 20% o más de la población. Ana León lo explica:

…aunque veamos monstruos que aplastan nuestro pecho o se proyectan en la pared no estamos siendo víctimas de ningún ataque maligno, ni tenemos motivos para pensar que estamos perdiendo un poco la cabeza. Se trata simplemente de una parasomonia, es decir, de un trastorno de conducta asociado al sueño y, en concreto, a la fase REM. Dicho trastorno produce una incapacidad generalizada y transitoria para realizar movimientos voluntarios y hablar, ya sea al inicio del sueño o al despertarse. Es decir, ocurre sobre todo en la transición sueño-vigilia y viene acompañada de alucinaciones, responsables de que veamos seres sobrenaturales o escuchemos ruidos. Lo que hace que las parálisis sean episodios verdaderamente espeluznantes es que estas visiones se contemplan desde la consciencia. Ello se debe a que parte de nuestra mente está despierta pero atrapada en el terreno fronterizo de lo onírico y lo real.

Una buena parte de las experiencias de abducciones puede explicarse como la proyección de este variopinto conjunto de experiencias comunes en un trasfondo cultural alimentado por foklore moderno. Se ha demostrado experimentalmente que la imaginación viva puede crear falsos recuerdos (Gonsalves, B. et al., 2004). Los relatos de abducción –o antiguamente las historias de súcubos e íncubos demoníacos–, en este sentido, explotarían un sistema para crear recuerdos que es vulnerable de por sí al poder de la imaginación. Estos poderes pueden imprimir un fuerte sentido de objetividad en la experiencia, pero como apunta Clancy: “sólo porque se sienta algo extraordinario, incluso si se corresponde con una experiencia neural documentada, eso no significa que haya algo externo”.

Se han propuesto otras hipótesis médicas, como una que relaciona la experiencia con “despertares accidentales” durante operaciones quirúrgicas con anestesia general.

Las abducciones, sin embargo, no son simple psicopatología –al fin y al cabo, tampoco los chamanes están locos–. La gente que cree haber sido secuestrada por extraterrestres no padece grandes desórdenes psiquiátricos, aunque Clancy descubrió que su grupo de estudio sí tenía características más esquizotípicas en comparación a la población general, un rasgo que predispone favorablemente hacia el “pensamiento mágico” y las creencias consideradas extrañas o fantasiosas. Significativamente, las personas más esquizotípicas, igual que las que reportan experiencias de abducción, también tienden a crear falsos recuerdos en el laboratorio.

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3 Comments

  1. Eduardo Zugasti

    Creo que también hay una lectura psicoanalítica de las abducciones en clave de sadomasoquismo sexual.

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