23 Abril, 2017

¿Son tan grandes las diferencias psicológicas entre sexos?

En ocasiones los investigadores de la diversidad sexual producen un estudio mostrando que los hombres y las mujeres son psicológicamente diferentes de algún modo. No de Marte y Venus, pero diferentes de todos modos. Otros investigadores puede que no estén de acuerdo y citen un estudio que no encuentre diferencias psicológicas de sexo. En un impresionante nuevo estudio, Zell, Krizan y Teeter (2015) pasan revista a cientos de hallazgos pasados que llegan a la conclusión de que los hombres y las mujeres no son muy diferentes psicológicamente. Llegan a esta conclusión empleando una forma de metaanálisis llamado “metasíntesis”.

Marte y Venus
Marte y Venus

Los metaanálisis son muy útiles para determinar si los hombres y las mujeres difieren y en qué medida lo hacen. Cualquier estudio singular probablemente no acierta a estimar el “auténtico” tamaño de las diferencias psicológicas sexuales. Los metaanálisis, en contraste, en los que los investigadores tienen en cuenta simultáneamente muchos estudios y estiman cuantitativamente las diferencias sexuales generales, expresadas a menudo en términos de métrica “d”. Un valor d positivo como +0.50 normalmente indica que son los hombres los que tienen una ventaja moderadamente alta en una medida psicológica, y un valor negativo como -0.50 indica que las mujeres tienen una ventaja moderada. A continuación figuran algunos valores d de fuerza variable que han sido observados en estudios sobre diferencias psicológicas de sexo:

* Se ha observado un valor d de 0.20 para diferencias de sexo en confianza (Feingold, 1994). El tamaño de esta diferencia de sexo se considera “pequeña” e indica que el 58% de las mujeres poseen como media una confianza más alta que los hombres (basándose en el U3 de Cohen).

* Se ha observado un valor d de +0.50 para diferencias de sexo en capacidades de rotación espacial (Silverman et al., 2007). El tamaño de esta diferencia de sexo se considera “moderada” e indica que el 69% de los hombres poseen mayores capacidades medias que las mujeres en rotación espacial.

* Se ha observado un valor d d  +0.80 en las diferencias de sexo en agresión física (Archer, 2004). El tamaño de esta diferencia de sexo se considera “grande” e indica que el 79% de los hombres están por encima de las mujeres en agresión física.

* Se ha observado un valor d de -1.00 en las diferencia de sexo en idealismo (Tender-mindedness) (Feinfold, 1994). El tamaño de esta diferencia de sexo indica que el 84% de las mujeres están por encima de la media de los hombres en idealismo.

* Se ha observado un valor d de +2.00 en diferencias de sexo en distancia de tirada entre niños (Thomas & French, 1985). El tamaño de esta diferencia de sexo indica que el 98% tira objetos más lejos que la chica media.

Como he dejado constancia en anotaciones anteriores, las diferencias de sexo con valores d más grandes no son “más reales” que las diferencias de sexo de tamaño inferior (ver aquí). Todos los hombres no tienen por qué ser más altos que todas las mujeres para que la diferencia media de sexo en altura sea “real” y posea importantes consecuencias sociales. Del mismo modo, das diferencias de sexo con valores d mayores no necesariamente son más atribuíbles a la evolución o la biología, y diferencias sexuales menores no son más culturales o más debidas al aprendizaje que las diferencias de sexo más grandes. Los meta-análisis por sí mismos no pueden proporcionar respuestas a tales cuestiones, tal como apuntan correctamente Zell, Krizan y Teeter (2015).

Cualquiera que sea el valor observado de d en un meta-análisis, este resulta útil en la medida en que representa justa y sistemáticamente un conjunto de hallazgos a lo largo de diferentes disciplinas, laboratorios de investigación, y periodos de tiempo. Los meta-análisis y las estadísticas observadas acerca de d dan a los investigadores mucha más confianza para afirmar que los hombres y las mujeres son, o no son, psicológicamente diferentes en una variedad de grados, y si tales diferencias dependen de tipos particulares de medida, áreas geográficas o periodos de tiempo.

Hyde (2014), por ejemplo, revisó varias diferencias psicológicas de sexo y concluyó que existían diferencias de sexo entre moderadas y grandes en capacidades de rotación espacial, extroversión, ciertas conductas sexuales (por ejemplo, masturbación y uso de pornografía), y en actitudes hacia el sexo causal. Existen diferencias de sexo más pequeñas en medidas sobre carácter gregario, sensibilidad a las recompensas, escrupulosidad, afectividad negativa, agresión relacional y autoestima. Algunas de estas diferencias de sexo persisten en tamaño a través de culturas y periodos de tiempo, pero otras no (ver también, Lippa, 2009; Schmitt, 2014).

En un estudio reciente publicado en American Psychologist, Zell, Krizan y Teeter (2015) dirigieron una “metasíntesis” en la que agruparon 106 meta-análisis previos sobre diferencias psicológicas de sexo a lo largo de tres áreas: variables sociales y de personalidad, medidas cognitivas, y bienestar. Concluyeron que, en general, los hombres y las mujeres no son psicológicamente tan diferentes, con un valor general d de 0.21. Deben hacerse tres importantes advertencias sobre estas conclusiones.

En primer lugar, el estudio de Zell et al. (2015) tenía un alcance muy limitado. Sólo se fijaron en áreas donde los investigadores habían cuestionado la existencia de diferencias de sexo, probablemente limitando sus hallazgos a diferencias de sexo tan poco discutidas como para ser repetidamente sujetas a meta-análisis. Las conclusiones sobre la medida “real” de las diferencias psicológicas de sexo deberían tener en cuenta una gama mucho más amplia de variables. ¿Cuánto de amplia? Bueno, en ciencia es mejor tener una teoría organizada para orientarnos heurísticamente en la búsqueda de diferencias de sexo. Los psicólogos evolucionistas esperan que las diferencias de sexo tengan lugar sólo en aquellos dominios donde los hombres y mujeres ancestrales se enfrentaron con diferentes problemas adaptativos y presiones de selección sexual (Okami & Schackelford, 2001).

Por ejemplo, los psicólogos evolucionistas esperan que el sexo que posea niveles inferiores de inversión parental obligatoria (en los humanos, los hombres) posea niveles más altos de “sociosexualidad” (es decir, disposición para practicar sexo sin comprometerse seriamente(). Las diferencias de sexo humanas en sociosexualidad han demostrado ser culturalmente universales en un estudio de 48 naciones (Schmitt, 2005) y de nuevo en un estudio de 53 naciones (Lippa, 2008), habiendo encontrado ambos estudios exactamente el mismo tamaño de diferencias de sexo mundiales, mayor en los hombres que en las mujeres, d=0-74. Esto es superior a cualquiera de las diferencias de sexo en el estudio reciente de Zell et al. (2015), pero no ha sido tomado en consideración y no ha sido sometido a un “meta-análisis”, en la medida en que se trata de un hallazgo empírico poco controvertido (ver también aquí). La diversidad sexual asociada con la sociosexualidad es sólo un ejemplo de las docenas de diferencias de sexo que se esperan a partir de la psicología evolucionista.

Ellis (2011a, 2011b) empleó la teoría evolucionista neuroandrogénica como guía para examinar las diferencias psicológicas de sexo, hasta reunir evidencias de 65 diferencias de sexo aparentemente universales. Se mostró que estas diferencias de sexo son universales a través de culturas, sin un solo fallo de replicación en 10 estudios (probablemente subestimando las diferencias de sexo psicológicas reales). Empleando la teoría evolucionista para guiar a los investigadores para fijarse en las diferencias de sexo cuando se espera que estas existan (es decir, dominios donde los hombres y las mujeres ancestrales no se hayan enfrentado con diferentes problemas adaptativos) lleva a una conclusión muy diferente del punto de vista ateorético de que los hombres y las mujeres son indistinguibles en general.

En segundo lugar, Zell et al. (2015) no tuvo en cuenta las significativas variaciones a través de distintas culturas en el tamaño de muchas diferencias de sexo. Zell et al. informaron que las diferencias de sexo que sí pudieron encontrar eran “muy constantes a través de la edad, la cultura y el periodo de tiempo” (Pág. 17). Sin embargo, diferencias de sexo en muchos aspectos de la personalidad, la sexualidad y la cognición en realidad son muy superiores en culturas con una socialización de los roles sexuales más igualitaria y mayor equidad de género sociopolítica. Esto incluye diferencias de sexo en extraversión, amabilidad, escrupulosidad, neuroticismo, apertura, maquiavelismo, narcisismo, psicopatía, orientación hacia el dominio social, apego, rechazo, violencia íntima de pareja, capacidad de localización espacial, conductas de llanto, depresión, valores benevolentes, amor, preferencias por ocupaciones empáticas, disfrute del sexo casual, preferencias por parejas atractivas, auto-estima y bienestar subjetivo (Schmitt, 2014). Incluso diferencias de sexo en rasgos físicos tales como altura, obesidad y presión arterial son mayores en culturas con roles de sexo y socialización más igualitaria, y mayor equidad de género sociopolítica. Esto sugiere que es improbable que las mayores diferencias psicológicas de sexo sean debidas a la socialización en roles sexuales tradicionales o el patriarcado. De nuevo, las teorías evolucionistas que implican estrategias de historia vital y factores ecológicas es posible que expliquen mejor el tamaño de las diferencias psicológicas de sexo, en este caso, cómo y por qué el tamaño varía a través de culturas (ver Schmitt, 2014).

En tercer lugar, Zell et al. (2015) no utilizan aproximaciones multivariadas que han revelado previamente diferencias psicológicas de sexo muy grandes (Del Giudice, 2009; Del Giudice, Booth, & Irwing, 2012). En lugar de partir de la media de diferencias sexuales a lo largo de cada dimensión psicológica en sí misma, el método multivariado de Del Giudice et al. consiste en examinar todas las dimensiones psicológicas simultáneamente (controlando la superposición colineal entre dimensiones). Desde una perspectiva multivariada, muchas “d” pequeñas pueden resultar “aditivas” y crear diferencias sexuales de “tamaño planetario” al ser examinadas en conjunto (por ejemplo, Del Giudice et al., 2012, encontraron menos de un 10% de superposición en los rasgos de personalidad de hombres y mujeres cuando se fijaron en 16 dimensiones simultáneamente). Al pensar sobre diferencias sexuales en términos de espacio multidimensional, esta aproximación probablemente es una forma más justa de evaluar si los hombres y las mujeres difieren, en general, dentro de un dominio multidimensional en particular (como “personalidad” o “cognición”).

En breve, probablemente no es cierto que las diferencias psicológicas de sexo deban describirse en general como trivialmente pequeñas, especialmente si sabes a en qué fijarte (guiado heurísticamente por la teoría evolucionista), donde fijarte (a lo largo de una amplio rango de culturas), y cómo fijarte (empleando aproximaciones multivariadas). Los hombres y las mujeres son miembros de la misma especie, pero psicológicamente existen diferencias importantes que no deberían despreciarse si tratamos de maximizar la salud médica, mental y sexual de todos.

 

Referencias:

Archer, J. (2004). Sex differences in aggression in real-world settings: A meta-analytic review. Review of General Psychology, 8, 291-322.

Del Giudice, M. (2009). On the real magnitude of psychological sex differences. Evolutionary Psychology, 7, 264-279.

Del Giudice, M., Booth, T., and Irwing, P. (2012). The distance between Mars and Venus: Measuring global sex differences in personality. PLoS ONE, 7, e29265.

Ellis, L. (2011a). Identifying and explaining apparent universal sex differences in cognition and behavior. Personality and Individual Differences, 51, 552-561.

Ellis, L. (2011b). Evolutionary neuroandrogenic theory and universal gender differences in cognition and behavior. Sex Roles, 64, 707-722.

Feingold, A. (1994). Gender differences in personality: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 116, 429-456.

Hyde, J. S. (2014). Gender similarities and differences. Annual Review of Psychology, 65, 373-398.

Lippa, R. A. (2009). Sex differences in sex drive, sociosexuality, and height across 53 nations: Testing evolutionary and social structural theories. Archives of Sexual Behavior, 38, 631-651.

Okami, P., & Shackelford, T. K. (2001). Human sex differences in sexual psychology and behavior. Annual Review of Sex Research, 12, 186-241.

Schmitt, D. P. (2005). Sociosexuality from Argentina to Zimbabwe: A 48-nation study of sex, culture, and strategies of human mating. Behavioral and Brain Sciences, 28, 247-275.

Schmitt, D.P. (2014). The evolution of culturally-variable sex differences: Men and women are not always different, but when they are…it appears not to result from patriarchy or sex role socialization. In Weekes-Shackelford, V.A., & Shackelford, T.K. (Eds.), The evolution of sexuality (pp. 221-256). New York: Springer.

Publicado en Sexual Personalities

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