22 noviembre, 2017

Por qué “huimos” de los hechos

En un mundo racional, en apariencia, las pruebas y los mejores argumentos son los que convencen. Pero no vivimos en ese tipo de mundo. Ni siquiera la “comunidad científica” es una excepción, teniendo en cuenta las luchas entre egos, las rivalidades entre escuelas de pensamiento, los tabúes culturales, los sesgos de confirmación de los investigadores o la publicación masiva de falsos positivos en áreas concretas de la ciencia.

Wikimedia Commons
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Los científicos rechazan mejores teorías rivales cuando desafían “paradigmas” e intereses establecidos, pero las personas digamos corrientes suelen huir de la lógica y de los hechos en especial cuando las nuevas “verdades” resultan demasiado inconvenientes para su modo moral de ver las cosas.

Los psicólogos sociales Justin Campbell y Justin Friesen acaban de hacer una interesante aportación a la ciencia que niega la ciencia. Los resultados se han publicado en Journal of Personality and Social Psychology (2015), pero han comentado el artículo para el público en Scientific American. En síntesis:

Presentamos (supuestos) hechos científicos a 174 participantes estadounidenses que apoyaban o cuestionaban su posición sobre los matrimonios del mismo sexo. Cuando resultaba que los hechos se oponían a sus puntos de vista, nuestros participantes -de ambos bandos del debate- estaban más dispuestos a decir que el matrimonio homosexual realmente no trataba sobre los hechos, sino que era más una cuestión de moralidad. Pero, cuando los hechos resultaban estar de su parte, afirmaban más a menudo que sus opiniones estaban basadas en los hechos y trataban menos de la moral. En otras palabras, observamos algo que va más allá de la negación de unos hechos particulares. Observamos una negación de la relevancia de los hechos.

Esta huída de los hechos, como instancia relevante de los debates, tiene lugar especialmente en los temas sensibles más relacionados con la moralidad, la religión o la política. Creer en Dios o ser progresista no es “falsable” (nota bene: en realidad los filósofos de la ciencia ni siquiera están de acuerdo en que el criterio popperiano de falsabilidad sea correcto para las teorías científicas).

En lo básico los resultados convergen con las conclusiones de otros investigadores como Dan Kahan o Jonathan Haidt. Pero a pesar de que los resultados efectivamente contradicen la expectativa de que la “racionalidad” y los “hechos” pueden alterar significativamente la opinión pública, los autores mantienen una fe inquebrantable en que “nos podamos convertir en personas más libres de ideología y menos libres de los hechos” si somos capaces de “aceptar la ambigüedad, comprometernos con el pensamiento crítico y rechazar ideologías estrictas”. Quizás sea realmente una cuestión de “actitud“.

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