29 Marzo, 2017

Dejad que se mueran

“La mayoría de las lenguas se mueren, no porque hayan sido eliminadas, sino porque sus hablantes nativos anhelan una vida mejor. Hablar una lengua como el inglés, el francés o el español y abandonar costumbres tradicionales puede abrir nuevos mundos y a menudo es un pasaje hacia la modernidad”

Un colaborador nuestro, Iñigo Valverde, ha tenido la amabilidad de traducir el articulo de  Kenan Malik “Let them die” del 2000. Aunque este artículo ya tiene una traducción en castellano de Gloria Lago, nos ha enviado la suya, magnífica también, que nos apresuramos a colgar. Un clásico.

Tercera Cultura

Marie Smith JonesEn la actualidad hay en el mundo alrededor de 6000 lenguas. Dentro de poco habrá una menos. Marie Smith Jones, de ochenta y un años es la última hablante con vida del “eyak”, una lengua de Alaska. Cuando muera, también morirá su lengua. Durante las últimas décadas han desparecido de esta misma forma un cantidad enorme de lenguas. Cuando en 1974 murió Ned Madrell en la Isla de Man, también se llevó a la tumba la antigua lengua “manx”. La muerte en 1992 de Tefvic Escenc, un granjero del pueblo turco de Haci Osman, se llevó por delante al “ubykh”, una lengua que se hablaba en el Cáucaso norte. Laura Somersal murió en 1990 y era la última hablante de una lengua nativa de América, el “wappo”. Seis años después, otra lengua nativa americana, el “catawba”, se extinguió con el fallecimiento de Carlos Westez, más conocido como Trueno Rojo.

Se estima que durante el próximo siglo, van a desaparecer al menos la mitad de las 6000 lenguas del mundo; algunos pesimistas insinúan que hacia el año 3000 solo quedarán 600 lenguas. Según el American Summer Institute of Linguistics (instituto americano de lingüística), hay 51 lenguas con un hablante único vivo -28 de ellas sólo en Australia. Otras 500 lenguas las usan menos de 100 hablantes y otras 1500 las hablan menos de 1000. La mayoría tendrán suerte si sobreviven a la próxima década. Una desaparición tan acelerada ha puesto en marcha una campaña cada vez más bulliciosa en favor de la conservación de la “diversidad lingüística”. En una necrológica dedicada a Carlos Westez, el escritor Peter Popham lanzó la siguiente advertencia “cuando muere una lengua “perdemos” la posibilidad de una manera única de percibir y describir el mundo”. Desesperado ante el “impacto que una cultura homogeneizadora tiene sobre nuestro modo de vida”, Popham mostraba su preocupación por la propagación del inglés acarreada por la cultura americana, a lomos de la tecnología japonesa, y por la hegemonía de unas pocas grandes lenguas transnacionales: el chino, el español, el ruso, el hindi. El año pasado (1999) el lingüista David Crystal se hizo eco de esos sentimientos en un trabajo de investigación publicado en Prospect . “Deberíamos preocuparnos por las lenguas que se están muriendo” argumentó, “por el mismo motivo por el que nos preocupamos cuando se extingue una especie del reino animal o vegetal. Reduce la diversidad de nuestro planeta”.

Ahora, un nuevo libro, Vanishing voices, del antropólogo Daniel Nettle y la lingüista Suzanne Romaine, asocia la campaña para la conservación de las lenguas a la campaña en favor de los derechos humanos fundamentales y por la protección de los grupos minoritarios, frente a lo que consideran una globalización y un imperialismo cultural agresivos. “La diversidad lingüística”, argumentan, “es un indicador de diversidad cultural. La muerte de las lenguas es un síntoma de muerte cultural: con la muerte de una lengua desaparece un modo de vida”. “Todo el mundo”, concluyen Nettle y Romaine, “tiene derecho a su propia lengua, a conservarla como un recurso natural y a transmitirla a sus hijos”.

Los propagandistas de la diversidad lingüística se presentan como defensores liberales de los derechos de las minorías, protegiendo a los vulnerables frente a las malignas fuerzas del capitalismo global. Sin embargo, bajo la retórica superficial, su campaña tiene mucho más en común con visiones reaccionarias y retrogradas tales como la campaña de William Hague para “salvar la libra” como una expresión única de la identidad británica, o el réquiem de Roger Scruton por una “anglidad” perdida. Todos buscan conservar lo inconservable y están poseídos de una visión irremediablemente nostálgica de lo que constituye una cultura o un “modo de vida”.

La razón de existir de una lengua es hacer posible la comunicación. Tal como lo planteó el prestigioso historiador y traductor mejicano Miguel León-Portilla para sobrevivir, una lengua debe tener una función. Una lengua hablada por una persona, o incluso por unos cuantos cientos, no es en realidad una lengua. Es una fantasía particular, como un código secreto infantil. Es, por supuesto, enriquecedor aprender otras lenguas y ahondar en otras culturas. Pero lo es no porque las diferentes lenguas y culturas sean únicas, sino porque comunicarnos salvando las barreras de la lengua y la cultura nos permite expandir nuestros propios horizontes y adquirir una perspectiva más universal.

Al lamentar la “homogeneización cultural”, los propagandistas de la diversidad lingüística demuestran no comprender lo que hace que una cultura sea dinámica e atractiva. No se trata de fragmentar el mundo con la mayor cantidad posible de lenguas, sino más bien de superar barreras para facilitar la interacción social. Cuanto más universal sea la comunicación, más dinámicas serán nuestras culturas, porque estarán más abiertas a nuevas formas de pensar, y de actuar. No es de provincianos creer que sería mejor que haya más gente que hable inglés, chino, español, ruso o hindi. Los verdaderos chauvinistas son, sin duda, los que emiten sombrías advertencias sobre la difusión de la “cultura americana” y la “tecnología japonesa”.

En el corazón de los argumentos de los conservacionistas está la creencia de que una lengua determinada está ligada a una forma de vida concreta y a una particular visión del mundo. “Cada lengua tiene su propia ventana al mundo”, escriben Nettle y Romaine. “Cada lengua es un museo viviente, un monumento dedicado a cada cultura de la que ha sido vehículo”. Se trata de una idea derivada de las concepciones románticas de siglo XIX basadas en las diferencias culturales. “Cada nación habla como piensa”, dejó escrito el crítico y poeta alemán Johann Gottfried von Herder, “Y piensa como habla”. Para Herder, la naturaleza de un pueblo se expresaba a través de su “volksgeist”- el inmutable espíritu de un pueblo. La lengua era un elemento esencial para delimitar a un pueblo, porque “en ella habita todo el mundo de la tradición, la historia, la religión, los principios de la existencia; todo su corazón y su alma”.

Es verdad que la capacidad lingüística del ser humano da forma a nuestros modos de pensar. Pero no lo hacen las lenguas concretas. Hace mucho que la mayoría de los lingüistas han desechado la idea de que las percepciones del mundo que tienen las personas y las clases de conceptos que sostienen, están delimitados por la lengua que utilizan. La idea de que los francófonos, por el hecho de hablar francés, ven el mundo de manera diferente que los angloparlantes es absurda. Más absurdo, incluso, es imaginar que todos los hablantes de francés, gracias a su lengua común, tienen una visión común del mundo.

Pero si la idea romántica de la lengua tiene poca influencia, la concepción romántica de las diferencia humanas si que la tiene. La creencia de que los diferentes pueblos tienen formas únicas de entender el mundo se transformó durante el siglo XIX en la base de una visión racial de mundo. El volksgeist de Herder evolucionó para convertirse en una concepción de raza, de contenido invariable, en el fundamento de toda apariencia física y potencia mental y en el substrato de las divisiones y diferencias dentro de la humanidad. Hoy la noción biológica de diferencia racial ha caído en desgracia, sobre todo a causa de la experiencia del Nazismo y el Holocausto. Pero, aun cuando la ciencia de la raza se ha desacreditado, no así el pensamiento racial. Simplemente ha traducido a términos culturales lo que antes expresaba en términos biológicos. El pluralismo cultural ha vuelto a poner de moda la idea de raza para el mundo posterior al Holocausto, con su alegación de que la diversidad es buena en sí misma y de que la humanidad puede empaquetarse en grupos separados, cada uno con su peculiar forma de vida y de expresión, con un “mirador único sobre el mundo”.

La argumentación contemporánea en favor de la conservación de la diversidad lingüística, aunque se presente como liberal, surge de la misma filosofía de la que emanaron las ideas de la diferencia racial. Por eso los argumentos de Popham, Crystal, Nettles y Romaine, al menos sobre este asunto, habrían podido recibir el aplauso del finado Enoch Powell. “Cada sociedad, cada nación es única” escribió éste. “Tiene su propio pasado, su propia historia, sus propios recuerdos, su propia manera de hacer las cosas, sus propias lenguas o formas de hablar, sus propia -me atrevo a usar la palabra- cultura“. Puede que los conservacionistas de la lengua actúen con la mejor de las intenciones, pero caminan por un terreno peligroso y en compañía de unos compañeros de viaje escasamente apetecibles.

La deuda de los propagandistas de las lenguas con el Romanticismo les ha dejado, como a la mayoría de los multiculturalistas, una noción bastante confusa de los derechos. Cuando Nettle y Romaine sugieren en Vanishing Voices, que “el derecho de las personas a existir, a practicar y producir su propio lenguaje y cultura, debe ser inalienable”, están mezclando dos tipos de derechos – los derechos individuales y los colectivos. Un individuo tiene, por supuesto, derecho a hablar la lengua que quiera y a involucrarse en cualesquiera prácticas culturales que desee en su vida privada. Pero nadie está obligado a escucharle, ni a facilitarle los recursos para la conservación ni de su lengua ni de su cultura. El motivo por el que el “eyak” pronto se habrá extinguido no es porque a Marie Smith Jones le hayan negado sus derechos, sino porque nadie quiere, o sabe, hablar esa lengua. Puede que esto signifique una tragedia para Marie Smith Jones –y una frustración para los lingüistas profesionales- pero no es una cuestión de derechos. Ninguna cultura, ningún modo de vida, ni siquiera una lengua, tienen un “derecho a existir” otorgado por Dios.

Los propagandistas de las lenguas también confunden opresión política y pérdida de la identidad cultural. A algunos grupos -por ejemplo a los kurdos de Turquía- se les prohíbe usar su lengua como parte de una campaña más amplia del Estado turco para negarles sus derechos. Pero la mayoría de las lenguas se mueren, no porque hayan sido eliminadas, sino porque sus hablantes nativos anhelan una vida mejor. Hablar una lengua como el inglés, el francés o el español y abandonar costumbres tradicionales puede abrir nuevos mundos y a menudo es un pasaje hacia la modernidad. Pero es la modernidad en sí misma lo que desaprueban Nettles y Romaine. Quieren que los pueblos del Tercer Mundo, y algunos grupos minoritarios de Occidente, mantengan “modos de vida locales” y persigan el “conocimiento tradicional” en lugar de recibir una “educación occidental”. Esto equivale a decir que esas personas deben vivir una vida marginal, excluidas de la corriente de modernidad en la que nos movemos los demás. No hay nada noble o auténtico en los modos de vida locales; a veces son simplemente degradantes y devastadores. “Nadie puede suponer que no sea más beneficioso para un bretón o un vasco pertenecer a la nacionalidad francesa, con todos los derechos inherentes a la ciudadanía francesa, que mantenerse enfurruñado sobre sus propias rocas, sin participar o interesarse por el movimiento general del mundo”. Esto lo escribió John Stuart Mill hace más de un siglo. Se habría quedado estupefacto si hubiera pensado que en el siglo XXI habría quienes creen que quedarte enfurruñado sobre tu propia roca es un estado que merece la pena proteger.

¿Qué pasa entonces si la mitad de las lenguas del mundo se encuentran al borde de la extinción?

¡Dejadlas morir en paz!

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36 Comments

  1. carlos

    Las lenguas son algo a proteger, no porque tenga ninguna utilidad que existan, sino porque son algo valioso per se. Tienen interés tanto desde el punto de vista lingüístico, como desde el antropológico o el histórico. Son valiosas, incluso, desde un punto de vista “artístico”, como una creación que un grupo más o menos grande de individuos ha ido elaborando durante milenios.

    Poca utilidad tienen también las cuevas de Altamira o una calzada romana… El error está en buscar ese tipo de utilidad a las cosas. Hay cosas que son valiosas por sí mismas, como simple testimonio del devenir histórico de la humanidad.

    Cada una de estas lenguas que muere deja tras de sí una impresionante historia y un inagotable objeto de estudio… ¿Con poca utilidad práctica? Sí, pero con una gran belleza intrínseca.

    Es una pena que sistemas tan complejos que han tardado miles de años en desarrollarse desaparezcan para siempre por culpa del expansionismo que ciertas culturas han llevado a cabo en unos poco siglos. Puede que el que hablemos todo un mismo idioma haga del mundo un lugar más eficiente, pero prefiero un mundo bonito que un mundo eficiente. El mundo no es una empresa.

  2. Antonio

    Bueno, Carlos, a mi me parece entender algo muy distinto de lo que dices, no es lo mismo que una lengua deje de utilizarse que dejar que desaparezca, usando el ejemplo que usas de Altamira, una cosa es mantener el legado que nos deja para entender la historia y otra que todos regresemos a vivir en cuevas. Hoy en día se pueden conservar y estudiar las lenguas aunque no se usen, yo no uso el latín y es posible que nunca lo necesite, pero siempre estará ahí la información.
    Un saludo.

  3. carlos

    Cuando una lengua deja de utilizarse está prácticamente desaparecida… Es como disecar linces para los museos, en vez de procurar que sigan vivos.
    La desaparición de lenguas es evitable y es una pena que desaparezca cualquiera de ellas.

  4. plazaeme

    Hay un error en la fecha del “Let them die”. Es bastante más viejo (noviembre 2000).

    Carlos, no le veo la menor justificación a la comparación entre proteger una lengua, y proteger las cuevas de Altamira. Son dos casos muy diferentes, y en cierta medida opuestos. Porque proteger las cuevas de Altamira no consiste en hacernos trogloditas por obligación, y ponernos a pintar las paredes de las cuevas. Y no me digas que eso no sería proteger auténticamente el arte de Altamira. Mantenerlo “vivo” (como quieres con las lenguas). Y para ello convencer a la gente de que se trata de su “arte propio”, y de su “cultura propia”, así que todos a las cuevas a hacer el oso. Eso sería la versión de lo que llamas “proteger”, cuando te refieres a una lengua, trasladado a los maravillosos bisontes rupestres.

    No sé, para verlo mejor, cambia de protegido. ¿Qué sería “proteger”, referido por ejemplo a las castañuelas? Si es como proteger una lengua, sin duda ponernos a todos a tocarlas. ¿Y no son las castañuelas algo muy valioso desde un punto de vista antropológico, artístico, y del testimonio del devenir histórico de la humanidad? ¿Estás de acuerdo en que nos pongan a tocar las castañuelas? No puedes decirme que no, si haces caso de tus propios argumentos.

    La alternativa es que “proteger” sea algo más razonable. Por ejemplo, lo que hacemos con Altamira. Embalsamarlo y enlatarlo para que no se pierda, pero sin darnos la vara poniéndonos a pintar paredes. Que es exactamente lo que proponía Unamuno con el vascuence, y algo a lo que Malik no le pondría la menor pega.

    Una de tres. O no estás de acuerdo con las políticas que se hacen en España con las lenguas aborígenes, o nos quieres trogloditas a todos. O si no, el argumento Altamira no funciona.

    Slds.

  5. plazaeme

    La desaparición de lenguas es evitable y es una pena que desaparezca cualquiera de ellas.

    Carlos, también hay un problema con esa ocurrencia. O dos.

    Uno. Todo el rato están “naciendo” lenguas. Como su número no puede ser infinito, la única manera de que no muera ninguna, es que no nazca ninguna. Pero como ellas, de por natural, tienen mucha querencia en nacer (y en morir), hace falta un gran esfuerzo para torcer a la naturaleza. Y ese esfuerzo hay que hacerlo donde viven las lenguas. ¡Los cerebros de los humanos! Y encuentras con estas paradojas:

    – ¿Por que es mejor impedir que mueran las lenguas que impedir que nazcan?
    – ¿Quién te ha dado permiso para usar y forzar mi cerebro en aras de satisfacer tus caprichos con las lenguas?

    Dos. Es evitable, dices. Pero no dices el precio, ni dices lo que ganamos a cambio. Sí has mencionado “el interés tanto desde el punto de vista lingüístico, como desde el antropológico o el histórico.” Pero ya hemos visto que las castañuelas tienen un “gran interés tanto desde el punto de vista musical, como desde el antropológico o el histórico”, sin que ello te mueva a hacernos tocar las castañuelas. ¿Por qué? Seguramente porque el precio no te merece la pena. O porque no te gustan las castañuelas. Pero a mi también puede no gustarme (interesarme) la lengua que tú quieras proteger. Y no me estás contando el precio, para poder decidir con cierta racionalidad. ¡Ah, el precio! El secreto mejor guardado de todo el horror nacionalista.

    En resumen, “evitable” carece de significado sin contexto o cuantificación. La lluvia en una ciudad es evitable. Basta ponerle un paraguas desmesurado. ¿Y bien?

    La gran pregunta de esta charla, sería: ¿Por qué al entrar por una puerta la idea de “proteger” las lenguas, sale por otra – y corriendo – la racionalidad?

  6. McManus

    Coño, tremendo artículo. Y de un buen ensayista, Malik. Llevo preguntándome eso desde hace unos años, frente a opiniones-cliché que no me convencían. Expongo pensamientos algo desordenados.

    1) Las diversas teorías de la evolución cultural con las que me encontré ahí me empujaron a reflexionar en serio algo: es mucho menos inmutable de lo que desearíamos pensar. A eso súmale una interpretación libre de la oferta y la demanda: ¿no es verdad que al final el que una lengua viva suele depender de la demanda de un grupo de gente?

    A mí tampoco me sonaba convincente eso de que la lengua dé una forma única de ver el mundo, porque la cultura es algo bastante más amplio. La hipótesis de Sapir-Whorf parecía que no era para tanto, pero ha colado por nuestro prejuicio habitual en torno a la importancia del lenguaje.

    2) Es verdad, por otro lado, que a los lingüistas puede fastidiar que desaparezcan, porque se pierde la posibilidad potencial de estudiar características curiosas que amplien nuestro entendimiento, pero quizás sea un precio a pagar.

    3) Otro apunte curioso sobre evolución cultural: al final, es posible que generemos muchísima más cultura aunque tengamos menos lenguas, por la sencilla razón de que incluso entre dos personas de un mismo vecindario puede haber diferentes perspectivas.

    4) Si bien hay buenos argumentos por ahí, muchas veces una defensa de la conservación lingüística implica pensamiento desiderativo. Deseo de pensar en “ay, cómo nos gustaría que ese mundo fuera tal”, aunque en la práctica no tenga demasiada importancia. A mí me cuesta ver, por ejemplo, las consecuencias prácticas de la desaparición del bable. La sociedad asturiana seguirá existiendo. Transformándose culturalmente.

    Un saludo.

  7. plazaeme

    McManus, aunque estoy de acuerdo con todo lo que dices, hay dos cosas que me motivan especialmente.

    A mí tampoco me sonaba convincente eso de que la lengua dé una forma única de ver el mundo

    Sí, a menudo dicen que una lengua te da una forma de pensar, de ser, sentir, etc. Estoy harto de discutirlo con nacionalistas vascos. Vaya, con los pocos que se prestan a discutir. Siempre les digo que vivimos en el campo de pruebas ideal para comprobar esa teoría. Nos vamos a una calle céntrica de Sanse (en Bilbao casi nadie sabe vascuence), y pillamos a diez viandantes, aleatoriamente. Unos sabrán vascuence, y otros no. Para unos será materno, y para otros no. Y así.

    Si te da una forma de pensar, ser y sentir diferente, sería muy fácil diseñar un test de preguntas en castellano (es lo que hablan todos), y averiguar quien es vascófono, porque tiene todos esos prodigios que le da la lengua, y salen en el test. Ese es el momento en que el nacionalista, si decide no darme de leches, se calla y se va.

    Otro apunte curioso sobre evolución cultural: al final, es posible que generemos muchísima más cultura aunque tengamos menos lenguas

    Eso es prácticamente seguro, por la simple ley de los números. Más gente con la misma lengua => más conexiones => más ideas que se potencian unas a otras => más novedades => más producción y dinamismo cultural. Salvo que la llames “cultura” a la particular forma del rabo de la boina en un sitio, comparado con otro. Pero entonces serían mucho más “cultura” los distintos vascuences naturales que había, que no se entendían entre sí (o malamente), y con los que los nacionalistas han acabado sin la menor consideración. O sea, los argumentos que emplean siempre han sido mentira.

  8. Emilio Díaz

    Totalmente de acuerdo con el artículo y con algunos de los comentaristas. Hay que tener en cuenta que la lengua la hacen los hablantes, no los lingüistas, los políticos o los teóricos. Todas las lenguas están, por otra parte, en proceso de perecer, ya que cambian cada segundo en cada lugar y en cada hablante. Las hay que desaparecen porque no siguen siendo utilizadas. Y nada pasa. Si dejan restos escritos o fonográficos, deben ser objeto de estudio, tal vez de nostalgia; pero no de reivindación política o ideológica. Si la lengua es un recurso adaptativo (como la religión) de la especie humana, es lógico que varíe en función de la adaptación al medio. El problema en todo este asunto es que desde el romanticismo alemán, se ha hecho consciente la conexión entre lengua y poder con la subsiguiente ansia de utilización de la primera para el segundo.

  9. Rawandi

    La idea de que la diversidad lingüística es valiosa siempre me ha parecido una estupidez reaccionaria, aunque por desgracia se trata de una estupidez tremendamente popular que incluso está respaldada por el artículo 3.3 de la Constitución Española, que imagino fue redactado sobre todo para aplacar a los nacionalistas periféricos.

    Lo que realmente nos marca a los humanos es el uso del ‘lenguaje’, no la lengua concreta en la que se encarne nuestra capacidad para el lenguaje, pues todos los idiomas desarrollados son equivalentes. Un inglés llama “tree” a lo que yo denomino “árbol”, pero ambos estamos viendo la misma cosa y nuestras respectivas visiones del mundo podrán coincidir o discrepar independientemente de nuestra diferencia de lengua.

  10. carlos

    Vamos a ver:

    1) No es verdad que las lenguas desaparezcan al mismo ritmo que nacen otras nuevas, sino que las mayoritarias se van comiendo a las otras. Creo que el propio artículo lo dice.

    2) Con la comparación de las cuevas no habéis entendido nada… O no habéis querido entenderlo. Lo único que intentaba decir es que el criterio de UTILIDAD no es el que debe primar en estos análisis. Que preservar las lenguas no “sirve” para nada… Puede que sea cierto, pero este tipo de cosas (igual que mantener en buen estado las cuevas de Altamira) no tienen por qué “servir” para nada. Tienen un valor intrínseco más allá de su valor instrumental. Creo que el razonamiento es muy sencillo.

    3) Yo no pretendo que la gente se ponga a vivir en cuevas ni a tocar las castañuelas. Tampoco es la idea que la gente se ponga aprender lenguas desaparecidas… La cuestión es que esas lenguas no desaparecen porque sean peores que las otras o más feas, sino porque esas culturas se ven obligadas a diluirse en otras mayores por motivos económicos o porque son lenguas estigmatizadas respecto a otras que se consideran “de prestigio”. Ambos motivos son muy tristes. En un siglo el proceso de pérdida de lenguas se ha acelerado tremendamete. Creo que sería suficiente con replantearse este expansionismo ciego y codicioso que acaba de forma forzada y “violenta” con la diversidad cultural.

    4) Lo que yo digo no tiene nada que ver con el nacionalismo. Estoy en contra de todo nacionalismo.

    5) No voy a entrar en el rollo Sapir-Whorf sobre cómo las lenguas condicionan la visión del mundo, pero teorías más nuevas que hablan de la influencia entre ambos aspectos sí me parecen dignas de ser tenidas en cuenta. Una cosa es que no determine y otra que no influya. Es un tema de estudio que nunca va a terminar.

    6) Resumen: a) Las lenguas se ven obligadas a desaparecer. Nadie dice: “Nuestra lengua es una mierda, mejor que nuestros hijos aprendan la del vecino”. Por lo tanto, que una cultura pierda parte de su identidad en contra de su voluntad es malo. El “que se mueran” suena un poco al “que se jodan” de Fabra. b) Las lenguas tienen valor por sí mismas igual que lo tienen las obras de arte y los restos arqueológicos, por lo que la pérdida no es una pena solo para los que las pierden sino para toda la humanidad.

  11. Rawandi

    Carlos, creo que tienes razón únicamente en un punto: en que actualmente desaparecen muchas más lenguas que las que nacen. Para mí esa desaparición es algo positivo, ya que supone eliminar estorbos para la comunicación entre los humanos.

    Las lenguas no tienen ningún “valor intrínseco”. Los humanos, si nos lo propusiéramos, podríamos inventar nuevas lenguas indefinidamente, pero resultaría absurdo, porque la diversidad lingüística resultante de todo ese esfuerzo no tendría valor, igual que carece de valor la diversidad lingüística que existe actualmente en el planeta.

    Los idiomas actuales han surgido básicamente debido a la existencia de barreras geográficas que dificultaban la comunicación. Ahora, gracias a la tecnología moderna, esas barreras ya han sido superadas, por lo que seguramente se detendrá la escisión de los idiomas.

    Una lengua no influye de ninguna manera relevante en la concepción del mundo que tenga su hablante. Por eso, por ejemplo, hay vascohablantes demócratas, como Maite Pagazaurtundúa, y vascohablantes totalitarios, como cualquiera de los proetarras.

  12. carlos

    Estoy hablando de lenguas naturales… Evidentemente, podríamos crear lenguas artificiales sin parar, pero eso tiene muy poco interés…

    En mi opinión las lenguas SÍ TIENEN UN VALOR INTRÍNSECO y son interesantes desde muchos puntos de vista. Es bueno que existan y es bueno que no se vean OBLIGADAS a desaparecer. A mí me da pena que ya no exista el dálmata, por ejemplo, y que no vayamos a poder escucharlo (al menos en vivo) nunca más… Que alguien no tenga la sensibilidad para disfrutar de estas cosas no significa que estas cosas no tengan valor…

    Dejad de dar por hecho que las lenguas no influyan en la visión del mundo. Vale que las tesis más radicales (de Sapir y Whorf) estén totalmente descartadas, pero la influencia entre pensamiento y lenguaje sigue siendo un tema candente en la lingüística actual y me parece un poco barato que digáis “eso es mentira” y os quedéis tan contentos. Sí, Pinker y Chomsky descartan totalmente esta posibilidad. Lakoff y, en general, la lingüística cognitiva, la defienden (en su versión menos radical, repito).

    Evidentemente una lengua común en todo el planeta tendría sus ventajas, pero a lo largo de la historia de la humanidad lo normal ha sido hablar varios idiomas y que exista una determinada lengua franca en un territorio concreto. No estoy en contra de que tengamos como lengua franca el inglés, por ejemplo, para la comunicación global. Me parece estupendo y entiendo perfectamente las ventajas que se derivan de ello.

    He dicho en mi comentario anterior, que la mayoría de las veces las culturas y las lenguas se ven OBLIGADAS a desaparecer. Muy raro es que un pueblo desprecie su propia cultura o su lengua. Si esas comunidades quieren conservar su lengua creo que lo sensato es ayudarles a conseguirlo en vez de alegrarse de su pérdida.

    Tampoco sería justo obligar a un pueblo a estar aislado porque a gente como yo le haga gracia que tenga su propia lengua… La cuestión es que no se vean obligados a prescindir de su lengua para asegurarse un futuro. No siempre es sencillo, es cierto, y a veces puede tener un gran coste. En mi opinión habría que esforzarse un poco para que esto no suceda, fomentando el plurilingüismo, el respeto a todas las lenguas y una estructura económica que no fagocite todo lo “periférico”.

  13. Rawandi

    Carlos, confundes lengua con lenguaje. Que el lenguaje (la capacidad lingüística de los humanos) influye mucho en el pensamiento no lo niega nadie. Lo inverosímil es que influya significativamente la lengua concreta que cada cual ha aprendido en la infancia. El tener una lengua materna u otra distinta no determina tus preferencias políticas, ni sexuales, ni gastronómicas, etc.

    Parece que te cuesta comprender que alguien bilingüe español-catalán, por ejemplo, quiera renunciar a su lengua minoritaria justamente porque es minoritaria y por tanto mucho menos útil que ‘su otra lengua’: el español, el único idioma oficial de todo el país. No es una cuestión de “desprecio” sino de economía mental.

    Plantear que una persona monolingüe renuncie a su única lengua es una aberración evidente. Pero aquí hablamos de personas bilingües con una lengua mayoritaria y otra redundante; en este caso, el renunciar al idioma minoritario es una decisión muy sensata. A no ser, claro, que la persona en cuestión sea nacionalista y necesite apuntalar sus mitos identitarios en la diferencia lingüística.

    Las lenguas no tienen derechos. Quien quiera hablar una lengua minoritaria allá él, pero que no espere que los demás le sufreguemos sus caprichos.

  14. carlos

    Repito que la influencia que tiene cada lengua en concreto en la concepción del mundo es un tema candente en la lingüística. Por mucho que repitáis que eso no es así no va a ser verdad y por mucho que llevéis el ejemplo hasta el absurdo intentando hacer ver que lo que defienden estas teorías es que la lengua que hablas determina que te guste más el melón o la sandía, pues tampoco. REPITO POR ÚLTIMA VEZ: La influencia que tiene cada lengua en la forma de relacionarse con el mundo es un asunto que no podéis echar por tierra tan alegremente y no es tan simple como intentáis hacer ver al caricaturizarlo.

    Muy poca capacidad mental tiene que tener una persona si decide renunciar a una de las dos lenguas que habla por “economía metal”, la verdad.

    Lo de minoritaria… Habrá que ver dónde… También podríamos renunciar al español porque dentro de la UE es una lengua minoritaria comparada, por ejemplo con el alemán (como primera lengua) y con el inglés (como lengua adquirida). Yo hablo bastante bien inglés y no me da la gana de renunciar al español. Un tipo de Tarragona, por muy bien que habñe castellano, dudo que tenga el más mínimo interés a renunciar al catalán.

    Me parece ejemplar lo que ha hecho Cataluña con el Aranés, dándole carácter oficial en toda la comunidad (o en todo el país, como prefiráis).

    Sigo pensando que la variedad lingüística es bonita e intrínsecamente buena, además de útil para el desarrollo de otras disciplinas. Pero ya lo he explicado varias veces y no me apetece hacerlo otra vez, el que no tenga sensibilidad suficiente para apreciar la belleza de la variedad lingüística no lo entenderá y seguirá empeñado en ver lo útil que sería que todos hablásemos la misma lengua… Puro criterio empresarial…

    El que las lenguas se utilicen con fines políticos es otra cosa. No lo dudo.

  15. alfredo

    La tentación de utilizar las lenguas minoritarias políticamente es el rasgo más digno de atención.En principio, la idea es bonita: conservar la lengua como un legado etc. Pero parece que “lo otro” también debe surgir como algo natural e irresistible. La consecuencia es que se utiliza la lengua como elemento de división entre comunidades. El resultado total en España, por ejemplo, la suma de ventajas y desventajas, es negativo. Que haya servido para generar cada vez más actos independentistas es la señal de que esa buena intención tiene un efecto secundario letal. Y de Bélgica hablaremos otro día.
    Y, para Carlos. Dice “Evidentemente una lengua común en todo el planeta tendría sus ventajas, pero a lo largo de la historia de la humanidad lo normal ha sido hablar varios idiomas y que exista una determinada lengua franca en un territorio concreto.”

    A lo largo de la historia no se había producido eso que llamamos “globalización”. Si hubiera una guerra nuclear y volviéramos a la dificultad de comunicación volverían a crearse lenguas. Había más lenguas porque no había un acceso global al otro. Si no, de qué. Y no sólo tiene “ventajas” la lengua única: es el proceso natural intrínseco en la dinámica de las lenguas.

  16. carlos

    1) El independentismo no es tampoco intrínsecamente malo. Decir que las lenguas del Estado sirven para fomentar el independentismo y que por eso son malas es dar por hecho que el que una zona reclame su independencia es algo malo. Podría hacerse al revés y decirse que el hecho de que el español sea la lengua común es algo malo porque refuerza la idea de unión política de ese territorio y que por eso no compensa tener una lengua común.

    2) Tener una lengua franca de comunicación global es suficiente para superar todos los gravísimos problemas de comunicación que parece ser que tenemos. Creo que muchos de nosotros utilizamos el inglés para buscar información en internet y eso no significa que tengamos que abandonar nuestra lengua.

    3) La mayoría de las lenguas no desaparecen por el avance de las comunicaciones en el mundo. De hecho, es posible que eso sea incluso algo que favorezca a las lenguas pequeñas.

    4) Alfredo, de dónde te sacas que el que se llegue a una lengua única es el proceso “natural e intrínseco” de su dinámica? De hecho, por mucho que avancen las comunicaciones, las academias de los países hispanohablantes se esfuerzan bastante por mantener la unidad del español, ya que de otro modo, lo “natural” sería su progresiva fragmentación.

  17. Eduardo Zugasti

    Las lenguas no tienen “valor intrínseco” porque los valores intrínsecos no existen. ¿Dónde radicaría ese valor, en el cielo de las ideas platónicas? El valor de una lengua es exclusivamente aquel que le conceda la comunidad de hablantes, o bien el valor que le conceda un lingüista en la medida en que además constituye su objeto material de trabajo. Del mismo modo, los antropólogos culturales, pongamos por caso, están interesados objetivamente en que se conserve la “diversidad cultural” del planeta, ya que la conservación de esta diversidad está ligada a la conservación de sus puestos de trabajo. Pero como se da a entender claramente en el texto de Malik, en absoluto cabe confundir el interés de los lingüistas, de los antropólogos culturales o de los políticos, con el interés de las personas y los ciudadanos ni con el progreso general de una sociedad.

  18. Alba

    Alba

    No es verdad que a cada lengua corresponda una manera de ver el mundo distinta. Yo hablo varias lenguas y, desde luego, no tengo una concepción de mundo cuando hablo español, otra cuando hablo francés y otra distinta cuando habló inglés. Sería para volverse loco, vamos.

    Saludos

  19. alfredo

    Borges decía que la lengua crea peculiaridades emocionales o de comunidad que sólo se captan en esa lengua. Ponía de ejemplo: “Merendaba solita”.

    Es posible que “merendaba solita” necesite más palabras para ser traducido que “Pase, por favor”. Quizá hasta un libro entero. Pero si vamos por ese camino, creo que son también intraducibles algunos giros y entonaciones en teoría de castellano estándar de mi familia…. Para desespero de cuñados o novias recién llegados….

  20. alfredo

    Ah, el independentismo es malo porque rompe unidades de integración más amplias. Si se lee el libro de Pinker, por ejemplo, observará que ha habido un declive de la violencia relacionado también con la creación de estados más grandes.

  21. alfredo

    Carlos, tener una lengua franca, como usted dice, no significa abandonar la antigua familiar. Pero eso es lo que sucede. Busque usted el italiano en el hogar de las familias americanas de 3º o 4º generación….

    De Roma y del latín, hablamos otro rato.

  22. Rawandi

    “Yo hablo bastante bien inglés y no me da la gana de renunciar al español”

    Carlos, ¿no te das cuenta de lo absurdo que resulta ese comentario tuyo?. Ningún ciudadano español mínimamente cuerdo puede renunciar ‘actualmente’ al idioma español, ya que es la única lengua oficial en toda España, lo cual significa que renunciar al español implica renunciar a la posibilidad de comunicarte con la mayoría de tus compatriotas, que no dominan el inglés.

    Un comentario muy pertinente es el que ha hecho Alfredo, sobre los estadounidenses de origen italiano a los que ya no les interesa aprender la lengua italiana.

    La lengua oficial más probable para la UE será seguramente el inglés. Cuando el idioma inglés sea oficial en toda la UE, entonces sí que tendrá sentido que empecemos a olvidarnos de las lenguas europeas, pues estas últimas se habrán vuelto tan ‘redundantes’ respecto al inglés como lo son ahora el vascuence, el catalán y el gallego respecto al español.

    “Podría hacerse al revés y decirse que el hecho de que el español sea la lengua común es algo malo porque refuerza la idea de unión política de ese territorio y que por eso no compensa tener una lengua común.”

    Eso es justamente lo que argumentan los nacionalistas periféricos, pero tú has afirmado antes que no eras nacionalista… ¿En qué quedamos?

  23. Masgüel

    http://www.ted.com/talks/wade_davis_on_endangered_cultures.html

    El artículo de Malik (llevado al paroxismo simplificador y totalitario por Rawandi) no es más que un ajuste de cuentas con su particular bestia negra que, a todas lueces, es el relativismo (ontológico, epistemológico/lingüístico y cultural). Con tal de castigar a la bestia y que todos aceptemos que realidad y verdad no hay más que una, le parece bien pasar la escoba y barrer el legado cultural de la humanidad,

    Pero no se trata de no dejar morir formas de vida que ya nadie quiera practicar, sino dejar vivir a las que sí quieren. Lo que revienta a algunos es precisamente eso, que quieran. La diferencia cultural les amenaza como un testigo incómodo: La posibilidad de otras formas de vivir y entender el mundo.

  24. Rawandi

    Masgüel, ¿qué ves de “totalitario” en mi planteamiento? Yo soy antitotalitario. Sostengo que todo individuo tiene derecho a hablar en la lengua que prefiera y también a construirse la “identidad” que desee. Pero niego que la desaparición de los idiomas implique necesariamente una grave pérdida cultural, pues gracias a algo llamado ‘traducción’ todo lo valioso que haya sido redactado en cualquier lengua moribunda puede verterse al inglés (por ejemplo) sin pérdidas relevantes (la única excepción parcial sería la poesía, pero hay que tener en cuenta que la poesía redactada en una lengua minoritaria ya resulta inaccesible en la práctica para la inmensa mayoría de la humanidad).

    También niego rotundamente que cada lengua presuponga una idiosincrásica “forma de entender el mundo”. Buena prueba de ello es que algunos hispanohablantes son (¿sois?) partidarios del relativismo mientras que otros, como yo mismo, somos antirrelativistas. Todos los idiomas desarrollados son equivalentes. La idea de que cada idioma lleva aparejado su propio “espíritu” es una patraña nacionalista.

  25. gaya

    Estoy plenamente de acuerdo con el artículo.
    En Cataluña y en aras de la defensa del catalán , la mayoría de los políticos reprimen la expresión en español.
    Se persigue la lengua española por activa (multando comercios que lo usan, con la inmersión lingüística en los colegios, solamente en catalán, editando todos los escritos administrativos sólo en catalán) y por pasiva ( no se reconoce a los escritores catalanes en lengua española su pertenencia a la cultura catalana, etc)
    A esa barbaridad política se ha llegado por el enfermizo separatismo que militan casi la totalidad de políticos y sindicatos catalanes.
    Por “salvar” una lengua atentan contra la libertad y el desarrollo de más de la mitad de la población catalana.

  26. Iñigo Valverde

    Me gustaría terciar en el debate con una perspectiva algo más “técnica”. Cuando Malik habla de dejar morir en paz a las lenguas moribundas no propone que se las mate sino que los poderes públicos no incurran en “encarnizamiento terapéutico”.
    Es verdad que, al citar a Crystal en The death of Language, escoge un texto en el que éste se pone estupendo. Pero hay otros textos de Crystal en los que se nota claramente que lo que le preocupa de verdad es la conservación arqueológica, más que el mantenimiento en vida artificial de las lenguas que se están muriendo.
    De hecho, hay montones de cátedras de “lenguas muertas” repartidas por el mundo, con miles de estudiosos, y no he visto a nadie por ahí reivindicando la resurrección del sánscrito, por ejemplo, con cargo a una partida presupuestaria. Y si lo hubiera, me atrevería a preguntarle: Y esto, ¿quién habría de pagarlo? ¿el gobierno de la India, quizá? ¿El Vaticano (o el Quirinal), en el caso del latín? Y en cuanto al griego clásico, ya me dirán…

  27. Raúl

    Yo estoy de acuerdo con que las lenguas son intrínsicamente bellas y deberían ser conservadas. Casi todas en un museo, por supuesto, que es donde se conserva la belleza que ha dejado de ser funcional. Al igual que los artefactos de la Edad de Bronce, los arados del siglo XVI, y las locomotoras de vapor del XIX, todos ellos indudablemente bellos. Para el día a día, eso sí, prefiero el cuchillo de acero, el tractor y el automóvil. Y cuando me apetece admirar la diversidad tecnológica de la historia humana, me voy al museo, que es donde pertenece. Desde mi punto de vista exclusivamente personal, gustosamente cambiaría las tres lenguas que hablo por una sola que me permitiera comunicarme con todos los seres humanos. Porque vivo en un entorno multicultural y, multilingüístico en el que la diversidad de lenguajes claramente resta mucho más de lo que suma, la verdad.

  28. Ian Marteens

    Me gustaría saber cuántos defensores a ultranza del “let’em live!” estarían dispuestos a sacrificarse y (con cargo sus propios bolsillos) ofrecerse voluntarios como vectores o portadores sintomáticos del virus del eyak, del mapudungun (lengua en la que existen veinticuatro nombres rituales para el ano) o para el aranés. Insisto: con cargo a su propio bolsillo, que la gente es capaz de hacer cualquier cosa por dinero…

  29. Sinbola

    El idioma que hablas, lo hablas por una cuestión política, no estrictamente lingüística, pues en sí todas las lenguas tienen el mismo valor. Hablas español de Castilla porque en el siglo XI se estandarizó.

    Es decir, que alguien se altere porque otra persona quiere que el catalán sea la lengua vehicular de su política lingüística y no el español es para que se lo haga mirar. Y sobre todo, que esgrima el argumento del nacionalismo, cuando que se hable español responde también a la misma cuestión de política lingüística, ni mucho menos funcional.

    ¿Es que las naciones son (o tienen que ser) estáticas? ¡Por favor!

    La cuestión, como apuntan arriba, tanto para lenguas como para naciones no es que desaparezcan, es que obliguen a que desaparezcan.

  30. Alexandre Xavier Casanova Domingo

    (Iksosurogate).
    Saluton al vi cxiuj.
    Vi parolas cxi tie, cxe Tria Kulturo, pri la valoro de la multilingveco kaj pri la valoro de la universala komunikado. Do mi komencas mesagxi per la plej fama universala lingvo: Esperanto. Mi esperas viajn novajn mesagxojn, ankaux.
    Saluton al vi cxiuj.

    (Supersigne).
    Vi parolas ĉi tie, ĉe Tria Kulturo, pri la valoro de la multilingveco kaj pri la valoro de la universala komunikado. Do mi komencas mesaĝi per la plej fama universala lingvo: Esperanto. Mi esperas viajn novajn mesaĝojn, ankaŭ.
    Amike, Aleksandro Ksavero Kasanovo Domingo, elektronika poŝto trigrupo @ yahoo . es (trigrupo atelo yahoo punkto es).

    (En castellano).
    Saludos a todos.
    Habláis aquí, en Tercera Cultura, sobre el valor del multilingüismo y sobre el valor de la comunicación universal. Por eso comienzo a cartear por medio de la lengua universal más famosa: el esperanto. Espero vuestros nuevos mensajes, también.
    Cordialmente, Alejandro Javier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).

  31. Adaptable

    Me ha encantado poder leer este artículo y algunos comentarios abrumadoramente “libertodigitalistas”: ultraizquierda decimonónica, que eso y no otra cosa es el Liberalismo. Tiene mucha gracia, porque llegaba aquí en una postura quizás más cercana a la de éstos y después de someterme a ese artículo, salgo más cerca de las figuras criticadas en el mismo.

    Unos y otros se acusan en los comentarios de “confusión” y de “opresión” (en el sentido de “forzar” artificialmente la supervivencia de ciertas lenguas). De hecho, se entra por ese camino en el propio artículo al hablar de “confusión de derechos” (la terminología que luego sigue es impecablemente liberal, claro). Yo por mi parte también veo mucha confusión. O quizás más bien ceguera.

    Se puede protestar con mucha razón contra la práctica de forzarnos, vía leyes e impuestos, a mantener en animación suspendida lenguas cuasi-muertas o a desarrollar campañas de erradicación de otros idiomas por razones políticas más que estúpidas. Eso está muy bien y lo secundo. Para opresiones y erradicaciones como ésas no hace falta acercarse al Amazonas a lloriquear por cierto dialecto hablado por cien personas: basta con llegarse a Vascongadas (y crecientemente a Navarra) o a Cataluña.

    En el primer caso se ha convencido a un buen par de millones de personas de que su lengua no es, en realidad, su lengua, a pesar de llevar hablándola desde los tiempos del romance vizcaíno (antes en realidad) y de que no hablar en el Esperanto de los Eusqueras (batua) es inmoral y de mal vasco.

    En el segundo, se prohíbe completamente la enseñanza pública y el empleo administrativo de la lengua materna del 55% de catalanes y lengua común de todos ellos (me ha encantado ese cinismo de cierto comentarista diciendo que es una mera decision política perfectamente aceptable).

    Pero por otro lado, las ideas no son nunca inocentes. Rebajar la importancia de las lenguas minoritarias, afirmar que carecen de valor, despreciarlas activamente, ridiculizarlas, igualar su desaparición a una condición “sine qua non” de modernidad y adecuación a los tiempos afirmando prácticamente que su uso te convierte en un primitivo cavernícola es un discurso perfectamente tóxico, simplón y malintencionado que a mí, personalmente, me recuerda bastante a otros discursos tóxicos como el de la inimportancia de la identidad étnica y su deseable desaparición.

    Enlazando con lo anterior, ¿qué decir de ese momento en el que se habla de Enoch Powell (y otros) como de compañías “poco recomendables”? ¿Poco recomendables? Mucho menos recomendables son los brujos liberales que defienden la idea ridícula de un homínido universal abstracto e intercambiable, esa gente que nos han regalado el maravilloso presente y el aún más luminoso futuro (el del Dodo) que nos espera a todos los europeos gracias a sus generalizaciones groseras y abstracciones desaforadas.

    Por concretar, Enoch Powell era varias veces más respetable y recomendable como compañía que la inmensa mayoría de los correligionarios del autor. Y para darse cuenta de ello solo hace falta poner lado a lado las biografías y las ideas de uno y otros. Como dicen en Reino Unido en un gracioso juego de palabras: “Enoch was Right” (en mayúscula).

    Pero hablemos de valor adaptativo. Las lenguas minoritarias o el poder cambiar entre dos o tres lenguas en función del momento y la concurrencia circundante es enormemente útil, como ha experimentado personalmente el que escribe (yo solo me muevo en dos, por desgracia). Poder dejar intencionadamente fuera de juego a parte de tus interlocutores o disponer de un canal exclusivo de comunicación es muy adaptativo. Mi problema muchas veces ha sido, precisamente, que ambas lenguas son lenguas “universales” y uno no puede fiarse completamente de que la comunicación sea tan exclusiva como piensa.

    Recuerdo ahora cómo los gitanos se duelen de haber perdido ese caló que les permitía “discreción” cuando la necesitaban. Recuerdo ahora esas anécdotas de la Guerra Civil del 36, las de requetés navarros gritándose consignas en vascuence para que los anarquistas y socialistas de enfrente no supieran qué se decían.

    Hablemos de adaptación. Hablemos de la adaptación que supone en según qué entornos contar con una barrera de entrada y salida como ésa a la hora de mantener, en términos de la Teoría de Sistemas, la identidad de un sistema (en este caso, la identidad de un grupo). Ya se trate de la identidad étnica de los rusos dejados atrás por la Unión Soviética o la de los judíos ashkenazis.

    Otro momento cómico ha sido ése en el que se sostiene algo así como que “nadie serio mantiene aún que diferentes lenguas supongan diferentes formas de ver el mundo”. No sé cuáles son las fuentes del autor, sinceramente, porque muy al contrario son numerosas las investigaciones modernas que señalan precisamente todo lo contrario. No hablamos de poetas del Romanticismo ni de antropólogos marxoides, sino de pura y dura neurociencia, de pura y dura neurolingüística así como de lingüística comparada.

    ¿Ejemplos? La actividad eléctrica en el cerebro es identificablemente diferente en función del idioma hablado. O la presencia o ausencia de conceptos en una determinada lengua en comparación con otra.

    Me parece que lo que realmente hace falta es algo más de sentido común y menos malicia subterranea. Podemos estar todos de acuerdo en no idealizar acríticamente el primitivismo, o en no sostener artificialmente mediante impuestos o la política de las instituciones públicas comunes aquellas lenguas que estén en claras vías de extinción.

    Pero por otro lado, tampoco es aceptable desarrollar discursos nada ingenuos de ridiculización y estigmatización de las lenguas más minoritarias, negar su utilidad adaptativa intrínseca o negar, en el colmo de los colmos, el patrimonio único que representan o las parcialmente diferentes perspectivas del mundo que suponen. No hace falta respecto a este ultimo punto construir un espantapájaros como el del autor, al afirmar que “no todos los hablantes de francés comparten una misma vision del mundo”. Por supuesto que no. Cómo les gusta a los generalizadores groseros el generalizarlo todo hasta el absurdo.

    Parece evidente que no tiene sentido intentar mantener artificialmente vivas las lenguas mediante la ingeniería social, muy especialmente las que han quedado ya reducidas a un estado de muerte inminente, pero existe una tierra de nadie, una frontera, por la que uno puede internarse y que le lleva de esa muy razonable actitud a la del ataque de lo minoritario por minoritario y a la pulsión por la unificación total. Algo no precisamente muy adaptativo que digamos.

  32. arivalia

    Primero, que el euskera, aunque pueda no parecertelo, adaptable, esta dentro del 10% de lenguas mas habladas en el mundo. Segundo, no se puede llamar al euskera batua el esperanto del euskera. Se basa en los dialectos centrales del euskera (guipuzcoano, labortano y altonavarro), igual que el castellano se baso en el burgalés y el italiano en el toscano.

  33. reviraviejo

    Las lenguas se mueren porque están vivas. Una cosa lleva a la otra. Pretender mantener “artificialmente” viva una lengua que ya no cumple la función para la que surgió es tan insensato como pretender mantener en uso el arado romano.
    Y ya puestos ¿por qué no luchar por mantener vivas las religiones que se mueren? También constituyen una creación humana. También suponen formas de ver el mundo (si acaso en mayor medida que las lenguas).

  34. oscar

    Todo bien pero me da gracia pensar que muchos comparten la visión del artículo por atacar a la lengua catalana, pero si les digo por ejemplo que deberíamos pasar del español al inglés todos los españoles porque es el idioma universal entonces seguro que mas de uno de esos que atacan a la lengua catalana saltarían a defender el español y su valor cultural, estético…etc

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