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Publicado por el 30 ene, 2012 en Tercera Cultura | 7 comentarios

La desigualdad es mala e irracional

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autor: Eduardo Zugasti en revolucionnaturalista.com

Para Richard Wilkinson, coautor de The Spirit Level: Why More Equal Societies Almost Always Do Better, la idea de que la desigualdad es mala para la sociedad (para la sociedad en su conjunto, no sólo para los particularmente desfavorecidos) no es simplemente una intuición arcaica, y tampoco una divisa de revolucionarios radicales. Es una evidencia racional, verificable y postpartisana. Los 11 gráficos publicados en The equality trust realmente hablan por sí mismos: Las sociedades con mayor desigualdad en la renta tienen una tasa superior de muertes infantiles, de enfermedades mentales, de abuso de drogas, de fracaso escolar, de población encarcelada o de obesidad. Mayor desigualdad en la renta también predice que las personas tengan menos oportunidad para adquirir un status superior al de sus padres, y también implica un mayor grado de desconfianza social, niveles más altos de criminalidad, menor solidaridad con el exterior e inferior bienestar infantil.

Quizás la lección más importante es esta: en el mundo desarrollado (no en eleconómicamente subdesarrollado) el bienestar promedio ya no depende del crecimiento económico sino de cómo está socialmente distribuida la riqueza.

Una advertencia para políticos. Una sociedad fuertemente desarrollada, pero desigualitaria, no es sólo inmoral, sino también muy cara:

[Ésta es] una clara advertencia para aquellos que desean rebajar la prioridad del gasto púbico y los impuestos. Si se fracasa a la hora de evitar un nivel alto de desigualdad, se necesitarán más prisiones y más policía. Se deberán afrontar tasas más altas de enfermedad mental, de abuso de drogas y todo tipo de problemas. Si mantener bajos los impuestos y beneficios lleva a mayores diferencias de renta, la necesidad de tratar con las enfermedades sociales obligará a aumentar el gasto público.

Desde luego, el planteamiento de Wilkinson no tiene nada que ver con la “igualdad perfecta”, con cómo lograr sociedades igualitarias perfectas, sino más bien con algo que preocupa a los politólogos y economistas de los últimos decenios; el problema de cómo llegar a Dinamarca (“Getting to Denmark“): ”Si los norteamericanos desean vivir el sueño americano, deberían irse a Dinamarca.”

La “evidencia” de que la desigualdad es mala e irracional no es equiparable a otras evidencias científico naturales, por supuesto, dado que depende claramente de valores establecidos con anterioridad (Patricia Churchland: “Al final, las personas tendrán que reunirse y decir lo que piensan hacer”). Si las preferencias de alguien coinciden con los valores de una sociedad caballeresca, fuertemente jerárquica, basada en el honor y la guerra, o en el exclusivo mérito del mercado, estas evidencias sencillamente no cuentan. Estas evidencias sólo cuentan como tales para quienes prefieran vivir en una sociedad basada en el intercambio pacífico, en la seguridad y en la prosperidad compartida.

7 Comentarios

  1. En el primer párrafo aunque se trate de una reflexión más general, pareciera que se refiere a nuestro país, particularmente, en lo que toca a distribución de la renta, abuso de drogas, fracaso escolar y población reclusa.Por eso conviene decir: que aunque la socialdemocracia patria ha fallado estrepitosamente en esos objetivos, y muchos estemos enfadados con ella, no por eso debemos dejar de pensar que ese es el camino.

  2. El caso es que, en España, la presión fiscal y el gasto público no han hecho más que aumentar en las últimas décadas, y sin embargo la salud social no ha hecho más que empeorar. Por ejemplo, hemos pasado de 15.000 reclusos a mediados de los setenta a 80.000 en la actualidad. Somos los principales consumidores de cocaína en Europa, el primer país de la UE en prostitución, la patria del botellón y la meca del fracaso escolar. España lidera el índice de miseria en la UE elaborado por la economista Rebecca Wilder.

    Ahora mismo, estamos casi a la cabeza de Europa en impuestos (tras las últimas subidas), y tenemos un índice de desempleo que es más del doble de la media europea, lo cual no es precisamente un indicio de bienestar.

    Por otro lado, si el modelo ideal de esta organización es Dinamarca, quisiera aclarar algo: ese país muestra unos índices extraordinarios en diferentes indicadores de libertad económica (ocupa el puesto número 11 del mundo en el Index of Economic Freedom), con la salvedad de que la presión fiscal es muy elevada: sí, los daneses se pasan la mayor parte de su vida trabajando para Hacienda, pero el mercado laboral danés no tiene nada que ver con el nuestro (es un mercado muy flexible, libre de sindicalismos carpetovetónicos), es mucho más fácil crear una empresa, hacer negocios, hay menos corrupción, más seguridad jurídica y protección de la propiedad, etc.

    Algunos se creen que, con subir los impuestos, ya seremos como los daneses. Pues bien, ya tenemos unos tipos impositivos como los de los países nórdicos. Ahora, ¿qué? ¿A sentarnos y esperar a que el pelo se nos ponga rubio?

  3. De momento, si no lo he entendido mal, el análisis de Wilkinson se focaliza en diferencias empíricas constatables entre sociedades más y menos igualitarias. No dice nada sobre cómo se llega ahí, sobre cuáles son las decisiones técnicas (como pagar más o menos impuestos) que hay que tomar. Yo tampoco me siento competente para discutir sobre cuestiones técnicas, aunque estoy de acuerdo con la “filosofía” del primer comentarista.

  4. Para mí lo más importante en relación con los impuestos es que la carga tributaria se reparta equitativamente y no se malgasten en proyectos estúpidos o inútiles. Me parece un despropósito que en un impuesto como el IRPF el peso de esa carga recaiga básicamente en los trabajadores porque a la injusticia que representa el hecho de que pague más que un empresario, o un profesional, se une la circunstancia de que luego su hijo pueda no tener derecho a beca o cualquier otra ayuda pública y el del empresario o profesional sí, por baremarse el derecho en base a lo declarado en renta.

  5. Quizá más que hablar de impuestos en general, se debería decir que sólo los impuestos progresivos contribuyen a la igualdad social. En ese aspecto, España sí está muy por debajo de Europa. Puede que la clase trabajadora, término en desuso pero no por ello menos real, soporte una presión fiscal similar en España y en otros países más avanzados, pero las clases más pudientes de aquí aportan mucho menos. Entre exenciones, sicav, o directamente el fraude fiscal, podemos decir que los ricos españoles contribuyen mucho menos al bienestar general que los europeos. Un ejemplo llamativo: desde el año 1993, según datos de los Inspectores de Hacienda, los empresarios vienen declarando menos ingresos que los trabajadores. Otro: la mayoría de las empresas del Ibex-35, que en absoluto han dejado de ganar dinero con la crisis, opera con filiales en paraísos fiscales para ahorrar impuestos. Estas injusticias, conocidas y toleradas por los sucesivos gobiernos de diferentes colores, hacen que el Estado Español disponga de mucho menos dinero a la política social (educación, sanidad, dependencia y otros servicios sociales) que los países de su entorno europeo. Y eso por fuerza se nota, y mucho, en la igualdad social.

  6. Francamente, la “evidencia” aportada no me parece para tirar cohetes. De las 14 variables elegidas, nada menos que 6 están relacionadas con la salud, lo cual es un pelín redundante: se podían haber fusionado en otro indicador que reflejase globalmente el funcionamiento del sistema de salud. Y hay dos que no tienen que ver con el bienestar propiamente dicho de la sociedad en cuestión, sino con la contribución al bienestar mundial, y ahí ya nos salimos del ámbito de lo que se quiere demostrar. Por otra parte, no me parece muy serio que los países cambien de un gráfico a otro. Por último, creo que hubiese sido más interesante comparar en cada caso el valor de la variable en cuestión frente al nivel de desigualdad a lo largo del tiempo en cada país.
    En cualquier caso, me parece interesante para estimular el debate en torno a este problema, que no viene a ser otro que el de la desaparición de las clases medias. Y nos guste o no este tema está relacionado también con la inmigración, sobre todo en España: http://www.c3c.es/parmenin.htm.
    Respecto a los impuestos, una cosa es el IRPF, por estrenar, y otra el IVA, claramente por debajo de la media europea, y como norma de actuación me parece más interesante, en aras del DEcrecimiento, gravar el consumo -caiga quien caiga- que gravar los ingresos. Está cantado que tendrán que subirlo, pero estos, como los otros, esperan a que sea demasiado tarde para hacer lo que hay que hacer, de modo que ya no servirá para nada.

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