Tercera Cultura
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Las chapuzas de dios

por Cristian Campos

Por qué la teoría de la evolución es verdadera ¿Quién está ganando la batalla de dios? Si Google es la medida de todas las cosas, los creyentes. “God exists”, 401.000.000 resultados; “God doesn’t exist”, 25.000.000 (en español, curiosamente, sucede todo lo contrario: “Dios existe”, 5.170.000 resultados; “Dios no existe”, 16.900.000). Si atendemos a las cifras proporcionadas por la página adherents.com, lo más parecido a una base de datos de la religiosidad que puede encontrarse en internet, la batalla también la gana dios sin bajarse del autobús: sólo las diez primeras religiones en número de seguidores reúnen al 85,4% de la población mundial, 5.727 millones de creyentes para 6.706 millones de seres humanos en 2008. El ateísmo, considerado por adherents.com como una creencia más, reuniría a 1.100 millones de seguidores, lo que implica un milagro de multiplicación de los que ya no se estilan: sumados los ateos a los acólitos de las mencionadas diez religiones obtenemos el 101,8% de la población mundial. Y eso sin contar a los creyentes de religiones minoritarias como el judaísmo, o más o menos exóticas, como el espiritismo, el rastafarianismo, la cienciología o el neo-paganismo, categoría en la que se debe de incluir a aquellos que profesan las terapias alternativas, el horóscopo y la homeopatía. Eso sí: mientras Google mide el grado de activismo en el ámbito concreto de internet, adherents.com ofrece estadísticas proporcionadas por las distintas confesiones y que incluyen a aquellos que dicen ser seguidores de una determinada religión, sean o no practicantes reales. En esas estadísticas se da además por sentado que el estado por defecto de los seres humanos es la religiosidad mientras no se declare lo contrario, igual que el género por defecto de los personajes de Barrio Sésamo es el masculino, a falta de mayores detalles.
Gane quien gane la batalla de las cifras reales, lo que es obvio es que el ateísmo ha avanzado durante los últimos años como un buque entre porcelana fina. Quizá no hay muchos más ateos ahora que en 1950, pero lo que nadie podrá negar es que hacen mucho más ruido. Y como altavoz de ese ruido blanco actúan movimientos como el llamado Nuevo Ateísmo, los Brights y, muy especialmente, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Richard Dawkins, Daniel Dennet, Sam Harris y Christopher Hitchens. Andrew Brown, editor de Cif Belief, señala en su blog de The Guardian los seis rasgos que diferencian a un Nuevo Ateo de un Viejo Ateo, entre ellos la convicción de que “la cura para la fe es la ciencia”, la de que “la religión es la fuerza más malvada y peligrosa sobre la faz de la tierra” y la de que “la lucha contra las religiones, y muy especialmente contra el Islam, definirá el futuro de la humanidad”. En esa batalla contra las religiones caben desde las cargas de profundidad con ironía británica de Dawkins hasta las mofas políticamente incorrectas de Hitchens, capaz de reírse del muy influyente pastor evangélico estadounidense Jerry Falwell pocas horas después de su muerte: “Es una pena que no exista un infierno para que Falwell vaya a él”.
Para los creyentes, la diferencia básica entre Viejos y Nuevos Ateos es el grado de agresividad. El Viejo Ateo era un ser pacífico y pasivo que se limitaba a no creer, a no incordiar demasiado y a dejarse lapidar de tanto en cuanto; el Nuevo Ateo es una bestia parda que, cual matón de barra de bar, se apunta activamente a cualquier trifulca que se le ponga por delante y no duda en ridiculizar a su adversario mientras exhibe risa socarrona de superioridad intelectual. Añadiendo insulto a la injuria, los Nuevos Ateos no se definen negativa sino positivamente, como individuos con una visión libre de elementos sobrenaturales o supersticiosos, trasladando la carga de la prueba a los creyentes. A dicha agresividad o, mejor dicho, a esa pérdida de complejos, han respondido los creyentes con una ofensiva que está expandiendo el anti-evolucionismo mucho más allá del que se consideraba su territorio natural, los EE UU. En 2006, una encuesta de la BBC realizada en Gran Bretaña arrojaba un 19% de partidarios del creacionismo o diseño inteligente, y un 13% de indecisos, cifras similares a las de los EE UU. El creacionismo se extiende también en países como Turquía y Alemania empujado por el fundamentalismo del Islam y el cristianismo evangélico.
La batalla de dios se libra básicamente en formato papel. Por el bando ateo se bombardea con libros como El espejismo de dios, de Richard Dawkins, Dios no es bueno, de Christopher Hitchens, o El fin de la fe, de Sam Harris. Por el bando creyente se responde con libros como God’s Undertaker: Has Science Buried God?, del matemático John C. Lennox, o The Dawkins Delusion y The Twilight of Atheism, del biofísico y teólogo irlandés Alister E. McGrath, que responde a cada nuevo libro de Dawkins con un libro propio y cuya obsesión por desmontar sus argumentos roza la patológico. Sin olvidar ese género tan anglosajón del debate con público, en el que dos o más representantes de posturas antagónicas cuentan con un tiempo determinado para exponer alternativamente su punto de vista y contestar al oponente, y que ha proporcionado deliciosas trifulcas a cuenta de dios y las bananas que pueden encontrarse fácilmente en youtube. Pero existe un segundo frente, el de la evolución, en el que los ateos atacan con la frialdad de genes y alelos, y donde argumentos emocionales como el del diseño inteligente muestran bastante facilidad para calar mucho más allá de los convencidos de antemano. Y ahí, en ese segundo campo de batalla, es donde se baten el cobre figuras como la del biólogo estadounidense Jerry A. Coyne y su libro Por qué la teoría de la evolución es verdadera.
Es probable que el libro de Jerry A. Coyne se hubiera titulado hace apenas diez años Los mecanismos de la evolución, un nombre mucho menos provocador que el actual. Si se ha titulado Por qué la teoría de la evolución es verdadera es para reafirmar su adscripción al movimiento neo-ateísta. Porque Jerry A. Coyne no se limita a exponer los mecanismos de la selección natural y detallar algunos ejemplos especialmente significativos y espectaculares de su acción, sino que aprovecha para desmontar metódica, sistemáticamente, los principales argumentos del diseño inteligente. En este sentido, Por qué la teoría de la evolución es verdadera es menos un ensayo científico que un libro de divulgación militante. Richard Dawkins no se queda corto en sus elogios al libro y a su autor: “Una vez escribí que los que no creían en la evolución debían ser estúpidos, estar locos o ser unos ignorantes, y fui cuidadoso al añadir que la ignorancia no es un crimen. Debería poner al día mi afirmación. Los que no creen en la evolución deben ser estúpidos, estar locos o no haber leído a Jerry A. Coyne”.
El halago de Richard Dawkins, que aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid para soplarle un guantazo dialéctico a los creacionistas, tiene valor doble si se tiene en cuenta que el británico de origen keniano es el macho alfa de la manada evolucionista. A sus libros Escalando el monte improbable, El capellán del diablo, El gen egoísta, Destejiendo el arco iris y El cuento del antepasado debe sumarse ahora el más reciente Evolución: el mayor espectáculo sobre la tierra. En realidad, Jerry A. Coyne se disputa más bien el puesto de macho beta de la manada con Stephen Jay Gould. Y si Gould cuenta con un arsenal de libros publicados y una popularidad entre el público lego mucho mayor que la de Coyne, este cuenta con una ventaja insoslayable: está vivo.
Por qué la teoría de la evolución es verdadera es un muestrario de los argumentos y las pruebas científicas que apoyan el evolucionismo y la selección natural tal y como la definió Darwin hace 150 años. Su principal interés radica en la síntesis de datos y ejemplos procedentes de disciplinas tan diversas como la biogeografía, la geología, la genética, la anatomía, la biología molecular o la psicología evolutiva. Coyne no esconde las lagunas que todavía muestra el darwinismo, como el porqué del gusto por la ornamentación de las hembras humanas en contraste con la preferencia que muestra la selección natural por la ornamentación de los machos de las especies animales con selección sexual, o la pervivencia de la homosexualidad, que en principio debería mostrar serias dificultades para transmitirse genéticamente. A los cuatro pilares básicos del darwinismo (evolución, gradualismo, especiación y selección natural) Coyne añade además un quinto, una andanada de especial eficacia contra el mito creacionista: el mal diseño. Los ejemplos abundan. Desde las alas de los kiwis de Nueva Zelanda o los vestigios de pelvis de las ballenas, recuerdo de su antecesor terrestre de cuatro patas, hasta el molesto apéndice humano, pasando por las colas atávicas con las que nacen algunos bebés o los genes muertos que albergan todas las especies. Pero el ejemplo más claro es el de los aparatos reproductores femenino y masculino, todo un prodigio de mal diseño que debería obligar a los creyentes a plantearse definitivamente la idea de un dios con un sentido del humor especialmente inescrutable. Las notas finales son especialmente suculentas y conforman casi un segundo libro repleto de datos y teorías sorprendentes, nada minoritarias por lo visto, como la de que los terópodos, incluido el famoso Tyrannosaurus Rex, estaban recubiertos de plumas, lo que abre la puerta a una secuela de Jurassic Park con banda sonora de Abba.
Y tras la lectura del libro la pregunta es obvia: ante tal aluvión de evidencias, difícilmente refutables si no es a través de la reducción del debate a pura metafísica, ¿cuál es el porqué de la resistencia de los creyentes al darwinismo? Una resistencia aún más paradójica si se observa con qué alegría toleran esos mismos creacionistas otras ramas de la ciencia, como la física cuántica, mucho más peligrosas para la idea de dios, incluso, que el mismo darwinismo. Quizá la respuesta sea tan sencilla como que los creyentes rechazan la evolución porque la entienden perfectamente, cosa que no ocurre con la impenetrable física cuántica, terreno abonado para el “ancha es Castilla” de las interpretaciones majaderas. De hecho, no resulta difícil encontrar por internet textos seudocientíficos como los del autobautizado “Science-Faith Think Tank” Reasons to Believe, que defiende la idea de que las partículas subatómicas son el verdadero “tablero de juego de dios” y que no muestra problema alguno para aceptar tanto la verdad literal de la Biblia como las afirmaciones de la mecánica cuántica, compatibles con la idea de un dios al que llaman “la variable oculta”. A fin de cuentas, dios no dice ni una sola palabra del bosón de Higgs en la Biblia, prueba irrefutable para los creyentes de que dicha partícula hipotética lleva grabado el rostro de dios en ella cual cara de Bélmez.

Por qué la teoría de la evolución es verdadera
Jerry A. Coyne
Editorial Crítica
368 páginas
24,90€

18 Comentarios

  1. Chivo expiatorio says

    Amigo Cristian,

    Dios se escribe con mayúscula, porque es un nombre propio.

    En El relojero ciego, Dawkins propone, como solución a un problema planteado por sus propias tesis darwinistas, nada menos que el Diseño Inteligente. Me refiero al programa «Weasel», que debería producir, de forma aleatoria, la frase «Me thinks it is like a weasel». Cuando comprende que llevaría demasiado tiempo, se le ocurre esta solución:

    Introduzcamos ahora una sutil diferencia en nuestro programa. El primer paso, al igual que antes, consiste en producir una secuencia aleatoria de 28 caracteres. Pero los pasos subsiguientes no consisten en producir más secuencias aleatorias. Más bien, cada paso produce varias copias de la secuencia anterior, pero con la posibilidad de que alguna copia no sea perfecta. A los errores de copia los llamaremos mutaciones.
    El programa examina las copias mutantes y selecciona la que se aproxime más a la secuencia objetivo ‘METHINKS IT IS LIKE A WEASEL’, por pequeña que sea la mejora.
    Repitiendo este proceso de selección, una secuencia aleatoria de 28 caracteres evoluciona en pocas generaciones hasta la secuencia objetivo.
    Generación 1: WDLMNLT DTJBKWIRZREZLMQCO P
    Generación 2: WDLTMNLT DTJBSWIRZREZLMQCO P
    Generación 10: MDLDMNLS ITJISWHRZREZ MECS P
    Generación 20: MELDINLS IT ISWPRKE Z WECSEL
    Generación 30: METHINGS IT ISWLIKE B WECSEL
    Generación 40: METHINKS IT IS LIKE I WEASEL
    Generación 43: METHINKS IT IS LIKE A WEASEL»>

    A Dawkins y los que le acompañan en su cruzada, no los considero simples científicos. Lo suyo va más allá de la ciencia: son ideólogos. La agresividad a la que haces referencia en tu artículo los delata como tales. Son apóstoles de una filosofía materialista y cientifista. Utilizan el prestigio de la ciencia (que tantas cosas nos ha dado) como ariete para imponer una creencia. Cuando se observan estas actitudes y estos discursos desde un punto de vista neutral como el mío (no soy creyente, pero tampoco soy ateo militante), se aprecia que el ateísmo materialista, o materialismo ateo y cientifista, obra como una creencia más.

    Por otro lado, sí es cierto que la religiosidad es el estado por defecto de la humanidad. Hay que estar ciego por la ideología para negarlo. El materialismo ateo, además de ser minoritario, es reciente en la historia de la humanidad.

  2. Rawandi says

    Amigo Chivo, el diseño inteligente requiere un suceso extremadamente improbable: nada menos que un milagro, una intervención sobrenatural. En cambio, la explicación darwiniana resulta verosímil precisamente porque requiere solo un mecanismo azaroso de selección natural acumulativa. El programa Weasel no apoya el diseño inteligente sino todo lo contrario: permite captar el tremendo poder de la selección al ir acumulando pequeñas variaciones a través de una larga serie de pasos.

    El materialismo ateo en realidad es muy antiguo. Lo reciente es la existencia de personas que manifiestan públicamente sus convicciones materialistas ateas, como Richard Dawkins. La extensión del ateísmo requiere que los ateos «salgan del armario».

  3. Rawandi says

    Es mucho mejor ser un ateo sin complejos, como Dawkins, que ser un agnóstico, es decir, un ateo vergonzante.

  4. Chivo expiatorio says

    Amigo Rawandi. Vuelva a leer la frase que está en negrita: está hablando de una inteligencia que conozca de antemano el objetivo y vaya seleccionando las soluciones que más se acerquen a éste. Dawkins se hizo trampa en el solitario, y recurrió nada menos que al Diseño Inteligente para salir del atolladero en que él mismo se había metido.

    Por tanto, a mí no me lo diga. Dígaselo a Dawkins.

    «El materialismo ateo en realidad es muy antiguo»

    Es posible que haya precedentes muy antiguos, con nombres y apellidos. Pero, como fenómeno sociológico y cultural relevante, es reciente. No me haga comulgar con ruedas de molino.

    «Es mucho mejor ser un ateo sin complejos, como Dawkins, que ser un agnóstico, es decir, un ateo vergonzante.»

    Ignoro si se refiere a mí. En caso afirmativo, tendría que decirle que mi actitud con respecto al ateísmo militante y con respecto a la religión propiamente dicha no es producto de la vergüenza, sino de una postura intelectual. Creo que el ateísmo militante es mucho más peligroso y nefasto que la religión (con la excepción del Islam), porque abre las puertas a otras cosas que conviene mantener a raya, como las tentaciones totalitarias. El totalitarismo moderno, con toda su crueldad genocida y su intolerancia, se ha caracterizado por su ateísmo. Eso es un hecho innegable.

    Si por «ateo sin complejos» se refiere usted al típico ateo militante, quédese usted con todos ellos. A mí me parecen unos majaderos.

    Por lo que se refiere a Dawkins, me reafirmo en lo dicho. Es un ideólogo, un charlatán, y carece del espíritu escéptico que se supone a un buen científico. No me lo tomo en serio, y no soy el único:

    «La ciencia no es una religión, pero gente como Richard Dawkins le otorga el papel de una religión» (Profesor Michael Ruse, especialista en filosofía de la biología)

    “Yo creo que son un absoluto desastre en la lucha contra la teoría del diseño inteligente. Ninguno de ellos ha estudiado la fe cristiana seriamente para poder opinar sobre sus ideas. Resulta burdo y llanamente inmoral aseverar que el cristianismo es tan sólo una fuerza del mal.” (Michael Ruse, sobre los neo-darwinistas radicales)

    Sobre El espejismo de Dios: “[El libro] me hace sentir vergüenza de ser ateo”.(Michael Ruse)

    Son más dignos de respeto Jay Gould y Lewontin, por ejemplo, que toda esa ralea de neodarwinistas fanáticos y radicales.

  5. Chivo expiatorio says

    Quisiera añadir algo más, amigo Rawandi. Yo no soy un militante de la teoría del Diseño Inteligente. Creo que es precisamente Dawkins quien, fingiendo combatirla, en el fondo la sostiene y la promueve.

    En materias científicas, yo no soy militante de nada. Me parece absurdo serlo, porque es incompatible con el espíritu escéptico consustancial a la ciencia, a la verdadera ciencia. En todo caso, soy militante anti-militancia.

    De los estudios evolucionistas, a mí lo que más me interesa es la psicología evolutiva. Más concretamente, dentro de ese campo, la selección sexual. Creo que es un campo apasionante, y que debería divulgarse más. Ayudaría a combatir, por un lado, ese engendro totalitario conocido como ideología de género (un puro constructo ideológico totalmente ajeno a la realidad, e incompatible con lo que la ciencia nos enseña), y también ayudaría a que los sexos se comprendieran mejor el uno al otro.

  6. Ramanujan says

    » tendría que decirle que mi actitud con respecto al ateísmo militante y con respecto a la religión propiamente dicha no es producto de la vergüenza, sino de una postura intelectual. Creo que el ateísmo militante es mucho más peligroso y nefasto que la religión (con la excepción del Islam), porque abre las puertas a otras cosas que conviene mantener a raya, como las tentaciones totalitarias»
    Vaya perla cultivada amigo, abra las ventanas de la historia y verá los ríos de sangre vertidos en nombre de la religión, entre ellas de forma destacada por la cristiana. A cambio, pone a escurrir a Dawkins, cuyo crimen es apostar por la dignidad humana, rechazando miedos, mitos y supersticiones,¡eso sí que es ideología! y además de la más rancia.

  7. Rawandi says

    “Vuelva a leer la frase que está en negrita: está hablando de una inteligencia que conozca de antemano el objetivo”

    Amigo Chivo, te equivocas de medio a medio. En esa frase Dawkins está hablando claramente del ‘programa Weasel’, el cual no posee “inteligencia” pues se trata de un simple mecanismo selectivo.

    Obviamente, has malinterpretado a Dawkins. La relación analógica que él propone no puede consistir en la existencia de un “objetivo conocido de antemano”, pues la selección natural ciertamente es un proceso ciego, o sea, carente de objetivo. La analogía de Dawkins se fundamenta en que tanto la selección natural como el programa Weasel son ‘mecanismos selectivos no inteligentes’ capaces de generar complejidad.

    “El totalitarismo moderno, con toda su crueldad genocida y su intolerancia, se ha caracterizado por su ateísmo.”

    Eso no es cierto. El totalitarismo ‘comunista’ sí era ateo, pero el totalitarismo ‘nazi’ era religioso y de hecho contó con el respaldo tanto de la Iglesia católica como de las principales iglesias protestantes.

    Hay dos formas de materialismo moderno: el materialismo científico (o evolutivo) y el materialismo dialéctico. El materialismo dialéctico ha conducido ciertamente a todo tipo de atrocidades y yo nunca lo he defendido. Yo soy materialista evolutivo, igual que Dawkins.

    Las frases que citas de Michael Ruse son infames. Te desafío, por ejemplo, a que encuentres una sola cita en la que Dawkins “le otorgue a la ciencia el papel de una religión”. No la encontrarás jamás, porque Dawkins, a diferencia de Ruse, conoce muy bien la abismal diferencia que separa a la ciencia de la religión.

    Los ‘acomodacionistas’ como Ruse y Gould no pueden evitar soltar tonterías cada vez que tratan de negar el conflicto evidente entre la ciencia y la religión.

  8. Chivo expiatorio says

    (Apreciado Chivo expiatorio le rogamos respete las normas de cortesía. Se comunica mucho más con el personal sin insultar. No se trata de crear un ambiente hostil sino todo lo contrario. Cultura 3.0)

    Ya veo que estoy tratando con dos fanáticos, no menos fanáticos que Dawkins. No me deis lecciones de historia, que la conozco muy bien, mejor que vosotros. Por vuestras afirmaciones, veo que vuestro conocimiento de la historia es escaso y superficial.

    Rawandi, deja de hacerme comulgar con ruedas de molino y de atizarme con tu ignorancia. El nacionalsocialismo es incompatible con el cristianismo. Llevo más de una década estudiando el totalitarismo, y no puedo aceptar semejantes memeces de un indocumentado.

    Tú, Ramanujan, te vuelvo a decir lo mismo, no pretendas darme lecciones de historia. En un siglo, las ideologías ateas han provocado mucho más sufrimiento y más muertes que el cristianismo desde que se fundó, sin dar a cambio ninguna de sus bendiciones. Todo lo que vosotros valoráis de la civilización occidental es precisamente producto de una civilización basada en el cristianismo. Es algo que yo reconozco y valoro, no porque sea creyente, sino porque estoy familiarizado con la historia, que es una de mis especialidades. Precisamente una de las lagunas de los seguidores de Dawkins es su ignorancia en materia histórica.

    “Vuelva a leer la frase que está en negrita: está hablando de una inteligencia que conozca de antemano el objetivo”

    Amigo Chivo, te equivocas de medio a medio. En esa frase Dawkins está hablando claramente del ‘programa Weasel’, el cual no posee “inteligencia” pues se trata de un simple mecanismo selectivo.

    Obviamente, has malinterpretado a Dawkins. La relación analógica que él propone no puede consistir en la existencia de un “objetivo conocido de antemano”, pues la selección natural ciertamente es un proceso ciego, o sea, carente de objetivo. La analogía de Dawkins se fundamenta en que tanto la selección natural como el programa Weasel son ‘mecanismos selectivos no inteligentes’ capaces de generar complejidad.

    “El totalitarismo moderno, con toda su crueldad genocida y su intolerancia, se ha caracterizado por su ateísmo.”

    Eso no es cierto. El totalitarismo ‘comunista’ sí era ateo, pero el totalitarismo ‘nazi’ era religioso y de hecho contó con el respaldo tanto de la Iglesia católica como de las principales iglesias protestantes.

    Hay dos formas de materialismo moderno: el materialismo científico (o evolutivo) y el materialismo dialéctico. El materialismo dialéctico ha conducido ciertamente a todo tipo de atrocidades y yo nunca lo he defendido. Yo soy materialista evolutivo, igual que Dawkins.

    Las frases que citas de Michael Ruse son infames. Te desafío, por ejemplo, a que encuentres una sola cita en la que Dawkins “le otorgue a la ciencia el papel de una religión”. No la encontrarás jamás, porque Dawkins, a diferencia de Ruse, conoce muy bien la abismal diferencia que separa a la ciencia de la religión.

    Los ‘acomodacionistas’… dice el otro. Vaya una jerga de sectario. Solo te falta llamarlos trotskistas.

    Sois dos ***** de campeonato. Me alegro de haberos conocido.

  9. Ramanujan says

    Nunca me había tropezado con personajes de esta calaña que utilizan el insulto como apoyo para levantar sus ideas. Además recurre al argumento de autoridad, que naturalmente es él:
    «No me deis lecciones de historia, que la conozco muy bien, mejor que vosotros. Por vuestras afirmaciones, veo que vuestro conocimiento de la historia es escaso y superficial» …» Llevo más de una década estudiando el totalitarismo, y no puedo aceptar semejantes memeces de un indocumentado» …»estoy familiarizado con la historia, que es una de mis especialidades. Precisamente una de las lagunas de los seguidores de Dawkins es su ignorancia en materia histórica»
    Por si su argumentación no fuese suficientemente sólida la refuerza:»estoy tratando con dos fanáticos, no menos fanáticos que Dawkins» …»Sois dos idiotas de campeonato»
    Ante semejante dechado de inteligencia y de solidez argumentativa, para qué rebatirlo. Él se rebate y se desacredita solo, únicamente con abrir la boca es suficiente (en este caso con pulsar las teclas)

  10. Vicente says

    Chivo, mareando no vas a convencer, e insultando, menos. Tu estrategia agridulce es bastante conocida. Estoy sólidamente con Rawandi y Ramanujan.

  11. Rawandi says

    Pobre Chivo, vaya forma de perder los papeles y las buenas maneras. Supongo que es lo que pasa cuando uno ve refutados todos sus argumentos pero se resiste a abandonarlos.

    El ejemplo de Chivo, que hablaba como lo haría un fundamentalista bíblico aunque afirmó ser «neutral», apoya la idea de que la «batalla» la vamos a ganar los ateos, pues tenemos a la ética, a la lógica y a la ciencia de nuestro lado.

    Ahora que el materialismo científico ha empezado a debatir en condiciones de igualdad con el espiritualismo, es sólo cuestión de tiempo que la sociedad acabe por reconocer la irracionalidad del fenómeno religioso: Las religiones son rituales pueriles inventados para complacer a personas incorpóreas (es decir, fantasmas) que premian y castigan a los humanos.

  12. Rawandi says

    Por cierto, el vocablo ‘acomodacionista’ se usa habitualmente para denominar a los que niegan el conflicto entre la ciencia y la religión. No tiene intención despectiva. Gould y Ruse son famosos acomodacionistas.

  13. Como ya se ha sugerido en el debate, la idea de que el «materialismo ateo» es una creación reciente, es una falsedad manifiesta. Siglos antes de que floreciera la filosofía griega ya existían materialistas ateos en la India que criticaban abiertamente la religión y el teísmo de la tradición védica. Lamentablemente esta etapa de la historia es poco conocida, pero la escasa difusión no es una disculpa, particularmente viniendo de interlocutores que alardean de grandes conocimientos históricos. Que lean a James Thrower y Debiprasad Chattopadhyaya.

    La idea de que «el nacionalsocialismo es incompatible con el cristianismo» no es menos errónea y carcajeable, a pesar de que se repite mucho y en tono retumbante. Prácticamente el único estudio histórico específico sobre las creencias religiosas, del experto en estudios judíos Richard Steigmann-Gall llega a una conclusión muy distinta, y es precisamente una explicación de cómo las doctrinas nacionalsocialistas encajaron o se acomodaron en un contexto social cristiano.

    Otra idea errónea, pero que está en el manual de los apologistas religiosos, es atribuir al materialismo o el naturalismo ateo un carácter «metafísico» y dogmático paralelo a otras posiciones metafísicas. De esta forma, se pretende separar la «ciencia» propiamente dicha de posiciones filosóficas que son tachadas automáticamente como «cientificistas». Es verdad que muchos científicos de prestigio asumen posiciones acomodacionistas, por razones que es complicado explicar. Lo cierto es que la ciencia, por lo menos desde el renacimiento, ha progresado precisamente sobre la base del naturalismo o el ateísmo metodológico, con todas las letras. La ciencia natural no excluye lo sobrenatural por razones «metafísicas» o dogmáticas, sino porque las explicaciones teístas no han demostrado ningún poder explicativo en los últimos siglos. Esto ha quedado totalmente manifiesto en la biología evolutiva después de Darwin, pero también en la física teórica, en las ciencias humanas, y en todas las áreas del conocimiento racional. Hay un artículo reciente del filósofo naturalista Gregory Dawes, «In defense of naturalism», que explica perfectamente todo esto.

    La idea de que la religión (¿Cuál de ellas?) es el «estado original» de la humanidad tampoco merece mucho crédito. Es una especie de profesión de fe sin ningún contacto con la realidad.

    Salud.

  14. Michael Ruse lleva bastante tiempo desbarrando. Es una pena, porque hace años prometía.

  15. «Prácticamente el único estudio histórico específico sobre las creencias religiosas»

    Sobre las creencias religiosas de los nazis, quise decir.

  16. A propósito de la figura de R. Dawkings, me parece interesante la reflexión que aparece en una recién entrevista a Mario Bunge en El Cultural.
    Copio y pego:
    «- Dice usted que una de las pseudociencias con más adeptos hoy -entre científicos como Richard Dawkins- es el determinismo genético. ¿Cuál es su falla?
    – Lo que pasa es que Dawkins no es un científico sino un divulgador. Peor, la genética que difunde no es la científica sino su versión personal de la misma. Además, jamás se tomó la molestia de aprender el Abecé de la psicología, que muestra que nuestros procesos mentales están fuertemente influidos por el entorno social, como señalan los estudios serios sobre gemelos “idénticos” criados en hogares de clases sociales y ocupaciones muy diferentes.»

  17. A mí no me parece una reflexión interesante. Dawkins no es un determinista genético y repetidas veces ha dicho que la cultura humana incluso puede «trascender» la influencia de los genes. De hecho, el análisis del fenómeno religioso de Dawkins está basado en la memética, en el estudio de unidades culturales que no están en los genes. Esta perspectiva se ha puesto en cuestión pero no se puede decir que es determinista genética. Dawkins por otra parte nunca negaría algo tan obvio como que los procesos mentales «están fuertemente influidos por el entorno social». Y las ideas genéticas de Dawkins no son nada estrafalarias como parece dar a entender Bunge, por el contrario están basadas en un programa sólido de investigación a partir de las contribuciones de George C. Williams y otros. Lo que hizo fue dar a la ciencia una fórmula popular, la famosa metáfora del «gen egoísta». La teoría del gen egoísta también se ha puesto en cuestión, por no contemplar la selección de grupo, pero esto no hace de ella una teoría extravagante.

  18. Rawandi says

    Obviamente, alguien ha «timado» a Bunge. Ya en su libro titulado ‘El gen egoísta’, Dawkins afirmaba explícitamente que los seres humanos tenemos la capacidad de rebelarnos contra nuestros genes.

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