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Publicado por el 22 nov, 2010 en Tercera Cultura | 1 comentario

El hombre que paró a un toro

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De uno de nuestros colaboradores y fundadores Arcadi Espada en Diarios de Arcadi Espada

Querido J:

José Delgado

José Delgado

Estaba leyendo hace días el libro de Michael Gazzaniga (Lo que nos hace humanos, Paidós) cuando resbalé y caí encima de este párrafo: «El pionero de la esimulación eléctrica fue José Delgado, un neurocientífico que en 1963, dio la cara por su teoría. Afortunadamente estaba dotado para la tecnología. Un día de 1963, en el ruedo de un cortijo cordobés, se plantó delante de un toro, armado únicamente del botón del estimulador en la mano y un dedo rápido para disparar. El estimulador eléctrico estaba implantado en una parte del cerebro del toro conocido como «núcleo caudado». Con sólo pulsar suavemente el botón, el toro se detuvo de golpe a sólo unos metros de José. El botón y sus teorías funcionaban! Había detenido la agresión del toro, que permanecía plácido frente a él. Con esta demostración Delgado puso los implantes neurales en el mapa.» 1963, un toro, un cortijo cordobés, la neurociencia y un olvidado: ¿necesitas algo más para soñar?

Dejé el libro y traté de asegurarme de que ese hombre no fuese una fábula. No lo era. Vivió. Estudió. Trabajó en Yale. ¡Volvió a España! Trabajó en la Universidad. Y regresó a  América. Gracias al esfuerzo de mi querida colega Berta González de Vega localicé a la familia en San Diego, California. «Mi padre ya tiene 95 añitos», me explicó su hijo. Pero sigue lúcido. Alguien debería acercarse a San Diego. Un newyorker, un libro, un documental, una película de alegría y miedo. No descartes que me acerque yo mismo. Como suele suceder empecé a interesarme febrilmente por el hombre que paró a un toro. Lo primero que encontré fue al gran Augusto Assía, en una crónica radiotelegrafiada a La Vanguardia, y publicada el 30 de marzo de 1951. «Estoy en New Haven, pequeña ciudad donde los industriales, los agricultores y la menestralía se codean con la erudición y la investigación.

Sobre el green está Yale una de las dos más famosas universidades de los Estados Unidos. Yo he venido a New Haven atraído por las vagas noticias que en Nueva York oí sobre las investigaciones y experimentos de un español. Este español es el doctor Rodríguez Delgado.» ¡Qué bueno y qué atento al mundo era Assía! «Consigue el doctor Delgado –continuaba el periodista– la provocación de los estímulos y las actitudes que le da la gana sobre sus monos, gatos y perros, introduciendo quirúrgicamente grupos de electrodos. Estos electrodos son ligados cada uno a un punto determinado del cerebro. Según el punto del cerebro que estimula eléctricamente, la víctima se enfurece o tranquiliza, se acuesta o se levanta, se lanza a los manjares o los abandona.» Dos años después, en la primavera de 1953, la revista Time dedicaría un artículo al científico español. En un zócalo de sus crónicas, Assía daba la buena nueva y le recordaba al lector que él lo vio primero.

En los diez años siguientes se publicarían artículos sobre sus investigaciones en diversas revistas científicas, en Life (hay una foto maravillosa de febrero de 1963, que muestra al doctor Delgado en un pasillo, empuñando un radiotransmisor, con un mono en primer plano y al fondo la que parece ser su esposa) y, lo realmente espectacular, la front page que le dedicó el New Yok Times el 17 de mayo de 1965, sobre su experiencia en Córdoba, de diciembre de 1963, cuando detuvo al toro en el ruedo del cortijo, en una ceremonia histórica asistida por los también doctores Francisco Castejón Calderón y Francisco Santisteban García. Escribía el Times, por la pluma de John A. Osmundsen, sobre el experimento: «La manifestación más espectacular jamás realizada de la modificación intencional de la conducta animal a través del control externo del cerebro». No he sabido encontrar crónica alguna de aquel día del invierno cordobés en un diario español. Aunque sospecho que sí aparecieron unas filminas en algún nodo, y lo que es más formidable, sospecho que yo las vi. Ahora tú puedes verlas también en este youtube:

A partir de aquí conviene seguir al periodista científico John Horgan que en octubre de 2005 publicó en Scientific American la mejor nota biográfica que he leído sobre Delgado. Horgan abre su papel explicando que en la década de los 70, el neurofisiólogo español estaba «entre los más aclamados del mundo.» En efecto: había escrito más de 500 artículos peer-reviewed y un libro que resumía sus investigaciones Control Físico de la Mente: Hacia una Sociedad Psicocivilizada. El Times, ahora en su magazine, le dedicaba un amplísimo artículo de portada llamándole el profeta de una nueva sociedad. He leído ese artículo. Te añadiría aquí muchas de sus observaciones extraordinarias. Para elegir una, sin embargo. El doctor le explica a la periodista que ha implantado electrodos en el cerebro de un mono y que cuando los activa el mono se ve obligado a levantar la mano. Le explica también que el momento de la activación puede coincidir con que la voluntad del mono envíe la señal contraria, esto es la de bajar la mano. La periodista, interesada y obediente, le pregunta qué pasa entonces. Delgado responde: «El brazo se queda quieto». ¡En empate! Para añadir luego: «Pero si yo aumento la intensidad de la activación el mono sube la mano, aunque una parte de su cerebro siga enviando la información contraria.» El experimento me dejó muy pensativo. Por si nuestra voluntad, rumiaba, sólo dependiera de la intensidad más o menos pronunciada de una señal eléctrica. «Hace décadas —escribe Horgan—, Delgado llevó a cabo experimentos que eran más dramáticos en algunos aspectos que cualquier cosa que se haga hoy en día. Se implantaron redes de electrodos radioequipados, que llamó stimoceivers, en gatos, monos, chimpancés, gibones, toros e incluso seres humanos  y demostró que podía controlar la mente de los sujetos y organismos con sólo pulsar un botón.»

En resumen: a mitad del siglo veinte un científico español hablaba de asuntos y realizaba experimentos que están hoy en el centro del debate contemporáneo sobre la conducta humana. No me intriga en absoluto la vacía memoria sobre sus actividades, aun teniendo en cuenta, incluso, que el científico regresó a su patria de la mano del ministro franquista Villar Palasí y que aquí permaneció durante más de dos décadas, sin que su nombre ni su trabajo obtuvieran más que un discretísimo relieve. Tampoco es sorpendente que el primer gobierno socialista lo liquidara al frente del Hospital Ramón y Cajal para poner a otro. Lo intrigante, y  lo que sospecho que simboliza un capítulo muy importante de las relaciones entre ciencia y sociedad, es el silencio y hasta la difamación que se cernió sobre Delgado en aquella América que lo tenía en portada. En una semana te lo explico.

Sigue con salud
A.

1 comentario

  1. Hola… gracias por el artículo. He sabido del Dr Delgado a traves del programa de redes que se ha emitido hoy (6 de mayo) en la 2. Lo podeis ver en http://www.rtve.es en a la carta. Parece que hago publicidad, pero me pareció que un medio nacional le daba su lugar a este investigador cuando en su momento no se comentó nada. Y bueno, espero lo podais disfrutar…

    Un Saludo

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