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Publicado por el 22 ago, 2010 en Tercera Cultura | 1 comentario

La disección en el islam y en el occidente cristiano en la edad media

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Fernando Peregrín Gutiérrez

La disección en el islam y en el occidente cristiano en la edad mediaCuando se escribe sobre la medicina en la Edad de Oro de la ciencia de la cultura árabe-islamica del medioevo, los nombres de al-Razi (Rasis), al-Zahrawi (Abulcasis), Ibn Sina (Avicena), Ibn Rushd (Averroes), Ibn Maimon (Maimónides), Ibn al-Nafis e Ibn al Quff—varios de ellos relacionados con Córdoba (Abulcasis, Averroes y Maimónides, este último, judío, que no musulmán); algunos, incluso más conocidos como filósofos y juristas que como médicos—vienen a ser como las grandes cumbres de la mejor medicina que se hacía en Oriente y en Occidente en aquel tiempo. Muchos fueron los avances médicos de la civilización árabe-islámica, sobre todo entre los siglos IX y XII, pero según los historiadores más prestigiosos y rigurosos que se han especializado en indagar sobre este período de la historia de la medicina medieval,  poco resultado iba a dar todo este esfuerzo. La medicina árabe-islámica y sus profesionales de la salud acabarían siendo víctimas de la reacción de ortodoxia religiosa del siglo XI que expulsó la filosofía de la mayoría de los países musulmanes, de manera que con el curso del tiempo también la medicina cayo en el descrédito de los religiosos y acabó en un eclipse total del que aún no acaban de salir la mayoría de las sociedades de musulmanes (Browne, 1962). Esta situación se hizo especialmente grave e importante en los cruciales estudios de anatomía, en los cuales la contribución de los médicos de la cultura árabe-islámica fue muy escasa y de poco valor, excepto contadas y parciales excepciones, lo cual se atribuye generalmente a la prohibición, por motivos religiosos, de la disección humana en la gran mayoría del mundo árabe-islámico.

Paradójicamente, Ibn al-Nafis (1210-1288), a la vez que descubría y describía detalladamente la circulación menor o pulmonar, quizá la contribución más importante de los médicos de la cultura medieval árabe-islámica en el campo de la anatomía, cerraba definitivamente las puertas a la disección de cadáveres humanos en el mundo musulmán, las cuales no empezaría a abrirse, aunque de forma parcial al principio, hasta varios siglos después. Paradójicamente, pues si leemos la detallada explicación de la circulación pulmonar que aparece en su libro Comentarios sobre canon de Ibn Sin, no nos queda más remedio que pensar que el detallado conocimiento que el autor tiene de ella necesariamente debe provenir de la información acumulada tras muchas disecciones de cuerpos humanos. De hecho, casi todos los historiadores que han indagado sobre la vida y la obra de Ibn al-Nafis dan por sentado que éste y sus discípulos usaron de forma sistemática la disección humana. Mas el propio médico musulmán nos dice que él ha obviado siempre la práctica de la disección porque así lo ordena la sharia (la ley religiosa islámica) y la “compasión” que sentía por los cuerpos humanos. Es más, como justificación de su detallada y muy precisa descripción de la circulación menor humana, sostiene que se ha apoyado en cómo describen la forma de las partes internas del cuerpo humano sus predecesores que sí había recurrido para ello a la disección, especialmente Galeno, al que considera una excelencia como anatomista y su libro, el mejor a su alcance (Savage-Smith, 1995). La paradoja del influjo de Ibn al-Nafis se comprende del toda teniendo en cuenta que, además de médico, era un reconocido especialista en jurisprudencia islámica (fiqh), por lo que su postura respecto de la disección tuvo posteriormente una gran repercusión en el mundo árabe-islámico.

Quizá quien mejor haya explicado las cuestiones que surgieron en torno a la legalización de la práctica de la disección en el islam, tanto en la Edad Media como en los albores de la modernidad, haya sido Lawrence Conrad (1985), quien tras afirmar que experimentar con cadáveres humanos se consideraba, en general, una práctica aborrecida por los musulmanes, sorprendentemente no estuvo jamás explícitamente prohibida (sí lo estuvo la de mutilar a los cadáveres), aunque nunca se discutió sobre ello, pues la creencias de que los muertos seguían sintiendo dolor y de que cualquier alteración sufrida por un cadáver era equivalente a una profanación estaban muy difundidas y arraigadas. Estas creencias estaban claramente relacionadas con el dogma de fe del Juicio Final, según el cual, en ese Último Día todos los seres humanos se presentarán ante Alá en cuerpo y alma, en cuyo momento toda profanación (incluyendo amputaciones y disección) quedará al descubierto y sus autores deberán rendir cuenta a Alá de su horrible pecado.

Debe tenerse muy en consideración, antes de abordar la práctica de la disección en el occidente cristiano por esa misma época, que esos sentimientos y creencias de los musulmanes respecto de la resurrección en cuerpo y alma de los muertos el día del Juicio Final, recibieron muy distinto tratamiento teológico en el cristianismo, debido en gran parte a las grandes diferencias metafísicas y racionalistas que se dan en las respectivas teologías. En esas importantes diferencias metafísicas—básicamente, la inexistencia en el islam de una teología natural, tan poderosa, sin embargo en la teología cristiana—habrá que buscar las razones por las que los europeos practicaban ya, en los años en los que Ibn al-Nafis declaraba sacrílega esa práctica, la disección, habiendo hasta constancia documental de que el papa Inocente III (1198-1216) mandó que se realizara una autopsia, un estudio post-mortem de una persona cuya muerte se consideró muy sospechosa (Huff, 2002). Sin embargo, y hasta fechas recientes, se prefería la leyenda a la historiografía tocante a la vía muy diferente que tomó la medicina cristiana respecto de la musulmana a partir de los siglos XI y XII.

Hasta la segunda mitad del siglo pasado, existió una larga tradición historiográfica, que data de mediados del siglo XIX, que presentaba a la Iglesia Católica opuesta a toda innovación cultural y científica y que, por tanto, muy hostil hacia la disección. En dicha tradición historiográfica, que inspiró a dramaturgos, periodistas, historiadores del arte y autores de novelas históricas, artistas como Miguel Ángel o médicos como Andreas Vesalius (conocido en el mundo hispanohablante como Andrés Vesalio) fueron unos héroes que tuvieron el coraje moral e intelectual de desafiar las prohibiciones y censuras de las autoridades eclesiásticas para estudiar anatomía de primera mano, mediante disecciones de cadáveres, y no a través de textos antiguos, mas siempre en la clandestinidad, ocultando los cadáveres en sótanos oscuros y lugares inaccesibles cuando la policía papal o la Inquisición llamaban a sus puertas (Park, 2006).

Mas no sólo esa falsa leyenda de la oposición de la Iglesia Católica a la disección prosperó en Occidente, sino que también los arabistas que se han especializado en la historia de la medicina la han mantenido y la siguen manteniendo hoy día, pese a la evidencia abrumadora sobre su falsedad, como un hecho histórico. Sucede con los arabistas, por cierto, que su amor por su disciplina y, muchas veces, su acrítico respeto por la fe musulmana que profesan, les impide ser objetivos, sobre todo cuando la religión puede haber desempeñado un papel muy negativo y de gran importancia en la evolución histórica de ciertas materias de sus estudios. Así, y en el caso de la disección, han pretendido ocultar la obstrucción y el freno al avance del saber que supuso para la anatomía, en particular, y para la medicina árabe-islámica, en general, el rechazo de esa práctica post-mortem por parte de las autoridades religiosas del islam, aduciendo que el Islam adoptó la misma actitud hacia la disección que la Iglesia Católica (Elgood, 1951). Medio siglo después, desde las filas arabistas de la historiografía de la medicina, se repetía el mismo error: “La disección anatómica humana sistemática no fue un objetivo de la sociedad medieval islámica, como tampoco lo fue de la Cristiandad medieval”(Savage-Smith, 1998).

A principios del siglo XX, empero, Charles Singer publicó un largo extracto, con su traducción, de la obra del médico italiano Mondino de’ Luzzi (1265-1326) titulada Anatomy Based on Human Dissection. Desde esta publicación se ha considerado universalmente que Mondino había tenido el gran mérito de reintroducir, doscientos años antes de la publicación de la obra maestra de Vesalio De humani corporis fabrica, la disección humana sistemática en la anatomía (Huff, 2002).

Lo cierto es que hoy sabemos que los europeos tenían, en la época en la que Ibn al-Nafis declaraba ilegal la disección en el islam, un conocimiento considerable de la anatomía humana, que no se basaba únicamente en Galeno y en sus disecciones de animales. Así, la disección como estudio post-morten por razones de medicina forense, pronto se generalizó en los hospitales que se fueron abriendo en las universidades europeas entre 1200 y 1350 (curiosamente, algunos historiadores de las universidades europeas consideran que, en ciertos aspectos, se puede considerar a la escuela de medicina de Salerno, una “institución laica”, abierta a principios del siglo X, unos 50 años antes que la que se considera la primera universidad europea, la de Bolonia, como el más acabado ejemplo de una protouniversidad europea). Y a finales del siglo XIII los médicos europeos, especialmente en Bolonia, usaban la práctica de la disección para adiestrar a sus alumnos. Estas autopsias que muy bien podemos llamar pedagógicas eran públicas y frecuentemente se podían ver, entre los alumnos, a autoridades civiles y religiosas.

Adicionalmente, se debe dejar constancia que ya a principios del siglo XII, cien años antes de Ibn al-Nafis, los europeos, sobre todo en Salerno, realizaban autopsias de cerdos con fines claramente docentes. Por entonces se consideraba que el cerdo era, más aún que el mono, el animal que internamente más se parecía a los hombres, por lo que se convirtió en el modelo ideal para los estudio de anatomía de los médicos medievales europeos. Ni que decir tiene que los musulmanes jamás recurrieron a la disección de cerdos, pues la consideraban aún más repulsiva que la disección de cadáveres humanos.

Resumiendo, alrededor del siglo XIII no había grandes resistencias ideológicas contra la práctica de la disección de cadáveres humanos en Europa. Por tanto, y en la época que hemos usado como referencia en la cultura árabe-islámica, la de Ibn al-Nafis, loa anatomistas europeos practicaban sistemáticamente disecciones tanto de cerdos como de cuerpos humanos. Consecuentemente, tenía ya por entonces un acervo de conocimientos empíricos sobre la anatomía humana que no estaba al alcance de los médicos del mundo árabe-musulmán. Fruto de todas estas prácticas, que estaban prohibidas en las sociedades de musulmanes, los médicos europeos fueron publicando dibujos ricos en detalles de la anatomía humana en todas sus minucias y hasta se puede considerar que, para algunas personas sensibles, resultaran ofensivos tales detalles. Ejemplo paradigmático de estos tratados que aunaban la investigación médica empírica con la teórica es el libro ya citado de Vesalio, De humani corporis fabrica, publicado en 1543, el mismo año que la gran obra de Copérnico De Revolutionibus orbium coelestium. Se puede decir que el libro de Vesalio sentó una bases y condiciones epistemológicas entre los médicos europeos, que aún perduran, evolucionas y mejoradas, en nuestros días, entre las cuales figura en lugar principal y destacado la indagación empírica sobre el cuerpo humano (Huff, 2002).

BIBLIOGRAFÍA

Brownw, Edward G., 1962. Arabian Medicine, Cambridge University Press, N.Y.

Conrad, Lawrence, 1985. “The Social Structure of Medicine in Medieval Islam.” The Society for the Social History of Medicine Bulletin, nº 37 (1985)

Cyril Elgood, 1951. Medical History of Persia and the Eastern Caliphate. Cambridge University Press, 1951.

Huff, Tobby E., 2002. The Rise of Early Modern Science. Islam, China, and the West. Cambridge University Press, 2002 (segunda edición).

Savage-Smith, Emilie, 1995. “Dissection in Medieval Islam”, Journal of the History of Medicine núm. 50 (1995).

Savage-Smith, Emilie, 1998. “Tashrih” (Anatomía), Encyclopedia of Islam. Leyden, 1975-1998.

Park, Katharine, 2006. Secrets of Women:Gender, Generation, and the Origins of Human Dissectio. Zone Books, 2006.

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