Tercera Cultura
comentarios 3

Una búsqueda de conciencia

Leer artículo completo en PDF  Descargar archivo original en PDF

“En este relato literario de Tononi, Francis Crick le enseña a Galileo las bases de la neurociencia. Y le dice, “esta es una «historia para gente adulta, no un consolador cuento para niños». Traducción:  Iñigo Valverde

Christof Koch, admirado ante un viaje que explica la teoría mente-cuerpo a través de una lente de fantasía.

UNA BUSQUEDA DE LA CONCIENCIA«Al final, lo que de verdad importa es la conciencia». Lo escribe Giulio Tononi, cuya asombrosa  y original Phi, es un eco lejano de la gran deducción que formuló René Descartes. Tononi, neurocientífico, psiquiatra y experto en materia de sueño y de conciencia, pertenece también a esa especie de universitarios modernos que tanto escasea, los idealistas. En este libro heterodoxo, presenta su teoría cuantitativa sobre la forma en que el cerebro elabora la mente como un viaje de descubrimiento, imaginado para Galileo Galilei.

En este relato literario de Tononi, Francis Crick le enseña a Galileo las bases de la neurociencia. Galileo comprende que el cerebro es la sede de la mente y que la conciencia fluye cuando las neuronas se apagan y se encienden colectivamente durante el sueño o los desmayos, en una serie de encuentros con estudiosos, científicos, doctores y artistas de la ilustración hasta la era moderna. Un elenco en el que aparecen Descartes, Copérnico, Darwin, Freud, Mar­cel Proust y al final, Alan Turing.

Galileo discute algunos conceptos dudosos a lo largo de un recorrido muy pateado por neurocientíficos y neurólogos, en su persecución de la conciencia hasta el fondo de su guarida cerebral. Aunque pudiéramos señalar este mecanismo biofísico, esas células nerviosas, como mediadores, por ejemplo, de la experiencia fenoménica del color rojo, todavía tendríamos que preguntarnos: ¿por qué estos mecanismos y neuronas concretos? ¿Por qué no otros? Históricamente, el gran desafío ha sido explicar cómo emerge la conciencia de una materia altamente organizada sin invocar la magia, el espíritu o alguna física de origen exótico.

Con el advenimiento de la teoría de la información de Claude Shannon en el siglo XX, los estudiosos verificaron la existencia de un vínculo entre la información y la experiencia consciente sin desarrollar una tesis sobre lo que podría ser o sobre sus consecuencias. La teoría de la información integrada de Tononi consigue ambas cosas. Partiendo de dos axiomas que están arraigados en la experiencia cotidiana de lo fenoménico, la teoría define una medida (con el símbolo Φ) asociada con cada sistema compuesto de partes que tienen una relación recíproca causal. Esta medida es elevada si el sistema constituye una sola entidad más allá de sus partes (integración) y está dotado de un gran repertorio de estados discriminables (información). Cuanto más integrada  sea la información de que disponga un sistema, más consciente será. Este marco, redactado en un lenguaje probabilístico, también capta la única calidad intrínseca de la experiencia — por qué el azul, por ejemplo, es más identificable con el rojo que con el dolor o el olor.

En Phi, esto se transmite a través de una serie de experiencias de un pensamiento deslumbrante con la ayuda de cameos de filósofos como Shannon y Spinoza, Leibniz y Thomas Nagel (la única persona viva que figura en el libro). A través de ellos, Galileo entiende cómo el álgebra de la información integrada se convierte en la geometría de las experiencias conscientes, y cómo enlaza esta idea con la fisiología y la anatomía del cerebro.

En el tercio final del libro, Tononi expone las implicaciones de su teoría. Argumenta una serie de conclusiones acerca de la conciencia: que cesa con la muerte y la demencia, no requiere lenguaje o conocimiento de sí mismo, existe en los animales en distintos grados y puede estar presente, hasta cierto punto, en el feto.

Diablos, se dice Tononi, todo  está en la mente. Uno de los personajes más escalofriantes de Phi es el Maestro, una amalgama del Capitán del relato de Kafka En la colonia penitenciaria (1914) y del Gran Inquisidor de Los hermanos Karamazov de Dostoyevski, (1880). La obsesión del Maestro es crear un dolor perfectamente interminable manipulando el contenido informativo del cerebro. En el capítulo final, el Maniquí, un clon de Mefistófeles, vomita algunas paradojas lógicas antes de dejar al moribundo Galileo reunirse con su amada hija.

Phi es extraordinaria. En su llamada a la imaginación, tiene cierto parecido con la novela corta Flatland de Edwin Abbott (1884) o Gödel, Escher, Bach de Douglas Hofstadter (Basic Books, 1979). Pero su lenguaje es más poético y está lleno de imágenes  y referencias culturales— fotos de películas y de obras de arte con los colores a menudo modificados. Las notas al final de cada capítulo conectan las alegorías y metáforas del texto con la ciencia.

Creo que cuando pase el tiempo necesario, el marco cuantitativo descrito en Phi demostrará que es correcto. La conciencia está estrechamente ligada a la complejidad y a la información, con profundas consecuencias para la comprensión de nuestro lugar en este universo en evolución. Como le dice Crick a Galileo, esta es una «historia para gente adulta, no un consolador cuento para niños».

 ■ Christof Koch es jefe del servicio científico en el Allen Institute for Brain Science de Seattle, Washington (EE.UU.) y profesor de Biología e ingeniería en el Instituto de tecnología de Pasadena, California. e-mail: christofk@alleninstitute.org

3 Comentarios

  1. Rawandi says

    «la conciencia cesa con la muerte y la demencia, no requiere lenguaje o conocimiento de sí mismo, existe en los animales en distintos grados y puede estar presente, hasta cierto punto, en el feto.»

    Estoy de acuerdo con esas conclusiones. Pero en el caso del feto conviene aclarar que sólo hay conciencia (vida mental) en el feto tardío, no en el feto temprano. Durante el primer trimestre de gestación el feto humano no tiene ningún tipo de conciencia porque carece de cerebro funcional. Por eso es tan aberrante el proyecto del Gobierno pepero que intenta restringir el derecho de la mujer a abortar en nombre de unos inexistentes derechos del feto temprano.

  2. Rawandi says

    Y es que muchos votantes del PP aún se tragan el cuento animista católico según el cual el feto humano tiene ya un alma, y es por tanto persona, desde la concepción.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *