Ciencia y sociedad, Guerras culturales
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Por qué los “hechos” no importan

La religión no es la única fuerza que se resiste al conocimiento científico. También hay fuertes resistencias ideológicas y, en último término, morales. Jonathan Haidt, profesor de la escuela de negocios Stern de Nueva York, o Dan Kahan, en el Yale Cultural Cognition Project, están produciendo conocimiento últimamente para entender cuáles son los sesgos culturales que subyacen al rechazo de la ciencia en el público.

"Antivacunas"

«Antivacunas»

Ronald Bailey pasa revista en Reason a distintos temas de ciencia básica y aplicada que efectivamente dividen a las personas según líneas ideológicas y morales: cambio climático, teoría de la evolución, energía nuclear, productos químicos de síntesis, posesión de armas, vacunas, videojuegos, y técnicas de “fracking”. En líneas generales, conservadores y progresistas parecen más o menos empatados en su grado de rechazo o aceptación de los consensos cientifícos: dime a qué partido votas y te diré qué parte de la ciencia rechazas.

De hecho, abandonar una posición poco científica es difícil porque las tribus ideológicas son confortables, y casos como la reciente conversión del activista Mark Lynas a los cultivos genéticamente modificados, son ilustres y raros.

Aunque en apariencia nada hay más “factual” que la ciencia, las diferencias políticas importan claramente. El grado de politización en el debate se observa en titulares como el de Michael Shermer: “La guerra de la izquierda contra la ciencia”, un enmarcado emocional que refleja la obsesión típicamente americana por “hacer la guerra” (recordemos la “guerra contra la pobreza”, la «guerra contra las mujeres», o la “guerra contra el terror”) de la que por lo visto no se libran ni los representantes del llamado “movimiento escéptico” .

Es más, a veces la discusión sobre qué es ciencia y qué no se convierte en algo realmente desagradable. Philippe Rushton, que estudiaba las diferencias raciales en la inteligencia, fue investigado por el gobierno de Canadá por diseminar «literatura de odio». Edward Wilson fue etiquetado como «fascista» en Harvard por sugerir que la moralidad debería estudiarse desde el punto de vista biológico. Las clases de Daphne Patai en la universidad de Massachusetts fueron boicoteadas repetidamente por estudiantes que la acusaban de «sexismo» tras cuestionar públicamente los estudios académicos de género. Hace menos, Jared Diamond ha sido atacado por activistas indigenistas por estar “tanto moral como factualmente equivocado”, mostrando que la insuficientemente conocida “falacia moralista” siempre está a la vuelta de la esquina de una discusión en apariencia “factual”. La lista de damnificados es en realidad muy larga, y algunos casos han sido estudiados bastante minuciosamente por Kenneth Westhues, que también nos regala pistas valiosas para entender por qué los hechos, puros y duros, no siempre son lo más importante.

8 Comentarios

  1. Pichu says

    También hay mucha diferencia entre ciencia y escepticismo científico, el cual, no nos engañemos es una religión en toda regla. Intentar negarlo solo porque paradigma no es lo mismo que dogma, es solo un acto de falta de reflexión sobre la capacidad de adaptación de las religiones a nuevas (ejem, otras) formas de pensar. Pero no voy a extenderme en eso ahora.

    En cualquier caso, discrepo con la frase inicial: La religión no es la única fuerza que se resiste al conocimiento científico.
    Yo estudié en un colegio de curas y me enseñaron ciencia tan bien o mejor que en un colegio no religioso. Sí, el autor puede argumentar que tal y como está redactada la frase, no ha querido decir lo que yo he entendido. No nos engañemos. Sí ha querido decirlo.

  2. Eduardo says

    Yo estudié en una universidad catolica, pero no hay ni la menor duda de que la religiosidad ha jugado y juega un papel dominante en el rechazo de algunas áreas del comocimiento científico. El caso más evidente es el rechazo a la teoría de la evolución actual. En el pasado hay otros ejemplos muy conocidos.

  3. Eduardo says

    Sobre el «escepticismo científico», se qué algunos manuales teológicos lo definen como nuevo fenomeno religioso. Son cosas suyas, yo no tengo ningún interés en discutir sobre eso.

  4. Eduardo says

    Si me lo permites, una puntualización: Daphne Patai, que es feminista, criticó a partir de un momento dado de su carrera los extremos del feminismo fundamentalista, que no tiene nada que ver con los estudios de género. Conviene distinguir éstos de los estudios de mujeres, y muy particularmente de los estudios de mujeres que sustentan dogmas androfóbicos. A seguir bien.

  5. Eduardo says

    Los estudios de género, y por tanto el llamado feminismo de género, es la ortodoxia dominante en la teoría feminista desde los años setenta del siglo pasado, no una extraña y minoritaria corriente «fundamentalista». Los «estudios de género» no existen fuera del feminismo.

  6. Cecilia Davidek says

    Interesante reflexión sobre la no-neutralidad de la ciencia humana. Los hechos importan, su estudio importa, aunque las personas difícilmente podamos olvidar nuestro punto de vista, teñido de nuestros prejuicios, nacidos de las experiencias y expectativas; de estos no se salva ni la ciencia!
    Lo que hoy vemos, quizás no sea cierto mañana, cuando lo midamos y lo pesemos con instrumentos más adecuados. Por mi parte creo que el método científico aporta moral a la ciencia y esa es toda la objetividad que los humanos podemos permitirnos.
    Aunque son pocas las certezas que podemos afirmar, una de ellas es que podemos trabajar cotidianamente para enraizar en nuestras mentes y corazones esta práctica de que los hechos importan, más allá de lo que despierten en nuestra emotividad, más allá de que nos beneficien o perjudiquen, más allá de que los podamos o no cambiar.

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  8. Samuel F. says

    Se entiende que el rigor académico y la extensa experiencia en la experimentación hacen a los científicos y hombres de ciencia aptos para emitir opiniones muy validas sobre los hechos, pero mi pregunta es, para que si no han de servir para generar debates y afirmar o modificar el concepto particular de un sujeto o la sociedad a la que pertenece sobre algo?
    Para mi no tendría merito alguno, aunque el ejercicio de la ciencia por si mismo es uno. Coincido con el autor en que nada sera mas evidente y contundente que un hecho, así mi sesgo cualesquiera que sea no me permita ver la ciencia que hay detrás.

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