Ciencia y sociedad, Divulgación Científica
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Pensar en ciencia podría mejorar el comportamiento moral

Los estudios de priming (en español la traducción varía tortuosamente, desde “primado” a “troquelado” o “impronta”) analizan el efecto que tendría en la memoria implícita humana la exposición a determinados estímulos, en la medida en que son capaces de influir en respuestas posteriores de la conducta. Por ejemplo, en un clásico estudio dirigido en 1996, un equipo de psicólogos de la universidad de Nueva York logró “primar” a un grupo de estudiantes para que caminaran más despacio después de exponerles a palabras que asociamos normalmente con la gente mayor, como (al menos en los EE.UU) “Florida” o “bingo”.

Los estudios de priming han estado rodeados de polémica últimamente, debido al fallo en la replicación de ciertos trabajos y a controversias generales sobre la psicología social, pero esto no ha detenido la investigación. Un estudio muy interesante acaba de aparecer en PLoS, analizando los posibles efectos de la ciencia en los juicios morales y el comportamiento prosocial:

En consistencia con la noción de que la ciencia desempeña un papel básico en la visión moral de una sociedad de beneficio mutuo, los estudiosos han argumentado desde hace tiempo que la aproximación sistemática de la ciencia al estudio de causas y consecuencias permite tener opiniones más formadas sobre cuestiones relacionadas con el bien y el mal y muchos han argumentado que el ethos científico clásico sigue siendo éticamente neutral, pero moralmente normativo, como un conjunto de principios que guian la investigación científica. Sostenemos que el mismo ethos científico que guia las investigaciones empíricas facilita el refuerzo de las normas morales de forma más general.

Para intentar probar esta influencia, los investigadores reclutaron a unas decenas de estudiantes de la universidad de Santa Bárbara, California y diseñaron cuatro estudios. Por ejemplo, en el primer estudio los participantes leyeron una viñeta en la que se representa una violación durante una cita y después se les pidió que juzgaran en una escala la inmoralidad del comportamiento y además cuánto “creían” en la ciencia. Otros estudios trataron sobre distintos comportamientos prosociales, desde donar sangre o dar dinero a la caridad hasta evaluar conductas asociadas con la explotación económica. El primado consistió en una seria de tareas que implicaban la exposición a palabras clave como “lógico”, “hipótesis”, “laboratorio” o “teoría”. Los participantes en el grupo control, por el contrario, fueron expuestos a palabras neutrales.

Los resultados mostraron que, efectivamente, el mero hecho de “pensar” en ciencia tiene efectos moralmente normativos, haciendo que los participantes «primados», en comparación a los participantes del grupo de control, apoyen más las normas morales y las conductas generalmente consideradas prosociales.

No cabe duda que estas conclusiones, basadas en evidencias experimentales aún modestas, hubieran fascinado a los primeros ilustrados radicales europeos que empezaron a reivindicar la independencia de la moral de la teología, y de la religión, proponiendo en su lugar una sociedad basada en el mutuo beneficio y en un ethos racional. Al menos, es tentador pensarlo.

 

Referencia:

Ma-Kellams C, Blascovich J (2013) Does “Science” Make You Moral? The Effects of Priming Science on Moral Judgments and Behavior. PLoS ONE 8(3): e57989. doi:10.1371/journal.pone.0057989

 

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