General, Libros / Reseñas, Tercera Cultura
comentarios 66

Nicholas Wade: Variaciones problemáticas del tema humano

Nicholas Wade fue durante años corresponsal científico en el New York Times y es autor de varios libros científicos divulgativos. Aunque ya se había significado como un crítico acerbo de la antropología cultural, alineándose a favor de Napoleon Chagnon en su controversia con los antropólogos culturales, la obra que ha provocado una avalancha de críticas y de ira santa es de más reciente publicación: A troublesome inheritance. Genes, race and human history (Una herencia problemática. Genes, razas e historia humana). Wade aborda en este libro uno de los tabúes científicos más protegidos del último siglo: la variedad racial humana.

wadeDesde la segunda mitad del siglo pasado ha sido moral y científicamente problemático hablar de razas humanas, debido a la asociación histórica entre raza y racismo, eugenesia, o incluso nazismo. A veces la aversión a la raza se expresó en forma de pronunciamientos científicos solemnes. La Asociación Americana de Antropología publicó una declaración conjunta en 1998 en la que se afirmaba que “la humanidad no puede ser clasificada en categorías geográficas discretas con fronteras absolutas”. Ashley Montagu, en la misma línea de la antropología cultural, llegó a proclamar que la raza no sólo era algo así como una falacia sino “el mito humano más peligroso”. Y para la asociación americana de sociología la raza (humana) es meramente “una construcción social”, advirtiendo simultáneamente contra “el peligro de alimentar la concepción popular de que la raza es algo biológico”. Según el dogma “standard” de las ciencias humanas, muy extendido por todo el mundo académico también fuera de los Estados Unidos, la idea de raza humana es meramente una ilusión social, sustentada a menudo en prejuicios malévolos, y sólo la cultura explica las diferencias humanas.

La nueva de Obra de Wade está enfrentándose con un abigarrado conjunto de críticas que suelen repetir los mismos temas. Por una parte, tenemos críticas extremas que rechazan de entrada la variedad racial humana, en línea con los pronunciamientos típicos de las ciencias humanas, y vienen a despreciar los puntos de vista del libro como poco científicos o incluso “pseudocientíficos”. Para Jonathan Marks la obra de Wade es “agresivamente anticientífica” y para Eric Michael Johnson es en realidad una justificación del “poder blanco”, nada menos. Una recepción tan hostil no es nueva. Procede de una larga tradición intelectual occidental según la cual los puntos de vista sociobiológicos aplicados al ser humano no son sólo científicamente erróneos sino moralmente sospechosos. Pese a haber especificado que “el racismo y la discriminación están mal como cuestión de principio, no de ciencia” Wade no ha conseguido librarse de estos reproches, que se repiten característicamente década tras década desde que viera la luz el último capítulo de la Sociobiología de E.O. Wilson. Otros, como Steven Pinker, sin embargo son más moderados y saludan ante todo los primeros capítulos del libro, al ayudar a derribar el mito de la “tabla rasa”, mientras son mucho más cautos con los capítulos 6 al 9, considerados más especulativos y problemáticos.

Las grandes razas continentales

No es una sorpresa que las primeras clasificaciones raciales humanas basadas en los continentes aparecieran en Europa una vez culminada lo que se ha llamado “era de los descubrimientos”, un proceso que atraviesa los siglos XVI  y XVII hasta el conocimiento de la práctica totalidad del globo, que es cartografiado, colonizado o conquistado, primero por los portugues y españoles, y más tarde por los europeos del norte. Es así que Carlos Linneo (1707-1778), responsable del sistema de clasificación natural más influyente desde Aristóteles, divide a los seres humanos en cuatro grandes razas continentales: Homo americanus, asiaticus, europaeus y afer. Johann Blumenbach (1752-1840), que se opone a la idea de superioridad racial y destaca la unidad de la especie humana, además de añadir una raza más, la malaya e inventa el término “caucásico” para referirse a los pueblos de Europa, el norte de África y parte del subcontinente indio.

Pero, ¿son estas razas continentales consistentes con los datos genéticos, antropológicos y culturales de los que disponemos en el siglo XXI? Wade piensa que sí.

Las diferencias raciales humanas no están basadas en los genes que tenemos o no tenemos. Todos los seres humanos poseen los mismos 20.000 genes, según la estimación actual del Proyecto Genoma Humano. La variación racial parece manifestarse más bien en el promedio de la frecuencia con la que ciertos alelos (o variedades en las que suele presentarse un gen) se encuentran en las poblaciones humanas. Y resulta que parte de esta variación coincidiría esencialmente con la división geográfica continental de los seres humanos, descubierta por Linneo o Blumenbach. La primera corroboración de esta división continental en términos genéticos procedería de acuerdo con Wade del equipo de genetistas liderados por Luca Cavalli-Sforza y Anne Bowocock, que ya en 1994 habría encontrado patrones continentales en la distribución de secuencias de ADN. Otros estudios desde entonces habrían confirmado la misma conclusión de que “las diferencias genéticas son mayores si se definen sobre una base continental”. Por ejemplo, una técnica genética aún más refinada, basada en el análisis de polimorfismos de núcleo único (SNP) habría descubierto dos nuevas subdivisiones que no habían aparecido en los estudios posteriores.

Algunos críticos, como Jennifer Raff, han reprochado amargamente a Wade por un supuesto artificio técnico en la interpretación de los datos genéticos:

Los investigadores deben definir el número (K) de grupos de antemano, porque esto es lo que requiere el programa. El programa fue diseñado para dividir a los individuos en cualesquier conjunto predeterminado de grupos que pidan los investigadores, con indepdendencia de que exista o no en la naturaleza. En otras palabras, si el investigador pide que se estructuren los datos de forma que aparezcan los individuos en cuatro grupos, la estructura identificará esos cuatro grupos.

K=6. Estructura de la población genética humana dividida por continentes

K=6. Estructura de la población genética humana dividida por continentes

Pero Razib Khan no está de acuerdo con esta conclusión. Si bien es posible agrupar la información del modo en que queremos, sin que efectivamente esto corrobore la existencia de «tipos naturales», no todas las combinaciones K que escogemos se ajustarían igual de bien a los datos. Para Khan la interpretación “clinal” de los datos genéticos, es decir, la idea de que la variedad biológica humana se da en la forma de un gradiente continuo a lo largo de toda la geografía del planeta, no sirve para eliminar la idea de diferencias raciales discretas en los seres humanos, incluyendo diferencias continentales.

En cualquier caso, no todos los genetistas poblacionales y los biólogos evolucionistas coinciden tradicionalmente con la apreciación de que el concepto de raza es inútil para dar cuenta de la variedad biológica existente. Sólo por mencionar dos referencias clásicas, Theodosius Dobzhansky, uno de los padres de la «teoría sintética», consideraba que la especie humana es politípica, incluyendo variedades raciales, y Ernst Mayr consideró hasta el final de su vida que los negacionistas raciales “eran obvios ignorantes de la biología moderna”.

El tabú de la biodiversidad humana

Pero la parte más especulativa del libro, según su propio autor, coincide con los capítulos 6 a 9, cuando se conjetura sobre la posibilidad de que las diferencias biológicas entre grupos humanos expliquen al menos parte de sus diferencias sociales e institucionales.

Para Wade, las instituciones humanas, del derecho a la religión, no son autónomas, sino que dependen de diferencias sutiles aunque cruciales en la conducta humana en parte guiadas por selección natural reciente (durante los últimos 10.000 años): “La naturaleza social humana no varía gran cosa de una sociedad a otra, pero pequeñas variaciones en la conducta social probablemente pueden generar diferencias persistentes en las instituciones humanas”.

La “naturaleza humana” está lejos de ser inalterable. Hoy sabemos que los seres humanos han desarrollado adaptaciones específicas como respuesta a cambios ambientales ocurridos sólo en los últimos milenios, como la tolerancia a la lactosa en los pueblos expuestos a la revolución agrícola o la adaptación a las alturas de los tibetanos. Otros rasgos que creíamos más ornamentales, como la paleta de color en los ojos de los europeos, o incluso su piel clara, quizás también se haya desarrollado en tiempos históricos. Aunque los detalles se discuten largamente, hasta el 14% del genoma humano actual podría haber experimentado cambios debido a la selección natural en tiempos recientes.

Las conjeturas de Wade sobre una profunda interacción entre evolución histórica y biológica desafían una tradición intelectual firmemente asentada en las ciencias humanas, la antropología o la economía del siglo XX y XXI, según la cual los seres humanos sólo varían significativamente en función de su cultura, educación e instituciones. Desde este paradigma, sólo las explicaciones en términos culturales deben ser teórica y quizás moralmente aceptables, mientras que se endurece hasta términos poco razonables el rigor de prueba de las explicaciones no culturales. Esta endiablada doble exigencia, ideológica y metodológica, explica que desde los años setenta del siglo pasado, tras la sociobiolología de Wilson, las teorías no culturales de la conducta humana se hayan enfrentado con fuertes críticas, e incluso con acoso académico y campañas de desprestigio. Las peligrosas ideas de Wilson fueron descalificadas como “racismo, misoginia y eugenesia” y miembros del “partido de los trabajadores” llegaron a interrumpir un evento de la asociación americana de antropología de 1978. Los reproches actuales, y el tono crítico tajante de los antropólogos boasianos y algunos líderes intelectuales, en consecuencia, no es novedoso.

Quizás el punto más importante del libro y del conjunto de todas las discusiones es este: la variación biológica entre poblaciones humanas es un hecho (Nota bene: la variación biológica entre grupos es sólo una parte de la variación biológica humana total). Con independencia de que esta variación sea “racial”, “clinal”, o algo muy sofisticado a medio camino, lo cierto es que los grupos humanos varían biológicamente entre sí, que esta variación en parte depende de la evolución regional y reciente, y que con toda probabilidad afecta significativamente a las diferencias sociales que observamos hoy entre seres humanos. Wade no ha escrito un manual científico, por lo que es corriente que su planteamiento contenga errores, imprecisiones y conjeturas sin corroborar. El tono de algunas críticas en la recepción de este libro, sin embargo, es difícil de explicar en el marco de una discusión científica normal.

66 Comentarios

  1. Masgüel says

    «El tono de algunas críticas en la recepción de este libro, sin embargo, es difícil de explicar en el marco de una discusión científica normal.»

    Muy cierto. Wade no merece que en las críticas a su libro le llamen racista, cuando ha manifestado explícitamente que las diferencias raciales no justifican políticas racistas. Con quien hay que tener especial cuidado es con quien utiliza su libro precisamente para eso.

  2. Ningún genetista niega que los genomas de las personas se puedan clasificar, de modo estadístico, en grupos que tienen el mismo origen. Pero la clasificación estadística no es absoluta. Mirando el genoma de una persona se puede determinar, con una alta probabilidad, que es de origen europeo en comparación con la diferencias que pueda presentar el genoma de otro individuo que del mismo modo se puede determinar que es de origen africano. ¿Es esto raza? Bueno, en un sentido estadístico puede que sí. Lo que ya no es científicamente razonable es colegir que de variaciones que no se sabe muy bien si son producidas por selección natural o evolución neutra (mutaciones) se pueda explicar las divergencias en la organización y destino de las sociedades. Por una simple razón: no hay prueba alguna que un gen esté implicado de forma directa en un determinado comportamiento o función cognitiva. Si algo sabemos hoy es que los comportamientos (y la cognición) tienen una etiología poligénica todo ello sin descuidar la influencia de factores sociales. El libro de Wade es irresponsable y científicamente débil al no estar basado en pruebas, sino en la especulación teórica (sobre todo su última parte). El libro de Wade es una muestra más de lo que utilizando el título de una obra de Gould es «la falsa medida del hombre» que sirve para apoyar «pseudo»científicamente, diferencias raciales, y por ende, estereotipos o juicios de valor dependientes de la raza o lo que es lo mismo: racismo. Siento haberme extendido tanto

  3. Donde dice: «polimorfismos de núcleo único (SNP)»
    Debiera decir: «polimorfismos de nucleótido único»
    Saludos!

  4. Eduardo says

    Aníbal, llama la atención que cites la autoridad de Gould frente a Wade, cuando lo que ha quedado de manifiesto estos últimos años es la irresponsabilidad del propio Gould y su propia mala conducta científica. Además la crítica es de dominio público:

    http://www.plosbiology.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pbio.1001071

    Como explico en la reseña, los principales reproches contra el libro de Gould son de dos tipos. Primero, la existencia o no de «razas» biológicas continentales y, en función de los datos de la genética de poblaciones, y segundo, la sugerencia de que una parte de la variedad cultural e institucional descansa en diferencias genéticas entre grupos humanos.

    Sobre la primera cuestión me remito a los comentarios de Khan. No existe un consenso científico en el sentido de que la raza no sea un concepto biológico útil.

    La segunda cuestión es más compleja y para mi gusto está muy bien contestada en un post que traduje para mi blog:

    http://librosdeholanda.blogspot.com.es/2014/05/nicholas-wade-y-el-fenotipo-social.html

    El hecho de que los comportamientos culturales complejos tengan una «etiología poligenica» y que haya que tener en cuenta las interacciones ambientales no es un argumento en contra del planteamiento de Wade. El problema es que se utiliza un rigor de prueba para las explicaciones sociobiologicas que no se emplea para juzgar las explicaciones canónicas culturales. Se parte del presupuesto de que las explicaciones culturales son correctas por defecto. Es un presupuesto «paradigmático» que no es exactamente científico. A mi me parece que lo verdaderamente «irresponsable» es extender una sombra permanente de sospecha sobre los planteamientos sociobiologicos, etiquetando toda la empresa como «racista», cuando lo cierto es que la «hipótesis nula», es decir, la idea de que las diferencias genéticas no cuentan para explicar las diferencias en resultados sociales, es patentemente falso.

  5. Eduardo says

    DrGEN, gracias por señalar el error. Lo corregiré cuando me encuentre en un dispositivo mas «amigable» para editar.

  6. Eduardo, no cito a Gould como autoridad de nada. Simplemente, le menciono como el autor de una obra que lleva por título «La Falsa Medida del Hombre» que se ha convertido en una obra en la que se refleja el uso ideológico de la ciencia para intentar demostrar tesis cuando menos controvertidas y polémicas.

    Título que a su vez se ha convertido en una expresión hecha para referirse a un cierto tipo de «guerra(s) cultural(es)» (sic) razas, inteligencia, diferencias sexuales… con independencia de que lo que dijera Gould fuera acertado o no. Estas «guerras culturales» alcanzan notoriedad entre la opinión pública por los excesos provocativos de autores excéntricos, y sí, digo excéntricos en sentido etimológico, siendo el centro: la norma de la falsación, refutación y/o replicación científica La ciencia no se puede instrumentalizar para defender agendas ocultas. De todas formas Gould es un científico y Wade un reportero de la ciencia que en está ocasión se ha atrevido a ir más allá de los datos.

    Sobre la primera cuestión. Los hechos y los datos científicos están bastante claros, en un sentido estadístico se puede hablar de razas, pero no de una forma absoluta. Sobre la segunda cuestión, hacer inferencias sobre las sociedades a partir de diferencias estadísticas en el genoma de las poblaciones humanas, sin comentarios. Lo que dice Wade no hay por donde cogerlo.

  7. Eduardo says

    Los «hechos científicos» rara vez están lo bastante claros como para no provocar debates y controversias.

    Por otra parte, calificar como «excéntrica» una posición que no te gusta no es argumento que se pueda contestar. Es evidente que no has leído el libro de Wade y por tanto hay poco que discutir.

  8. Si los datos científicos son muchas veces equívocos, entonces porqué, como hace Wade, se afirman conclusiones tan excéntricas. Y no califico esta posición, la de Wade, como excéntrica porque no me gusta; sino porque no se sostiene a la luz de los datos.

    No es evidente, pero has acertado que no quiero, ni deseo, leer la obra de Wade, pero eso no me quita de poder opinar cuando sí que he leído artículos científicos y de opinión firmados por científicos, como estos:

    http://genome.cshlp.org/content/19/5/711.short

    http://www.huffingtonpost.com/agustin-fuentes/the-troublesome-ignorance-of-nicholas-wade_b_5344248.html

    http://www.nytimes.com/2014/05/16/books/nicholas-wades-a-troublesome-inheritance.html?_r=0

    http://online.wsj.com/articles/david-altshuler-and-henry-louis-gates-race-in-the-age-of-genomics-1402094811

    http://www.michaeleisen.org/blog/?p=1609

    que me muestran poderosamente que Wade no ha tenido en cuenta las conclusiones de la antropología física, biología molecular y evolutiva a la hora de decir lo que dice. Por eso no pierdo el tiempo leyéndolo. Aunque sí comentando y opinando en contra de quien cree que Wade dice algo válido.

  9. Eduardo says

    No es precisamente ejemplar ignorar aquello que se pretende criticar, y aún condenar tan tajantemente.

    Por otro lado, si hemos de basarnos en la recepción del libro, y no en el libro mismo, lo que hay que decir es que muchas de las críticas son favorables a Wade. Además no se trata de un «si» o «no». Muchos aceptan una parte del libro, pero rechazan otra, otros le reprochan quedarse corto, etc. ¿Y acaso no son «científicos» Edward Wilson o Gregory Cochran, que se han manifestado a favor de la tesis general del libro? ¿Acaso no son científicamente informados los comentarios favorables de Razib Kahn, Steve Hsu, o muchos otros?

    Desde ni reseña cualquiera puede acceder a las críticas positivas y negativas. La impresión de que existe un «consenso» contrario es engañosa e ideológicamente motivada.

  10. Masgüel says

    «La impresión de que existe un “consenso” contrario es engañosa e ideológicamente motivada.»

    Tanto como tu insistencia en hacer de este sitio un lugar donde supurar tus pústulas. Diferencias de raza, sexo o inteligencia. No hay más temas para el señor Zugasti. Aníbal, si quieres entender lo que este sujeto se trae entre manos, olvídate de las críticas a Wade y empieza por aquí: http://archive.today/ZO7hv

  11. Eduardo says

    Masgüel, le dejo el comentario publicado como ejemplo de lo que no voy a permitir en el futuro, como moderador.

    Los comentarios están abiertos, pero se ruega a los comentaristas que respeten normas elementales de cortesía.

  12. Clavius says

    Enhorabuena por la reseña, Eduardo. He leído muchas de las que aparecen recopiladas en Occam’s Razor, y algunas de ellas son brillantes. No es fácil estar a la altura, pero creo que es la primera que aparece en español. ¿Me equivoco?

    Hace muchos años, cayó en mis manos un ejemplar de un libro piadoso de finales del siglo XVIII titulado Verdadero antídoto contra los malos libros de estos tiempos, «donde se descubre el veneno que ocultan muchos de los Modernos, manifestando muchos de los artificios con que procuran, con aparentes razones, difundir sus errores y atraer a las gentes sencillas a diversos vicios y disoluciones».

    La finalidad de la obra era advertir y poner en guardia a los buenos católicos para que no cayeran bajo el influjo de autores como Bayle, Spinoza, Helvecio, Voltaire o Rousseau. Los lectores devotos no debían siquiera leer a esos autores, pues con las críticas y reproches del autor del Antídoto debían tener suficiente para hacerse una idea de lo peligrosos que eran esos sujetos. Este libro vio la luz en España cinco años antes de la Revolución Francesa.

    He conseguido localizar el libro en Google Books, por si a alguien le interesa.

    En el siglo XIX se publicaron otros «antídotos», actualizados y centrados en autores como Darwin y Nietzsche. He tenido ocasión de hojear alguno de ellos.

    Es evidente que hay un amplísimo sector de opinión hoy en día, tanto dentro como fuera de la comunidad académica, que es el sector guardián de la ortodoxia y que tiene una actitud similar ante ciertos autores y publicaciones que desafían esa ortodoxia, de modo que podría perfectamente publicarse en tapas duras un nuevo Antídoto donde se despelleje a gusto a autores como N. Wade, C. Murray, G. Cochran y H. Harpending, E.O.Wilson, R. Lynn y T. Vanhanen, P. Rushton, D. Whitman, P. Frost, S. Sailer -y el más peligroso e impío de todos, K. MacDonald- para que las almas piadosas no se acerquen a estos pozos de inmundicia y de librepensamiento, y para reafirmar el valor imperecedero de F. Boas, A. Montagu, R. Lewontin, S.J. Gould, J. Diamond y L. Kamin.

  13. Eduardo, que no se trata de hacer un catálogo de las recensiones o recepciones tanto positivas como negativas al libro. Me acusaste de utilizar un argumento de autoridad en tu primer comentario, pero siento que el que utilizas argumentos de autoridad eres tú trayendo a colación a autores que han apoyado la tesis de Wade.

    Los que han podido apoyar la tesis de Wade solo han podido apoyar el esfuerzo de síntesis por parte de Wade de los datos genómicos a la luz de la evolución humana que en parte son exactos. Pero de nuevo, solo en un sentido estadístico.

    Sobre la segunda parte del libro no hay ningún, y digo ningún, científico que pueda apoyar las ideas de Wade sobre la organización de la sociedad sobre la base de las variaciones genéticas.

    Sencillamente porque no se puede inferir con los datos que actualmente tienen los científicos, no sé si en un futuro se podrá. El destino de las sociedades humanas por un simple principio de pluralismo metodológico se debe hacer desde herramientas antropológicas, evolutivas, arqueológicas, históricas, económicas, sociales, políticas y no exclusivamente genéticas. Y esto no tiene ningún tipo de discusión en el plano científico, en el teórico y especulativo puede que sí.

    Por último y en relación a una nota transversal es engañoso plantear la discusión en términos de blanco o negro, porque no hace un buen servicio al entendimiento público de la ciencia. No se puede plantear a Wade como un representante de las verdades incomodas frente a los defensores de lo políticamente correcto. Ya no hay un «ellos» y un «nosotros» o como dices tú unos defensores del «dogma estandár de las ciencias humanas» que parten de supuestos culturalistas y autores que defienden posturas de interpretación biológica de la naturaleza humana. Hoy en día se acepta y asume con total normalidad la influencia de los factores biológicos en la conducta humana. Esta es una forma de plantear el tema de discusión maniquea y simple.

    Wade está totalmente equivocado en toda la segunda parte de su libro y siento de veras que creas que no es así.

  14. Eduardo says

    Gracias, creo que si es la primera reseña en español.

    Haré todo lo posible por conseguir ese libro del siglo XVIII. Yo también creo que existe una oscura continuidad histórica en este debate y que los Cochran, Wade, Murray etc, son spinozistas modernos. No habría más que leer los escritos de Marcuse en contra de la libertad académica, o los de Horkheimer, donde se pone la epistemologia al servicio de una visión política. Es prácticamente una religión moderna. No es normal que gente que en otros aspectos es razonable, como Jerry Coyne, intenten disuadir a la gente de leer ciertos libros.

  15. Una cosa que se me olvidaba.

    No critico lo que ignoro.

    Si alguien publica un libro sobre unicornios no tengo que leérmelo para saber que no existen los unicornios.

    Me basta con acceder a la opinión de un experto en zoología.

    Lo mismo pasa con el libro de Wade.

  16. Eduardo says

    Aníbal, no tenía otro remedio que hablar de las críticas de Wade, y hacer un balance entre las positivas y negativas, ya que tú mismo has dicho que no has leído el libro. Es más, has declarado la voluntad de no leerlo. Dos interlocutores no pueden tener un debate serio y profundo sobre un libro que sólo uno de ellos ha leído o quiere leer.

    Dices que no existe ningún «dato científico» que apoye la tesis de Wade en la segunda parte del libro. Bueno, en realidad, si las hay, y proceden principalmente de los estudios sobre CI, pero desafortunadamente Wade no se ocupa de esto en su libro. En realidad, tampoco hay «datos científicos» que apoyen las explicaciones sólo culturales del cambio social, que sin embargo se consideran canónicas por defecto. El hecho de que aún no tengamos explicaciones en términos genómicos de las diferencias sociales no es un argumento en contra de la tesis de Wade (la increíblemente osada idea de que el fenotipo social tiene una base genética, en parte regional y reciente) sólo es una prueba de que se aplica un rigor de prueba diferente. La biología evolucionista está llena de ejemplos sobre descubrimientos de rasgos fenotipicos antes de descubrirse cual es su base genómica. Remito nuevamente al post de Pseudoerasmus donde esto se explica en detalle:

    http://librosdeholanda.blogspot.com.es/2014/05/nicholas-wade-y-el-fenotipo-social.html

    Aníbal, no es cierto que se acepte con normalidad la influencia de la biología en la cultura. Se aceptan algunas cosas, pero otras no. Una prueba es este mismo debate sobre Wade y la cortina de silencio, y a veces de acoso académico, que sufren algunas líneas de investigación. Aquí hemos publicado un artículo de Donald Westhues donde se le da un repaso a este tema. Por otra parte, la «dialéctica de las ciencias», las luchas entre departamentos, o entre egos científicos, es una constante histórica y no tiene nada de particular ni hay nada «conspiranoico» en admitirlo. Como dice Kahneman, en un comentario que hemos traducido aquí mismo, la «ciencia perfecta» es un mito.

    En definitiva, por supuesto que existen obstáculos ideológicos, y tú igual que yo deberías saber de donde proceden en parte, porque ambos hemos «mamado» la escuela de Frankfurt y la antropología boasiana exactamente en la misma sede académica.

  17. Si hay » datos científicos» que expliquen los cambios sociales a partir de explicaciones culturales: el encéfalo del homo sapiens es igual desde hace 150.000 años pero el entorno «cultural» de los primeros homínidos es TOTALMENTE distinto del entorno que vivimos hoy en día.

    Si no ha introducido Wade los estudios de Murray sobre CI supongo que será para no perder crédito desde el comienzo de su aventura especulativa al intentar creer que el éxito de las sociedades se debe a las variaciones genómicas.

    Y sí, como dice Kahneman la ciencia no es perfecta, pero tiene los suficientes métodos para que sea uno de los productos de la mente humana más sofisticados capaz de poder eliminar cualquier tipo de sesgo cognitivo en los que se priorizen los estereotipos o prejuicios particulares del investigador frente a la objetividad de los «hechos».

    Y sí Eduardo, se acepta con normalidad la influencia de la biología ya no estamos en la década de los años 70. Seguir alimentando esa postura maniquea es erróneo. Pero lo que no se puede aceptar es que sin prueba alguna se diga que el material genético sea el responsable del destino colectivo de un grupo de personas viviendo en sociedad.

  18. Eduardo says

    Por lo que tengo entendido, el volumen craneal de hecho se ha aminorado en los últimos miles de años, como efecto de la «gracilizacion» del sapiens. No es por tanto del todo cierto que no haya habido cambios en el cerebro, y en todo caso esta es un área de la investigación «caliente», por lo que yo no haría declaraciones tajantes. Además todo el mundo acepta que la «naturaleza humana», tanto a nivel cerebral como genómico es prácticamente la misma, y que son pequeños cambios recientes y regionales los que explican una parte de la variación.

    Yo también creo que la ciencia posee «métodos» para corregirse. Pero tampoco tengo dudas de que existen obstáculos extracientificos y que tienen una raíz histórica muy difícil de arrancar.

    Tu argumento o reproche sobre la presunta inexistencia de «pruebas» lo he contestado ya un par de veces en este hilo, y continuas ignorando la réplica. Excuso repetirlo otra vez.

  19. Si has dado pruebas no me he enterado. Lo podemos zanjar de la siguiente forma este debate.

    Yo digo que no hay ninguna prueba científica de que un solo gen sea responsable directo de un rasgo fenotípico (conductual o cognitivo). El fenotipo es una construcción poligénica. Y en caso de que haya genes todavía ningún estudio metaanálitico o de GWA (genome wide association) lo ha vinculado de forma causal con comportamientos específicos con independencia de que sea fruto de selección positiva o neutra que esto añadiría mayor complejidad.

    Mi pregunta es: ¿dame la nomenclatura de un gen responsable de, por ejemplo, la capacidad para tomar decisiones óptimas en materia económica?

    Porque ¿estaremos de acuerdo que el factor económico es principal a la hora de entender el éxito o el colapso de las sociedades?

    También me gustaría que me dijeras las variaciones de codificación o secuencia (en los exones o codones de los genes) concretos de las distintas poblaciones humanas (vas a tener un problema en determinar estadísticamente cuantas poblaciones humanos hay si son las tradicionales cuatro «razas» o siete, pero este otro problema; muy importante, por cierto) responsables de una variación conductual como, por ejemplo, la inteligencia, o la capacidad de trabajar duro (motivación) que también podemos entender están detrás del éxito de las sociedades. ¿No?

    No creo que puedas darme la nomenclatura de ningún gen responsable de ninguno de estos rasgos fenotípicos mencionados.

    Por eso digo que la segunda parte del libro de Wade es a-científica, e irresponsable.

  20. Se me olvidaba de nuevo.

    No solo te pregunto que me des la nomenclatura, el nombre de un solo gen detrás de cada uno de los rasgos fenotípicos mencionados (por ahora imposible), también dime un estudio con seres humanos que indique que el bloqueo o disrupción de ese gen de lugar a un comportamiento manifiesto predecible (también imposible porque no se puede experimentar con sujetos humanos)

    Va a ser difícil que te encuentres una cohorte con una disrupción en un comportamiento especifico y que infieras (o conjetures) que un gen es el responsable.

    Más luego toda la ardua tarea de eliminar errores de tipo II o I. el uso de herramientas teóricas y estadísticas así como computacionales…

    Te aseguro que si alguien lo hace puede recibir el premio Nobel en fisiología y/o medicina. O por lo menos yo le nominaría como candidato.

  21. Eduardo says

    Precisamente porque los rasgos conductuales complejos, el «fenotipo social», dependen de efectos poligénicos, no es posible o es muy complicado identificar al conjunto de genes que son responsables. Pero aquí es precisamente donde se revela el doble standard en la exigencia de las pruebas. Para poner un ejemplo clásico, los biólogos evolucionistas no sabían nada sobre las bases genéticas de los picos de los pinzones de las Galápagos, pero esto no fue un obstáculo para que aceptarán que ese rasgo en cuestión dependía de evolución reciente.

    En el mismo sentido, hoy existen evidencias sobre diferencias en fenotipo social recientes, particularmente CI, pero también otros rasgos complicados como obediencia a normas, agresividad, etc, sin que se conozcan los correlatos genéticos precisos. A lo sumo se han identificado algunos genes candidatos, como el célebre MAO-A. Pero el punto es este: no hace falta identificar los correlatos genómicos de un rasgo fenotipico para sabe qué es heredable y que, con toda probabilidad varía entre poblaciones. Existen líneas de evidencias no genómicas, como estudios de gemelos y de adopción, que son canónicas en la genética conductual y sirven para corroborar que un rasgos es, de hecho, heredable. Por otra parte, también sabemos que una parte de los cambios genéticos durante los últimos miles de años son regionales, hasta el 14% del genoma según algunas estimaciones, otra evidencia convergente.

    Descuida, que los estudios sobre genoma completo, y otros resultados más afinados a medida que se mejoren las técnicas de análisis genético, también llegarán, especialmente si se deja a los genetistas investigar libremente. Cosa que, leyendo a muchos críticos de Wade, no es seguro que suceda.

  22. El quid de todo este debate es la siguiente frase que utilizas: «con toda probabilidad varia entre poblaciones…»

    Esto es un prejuicio que no se deriva de lo que conocemos y de los datos científicos disponibles.

    Que existe una base genética del fenotipo, es indudable pero ya colegir afirmaciones o conclusiones non sequitur es hacer ciencia ficción. Y esto es precisamente lo que ha hecho Wade.

    Sobre tu último párrafo que no te oiga ningún bioético de ninguna comisión de evaluación científica. Como en todo, la ciencia no está libre de la sanción ética y no es ético manipular con sujetos humanos.

  23. Eduardo says

    Ni ciencia ficción ni literatura fantástica: la evidencia de que los rasgos varían entre poblaciones se fundamenta en los mismos estudios sobre genoma humano que han revelado evolución reciente, divergente y regional (repito: hasta el 14%). Por supuesto, aún no se conoce la asociación de estos cambios con rasgos concretos, debido a que esta ciencia se encuentra en su infancia, pero la evidencia de evolución regional en si es incuestionable y es una condición necesaria para averiguar la variación entre poblaciones o razas. Además también sabemos algo, si no se decide ignorar, sobre heredabilidad y distribución de rasgos de fenotipo social como CI. Y lo que ya se sabe es realmente incompatible con la hipótesis nula sobre diferencias regionales.

  24. Que estamos hablando de variaciones genéticas entre poblaciones que afectan a la organización de las sociedades, no de variaciones en el material genético con diferencias en alelos que afectan a una población humana en el modo en que esta tiene más riesgo de tener colesterol o mayor concentración de melanina en la piel, Eduardo.

    Aún siendo cierto que haya una variación del 14% entre los grupos o poblaciones humanas, cosa que no creo, porque como te he dicho cómo determinas el agrupamiento estadístico (cuatro o 7 grupos humanos?) la pregunta sin respuesta (aún) es: qué genes de entre esos genes (que respresentan el 14, supuesto, porcentaje de variación) están directamente implicados en la organización social…

    A esta pregunta ni tú, ni por supuesto Wade, podéis dar una respuesta porque todavía no hay evidencias científicas.

    Por eso es verdadera ciencia ficción el libro de Wade (principalmente su segunda parte)

  25. Eduardo says

    Ya sé que estamos hablando de variaciones genéticas que afectan a la conducta social, no hacia falta el subrayado.

    Y no hace falta creerlo, lo cierto es que un porcentaje no despreciable del genoma humano si ha experimentado evolución reciente, sea por deriva génica o por selección natural. Me imagino que conoces la referencia clásica de Hawks, Cochran, etc, que es de hace apenas cuatro o cinco años, así que no lo repetiré. Y desde entonces hay otras evidencias que lo corroboran.

    Tampoco hacia falta subrayar que no conocemos qué genes están implicados en la conducta social, porque lo he dicho explícitamente en mi comentario anterior. Insisto en que tampoco se conocían los correlatos genómicos de los picos del pinzon, según el mismo ejemplo anterior, pero ningún biólogo evolucionista dudaba entonces que se trataba de rasgos fenotipicos evolucionados recientemente.

    La famosa pregunta por el agrupamiento estadístico no representa ningún argumento substantivo. El número K puede variar de acuerdo con distintos criterios, ya que la variación racial humana se da en un gradiente, y aún así arrojar resultados significativos.

    La cuestión es que existe un conjunto de evidencias convergentes, no sólo genomicas, de las que por desgracia no se ocupa del todo Wade para debilitar el conjunto de sus argumentos, que apuntan a que la hipótesis nula sobre las diferencias genéticas no se puede aceptar. Sólo habría que reflexionar sobre lo irregular que es aceptar que la selección natural y la evolución humana reciente, milagrosamente, sólo haya afectado al fenotipo físico, pero no al fenotipo social y cognitivo. Esto no puede ser, y de hecho no es así. Como apuntan en la magnífica reseña de Evolutionary psychology, el supuesto que prácticamente deja intacto tacto el fenotipo social descansa en una concepción oculta cartesiana de las ciencias sociales.

  26. Si lo sabes porqué no me dices un solo gen implicado en el endofenotipo (una medida intermeddia entre el fenotipo externo y los genes, es decir, características del perfil cognitivo) que sea varíe entre poblaciones humanas.

  27. Eduardo says

    Esa es una exigencia muy concreta que desconozco si tiene respuesta. Si te vale como ejemplo de gen implicado en fenotipos sociales, el gen MAO-A es un candidato para explicar conductas agresivas y varía entre poblaciones. Por lo visto una de sus versiones que se ha asociado con niveles más altos de delincuencia está más presente en la población afroamericana (5%) que en la caucásica (0.1%). Nota bene: se trata de un candidato y con toda probabilidad hay un montón de genes implicados en cosas tan complejas como «delincuencia», por no mencionar la interacción ambiental, etc, etc. Lo mismo se puede decir de rasgos de «fenotipo externo» como la inteligencia general. Si no hemos identificado los genes que nos hacen inteligentes a nivel individual, imagínate lo difícil que es identificar las diferencias entre grupos. Pero de nuevo, el punto decisivo no es si se han encontrado los correlatos genéticos específicos, exigencia que no se puede satisfacer de momento, sino si es razonable esperar encontrarlos.

  28. Pues no es ejemplo como para hacer una comparación con el tema tratado. La enzima de la monoamina oxidasa A es un factor que influye en la agresión, aunque un alelo está relacionado con la agresividad y debe de haber condicionantes ambientales. Por otra parte, la agresividad es un rasgo complejo y mucho no tiene que ver con el éxito de las sociedades.

    También dame referencias a estudios poblacionales que establezcan que la población afroamericana tiene una tendencia mayor a la violencia sobre la base de la genética y no de múltiples factores como factores socioeconómicos + en cierta medida la genética, en contraste con la población blanca. Una afirmación de este signo exige evidencias, y muy claras.

  29. Eduardo says

    Claro que es un «factor», y eso es justamente lo que cabe esperar. Nadie podrá darte nunca ejemplos de un «gen para» la delincuencia o para la inteligencia sin que concursen factores ambientales, porque tales cosas no existen. No es una demanda razonable de evidencias.

  30. Lo mismo decían (y dicen) del darwinismo: muéstrame el «eslabón perdido» y me creeré ese rollo de la evolución. No importa, en el caso de la HBD, que la evidencia indirecta sea abrumadora: estudios de gemelos, datos del IQ y más de medio siglo de «discriminación positiva». La gente seguirá aferrándose a la idea de Dios, o a la idea, irónicamente de origen cristiano, de que todos somos exactamente iguales por ser descendientes de Adán o del mismo proto-mono (africano, of course, sin contaminaciones neandertales o denisovanas).

  31. Eduardo says

    En ese sentido, hay descarados paralelismos entre la mitología científica progresista y religiosa de la humanidad. Acordaos del éxito que tuvo la «Eva mitocondrial» y en general todo alrededor de la hipótesis «out of Africa».

  32. Eduardo says

    El comentario de Frost, como siempre, es muy recomendable:

    «Are there questionable points in Wade’s book? Undoubtedly. But we should not wait until all issues are settled before we put pen to paper. Writing is a process where ideas are shared with a broader audience for debate. We may forget that The Origin of Species was written without any knowledge of Mendelian genetics. We may also forget, or simply not know, that Darwin’s path to public acceptance was cleared by an earlier book: Vestiges of the Natural History of Creation (1844). Although its anonymous author, Robert Chambers, had no understanding of natural selection, he nonetheless played a key role in familiarizing the public with the fossil record and the reality of biological change over time.»

    http://evoandproud.blogspot.com.es/2014/05/another-robert-chambers.html

  33. Vamos a ver Eduardo (e incluso Ian) cometéis una petición de principio.

    Tú Eduardo me dices que es una exigencia que desconoces o difícil la que te pongo: ¿dime un solo gen implicado en el endofenotipo para probar que las diferencias sociales tengan una base exclusivamente genómica?

    Pero de hecho crees que las debe haber porque lo dice Wade o porque como todo tiene una base genética.

    No, hombre no. O me das las pruebas o lo que se está haciendo es especulación rampante y lo que es peor, una completa irresponsabilidad.

    No quería hacerme eco de falacias en el razonamiento porque este debate es empírico, pero es que no sé si intencionalmente, pero las cometéis de todas formas las falacias.

  34. Eduardo says

    Aníbal, si realmente no sabes que para suponer que un rasgo es heredable, no son necesarias evidencias genéticas directas (saber qué genes están implicados) quizás deberías tomar antes un curso de genética conductual y de historia de la biología.

  35. Y el comentario de Frost es de otro tipo de falacia: ad ignorantiam.

    Aunque ahora no se sabe, no quiere decir no se vaya a saber en un futuro.

    Puestos a utilizar la falacia de la petición de principio y la falacia ad ignorantiam, dame un poco de tiempo y te puedo probar la existencia de unicornios.

  36. Y tu último comentario: ad hominem, jejejejeje.

    Cuando no hay datos, ni evidencias; falacias, ¿verdad?

    Bueno, seamos caballeros en el uso de la razón y de las palabras, porque no voy a decirte nada que ataque a tu persona sino a lo que dices.

  37. Eduardo says

    No es un argumento «ad hominem» señalarle a un interlocutor que se informe mejor. Si realmente crees que se necesitan conocer los genes de un rasgo de coducta antes de saber si es heredable, realmente necesitas más información sobre este campo.

    Y eres tú el que comente la falacia «ad ignorantiam». Lo que dice Frost es que los argumentos científicos no se pueden rechazar simplemente porque ignoremos todas las evidencias que los corroboren, y pone un ejemplo muy concreto.

  38. No me tengo que informar mejor.

    Mis palabras están aquí registradas para la posteridad y para que cualquier arqueólogo digital escarbe e interprete lo que he dicho y lo que has dicho tú: ¿Realmente crees que un solo gen y su variación entre poblaciones humanas (sí es que esto es demostrable) está detrás de la conducta social sin que haya otros factores medioambientales (sociales, políticos, económicos…)que expliquen esa conducta y a una escala mayor la organización social?

  39. Eduardo says

    No, no creo que «un solo gen» explique eso, y además ya lo he explicado en la discusión.

  40. Eduardo says

    Aníbal, la verdad, tengo la impresión de que a veces escribes sin leer lo que he escrito antes. De lo contrario no entiendo tu última pregunta.

  41. Está es mi última intervención en el debate que por no ser por los últimos intercambios hubiera resultado ser intelectualmente recompensante aunque no se haya podido llegar a ningún acuerdo.

    Creo que somos ejemplo de otra guerra cultural: la guerra de los argumentos donde por seguir defendiendo una convicción se es capaz de argumentar cualquier cosa. Esto no es ciencia esto es clase de pensamiento crítico.

    En relación a esto último dejo este sketch de los Monty Python sobre la clínica de los argumentos (Muy gracioso): http://www.youtube.com/watch?v=kQFKtI6gn9Y

    Por recapitular el debate dejo este artículo en el que se muestra como el propio Nicholas Wade rehusa debatir lo que aquí también se ha rehusado debatir: qué genes están detrás de las supuestas diferencias, que se digan.

    Sino es así lo que se pueda decir es especulación: http://www.huffingtonpost.com/agustin-fuentes/a-troublesome-response-ni_b_5419505.html

    Un saludo a tod@s!

  42. Eduardo says

    Ese artículo de Fuentes que enlazas reprocha a Wade un montón de cosas, pero no que rehuse debatir «qué genes están detrás de las supuestas diferencias». Hace otros reproches, quizás más graves y substantivos, pero no ese. Por lo menos podríamos ponernos de acuerdo en aceptar que la heredabilidad de un rasgo no depende de conocer los correlatos genéticos. Eso es algo que se puede saber antes, y no hace falta tomar partido en «guerras culturales» ni apelar al «pensamiento crítico».

  43. Eduardo says

    Evidencias genéticas sobre diferencias poblacionales en capacidad intelectual.

    «We must therefore pool data from many genes to understand the evolution of complex traits like intelligence. This is what Davide Piffer (2013) has done in a recent study. He began with seven genes (SNPs) whose different alleles are associated with differences in intellectual capacity, as measured by PISA or IQ tests. Then, for fifty human populations, he looked up the prevalences of the alleles that seem to increase intellectual capacity. Finally, for each population, he calculated their average prevalence at all seven genes.

    The average prevalence was 39% among East Asians, 36% among Europeans, 32% among Amerindians, 24% among Melanesians and Papuan-New Guineans, and 16% among sub-Saharan Africans. The lowest scores were among San Bushmen (6%) and Mbuti Pygmies (5%). A related finding is that all but one of the alleles seem to be derived. In other words, they are specific to humans and not shared with ancestral primates.»

    http://evoandproud.blogspot.co.nz/2014/03/population-differences-in-intellectual.html

  44. Vamos a ver Eduardo (e incluso Ian) cometéis una petición de principio.

    Aníbal, lo que quiero decir (y perdona por haber sido «elíptico») es que los humanos somos muy malos en el razonamiento probabilístico. No me refiero a la teoría de probabilidades, sino a razonar teniendo en cuenta el peso de las evidencias, asignando probabilidades temporales a las alternativas y reevaluando esas probabilidades a medida que surgen nuevos datos.

    No sólo es complicado mentalmente lidiar con este tipo de modelos (requiere buena memoria de trabajo, es decir, mucha «inteligencia fluida») sino que, además, incluso gente muy inteligente suele contaminar el peso asignado a cada variante hipotética con el muy humano y natural proceso de aplicar heurísticas para podar ramas. Si las conclusiones a las que creo que me va a llevar una hipótesis me resultan desagradables, podo ese camino… y en la mayoría de los casos, termino olvidándome de él. Es muy humano. Pero así no se puede hacer Ciencia.

    En el caso del darwinismo original, y en este caso, la situación es de este tipo. Hay rechazo a un montón de ideas, a pesar de la evidencia, por las implicaciones que la gente «cree» (correcta o incorrectamente) que tienen. Para empezar, está la negación de la utilidad del IQ como herramienta de medida. ¿Qué opinas, por ejemplo, sobre la psicometría moderna?

  45. Eduardo says

    Cada vez tengo más dudas sobre esa idea recurrente de que la «ciencia» y la «racionalidad» pueden librarse de la ideología, o que pensar sin ideología es algo así como una forma de pensar superior. No me pidáis muchas explicaciones, no tengo una crítica ni una comprensión bien articulada de esto, es más una especie de intuición.

  46. Donde sin embargo me parece que más estrago está ocasionando esa forma de pensamiento «débil» es en el terreno de las ciencias sociales y lo jurídico en los que, sin aparente oposición, se está consolidando la idea de que la percepción subjetiva de uno de los sexos constituye la mejor y más cabal interpretación de los hechos sociales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *