Tercera Cultura
comentarios 3

La responsabilidad personal: caso práctico

autora: Teresa Giménez Barbat en http://mujer-pez.blogspot.com

Teresa Giménez Barbat Hace unos días paseaba con un amigo con quien comparto algunas de mis inquietudes favoritas. Igual que yo había leído el artículo «El cerebro a juicio» de David Eagleman que Arcadi Espada había mandado traducir a la estupenda Verónica Puertollano y que también habíamos colgado en Tercera Cultura. Mi amigo es tan tajante como Espada sobre la influencia en el comportamiento de la genética y la biología en general, y está de acuerdo plenamente con esta frase de su post: «El principal reto del futuro será vivir en un mundo donde la responsabilidad personal se habrá diluido».

Yo también estoy convencida de que los nuevos avances en neurociencias harán que muchas disciplinas modifiquen sus planeteamientos de manera progresiva. Pero dudo de que sea posible una sociedad donde la responsabilidad personal o la culpa dejen de tener un papel destacado. Si la conducta está determinada, las reacciones ante la conducta, también. La necesidad de reparación, de justicia, de que quien vulnere las normas sea sancionado es tan fuerte como el impulso irresistible a saltárselas de un sujeto concreto.

Se me ocurrió contarle un caso que me fascinaba. Hace un tiempo, una mujer a quien conocía sólo superficialmente, sabiendo mi interés por ciertos temas, tuvo la confianza de participarme de algo muy privado. Por problemas médicos que serían largos de explicar, dejó de producir las hormonas típicamente femeninas, estrógenos y progesterona. Y, aparentemente, los andrógenos adquieron un protagonismo inusitado. Poco a poco y ante su sorpresa (según ella, había sido más bien «sosa») su libido empezó a ser más potente. Hacía 20 años que vivía en un fiel y feliz matrimonio y se encontró en una aventura extraconyugal.

Le pregunté a mi amigo que qué haría él en este caso. Y fue implacable: jamás perdonaría a su mujer una infidelidad. Se separaría de ella sin dudarlo. Le recordé las circunstancias hormonales del caso en cuestión y su posible influencia en la decisión de la señora. Por la cara que puso, vi que le harían falta informes médicos muy contundentes para valorar siquiera un pretexto como éste.

Arcadi Espada también dice en el post que «hasta ahora la ciencia es capaz de señalar el origen biológico de las desviaciones exageradas. Pero la cuestión no es que las desviaciones comunes no lo tengan» y mi amigo suscribe esta aseveración de forma muy sincera. Mi amiga alborotada es muy probablemente uno de estos casos de «desviación común». Pero lo que no sea válido en el dormitorio de casa, ¿cómo va a serlo a escala social? No puede construirse en serio la casa por el tejado.

Podría ser que con el tema del determinismo en la conducta suceda como con la física cuántica, la del microcosmos. Todos sabemos que la materia en realidad no es sólida. Lo que ocurre es que no sólo no lo tenemos en cuenta en la vida real, la del macrocosmos. Es que sería muy peligroso si lo hiciéramos. La de batacazos que nos daríamos. Por este motivo, nosotros y nuestros televisores de plasma vivimos en mundos agradablemente paralelos.

Pero el conocimiento de nuestro cerebro y de nuestra biología es asombroso. Veremos en el futuro de qué manera nos cambiará la vida.

3 Comentarios

  1. Estoy de acuerdo con el artículo. Me parece un tema muy interesante y como ya comenté en el artículo de Eagleman, creo que la clave la propone Arcadi Espada en su blog al titular: la responsabilidad será una convención.
    Yo creo que el determinismo cosmólogico tendrá que ser tenido en cuenta.
    Dejo mi opinión más detallada en mi blog.
    Saludos

  2. Nestor Mayer says

    Como dice Pinker en su libro La Tabla Rasa (pag.262): «La verdadera forma de perder el tiempo es el miedo al determinismo» Coincido con la articulista en que «..dudo de que sea posible una sociedad donde la responsabilidad personal o la culpa dejen de tener un papel destacado» y en cuanto a la amiga alborotada, que nos pase la receta.

  3. Mikel says

    Simplifiquemos, ya que una mujer por naturaleza huele a pescado y un hombre peor que un borrico; pues para que preocuparse de la cortesía del baño diario, el desodorante y el perfumito para vivir armoniosamente con la vecina de al lado. No puedo imaginar la ranciedad de una oficina provocada por no tener esta mínima cortesía con los demás. Es la derrota de la mente por el cuerpo. Pues hay que darle al cuerpo lo que pida sin restricciones ni medidas. No hay peor mentira que la que se apoya en el conocimiento científico. ¿Para qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo? Esta bien que haya atenuantes para ciertas conductas pero eso no justifica ni da derecho al maltrato del vecino de al lado. Cada uno es responsable del cachito de armonía con la que queremos vivir en sociedad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *