Divulgación Científica, Tercera Cultura
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La aparente contradicción entre madres y cazadores (o guerreros)

Metode

Dentro de un monográfico publicado por la revista Mètode sobre la «naturaleza humana», Paula Casal (vicepresidenta del proyecto Gran Simio) critica lo que llama «reduccionismo tradicional masculino y centrado en la guerra». Este relato tradicional, que ejemplificaría el cinematográfico «femurazo» con el que se abre paso la banda de homínidos victoriosa en las primeras escenas de 2001. Una odisea en el espacio, debe compensarse en opinión de Casal con el reconocimiento del papel de las madres en el proceso de la «humanización». Cualquiera de los procesos en los que nos fijemos, conducta protomoral, protolingüística, prototecnológica, desde la educación de los sentimientos morales hasta la reforma de la dieta, todos reivindican un papel central para las madres. Según este «punto de vista materno» de la evolución, la conducta protomoral de los homínidos no depende esencialmente de la guerra, sino del cuidado infantil y de la transmisión materna de la cultura y la empatía: «El garrotazo es la barbarie, la empatía es la civilización» (Rifkin arriesga aún más al afirmar que la empatía es también «el alma de la democracia»). El amor al bebé, no la guerra, hizo a la civilización:

Al parecer -por los datos genómicos y fósiles-, en los orígenes de nuestra especie éramos poquísimos. No teníamos gran necesidad de enfracasrnos en una guerra fratricida que, siendo tan pocos, podría haber sido nuestro fin. Sin embargo, se piensa que, al menos entre los machos, había altos niveles de agresividad. Luego nos fuimos tranquilizando, nos hicimos menos brutos, menos polígamos, disminuyó nuestro dimorfismo sexual, aumentó el cerebro y el papel del padre y nos hicimos más «humanos». Es probable que, en lugar de un sólo factor, varios factores coevolucionasen, quizás estando todos ellos relacionados con un mismo reto: cómo sacar adelante a los bebes.

Necesitamos generar, según Casal, una nueva imagen del proceso humanizador que no sea «beliocéntrica».

La que tenemos ahora es una extensión tradicional de la historia como sucesión de glorias bélicas y masculinas. La que deberíamos tener presta más atención a modestas tareas cotidianas como cuidar a quien lo necesite, preparar comidas seguras y nutritivas y enseñar motherese.

Es posible, como argumenta Casal, que la ciencia haya prestado una atención insuficiente al papel de las madres en la evolución humana, aunque no necesariamente hay una contradicción «hegeliana» entre madres y cazadores (recordemos que de acuerdo con Hegel las madres son «enemigas del estado», ya que no desean que sus hijos mueran en la guerra).

En sentido contrario, según un trabajo de Ella Psouni, de la universidad de Lund, en Suecia, existiría una fuerte conexión entre la dieta de los cazadores y el amamantamiento. Como explicamos también en Tercera Cultura: “Nuestro precoz destete se deba a que los sapiens son carnívoros cazadores capaces de aportar una dieta más energética, a diferencia de gorilas, chimpancés u orangutanes, que son omnívoros o herbívoros

La guerra fratricida, de hecho, podría haber influido realmente en la evolución humana, como muestra Sam Bowles. Y ya entrando en los tiempos históricos, de acuerdo con el razonamiento de Ian Morris, la llamada “guerra productiva” de los milenios recientes nos habría vuelto paradójicamente más pacíficos “permitiendo la creación de estados más centralizados, mejor organizados, más pacíficos y más prósperos.

Incluso la biología de la agresividad y la guerra está fuertemente entrelazada con el lado más cooperativo del ser humano: los mismos mecanismos físicos que aparentemente apoyan la imagen más dulce de nuestra evolución, como el papel que desempeña la oxitocina en la empatía social, ahora sabemos que también podrían estar involucrados en la cohesión de las coaliciones agresivas. Dicho de otro modo, la misma hormona que sirve para estrechar los lazos entre la madre y sus hijos, sirve para formar coaliciones agresivas entre machos que acaban dando «femurazos» a los extraños.

Es posible que recordar el papel de la guerra sea desagradable, e incluso “políticamente incorrecto”, como recuerda Victor Davis Hanson, pero a fin de cuentas los aspectos más amorosos del ser humano no necesariamente están en contradicción con otros más oscuros y difíciles de encajar con la mentalidad moderna.

Esta es una versión aumentada y revisada del post El papel de las madres en la evolución humana.

 

Referencia: Casal, Paula (2010). «La humanización no es solo cosa de hombres. El papel de las madres en la evolución humana». En: Sevilla,Sergio (coord.) Naturaleza humana. En la senda filosòfica del hombreMètode, 67: 84-90. Disponible en: http://www.metode.cat/es/revistas/monografics/naturaleza-humana/la-humanitzacio-no-es-sols-cosa-dhomes

1 Comentario

  1. un homo sapiens says

    Al parecer somos bastante plásticos y nos amoldamos a cualquier escenario. Incluso si la longitud de nuestros intestinos o el tipo de molares indica que nuestros antepasados tuvieron una dieta X luego ha sido posible sobrevivir con dietas Y o Z dependiendo del lugar donde crezca la civilización. Luego el tema del internet y demás historias. Importa tanto de dónde venimos para adivinar hacia dónde vamos? El belicismo del pasado no ha de condicionar nuestras aspiraciones democráticas. Aunque nos guste la violencia sabemos que los golpes duelen y que nuestros hijos tienen más posibilidades de sobrevivir en un mundo sin guerras. Más mujeres al poder (pero de las buenas).

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