Divulgación Científica, Psicología evolucionista, Tercera Cultura
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Jóvenes y sobrados

Un vendaval de juventud azota la vida política española. Estamos frustrados y furiosos y queremos que algo no cambie para que todo cambie. Y lo que queremos que no cambie son las viejas esperanzas. Ellas son la panacea para curarnos de los males que nos ha traído la crisis. ¿Y quién mejor que un treintañero para traer la buena nueva? Los candidatos de la mayoría de los partidos han querido participar de esa corriente vertiginosa. Son todos atractivos y el más añoso no sobrepasa demasiado la cuarentena. Partidos nuevos como Podemos suben la apuesta añadiendo pelo. Quizá como resultado de siglos de cristalización de un modelo inveterado, o quizá como forma que adopta algo más profundo, alguna cosa tienen las melenas masculinas más la edad de Jesucristo para suscitar grandes ilusiones. Sólo hay que repasar el Arte, la Religión o la Historia.

En este momento político la oferta y la demanda se adaptan exquisitamente como el tornillo a la rosca. Las personas somos maquinarias de buscar atajos. De ahí el éxito de la lotería o del vendedor de crecepelo. Economizar esfuerzo es economizar calorías y eso fue bueno en la lucha por la supervivencia. Deseamos creer a quien nos ofrece una solución rápida e intelectualmente sin complicaciones a nuestras cuitas. Por un lado, tenemos a un votante que, igual que ante la enfermedad crónica o de diagnóstico ambiguo buscaría soluciones en lo alternativo, utiliza el mismo razonamiento (o falta de) con individuos aparentemente más alejados del sistema y por ello, barrunta, poseedores de algún poder taumatúrgico. Por otro, a un perfil determinado de político que vuelve a estar de moda gracias a las tertulias televisivas seguidas masivamente: el intelectual extremista bendecido por una santa indignación.

Analicemos este último. Satoshi Kanazawa en su libro “The Intelligence Paradox” nos asegura que los “progres” suelen ser más inteligentes que los conservadores. De entrada, eso puede ser sorprendente. Les hemos conocido con ropajes joseantonianos, comunistas, trotskistas, maoístas, castristas y ahora chavistas. Defendiendo las mentiras de los soviets o negando la hambruna en China. Simpatizando con el régimen comunista cubano o bailándole el agua a los gorilas bananeros. Si son tan inteligentes, ¿cómo han podido defender las mayores falsedades por no decir iniquidades de la Historia? Hace 40 años, las noticias no fluían con la misma rapidez que hoy en día. Pero, ¿con la facilidad de comunicación actual?

No importa, dice Kanawaza. Lo que llamamos “sentido común” pertenece a los aspectos evolutivos familiares y relevantes de nuestra vida social ancestral, no a los aspectos evolutivamente recientes. Por ese motivo, su teoría de la Paradoja de la Inteligencia se atreve a predecir que la gente más inteligente podría ser la más inútil para ciertos aspectos nuevos de la vida. Y eso es sólo una parte. Va otra cuestión inseparable en el lote. Lo que Amotz Zahavi llamó una vez el Principio del Handicap. Los animales acarrean a veces rasgos físicos o de comportamiento que no les son nada beneficiosos de por sí, pero que les resultan de gran valor reproductivo. La cola del pavo Real, por ejemplo. Con ella el animal publicita lo siguiente: “casi no puedo moverme con esta cola y ofrezco con eso una ventaja “voluntaria” a los depredadores. Si yo no fuera un tipo excepcional no podría lucirla”. En lenguaje cañí se le podría denominar a ese comportamiento “sobradismo”. Muy oportuno porque no hay que olvidar que estos profesores universitarios se encuentran en una dinámica de ver quien la dice más gorda en la línea de lo que a un alumno recién salido de la adolescencia le gusta escuchar. Y es justamente este torneo el que va a tener lugar ante los ojos de hornadas anuales de jóvenes universitarias en su mejor momento reproductivo. ¡Y encima son funcionarios! Coste rayano a cero asegurado.

Así que tenemos un perfil que no acierta una ni en sus predicciones ni en sus apuestas pero que consigue medrar con gran éxito en determinado ambiente. Y que se encuentra ahora, gracias a los medios de comunicación y sus programas prime time, en una situación privilegiada para que el votante milagrero que anda buscando un alivio para los flagelos de la crisis se vuelva hacia ellos como en los tiempos de los profetas. Vamos a ver cuánto tiempo dura ese efecto.

Publicado en Revista Leer.

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