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John Searle: “Sabemos que el cerebro produce conciencia, pero no sabemos cómo”

Ya me habían avisado de que John Searle era un tipo extraordinariamente simpático, accesible y nada pedante. Pero así y todo cuesta creer que el joven octogenario con la gorra de visera y vaquero negro – tan caído por detrás que preocupa llegar a ver la marca de su ropa interior cual skater- es uno de los filósofos más reconocidos y laureados del mundo.

Captura de pantalla 2015-09-26 a las 13.37.35John Rogers Searle es oriundo de Denver, Colorado, donde nació en 1932. Estudió en Oxford gracias a una beca Rhodes y es muy conocido por ser el autor de un experimento teórico llamado “la habitación china”, que tenía como objetivo mostrar la imposibilidad de una inteligencia artificial que pueda compararse con la humana. Es profesor de filosofía en la Universidad de California, Berkeley, y en el 2013 fue designado para ocupar la Cátedra Alberto Magno en la Universidad de Colonia, donde han profesado  filósofos insignes. Sus contribuciones más importantes abarcan aspectos de la teoría del conocimiento que van desde la percepción al lenguaje y la realidad social, pasando por la filosofía de la mente y la de la consciencia.

Entre sus numerosos premios figura el Jean Nicod y es miembro de la academia Europea de Ciencias y Artes. En la Cátedra Ferrater Mora de la Universidad de Gerona imparte el seminario “The Human Reality and the Basic Reality: Mind, Experience, Language, and Society”, durante una semana de primavera. Le entrevisto, a media tarde, en el mismo lugar donde conversé con Daniel Dennett, el invitado anterior. Viene de un estupendo paseo y está, al parecer, del mejor de los humores. Riguroso y erudito en su trabajo, suele quitarse importancia en lo personal como vamos a ver.  Pero, eso sí, va a dejar bien claro que sus predicciones como filósofo se van cumpliendo en toda su extensión.

P. ¿Es usted un neurofilósofo o simplemente un filosofo?

R. Me considero un filósofo. No sé muy bien qué significa toda esa moda de llamarse “neurofilósofo”. Yo soy simplemente un filósofo.

P. ¿Es la consciencia, como dijo usted una vez, una propiedad física del cuerpo como la digestión o el sueño?

R. Exactamente. Es un proceso biológico normal. Lo que ocurre es que usas la palabra “físico” y la gente piensa que niegas la existencia de la consciencia. Yo no la niego, pero insisto en que es resultado de procesos físicos igual que ocurre con la digestión o el dormir.

P. ¿Cuál es la diferencia entre los modos operativos del cerebro y la mente?

R. La mente es una función del cerebro. Lo que llamamos mente son todas las capacidades, no solo la consciencia, sino la memoria, la atención, lo inconsciente, los procesos evocativos, deliberativos etc. Todo lo que hace la mente se explica por las operaciones del cerebro. Pero aún no sabemos cómo elabora eso el cerebro.

P. ¿Tenemos libre albedrío? ¿Hay alguien al mando?

R. No sabemos si tenemos libre albedrío. Si lo tuviéramos querría decir que hemos llegado a discernir todos los procesos causales y los engranajes operativos que el cerebro monta para ir generando tareas y decisiones abiertas. Y si no lo tuviéramos querría decir que hemos llegado a atrapar el conocimiento preciso y detallado que hace que todas esas rutinas aparezcan de manera absolutamente independiente de nuestros procesos conscientes.

A pesar de esa ignorancia radical de partida hemos de  presuponer que tenemos amplios márgenes de libertad para pensar, actuar y responder de nuestras decisiones.

Cuando usted me plantea una pregunta yo he de suponer que tengo libertad para responderle de una manera u otra.

Tenemos una extraordinaria capacidad para elegir, para enfrentarnos a decisiones no constreñidas en una situación determinada. Así que, primero, no estamos seguros de si tenemos o no libre albedrío. Pero lo importante para esta discusión es que no podemos evitar seguir considerándonos responsables de nuestros actos.

P. Daniel Dennett dijo unas semanas atrás que el concepto correcto para libre albedrío sería el de “competencia moral”. ¿Le parece adecuado?

R. Nooo, ¡es muy confuso eso! El libre albedrío no tiene nada que ver con la moralidad. Elegir en un restaurante si quieres cerdo o ternera no tiene nada que ver con la moral.

Una gran parte de las  decisiones que tomamos son ajenas a la moral.

P. Entonces, ¿somos libres y moralmente responsables?

R. Asumimos que somos moralmente responsables. Mucha gente piensa que por nuestro libre albedrío. No estoy seguro de si eso es así. Pero no cabe duda de que podemos asignar responsabilidad por las acciones de cada cual. No hay duda alguna sobre esto.

P. ¿Qué significa el lenguaje para un ser humano?

R. Los lenguajes son una forma especial de adaptación de la intencionalidad humana, de nuestras capacidades para la interacción comunicativa. El lenguaje humano es una extensión maravillosa de los atributos biológicos de base que median la conciencia y la intencionalidad.

P. ¿Sigue convencido de que la realidad humana es fundamentalmente una construcción social?

R. Sí. Pero hay distintos tipos de construcciones sociales.

El dinero, la propiedad privada, los gobiernos, el matrimonio…Todo esto son construcciones sociales elaboradas por conciencias humanas en sincronía cooperativa.  

Hay muchos otros fenómenos categorizables, en el escenario compartido, que no son construcciones sociales. Las enfermedades que se extienden por la población, como las grandes epidemias históricas… son rudos hechos de la naturaleza. Hay que distinguir ambas formas de construcción…

(Interrumpo)

P. Justamente Daniel Dennett hace unos días mencionaba la distinción de Wilfried Sellars sobre la Imagen Científica y la Imagen Manifiesta del mundo, que se parecen…

R. No, no es lo mismo. Y no me interesa mucho Sellars, de todas formas.

P. ¿Sigue convencido de que la consciencia no es comunicable, que las experiencias humanas no pueden transmitirse?

R. Nos comunicamos a menudo unos con otros, así que no entiendo bien la pregunta. Se es comunicable todo el tiempo. Si quiere saber si estoy consciente se lo puedo comunicar: sí, estoy consciente. Solo hace falta preguntar.

Otra cosa es el traslado genuino de mi vivencia consciente.

P. ¿Hay una realidad ahí fuera?

R. Claro. Rotundamente sí.

P. Quiero decir, ¿caen los árboles cuando nadie los ve?

R. Ah, eso son dos preguntas distintas. Hay una realidad que existe independientemente de nuestra representación. Tenemos algo de continuidad consciente pero cuando el cuerpo muere, no. Casi seguro que no. Lo siento. Cuando el cuerpo se va, tú te vas. Desapareces tú y tu película.  

P. Pero la realidad continua..

R. ¡A la realidad le importamos un pito! La realidad existía antes de que naciéramos y existirá después de que hayamos desaparecido. La porción de la realidad que le es accesible a un humano es muy pequeña. Vivimos en un pequeño planeta, en un pequeño sistema solar, en una galaxia que forma parte de otros millones de galaxias.  

¡Quien sabe cómo es el resto del universo! Vivimos en un minúsculo rinconcito y conocemos una minúscula porción…

P. De acuerdo, es cierto. Pero tenemos hijos a quienes dejaremos …

R. Sí, es maravilloso que tengamos hijos, y que de alguna forma sigamos. Pero eso no va a ser para siempre.

P. ¿Sigue pensando que solucionó el viejo problema filosófico de la relación entre mente y cerebro con sus 4 Tesis?

R. Sí, totalmente. Creo que lo solventé del todo. Y se lo diré en pocas palabras: la consciencia es real, está causada por el cerebro, existe en el trabajo de sistemas cerebrales y funciona causalmente en el mundo.

P. La solución neural a ese problema ¿está hoy más cerca?

R. ¿La solución neural al problema de la consciencia?  No.

Estamos muy lejos. No sabemos cómo se lo monta el cerebro para conseguirlo.  Sabemos que el cerebro produce consciencia pero no sabemos cómo. Estamos más cerca de solventarlo de lo que estábamos 20 años atrás, pero aún no tenemos la solución.

P. ¿En qué cosas ha cambiado su opinión con el paso de los años?

R. En muchos temas. Pero en este tema particular creo que es más difícil de lo que suponíamos el desentrañar  cómo el cerebro crea la consciencia. Una manera de progresar sería intentar atrapar el proceso por el que se gestan vivencias muy específicas. Resolver los sistemas neurales que hacen posible las vivencias singulares. Por ejemplo, la experiencia del rojo, deslindar el “qualia” primordial. Pero ocurre que experimentamos la percepción de la rojez en un campo unificado de conciencia. No de manera aislada. Y en eso se han producido avances, pero está resultando más difícil de lo que augurábamos.

Sabemos detectar y medir qué pasa, pero no sabemos cómo.

P. ¿Qué sería el hardware y qué el software en el cerebro humano?

R. No creo que la distinción entre hardware y software sea útil para hablar del cerebro. Lo mismo que no lo sería para hablar del estómago. ¡El cerebro es un órgano! No es un ordenador, ¡es un órgano!, ¡una glándula! Y, como el estómago, funciona con unas propiedades bioquímicas muy particulares. No hay una distinción software/ hardware.

Es un error pensar que el cerebro es un tipo de ordenador.

P. ¿Entonces nuestro cerebro no es como un ordenador?

R. No, ¡para nada!. El cerebro es un órgano con rasgos y propiedades intrínsecas. El pensamiento humano es distinto a los procesos computacionales digitales. Las  únicas cosas intrínsecas en un ordenador son los circuitos electrónicos y encontramos maneras de unir, en ellos, computación con interpretación. En un ordenador todo es relativo y se refiere a un observador, cosa que no se da en las máquinas biológicas. La computación matemática es un proceso mental abstracto que encontramos maneras de implementar en una máquina diseñada para ello. Pero es un error pensar en el cerebro como un ordenador. ¡Es un órgano! No es más parecido a un ordenador que un corazón o un estómago.

P. ¿Así que no habrá ordenadores que piensen como los humanos?

R. ¡No! La única manera que tendría un ordenador de pensar sería que fuera consciente. Y no sabemos hacer ordenadores conscientes. No tenemos ni idea de cómo hacerlo porque nosotros no hemos creado nuestra propia conciencia. Así que la idea de hacer ordenadores conscientes es una tontería.

P. ¿Qué hace cuando no está pensando sobre la relación mente cerebro?

R. ¿Qué hago? ¡Tomarme otra cerveza!

P. Pues cuénteme cuáles son sus mentes favoritas.

R. La de mi esposa, sin duda. Esa es la mayor. Y mis hijos tienen mentes magníficas. Y mi perrito, Tusky, que tiene una mente muy interesante. Y mis nietos…

P. Bien, pues vayamos a la Historia. Piense en otras mentes interesantes que hayan existido…

R. ¡Pues mis padres tenían mentes interesantes! ¡Mis 4 abuelos! Todos tenían mentes fascinantes.

P. De acuerdo, de acuerdo. Dejemos las otras mentes y vayamos a las consecuencias de estas reflexiones. ¿Cree que un conocimiento detallado del asunto mente-cerebro podría hacernos mejores?

R. ¡Claro que podría! En muchos sentidos. Si se supiera cómo funciona la mente se podrían curar muchas enfermedades mentales. Hay muchas enfermedades mentales, como la depresión grave y crónica, por ejemplo.

Todo eso son procesos biológicos. Si pudiéramos entender esos procesos en detalle podríamos mejorar la memoria. Mi memoria por ejemplo, que olvido muchas cosas. (Risas)

P. ¿Recordará sin embargo en qué sentido era mejor o era peor el mundo que conoció de joven?

R. ¡Era mejor! Había menos estupidez por culpa de la  televisión, había menos anuncios, menos Internet, Facebook y todo eso. Era mejor porque tenía menos tonterías y ahora es peor porque tiene todo eso. (Ríe)

Pero en algunos sentidos es mejor, porque ahora puedo escribir mis libros más fácilmente que como lo hacía antes. Los ordenadores, por ejemplo. El tiempo presente es una maravilla por cosas como estas. Así que mejor en ese sentido facilitador y peor en pasarnos el tiempo delante de una pantalla. Mis alumnos pasan demasiadas horas ante la pantalla del ordenador, ¡y no sé qué les hace eso a sus cerebros! (Ríe)

P. ¿Debería un político saber como funciona la mente?

R. Los políticos deberían saber mucho más en general y no es así. Sobre enfermedades, sobre educación, sobre economía… Pero sí, sería una buena idea que los políticos supieran un poco mas sobre cómo funciona la mente. Pero, atención porque ¡a veces ni siquiera saben de economía!

P. ¿Dígame para qué sirve la filosofía hoy en día?

R. Depende de en qué filósofo pensemos. Pero en mi caso creo que el filósofo, su valor principal, es solucionar los problemas del conocimiento. Si no estás interesado por los problemas filosóficos, bien, quizás no eres siquiera un humano porque los problemas filosóficos están en todas partes. ¿Cómo nos comunicamos? ¿Cuál es la naturaleza de nuestras mentes? ¿Cómo nos relacionamos con la realidad cuando tenemos una tecnología que no teníamos antes? Todo esto son problemas filosóficos. No puedes evitar filosofar y es una buena idea tener a alguien inteligente capaz de hacerlo.

P. ¿Qué le debe a  Wittgenstein?

R. Ahh! (se alborota) Dio una cierta visión de la filosofía que es errónea. Una de las cosas que le debo a Wittgenstein es (y pone voz bélica) el desafío, el deseo de refutarlo.  Dijo que no había una teoría del lenguaje, ¡pues yo tengo una teoría del lenguaje!.  

Lo que me dio fue ganas de combatirlo, toda mi vida me he centrado en ello. Me ha dado fuerza, combatividad. Él fue, aparentemente, el filósofo mas grande de los últimos cien años y yo le he desafiado sin amilanarme. (Ríe)

P. ¿Cuál es su actual campo de interés?

R. Oh, muchos. La sociedad, el lenguaje, la mente; asuntos filosóficos en general. He terminado un libro sobre percepción, y ahora trabajo en cuestiones relativas al  lenguaje o en otros asuntos filosóficos. Muchas áreas de interés.

P. Una pregunta más social. ¿Hacia dónde querría que evolucionase nuestra sociedad?

R. Yo quiero una sociedad que se dirija a una mayor justicia, mayor prosperidad, mejor salud y ¡menos hacerse viejo! Quiero que se encuentren maneras de detener el envejecimiento.

P. ¿Ah, sí? ¿Está interesado en el transhumanismo y esas cosas?

R. Yo estoy interesado en cualquier teoría o avance científico que nos haga capaces de tener un mejor conocimiento y dominio de la vida y sus procesos. Y me interesa, por supuesto, lo que retrase el hacerse viejo.

P. Volviendo a lo social…¿Le preocupa el auge de los viejos nacionalismos y del secesionismo en los países europeos democráticos?

R. Creo que vivimos mejor que en los últimos siglos. Los europeos se hicieron la guerra, sin descanso, los unos a los otros. Piense que hace 100 años tuvimos la primera guerra mundial. Y luego una segunda. Vivimos ahora un tremendo avance. Por fin estamos en un tiempo en que los europeos han dejado de matarse entre ellos y ya no tienen que venir los americanos a rescatarlos. Creo que estamos más seguros ahora de lo que nunca estuvimos. Aún tenemos a islamistas queriendo matarnos. Aunque creo que es un error pensar que esos musulmanes fanáticos representan la fe musulmana en general…

Así que  es un enorme avance. No hay guerras mundiales, ni siquiera hay grandes guerras de religión. Hay una tremenda inestabilidad en Oriente Próximo donde hay quien se propone algo tan estúpido como un nuevo Califato. Pero la gente en Europa o los EEUU están más seguros de lo que nunca estuvieron en siglos. Es una época muy segura…  

P. ¿Pero por qué la gente juega con riesgos como el secesionismo o la independencia en el solar europeo?

R. Es un lujo.

P. ¿Un lujo?

R. Sí. Si la gente estuviera preocupada por un bombardeo atómico no se ocuparía en pensar en una Cataluña separada. De hecho, podemos permitirnos estos lujos (y dice con una voz grandilocuente y teatral):  “Cataluña será un estado independiente”, “El País Vasco será un estado independiente”, “Escocia será un estado independiente”….  

Todo eso son lujos. Sólo quienes saben a ciencia cierta que su vida no va a estar en peligro pueden preocuparse por ese tipo de cosas. La gente que no teme por su próxima comida o la que sabe que no va a morir por la Peste Negra puede interesarse por el separatismo.

Así pues, el separatismo es un asunto muy superficial y liviano para la mayoría de nosotros. Los europeos habéis descubierto algo: no hay necesidad de guerra. (Vuelve a poner la voz grandilocuente):¡Tenéis el futbol para defender el honor y la gloria nacional! ¡Tenéis el Barça, que os permitirá alcanzar la gloria, el triunfo! Ah, adoro todas esas chorradas!  Porque las insensateces bélicas no son nada inofensivas, pero las tonterías del futbol no le hacen daño a nadie. Hay gente que se emborracha, incluso alguno resulta muerto, muy de vez en cuando, pero no es una gran catástrofe.

En resumen, el mundo es mucho más confortable y la gente aposentada se distrae con el separatismo o el futbol y ya no está motivada por matar judíos o dominar el mundo. Los europeos tenían la costumbre de matarse y de conquistar territorios pero ahora ya no. Los islamistas radicales sí quieren matar gente en Europa, pero de momento sólo se han cargado a unos pocos.

P. Bueno, para despedirnos, ¿tiene planes de que le inviten al que han premiado estos días como el mejor restaurante del mundo, en esta ciudad, en Gerona…o  prefiere los lugares de comidas frugales y familiares?

R. No, no; de eso nada. Quiero ir al mejor restaurante del mundo. ¿Cómo se llama?

P. El Celler de can Roca. Está cerca.

R. ¡Pues vamos!

NOTA. Esta entrevista fue editada y publicada en Letras Libres. Aquí reproducimos la versión integra, sin cortes.

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