Tercera Cultura
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Insecto con engranaje

Hasta ahora, si veíamos un engranaje teníamos que pensar que era un producto artificial fabricado por el ser humano; sin embargo el asunto acaba de cambiar. Investigadores de la Universidad de Cambridge se llevaron una sorpresa con un insecto muy común en toda Europa, que vive en las hiedras trepadoras, y cuyo nombre científico es «Issus coleoptratus».Insecto con engranajeSu aspecto es el de un pequeño saltamontes. La longitud de sus ninfas –el animal joven– es de unos 2,5 mm y es capaz de dar un salto de un metro de longitud. Un metro es cuatrocientas veces la longitud de su cuerpo. Siendo esto sorprendente, todavía lo es más la aceleración que llega a alcanzar: 400 g –g es la aceleración de la de la gravedad terrestre–. Recordemos que lo máximo que resiste un ser humano son veinte g. Esta aceleración le convierten en uno de los campeones en este tema del reino animal. Además, su salto va perfectamente dirigido lo que exige que las dos patas al estirarse lo hagan totalmente sincronizadas. Un ligero error y el animal nunca alcanzaría su objetivo o daría vueltas.

Los dos investigadores que han publicado un artículo en la revista «Science» sobre este tema –Malcom Burrows y Gregory Sutton– nos dicen que las dos patas deben estar sincronizadas con un error menor de un 1/300000 de segundo. Cualquier mamífero –incluyendo al ser humano– para sincronizar el movimiento de sus patas utiliza el cerebro. Sin embargo, Burrows y Sutton se sorprendieron al encontrar que el «Issus coleoptratus» lo hacía con un engranaje que coordinaba las dos patas. ¡Un engranaje! El primero que se ha encontrado en el reino animal. Además era un engranaje un poco extraño. Nosotros estamos acostumbrados a ver los engranajes que inventara en el siglo XVIII Leonhard Euler y que se llaman engranajes con dientes en evolvente. La forma de los dientes es muy característica: anchos por la base, curvados en el cuerpo y disminuyendo su anchura, y terminados en línea recta.

Los engranajes de nuestro animal son muy distintos de los de Euler. Eso de por sí no es raro; existen infinitas curvas que satisfacen los requisitos para ser la forma de los dientes de un engranaje. Lo que se pregunta Gregory Sutton es si la evolución ha hecho que el animal «elija» una forma de las infinitas posibles al azar, o si realmente esta es la mejor forma para la función que tiene asignada: sincronizar las patas. Sutton no se atreve a dar una respuesta.

Otra extrañeza es que este engranaje desaparece en el animal adulto.

2 Comentarios

  1. Eugenio says

    La biomecanica nos sorprende cada vez mas, la naturaleza se muestra en toda su sabiduria.

  2. Pingback: Insecto con engranajes – ¿Ya lo sabias?

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